Palabra Socialista

Proletarios de todos los países: ¡UNÍOS!

¡Uno, dos, tres, ..., muchos Guernica!

Declaración del Partido Obrero Socialista de Costa Rica. San José, 24 de julio del 2006.

El título de esta declaración (evidentemente) nos remite al llamado que, en su momento, hizo el Che Guevara. Solamente que, en este caso, es la voz de mando, la política general de las burguesías imperialistas, de las burguesías nacionales de los países atrasados socias de aquellas, de la burguesía que se autoproclama independiente (la que impera en los mal llamados gobiernos de izquierda o centroizquierda de América Latina) y de todas aquellas fuerzas sociales (clase media acomodada, burocracia sindical, por ejemplo) y aquellos aparatos ideológicos (socialdemócratas, socialcristianos, neostalinistas, stalinistas reciclados, iglesias, etc.) que tienen, como único propósito, la persistencia de la sociedad  capitalista.

Es que, el pantano histórico en que está metido el  capitalismo, no admite recomposición alguna dentro de los límites del sistema capitalista.

 

Breve relato de hechos.

Podríamos hacer una enumeración de los principales hechos que se han dado en los últimos años y veríamos que no hay aspecto importante de la vida de la naturaleza y de la sociedad que no está seriamente deteriorada como consecuencia del objetivo central del capitalismo (reproducir el capital) resultante de la principal característica del mismo: la apropiación individual de los medios de producción y de cambio.

Marx y Engels afirman, en el Manifiesto Comunista, que cuando la estructura de una sociedad entra en contradicción con el desarrollo de las fuerzas productivas, la necesidad de la transformación revolucionaria de la misma, es cuestión de vida o muerte. Hay, en su lugar, otra expresión -en este caso del siglo XX y en la pluma de Rosa Luxemburgo- que es mucho más dramática pero que tiene la misma connotación: ¡Socialismo o Barbarie!. Aquella enunciada como corolario del estudio de las diferentes sociedades y consecuencia de la inferencia especulativa; ésta como producto de la constatación empírica inmediatamente después de la primera guerra mundial. En ambos casos, señalando una perspectiva.

Hoy, ya entrado más de un lustro del siglo XXI, la realidad nos dice, por cualquier lugar que la busquemos, en cualquier aspecto que indaguemos, que hay una Barbarización creciente y que, desde alrededor de la finalización de los años 60 comienzo de los años 70, pretende crecer exponencialmente.

Probablemente no es aventurado decir que desde los primeros años de la década del 90, su velocidad se incrementó pero que esa aceleración no alcanzó a tener vigencia en todo ese decenio.

Tal vez se justifique un artículo en las próximas ediciones de propuesta Socialista que permita, aunque más no sea resumidamente, explicar que fue lo que realmente ocurrió durante buena parte del siglo XX para que afirmemos lo que decimos. Pero es innegable que el último intento serio, relativamente creativo, de la burguesía a nivel mundial, se dio una vez finalizada la segunda guerra mundial y que ese intento no resistió más de dos décadas.

A partir de ese momento, la barbarización se entronizó definitivamente y no tuvo asco en acudir a los peores procedimientos para que la burguesa pudiera mantener su condición de privilegio. Todas las acciones políticas, sociales, económicas, culturales, militares, absolutamente todas, tuvieron esa característica. La crisis del petróleo de los años setenta, el endeudamiento de los países atrasados, la flexibilización laboral, las dictaduras latinoamericanas, la globalización, el posmodernismo, la reconfiguración del estado, el nuevo rol de las fuerzas militares, la concentración del capital, la magnificación de la marginación social, el aumento del desempleo y el crecimiento de la economía informal, el daño al medio ambiente, el inmanejable problema de la basura, los cambios climáticos, la caída del “socialismo real”, los “gobiernos de izquierda” de Latinoamérica, las guerras llevadas adelante por el imperialismo y sus segundo de a bordo en varios países de África, las agresiones-invasiones-ocupación de Afganistán, Irak, Palestina, Líbano, …, todo, absolutamente todo, está signado por la misma marca: un capitalismo agotado que es cada vez más la contracara de lo que fue en sus principios (revolucionario para el futuro de la humanidad, según el Manifiesto Comunista) dado que no tiene otra alternativa que ser, cada vez más, un pésimo clon del proyecto-ideario de lo que fueron Hitler, Mussolini-Franco-Chang Kai-shek.

Lincoln-Bush, Cronwell-Blair, Rousseau-Chirac, Garibaldi-Prodi, Bismarck-Merck, Benito Juarez-Fox, Tiradentes-Lula, Bolívar-Chavez, Belgrano-Kirchner, etc., etc., son la mejor descripción de una pasado promisorio y un presente de oprobio.

