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Palabra Socialista Proletarios de todos los países: ¡UNÍOS! |
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El POScr
ante el terrorismo |
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Declaración del Partido Obrero Socialista de Costa Rica. San José, 10 de julio del 2005. |
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Las
escenas de cuerpos humanos mutilados y cientos de heridos por los
efectos de las explosiones en el tren subterráneo de Londres,
recientemente, o en las estaciones de tren españolas el año pasado, no
dejan de impactar aterradoramente a los trabajadores de todo el mundo.
Estas, como otras acciones terroristas que se han venido sucediendo en
los últimos años en distintas ciudades del mundo, se atribuyen o son
reconocidas por organizaciones fundamentalistas islámicas,
especialmente árabes. Estas
acciones obedecen a los
justos sentimientos de venganza y al deseo de liberación de estos
pueblos respecto de la dominación imperialista. Que los luchadores
antiimperialistas árabes recurran a las acciones terroristas también
se explica por las características no obreras de estos grupos que en su
debilidad e impotencia ante un enemigo devastador encuentran en los
explosivos la fuerza que no han logrado organizar para la lucha de
liberación. Sin
embargo, y aunque podamos explicárnoslo, los revolucionarios
socialistas repudiamos estas acciones. La agresión-ocupación del
imperialismo norteamericano, inglés, alemán, español y francés en
tierras árabes bajo el pretexto de la lucha contra la amenaza de las
armas de destrucción masiva o del terrorismo no será posible
combatirla mecánicamente con explosivos o kamikaze, si no y solamente
con la propia movilización y lucha del conjunto del pueblo, con la
decidida e imprescindible participación de los trabajadores árabes y
de los trabajadores de los propios países agresores. Que
las acciones terroristas de grupos islamistas fundamentalistas recaigan
directamente en trabajadores, estudiantes, hombres y mujeres que
utilizaban el servicio de transporte público no nos merecen la más
mínima simpatía. Distinto a las acciones terroristas que en otros
momentos de la historia recaían en personalidades o funcionarios
abominables, como el atentado que cobró la vida del dictador Anastasio
Somoza en Paraguay poco después de la insurrección del pueblo
nicaragüense de julio del 79. No
dejamos de compartir la simpatía que nos producen las bajas de soldados
y mercenarios norteamericanos en Irak producto de las explosiones de los
coche bomba en medio de una pavorosa ofensiva liquidadora del ejército
de ocupación contra el valeroso pueblo Iraquí.
Podríamos todavía considerar comprensible que el asesinato por
parte del ejército de ocupación sionista de niños, mujeres, jóvenes
y ancianos palestinos sea correspondido con la muerte que los explosivos
asidos al cuerpo de los jóvenes “kamikaze” provocan en pobladores
judíos. Pero tal venganza es muy inferior a
la que se debe encauzar por medio de la lucha contra el sistema
que ha producido las agresiones, ocupaciones y el objetivo de explotar y
oprimir a todo un pueblo. Pero
con más o menos o ninguna simpatía por el objetivo de la acción
terrorista de organizaciones de pueblos explotados y oprimidos por
distintos imperialismos, debemos remarcar que los revolucionarios
socialistas nos oponemos por principio a las acciones de terrorismo
individual y al terrorismo tomado como método para la lucha política
que es el que impera actualmente por parte de organizaciones
nacionalistas que enfrentan al imperialismo. Los
revolucionarios socialistas, continuadores de la tradición del
movimiento obrero internacional y de las enseñanzas de Marx, Lenin y
Trotsky, condenamos este tipo de acciones y método no solo por su nula
efectividad en la transformación social y de la lucha de clases. Bien
sabemos que el imperialismo, después de la muerte de soldados de
ocupación en actos terroristas, o de colonos sionistas en territorio
palestino ocupado, o de la gente
del pueblo que usaba los trenes de Londres y Madrid, o
de los que trabajaban en las Torres Gemelas de Nueva York, ha reforzado sus efectivos y su furia contra el pueblo irakí
y los pueblos islámicos y que los sionistas matarán diez veces más
pobladores indefensos palestinos, así como
Rodríguez Zapatero, Presidente de España, justifica la
presencia de sus tropas de ocupación en Afganistán, como Tony Blair
refuerza su ocupación en el sur de Irak y el grupo del G8 y los
organismos internacionales como la ONU al servicio de la dominación
imperialista toman más acciones contra los pueblos explotados y
oprimidos utilizando la pretextada lucha contra el terrorismo. Pero
fundamentalmente, los revolucionarios socialistas nos oponemos
rotundamente al terrorismo elevado a
método de lucha política porque anula y rebaja el papel de los
trabajadores y el pueblo en la pelea por liberarse de las cadenas de
explotación y opresión capitalista imperialista, mina la confianza en
sus propias fuerzas y los confunde educándolos en la práctica de la
sustitución mesiánica por parte de un grupo “liberador” que con
acciones ejemplares, supuestamente acercará el objetivo de la
liberación. Por
el contrario, nosotros confiamos y planteamos que solo los trabajadores
con su movilización independiente, sin renunciar a ningún método de
lucha, con su propia acción y decisión democrática, como
protagonistas de su propio destino y como expresión de la función
social que tiene el proletariado, podrá lograr
la destrucción colectiva de este sistema capitalista
imperialista y de sus regímenes, gobiernos, instituciones y
gobernantes. Con
absoluta vigencia reproducimos un párrafo de uno de tantos escritos de
León Trotsky con el que
nuestra corriente política internacional fija su posición ante el
terrorismo: “Nos
oponemos a los atentados terroristas porque la venganza individual no
nos satisface. La cuenta que nos debe saldar el sistema capitalista es
demasiado elevada como para presentársela a un funcionario llamado
ministro. Aprender a considerar los crímenes contra la humanidad, todas
las humillaciones a que se ven sometidos el cuerpo y el espíritu
humanos, como excrecencias y expresiones del sistema social imperante,
para empeñar todas nuestras energías en una lucha colectiva contra
este sistema: ése es el cauce en el que el ardiente deseo de venganza
puede encontrar su mayor satisfacción moral”.
"Acerca
del terrorismo" (publicado
en noviembre de 1911) |