"...
en mayo del 2001, se había dado a conocer que Estados Unidos había
perdido su puesto en la comisión de derechos humanos de Naciones Unidas y
en la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes. La propia
Asociación Americana de Juristas había denunciado ante la Comisión de
Derechos Humanos la violación generalizada y persistente de los derechos
civiles, políticos, económicos, sociales y culturales en Estados Unidos
de América, agravada por el hecho de que sus gobernantes consideran que
dicho país puede colocarse por encima y al margen del derecho
internacional, y había instado a la Comisión a ... expresar su profunda
preocupación por este estado de cosas y a indicar al gobierno de ese
país que el derecho internacional y los derechos humanos existen para ser
respetados por todos los estados miembros de la comunidad internacional,
grandes y pequeños, sin excepción alguna. ". Más adelante, agrega:
"Es de sobra conocido que Estados Unidos no se ha adherido a los
acuerdos internacionales de derechos humanos vigentes, entre otros: al
inicio mayo la Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y
Culturales, a ninguno de los dos Protocolos del Pacto de Derechos Civiles
y Políticos, a la Convención contra el Apartheid, a la Convención sobre
la imprescriptibilidad de los crímenes de guerra y de lesa humanidad, a
la Convención contra el tráfico de personas y explotación de la
prostitución de terceros, a la Convención sobre el estatuto de los
refugiados, a la Convención sobre los derechos de los trabajadores
emigrantes y sus familias, y a la Convención de Ottawa de 1997 que
prohíbe las minas antipersonales.
No
respeta el protocolos de Kioto sobre reducción de la contaminación de la
atmósfera. Tampoco aprueba la creación de una Corte Penal Internacional,
pese a que sus nacionales tendrán garantizada la impunidad (el tribunal
depende del Consejo de Seguridad de la ONU). Sobre más de 170 Convenios
de la Organización Internacional del Trabajo, Estados Unidos adhirió
sólo a 12 -no los principales- rechazando los números 87 sobre libertad
sindical, 98 sobre el derecho de negociación colectiva y 138 sobre edad
mínima (trabajo de menores).
Formuló
reservas a numerosos artículos del Pacto Internacional de Derechos
Civiles y Políticos; por ejemplo, al articulo 6.5 que prohíbe la
aplicación de la pena capital a menores de 18 años y al articulo 20 que
prohíbe la propaganda de guerra y la apología del odio nacional, racial
o religioso (¡todo ello en nombre de la libertad de expresión!). Junto
con Somalía es el único país del mundo que no ratificó la Convención
de los Derechos del Niño, a pesar que 300 mil niños en Estados Unidos
son objeto de prostitución y que casi todos los Estados de la Unión
juzgan a los menores como adultos (12 menores víctimas de pena de muerte
en los últimos diez años)."
Todo
lo anterior es la mejor radiografía de la degeneración a que ha llegado
el sistema capitalista; es tal, que las similitudes formales con la
Alemania nazi, no se pueden atribuir a la imaginación de aquella ministra
del actual gobierno teutón. Por lo mismo, es injusto recargar sobre las
espaldas del presidente Bush, la responsabilidad de lo que ocurre. Más
allá de sus características personales es, al mismo tiempo, expresión y
producto de la circunstancia histórica de su país en particular y
del sistema capitalista en general.
El
interés por el petróleo.
No
cabe ninguna duda que cualquier burgués que asume consecuentemente su
condición de tal, se entusiasmaría ante la perspectiva de quedarse con
las tierras en las que están los mantos petrolíferos de mejor calidad y
mayor cantidad. Pero reducir la belicosidad del gobierno gringo a esa
perspectiva, nos obliga a pensar en la forma que se encaraba la política
cuando la burguesía, en plena expansión, añadía territorios y recursos
naturales a su geografía y riquezas; nos referimos a la etapa de
conquista y colonización que caracterizó las últimas décadas del siglo
XIX y los primeros años del siglo XX. Es decir, cuando la burguesía
estaba a punto de abandonar la libre concurrencia, generaba los primeros
monopolios y se preparaba para su fase imperialista.
Hoy,
cien años después, lo monopolios están firmemente entronizados, la
concentración de capital es altísima, la competencia por el mercado
llevó a la sobreproducción, a la alta inversión en capital fijo, a la
caída de la tasa de ganancia, a la sobreexplotación de la fuerza de
trabajo, al aumento de la miseria, a la disminución de la demanda y a la
mayor caída -en el planeta en su conjunto- del crecimiento del PIB, de la
inversión y del ahorro en los últimos treinta años, confirmando la
constante caída que se da desde más o menos 1970 y que se expresa en la
recesión imperante, la posibilidad de una depresión y la gran
probabilidad de una crisis parecida a la de 1929. Ante semejante cuadro,
reducir la fiebre guerrerista a las necesidades de petróleo, nos parece
propio de, por lo menos, tuertos.
Paladines
de la libertad.
Hace
mucho tiempo que Estados Unidos dejó de ser el paladín de la libertad
aunque muchos escribas burgueses persistan en llevar adelante esa mentira.
Más bien, se ha ido desplazando, cada vez más, hacia el bando contrario.