Cuando se veía venir la agresión-invasión-ocupación de Irak por parte de las fuerzas militares gringas y sus aliados, mucho se discutía sobre los verdaderos motivos que había detrás de esa política. Desgraciadamente, la abundancia de petróleo en esa zona de Asia y la crisis energética crónica, obscureció la perspectiva política de muchos, de la mayoría, que no entendió que el cuadro mundial ponía a la orden del día, como principal elemento político, la necesidad del conjunto de la burguesía mundial de disciplinar, a través de una ejemplarizadora derrota del movimiento de masas iraquí, a todo aquel que osara discutir la condición de ser del poder: quién gobierna, qué clase social, qué sector de clase; condición agravada cuando el desarrollo de las fuerzas productivas están más que empantanadas y la reproducción del capital es posible solo si se desarrolla la parte parásita de ese capítulo de la economía que se llama “servicios” pero que no está en función de acudir a las necesidades del desarrollo de la  producción sino que tiene por objetivo la maximización del capital transformando en virtud todas las manifestaciones de la descomposición de la sociedad: las apuestas, los casinos, la bebida, el juego, las drogas, la prostitución, la trata de blancas, el negocio de la venta de niños y de órganos, la pornografía, los grandes negociados, la compra de conciencias y de voluntades, las mentiras, la hipocresía, el engaño, el cinismo.

Un paso más hacia el abismo

Lo que está ocurriendo en el Medio Oriente, es un capítulo más en la secuencia que comenzó con la ocupación de Afganistán, acuerpada en lo que ocurrió el 11 de septiembre en el corazón de Manhattan y con el beneplácito de toda la burguesía y buena parte de la pequeña burguesía que veía con malos ojos las prácticas sociales de los talibanes y que, por una razón de clase, no podía entender que entre los éstos y los “demócratas” burgueses imperialistas, no hay mayor diferencia. Si alguna duda queda, ¡a los hechos nos remitimos!.

Luego, envalentonados con “el éxito” ahí logrado, comenzaron a tejer la agresión a Irak; nunca imaginaron el laberinto en que se meterían y que ni uno solo de los argumentos manejados antes (armas de destrucción masiva) y luego (establecer la “democracia”) serían suficientes para poder concretar su verdadero objetivo: lograr una aplastante victoria que haría posible encolumnar a los palestinos detrás de “la hoja de ruta” pergeñada por el inefable George W. Bush. Los clarines de victoria dieron lugar a las marchas fúnebres y no había espacio político (y por lo tanto militar) para seguir con el tercer capítulo: Irán. La misteriosa muerte de Yasser Arafat dio paso al gobierno de Mahmud Abbas, un declarado “hoja-rutero”, que poco tiempo después quedaría aislado como consecuencia del triunfo de Hamas. La muerte de Sharon llegó de maravillas para que el sionismo tuviera un nuevo gobierno, ahora de unión nacional, que tendría como objetivo dar marcha atrás al plan de retirada de Gaza y parte de Cisjordania a la vez que preparar el intento militar de aplastar a Hamas y a Hezbola. El imperialismo yanqui recurrió a su mejor discípulo para realizar la tarea.

En América Latina, mientras tanto la marea contestataria seguía creciendo. El triunfo de Evo Morales es, desde lejos, el más significativo comprobante de la verdadera intención de las masas latinoamericanas; si alguna duda quedaba, las elecciones en Perú y en México, lo confirman: en el primer país, Allan García pudo ganar raspando por que toda la burguesía, espantada ante Ollanta Humala, votó -con asco- por el mal menor; en México, a su vez, tuvo que hachar mano del fraude al mejor estilo Bush.

Y si vamos al “primer mundo”, el espectro se agiganta ante los sin papeles y los migrantes o la juventud francesa que tiró por la borda el Contrato del Primer Empleo (CPE) o los italianos que eyectaron a Berlusconi o los ingleses que tienen contra las cuerdas a Tony Blair.

Por la derrota del enemigo

No cabe duda: un fantasma recorre el mundo. Desgraciadamente no tiene la forma que imaginaron Marx y Engels. Pero, cuando el movimiento de masas se pone en acción, la burguesía -de por sí sin brújula- se desorienta más. Tiene a su favor que dicho movimiento no ha podido superar la histórica crisis de dirección, al decir de Trotsky, pero no puede tomar otro camino que recrear, corregido y aumentado, el método hitlerista de resolución de los conflictos.

Es por eso que hoy, independientemente de quien dirija esas luchas, una derrota de las políticas imperialista hará mucho más difícil el propósito imperialista de reducir a escombros el planeta; pero, lo que es más importante, ese triunfo facilitará ampliamente la formación del estado mayor revolucionario que dará un rumbo cierto al desmadre a que nos quiere condenar el capitalismo agotado en su fase de decrepitud.

Quienes confiamos en que el curso de la historia tiende a la superación de los momentos de convulsión generando estructuras sociales superadoras (lo que quiere decir que seamos deterministas), llamamos a todos aquellos que forman parte del amplio abanico que va desde “otro mundo posible” hasta los que sostenemos la necesidad de una sociedad socialista revolucionaria, a no cejar en las luchas, en frente único, para que, una vez más, como en Vietnam, el imperialismo sienta el olor, el color, el sabor y la acción de la derrota.

 
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