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DECLARACIÓN
DEL PARTIDO OBRERO SOCIALISTA (POScr) ANTE
LAS PRÓXIMAS ELECCIONES NACIONALES
A menos de tres semanas de
realizarse las elecciones nacionales en nuestro país, la lucha por cual sector de la burguesía se
hace del Gobierno y cómo se distribuyen las cuotas de poder en la Asamblea
Legislativa y Municipalidades, se desenvuelve en un clima de poco entusiasmo
popular , con gran abstencionismo y una
cada vez mayor posibilidad de que haya una segunda ronda entre los dos más
importantes partidos donde se han agrupado los distintos sectores de la
burguesía: El (Partido de Liberación Nacional (PLN) y el Movimiento Libertario
(ML). El PAC por su parte, nació planteándose remozar la credibilidad en el régimen
democrático burgués con la bandera de la
“transparencia”; luego, con el planteo
de la recuperación parcial del Estado Social de Derecho, hace un poco de tiempo
atrás y, ahora, se desdibuja en retirada con el llamado a la “Unidad Nacional”
o “Pacto Social”. Los libertarios, que nacieron blandiendo las tesis
radicalmente neoliberales antes, pasaron a una abierta y descarada unidad con
el Gobierno y los Arias en el TLC y en la Agenda Complementaria del mismo, para
mostrar ahora un rostro de una derecha moderada:
considera mantener la Caja del Seguro
Social y tiene un discurso que busca adaptarse a la nueva crisis capitalista
donde el neoliberalismo a ultranza ha quedado cuestionado y se disfraza
apelando a una participación necesaria del “Estado”, pero mantiene sus planteos
de la dolarización de la economía y un menor acento en la máxima del “dejar
hacer, dejar pasar” con que estimuló el porteo y la oposición al “monopolio” de
Riteve. Pero entre los tres grandes
partidos en el que se dispersó el bipartidismo no hay mayor diferencia y ninguna posibilidad de margen para
apartarse del libreto definido por el imperialismo y sus instituciones
políticas y económicas. Hoy, más que nunca, son el FMI, el Banco Mundial y los
diversos Grupos de poder de los gobiernos imperialistas los que definen los
programas de Gobierno y las políticas económicas y sociales. La pauta está
marcada: abrir todo lo propio para que se
lo apropien los más grandes consorcios y multinacionales porque la reproducción
del capital y el aumento de la tasa de ganancia es vital para el capital
financiero internacional. Esto significa aumentar la explotación de los
trabajadores, destruir capital con el desempleo masivo, asaltar todo recurso estatal
o propiedad estatal para ponerla en los bolsillos del gran capital. Si bien es cierto el terremoto en
Haití tiene el componente natural del movimiento de la materia en su forma de
capas o placas en choques, la dimensión de los desastres -especialmente en las
cifras de más de 50 mil muertos, cientos de miles de heridos y millones de
damnificados- hace saltar el otro componente del tremendo evento sísmico: la pobreza, la concentración urbana
irracional, la anarquía en la construcción y utilización del espacio, la precaria calidad de las mismas y la incapacidad
para restablecer y recuperar, incluso al nivel de miseria previa existente. Porque el drama de Haití
continuará con mayores condiciones de barbarie cuando empiece el proceso de
“reconstrucción” burguesa de las ciudades y sitios afectados y con un país
ocupado por más de diez y seis mil “marines”.
Haití es la prefiguración de la barbarización capitalista para todo el
planeta. La burguesía está atascada en el
propio sistema que la potenció y que ahora vive una condición crónica
colapsada. No es capaz de resolver nada y solo acrecienta las contradicciones.