Vamos a hacer un pequeño recuento de hechos ocurridos en las últimas
décadas.
No
se tiene una idea exacta de cuantos fueron los muertos en la caída de las
torres gemelas; que el número sea grande o pequeño, no anula nuestra
conocida oposición a los métodos terroristas. Pero, ¿cuántos fueron
los muertos en la invasión a Panamá, o en la Guerra del Golfo, o en
manos de las dictaduras militares latinoamericanas que pusieron en
práctica el Plan Cóndor con el patrocinio, el beneplácito y el apoyo
logístico e ideológico del gobierno gringo a través de su Secretario de
Estado estrella, Henry Kissinger?. ¿No es éste señor, un terrorista de
primer nivel?. ¿Podemos olvidar el maccartismo?. ¿Podemos ignorar que en
estos momentos, en nombre de la unidad nacional contra el terrorismo, se
recrean estos métodos. Por si queda alguna duda, nos remitimos al cierre
gubernamental de la página web de Barbra Streissand con ese argumento.
Está
dicho (y lo está por cuanto fue demostrado por los hechos y la historia
reciente) que ese argumento no es más que un cuento. Aquí, en Costa
Rica, decimos: "... no coma cuento...". Pues bien, debemos decir
a los yanquis y a sus panegíricos: "... no quieran darnos atole con
el dedo...".
El
frío no está en las cobijas.
Hace
poco más de diez años, el mundo tenía resueltos todos sus problemas.
Los intelectuales sueltos de lengua, cortos de entendederas, de mano
grande y cuenta bancaria abundante", gastaron litros de saliva y
ríos de tinta para explicarnos que, una vez desaparecido el Rey de Reyes
del eje del mal (el llamado socialismo real) la humanidad entraba en un
nuevo orden mundial. Lo prometido era, casi, ..., casi, el reino de la
libertad. Si bien nunca pudieron explicar cual gran cambio se había dado
para que ello fuera posible (y la razón para que se diera), habían
pronosticado el fin de las ideologías, el fin del historia y el
advenimiento de nuevos paradigmas.
Lo
que nunca pudieron decir ni se animaron a balbucearlo siquiera, es que la
desaparición del llamado socialismo real, de la "bipolaridad",
de la guerra fría, etc., no fue el triunfo del capitalismo sobre el
socialismo, sino la consecuencia de la crisis más grande de la historia
del capitalismo. Esa crisis comenzó por ahí de 1970 y persiste. Todos
los hechos de los últimos treinta años se pueden explicar si se entiende
lo que ocurrió a partir de entonces. La actual necedad guerrerista del
gobierno de los Estados Unidos, también. Pero con un agregado: así como
el calamar se cuece en su propia tinta, la burguesía imperialista ce
desgasta en el devenir de su propia historia (Marx diría que genera en
sus entrañas al que será su sepulturero); ¿cómo se lleva adelante una
guerra en un mundo unipolar?; ¿hay razones estructurales de peso para que
una "guerra imperialista prolongada" sea necesaria?. Estas
preguntas nos llevan de la mano a las respuestas necesarias para hacer una
buena caracterización de cuales son los verdaderos propósitos del
imperialismo.
Con
la caída del Muro de Berlín, se cerró definitivamente,
estrepitosamente, el período de posguerra que algunos dieron en llamar el
de la vigencia del "estado social de derecho" y que otros
denominaron como del "estado benefactor".
Queremos
decir: el estalinismo pudo existir en tanto se dieron condiciones de
expansión económica como ocurrió una vez finalizada la segunda guerra
mundial. Cuando ello entró en crisis, la burguesía imperialista se vio
sin la ayuda del mediador que tenía para con el movimiento de masas. En
esas circunstancias, se la tuvo que jugar dando la cara directamente. A
partir de entonces, el mundo quedó efectivamente polarizado, no quedó
unipolar como muchos gustaron en llamar. En un polo los explotadores y sus
epígonos y lugartenientes; en el otro, los trabajadores, los asalariados
en general, los pequeños productores y comerciantes, la clase media
profesional que se expandió con el estado benefactor y que ahora se
contrae con el achicamiento del estado.
La
burguesía sobrevive en tanto asegura la sobreexplotación.
El
polo de los explotados se agranda conforme avanza la concentración del
capital, la monopolización privada en manos de las transnacionales y sus
minoritarios socios nacionales. En ese proceso se pauperizan cada vez
más, se transforman en parias, se hacen más alienados, en fin, se barbarizan.
En otras palabras, las bellezas prometidas de una sociedad capitalista
satisfecha (algunos llegaron a decir -a mentir, en rigor- un mundo de
propietarios y no de proletarios) se esfumaron. Cuando se cayó la venda,
no quedó otra conducta posible que la lucha. De lo contrario, el futuro
era el suicidio, primo hermano de la barbarie. Esa lucha se da en las
peores condiciones: los dirigentes sindicales, en su inmensa mayoría, se
pasaron con todo y maletas al campo de la burguesía; los partidos
políticos burgueses o pequeño burgueses en los que confiaban (y con los
cuales se engañaban piadosamente) están en franca demolición; la
ruptura histórica que hicieron con la tradición del movimiento obrero
mundial por entregarse a los brazos de la socialdemocracia, los estalinistas,
los guerrilleros, los nacionalistas, los populistas, los dejó desarmados.
