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A Cuba no
se la defiende encarcelando disidentes de derecha mientras se libera la
restauración capitalista, se niega la democracia obrera y se niega a extender
la revolución socialista El pasado 21 de febrero murió en Cuba el preso Orlando Zapata, como consecuencia de una huelga de hambre que por 85 días empezó en una de las cárceles donde cumplía 25 años de prisión por “desorden público”, “rebeldía” y “desacato” y que terminó en un Hospital de la provincia de Camagüey con su deceso. El hecho de que este disidente haya sido condenado por sus actividades propias de delincuente y que, luego, se haya relacionado con los disidentes de derecho, amigos y colaboradores de primera línea con los que pretenden poner a Cuba en relación directa, sin subterfugios, con el pensamiento político de los EEUU, no obvia tomar una posición. Por cuanto, si es un preso común, para los que nos proclamamos socialistas no desaparecen los derechos y, porque, si fue capturado para los objetivos políticos de la derecha es porque ésta es fuerte y ello se debe a la política que sigue la dirección cubana para facilitar la restauración del capitalismo. Entre las demandas de la huelga de hambre de este disidente vinculado a los movimientos opositores por la derecha al régimen cubano (financiados por el imperialismo y la contrarrevolución radicada en Florida), estaban el reconocimiento de su condición de preso político y una serie de mejoras de su condición carcelaria. El POS no puede dejar de pronunciarse ante este hecho. Lo hacemos desde nuestra posición de principios como defensores de las conquistas socialistas de la revolución cubana y de la defensa de esta ante la permanente y sostenida actividad contrarrevolucionaria de los distintos imperialismos. También lo hacemos desde nuestra posición de enemigos de la dirección de esta revolución que está en manos de la burocracia estalinista del Partido Comunista Cubano que nada tiene de socialista y que lejos de defender a la revolución la debilita cada vez más no enfrentando a la contrarrevolución con la revolución, sino tratando de ocultarla, silenciarla reprimiéndola en el campo de las ideas mientras toma decisiones de apertura al capitalismo, burocratiza más el debilitado socialismo de Cuba y renuncia a impulsar las revoluciones socialistas en América Latina y el mundo insistiendo en la coexistencia pacífica con el imperialismo. Para los socialistas revolucionarios no se justifica el encarcelamiento de personas por sus ideas o pensamientos dentro del capitalismo y mucho menos dentro de un sistema que se reclama “socialista”. La revolución cubana ha venido en un proceso de restauración capitalista y de descomposición por la conducción stalinista de la dirección del Partido Comunista Cubano y de la burocracia que la representa. Del “socialismo” solo le queda algunas de las conquistas de la propiedad estatal pero con cada vez mayor entrega al capital imperialista de varios sectores de la economía (como la industria del turismo) y lo que es más importante: la consciente decisión de negarse a impulsar y extender la revolución ahogándola en las estrechos márgenes de la isla. La desigualdad, el pesimismo, el deterioro social, el retroceso de la conciencia revolucionaria y la ampliación del espacio para las ideas restauracionistas, burguesas y capitalistas ganan terreno en Cuba debido a la política de la burocracia estalinista cubana. La decisión de este obrero de construcción de abrazar las ilusiones de “libertad” burguesas y el capitalismo y llevar su causa hasta la decisión de morir, es un grave anuncio de lo que en las profundidades de la conciencia de las masas cubanas puede prender cada vez más la idea de dejar morir la revolución y entregarse, ya al restauracionismo capitalista a baja velocidad que impone el PC cubano, o a la abierta imposición de una contrarrevolución con objetivos abiertamente capitalistas. Obligado e irrenunciable es la lucha contra el bloqueo comercial que hace el imperialismo a la revolución cubana, o la cárcel a los contrarrevolucionarios u opositores de derecha que saboteen la economía y las conquistas y organizaciones sociales o que bajo argumentación de sus ideas conspiren y promuevan el enfrentamiento armado contra la revolución. No nos tiembla la pluma para justificar el “paredón” para los contrarrevolucionarios que invadieron Cuba en Bahía Cochinos en 1961, en un acto de legítima defensa de la revolución. A la disidencia de derecha que es abiertamente restauracionista capitalista solo se le puede aplastar con una política realmente socialista y no con la represión política y la cárcel. No es con presos políticos forzándolos para que aparezcan como presos comunes que se defienden las conquistas de la revolución cubana. La dirección stalinista busca enfrentar a los enemigos de la derecha( marionetas y peones del imperialismo como el trabajador de construcción Orlando Zapata, que utilizan recursos políticos), con encarcelamiento y con procedimientos de trato que en nada se diferencian de los que utiliza la burguesía en sus cárceles. En su lugar, la dirección del PC cubano debería golpear a la contrarrevolución profundizando la revolución socialista de 1959, eliminando la propiedad privada de los medios de producción, de cambio y de servicios, expropiando a los nuevos capitalistas que han entrado con la apertura del régimen cubano, impulsando y construyendo un régimen de poder soviético de democracia obrera y popular, de organismos propios de los trabajadores del campo y la ciudad y los soldados y lo que es determinante para la sobrevivencia de las conquistas socialistas cubanas, el establecimiento de la Federación Socialista con Venezuela, Bolivia y Ecuador y el impulso, desarrollo de la movilización y las luchas de los movimientos obreros y populares en América Latina y en el mundo señalando claramente que la salida de Cuba y de la humanidad es el socialismo con democracia obrera, o sea las Repúblicas de trabajadores ante un capitalismo en su fase imperialista que solo ofrece la profundización de la barbarie. Nuestra posición en nada se pone a la par
de la contra-revolución. Tampoco se suma a las hipòcritas lágrimas de los
diferentes gobiernos que se callan ante las atrocidades que se dan en sus
propios países. Defendemos y seguiremos defendiendo a la Revolución Cubana pero
dejamos en claro que la táctica de la dirección de Raúl Castro, les hace el
caldo gordo a la reacción. Por ejemplo, saluda el contubernio que salió de la
reciente reunión que hubo en Cancún y se
niega a establecer y proponer la Federación Socialista que mencionamos en el
párrafo anterior. |