En el fondo está la imposible resolución de la contradicción de la producción
social y la exacerbada apropiación privada. Para garantizarla debe forzar los
mecanismos de extracción de plusvalía. Debe privar de empleo a millones de
personas. Debe desmantelar sistemas sociales de compensación o de
amortiguamiento del deterioro económico y social. Debe sostener en los
eslabones más débiles las antiguas formas de dominación y las proporciones de
distribución del poder en ellos. Pero hay un gran obstáculo que
tienen la burguesía mundial y local para llevar adelante ese delirante ciclo de
generar capital a costa de aumentar la explotación, la miseria, el hambre, el
desempleo, el deterioro de la salud, la vida biológica y material en general,
el clima y la naturaleza en general y redistribuirse el poder imperialista. Las
grietas del sistema capitalista mundial son varias y variadas y van desde la
crisis que trae consigo entre los distintos imperialismos el proceso de
concentración del capital hasta las que hacen que tal proceso tenga enormes
dificultades. Estamos hablando de la sostenida resistencia del movimiento de
masas que en el campo económico, político y social no solo lucha y no se deja
torcer el brazo, sino que no quiere seguir en la situación en que el
capitalismo senil lo tiene y en la perspectiva de la barbarie a la que lo
arrastra. Las masas van más allá de las
demandas democráticas políticas de independencia nacional que, por ejemplo, expresan las luchas de los
pueblos islámicos y pasan a demandas democráticas como las del derecho al
trabajo, a la educación, a la salud, a la recuperación de la vida biológica, a
la demanda de derechos democráticos individuales y derechos a expresiones
democráticas directas contrarias a las de la “democracia representativa”. La
falta de credibilidad en el sistema o en las instituciones del mismo, entre
ellos, sus partidos y dirigentes, hacen que las masas en distintas formas y
magnitudes pongan en aprietos y hasta en
constantes crisis políticas a gobiernos en los mismos países imperialistas. Ni
que hablar de cómo se expresa en los países atrasados. El gran obstáculo para la
burguesía mundial, más allá de sus diferencias que antes se resolvieron con dos
guerras mundiales (y que no descarta que hagan una tercera en un futuro no muy
lejano), es, ahora, la resistencia de la masas en todo el mundo y que con
distintas intensidades hace imposible que sus planes de reproducción del
capital y de superación de la caída de
la tasa de ganancia, se superen. El entorno mundial es fundamentalmente de
crisis estructural y política del
capitalismo en su fase imperialista. La situación mundial de la lucha de clases
es –entonces- la que en definitiva marca las particularidades de la situación
nacional y del escenario electoral. De muy diversas maneras y con diferentes
intensidades, las masas -en el mundo- buscan sacudirse de los distintos yugos
que las oprimen y las explotan. No están claras a dónde deben seguir pero si de
lo que deben negar y rechazar. Las elecciones por “default” son un recurso del régimen
democrático burgués de reordenar y redistribuir el poder. En las crisis, la
burguesía también se divide porque el proceso de concentración del capital deja
por lado a diversos sectores y lo mismo ocurre con los sectores medios tan
heterogéneos y tan poco estables en las situaciones actuales del capitalismo
senil. La característica más importantes es que estos sectores medios se
comprimen más y desplazan -a unos más rápidamente que a otros- a estratos más
bajos. La llamada movilidad social ya no tiene una dirección ascendente sino, muy
por el contrario, es descendente. Los mecanismos típicos de movilidad social -como
el estudio, las Pymes o pequeña actividad productiva o comercial- se torna
inestable y de corto vuelo. La situación en general, si bien
es cierto con algunos márgenes de contención gracias a que la burguesía no
vendió todas las joyas de la abuela o las ha estado vendiendo a plazos y las
aperturas van lentas ya por decisión política o por la contracción económica
mundial, se ralentiza y la crisis no logra expresiones de abruptas caídas de la
clase media y de los sectores populares. El Plan Escudo es una expresión de
esto en el sentido de las posibilidades de no perder el empleo totalmente
aunque ello significara una pérdida del salario. Sin embargo más de 50 mil
empleos se han evaporado en el último año y la crisis ha permitido una mayor
concentración del capital y una desaparición de actividades de mediano y
pequeño capital. La necesidad de la burguesía de
sortear su desgaste con la gestión del actual gobierno para buscar un gobierno
continuista ha hecho que se retrasen o
posterguen una serie de medidas económicas y políticas para no entorpecer esta
perspectiva. Pero la situación económica para este año 2010 -señalan las
autoridades del Banco Central y del Gobierno- son alarmantes en lo que respecta
al gran aumento en la inflación y ningún importante cambio en el empleo. Por ahora la situación es de transición hacia
una mayor profundización de la crisis, y sus consecuencias entre las que, desde
luego, están una mayor agudización de las contradicciones entre sectores de la
clase dominante y entre ésta y los sectores de trabajadores y el pueblo. Así
mismo se acentuará más la ingobernabilidad a partir de que si en la elección
pasada Arias apenas ganó por 25 mil votos, ahora, si no gana su fórmula