Ahora deben comenzar a reconstruir la conciencia histórica del
proletariado. Y ello en medio de las luchas y por ellas tonificadas.
Ese
es el proceso que la burguesía imperialista quiere y debe abortar para
seguir disfrutando de sus privilegios. La guerra, entonces, tiene por
objetivo central la derrota física de las masas. Y no olvidemos que esto
es, lisa y llanamente, fascismo.
La
guerra un negocio redondo.
El
segundo gran objetivo es salir de treinta años de caída sistemática de
la tasa de ganancia. El PIB mundial, la inversión en la producción y el
ahorro, vienen cayendo desde 1965-1970. Ni la concentración de capital y
la consiguiente monopolización, ni la flexibilización laboral, ni la
apropiación de las empresas estatales vía las privatizaciones, ni la
liberación del comercio, ni las diferentes desregulaciones que se han
propuesto en la definición de las competencias estatales y en las
relaciones de producción, etc., han podido evitar la recesión mundial y
eliminar el riesgo de depresión económica generalizada.
Sabido
es que, para situaciones así caracterizadas, la guerra es el mejor
negocio. La "guerra imperialista prolongada" en la que los
"buenos" -ángeles de blondos rizos y azules ojos- se traban en
lucha contra los exponentes del mal (Al Qaeda-Afganistán, Hussein-Irak,
Irán, Corea del Norte, Colombia, tal vez Argentina, tal vez Venezuela,
tal vez Brasil, obviamente los palestinos, etc.) es una buena medicina
capitalista. EEUU es el más grande productor de armas, el más avanzado
tecnológicamente, el mayor vendedor, está preparado desde hace años (en
particular desde la caída del Muro de Berlín) para administrarla.
Unos
barriles más de petróleo no vienen mal, Otros recursos naturales,
tampoco.
De
la misma manera que el grueso de la economía mundial está en manos de la
burguesía imperialista que necesita y permite una ligera participación
como socios menores y mínimos a las burguesías nacionales de cada país,
los recursos naturales (tierra, agua, biodiversidad, minerales, fuentes de
energía, etc.) deberán seguir el mismo camino, piensa esa misma
burguesía. Esto será también un producto de altísimo valor de la
guerra a la que nos invita a asistir desde la comodidad de la sala donde
está la tele. Esa "distracción-entretenimiento" será posible,
por ahora, por cuanto no sabemos en que momento el "tour" que se
dispone a transitar es este periplo exorcista (ahora acompañado por el
santo recién estrenado, el franquista monseñor Escrivá de Balaguer)
tocará la puerta de nuestra casa.
Parar
la guerra no es suficiente.
Sin
embargo, a pesar de todas las vicisitudes, seguimos siendo optimistas. La
humanidad no decidió suicidarse; tan solo deberá re-construirse. Lo
hará en su conciencia, por lo tanto construyendo (valga la redundancia)
su partido socialista revolucionario; en consecuencia, resolviendo el
viejo drama de la humanidad: la crisis de dirección.
Hoy,
el planeta, está sacudido por una generalizada opinión pública que se
opone a la guerra. Ese sacudimiento se hace más enérgico por las
movilizaciones que se suceden. Mientras ello ocurre, un perverso juego se
desarrolla. Unos gobiernos burgueses sostienen que sin el visto bueno de
la ONU, no se puede ir a la guerra; ésta, a su vez, no se pronuncia y se
hace sorda y ciega cuando en el Golfo Pérsico se concentra una enormidad
de material de guerra y soldados; los rusos envían parte de su armada a
esa región; Turquía no quiere la guerra pero autoriza la reparación de
sus aeropuertos por parte e los gringos; los árabes dicen que están por
la paz, pero Jordania hace ejercicios militares con los yanquis y estos
tienen miles de infantes en diversos países de esa región; Egipto que
siempre hace declaraciones por la paz entre israelíes y palestinos y que
no quiere la guerra, permite que la armada inglesa pase por el Canal de
Suez; los alemanes afirman que no entrarán en la guerra pero permiten el
uso de sus aeropuertos a los ejércitos de la OTAN, etc. Preguntamos: ¿si
la guerra fuera declarada por el Consejo de Seguridad de la ONU, sería
una guerra justa?. ¿No se está embelleciendo a esa cueva de bandidos?.
En
tanto persista la situación descripta del capitalismo (y no dudamos que
se tornará más grave) habrá mayor probabilidad de guerras como esta, de
ataques a las libertades fundamentales, de agresiones a los pueblos que
pretendan luchar, de mentiras y calumnias. Detener la guerra es un triunfo
para la humanidad y un gran golpe para los mayores terroristas. Pero lo
que se debe lograr es el desarme de todos los países imperialistas (EEUU
en primer lugar) y la destrucción de todas las armas químicas,
biológicas, nucleares y convencionales que están en su poder y con las
cuales amenazan el futuro de la humanidad.