El
atentado perpetrado en Nueva York y Washington ha despertado en todos los
países un sentimiento que es mezcla de temor y cierta soterrada
satisfacción. El temor se funda en las consecuencias represivas que el
gobierno yanqui es capaz de desatar sobre el planeta, y la satisfacción,
en que por primera vez se ve a la gran potencia opresora cobrando en su
misma moneda. Así queda reflejado en la calle, donde se escucha decir que
"...alguna vez tenía que tocarle a ellos..." o "...al que
a hierro mata, a hierro muere".
Pero
el trágico hecho terrorista no es ninguna solución para los pueblos que
enfrentan la opresión del imperialismo. Los socialistas, que acompañamos
solidariamente las luchas populares y nacionales contra el imperialismo, y
nos manifestamos totalmente ajenos a esos métodos, rechazamos el
terrorismo indiscriminado y anónimo, esencialmente porque favorece a la
propia reacción imperialista. Es ella quien ahora utilizará el ataque
para motivar emocionalmente a la población civil en favor de sus
objetivos estratégicos, como lo hizo sacrificando a sus propios marines
en la Base Naval de Pearl Harbor, cuando ocultó el inminente ataque de la
aviación japonesa del que tenía preaviso, para así legitimizar la
incorporación de los EEUU en la 2ª Guerra Mundial.
En la estrategia actual, ya programada por el gobierno de los EE.UU., se
intenta volcar a la opinión pública a favor de una nueva
"cruzada" de salvataje imperialista... utilizando el pretexto
del terrorismo, terrorismo que no existiría si EE.UU. se retirara de los
territorios y países que domina. Esta cruzada no es la "Tercera
Guerra Mundial" entre Estados o potencias rivales, sino más bien
"la Primera Gran Guerra Mundial" entre opresores y oprimidos...
Se trata de una guerra de clases, siendo éste el eje de toda la insólita
situación provocada por el atentado terrorista. Se trata, nada más y
nada menos, que de un nuevo genocidio imperialista, al estilo del llevado
a cabo en Vietnam, Irak, Chechenia, Kosovo o Afghanistán..., y al que
ahora los gobiernos cipayos, como el de De la Rúa, le prestan su apoyo
bajo la hipócrita máscara de defensa de la cultura y la civilización
occidental y cristiana.
Los socialistas lamentamos tanto la muerte injusta de los ciudadanos
yanquis, como hemos lamentado la muerte injusta de los aldeanos de My Lai
quemados con napalm por los marines norteamericanos, o los 500.000 niños
muertos por desnutrición en Irak a causa del bloqueo, o los alumnos y
fieles masacrados en escuelas e iglesias de Kosovo por los bombarderos
norteamericanos...
Solamente a causa de la desesperación más extrema y la falta de partidos
y direcciones revolucionarias capaces de encauzar correctamente la lucha
de los pueblos oprimidos, pueden encontrar espacio los actos terroristas.
Este espacio es el que los propios yanquis han tratado de llenar,
adiestrando y solventando a sus viejos reclutas como Saddam, Milosevic,
Ben Laden y otros hoy denunciados como terroristas...
En el lamentable atentado hoy, utilizado como pretexto para lanzar
políticamente la caza de brujas, y militarmente la "Primera Gran
Guerra de Clases" de los explotadores contra los pueblos explotados,
el método terrorista sirve a los fines de quienes detentan el liderazgo
de la reacción mundial capitalista. Ellos son los que utilizarán
políticamente la tragedia de la población civil yanqui para fortalecer
su poder, y militarmente, para regimentar a todas las fuerzas represivas
en una cruzada falsamente humanitaria contra el terrorismo.
En términos de estrategia política, esta "cruzada" es la forma
actual que asume la necesidad del "frente contrarrevolucionario
mundial" de enfrentar por todos los medios la persistente y heroica
lucha de resistencia desatada con bríos incontrolables por las masas
oprimidas en todo lo ancho del planeta.
En esta guerra de clases de carácter mundial, la humanidad no tiene otra
salida que tomar decidido partido contra el imperialismo hasta derrotarlo,
lo mismo que a su base económica y social que es el capitalismo.
O como acostumbramos decir: la alternativa es ¡Socialismo o Barbarie!