continuista por poco margen, habrá una segunda ronda que obligará a una
compleja negociación inter-burguesa y a una mayor inestabilidad en la variada
composición de la Asamblea Legislativa, asociado a un aumento del
abstencionismo que debilita al régimen democrático burgués de conjunto. Los
conflictos, a partir de la implementación concertada que tendrá que hacer la
burguesía de sus planes, estarán a la orden del día y coherente con la tónica
de la situación mundial la resistencia del movimiento de masas no estará
ausente. Lo que está por definirse en
estas elecciones es cual sector burgués se va ha hacer de la palanca del
gobierno para llevar adelante sus planes y políticas de beneficio como sector. Que
la campaña electoral haya girado fundamentalmente en el cuestionamiento de “los
Arias” dice que el problema central no
es de programa sino de poder y al sector de los Arias les interesa continuar
porque hay unas posibilidades enormes de enriquecerse en su rol político de
facilitadores para el gran capital y para su papel de socios de este. Sus
deseos son ganar holgadamente para tener mayores márgenes de tomar las
decisiones políticas acordes a su proyecto. Sin embargo la realidad no
corresponde a los deseos y la realidad política y social es que la crisis del
capitalismo divide y obliga a replanteos y
reconfiguraciones de alianzas de sectores en la propia burguesía local. La clase media, más heterogénea, desea,
como lo señala la última encuesta de Unimer, una gestión más componedora (que
los Arias -o el sector de la burguesía que representan- distribuyan mejor,
negocien y no busquen imponer según sus exclusivos intereses). Piensa que el
problema es de mala administración o de ineficiencia del Estado y piensa no
tanto en una figura de fuerza como en dirigencias habilidosas que recurran a la
concertación porque cree que las nuevas expectativas del discurso de las
aperturas, libre comercio, nuevas tecnologías puede significar ventajas que no
deberían de quedar en la burguesía solamente sino mejor repartidas. Los temas de seguridad, la
educación, la salud, por ejemplo, son tratados en razón de descalificar al
actual Gobierno y su continuación por no resolverlo pero no hay propuestas
serias. Solo se busca ganar el descontento en el caso de los sectores
opositores y, en el del Gobierno con la ayuda de datos estadísticos, de
demostrar que se ha avanzado. Los libertarios solo alcanzan a disolver su
política de seguridad en el principio
generalísimo y moral de “el que la hace la paga”. De la salud solo
apuntes respecto a las filas y de la
educación, la garantía de la permanencia de los subsidios del programa
“Avancemos”. Las probabilidades de que Laura Chinchilla gane siguen teniendo fuerza porque
la burguesía la ha asumido como su
candidata, con dudas o con reservas unos y como inevitable en la relación de
fuerzas con el sector de los Arias otros, pero no pueden negar que los Arias
son el eslabón con el gran capital y deben ser parte del club para “agarrar
algo”. Sin embargo esta candidatura ha
perdido y perderá terreno porque, obligado el Gobierno a no hacerle cuerpo, ha
quedado a su propio brillo y es muy opaca, mostrando sus tremendas debilidades.
Sus figuras de compañía no son populares ni despiertan nada de afecto y fuera
del Gobierno no hay figuras que la potencien. El diario La Nación y los medios
en general tienen que hacerle la fuerza para lograr algo que su equipo de
figuras no le brinda. Sin embargo, el trabajo de campaña ya lo hizo el Gobierno.
Los 200 mil beneficiarios de Avancemos y de los programas de asistencialismo
del IMAS y similares son la clientela. La inercia de que el menos malo no es
Fishman, el candidato presidencial del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC)
sino los que están y que pueden mantener una relativa estabilidad va a pesar en
el voto por el continuismo. Sin embargo, sectores de la
burguesía piensan que hacer la fuerza por un gobierno que ponga a los Arias en
un plano más terrenal para la negociación con el gran capital transnacional con
Guevara al frente o debilitando el poder de llegada de la fórmula continuista y
su representación en el parlamento, es un objetivo posible. Utilizan para ello
el descontento y ciertas expectativas de que el voto por los libertarios significará
una mayor democratización de la economía y mejores condiciones para la
actividad de los pequeños y medianos propietarios, comerciantes y de
actividades informales que el Gobierno de los Arias han golpeado o impiden
realizarlas en razón de proteger a los sectores más poderosos del capital. El reciente “acuerdo” entre las fuerzas
dispersas que estuvieron en el No al TLC no son más que autoengaños para los
más honestos que están detrás de esa propuesta o un “consuelo de tontos” y una
desesperada iniciativa oportunista. Un acuerdo sin principios ni programa, bajo
el método de las cúpulas y con Ottón Solís aclarando los términos del acuerdo
en su orgullo por afirmar la “unidad nacional” que junta a los del No con los
del Sí. El frente que no llegó a serlo
seriamente del No al TLC mostró la incapacidad propia de la burguesía del viejo
proyecto social de derecho, sus dirigentes políticos entre los que están los ex
estalinistas de la más amplia diversidad y de sus ad hoc como las burocracias sindicales y afines, han demostrado que
no tienen ni son una alternativa a los Arias o a su aliado libertario. San José 18 de enero 2007
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