Acerca de las revoluciones de febrero clásicas del Partido Obrero Socialista de México

 

            El documento del Partido Obrero Socialista mexicano (POSm) "La era de las Revoluciones de febrero clásicas" inicia estableciendo la existencia de una crisis teórica en la Liga Internacional de los Trabajadores, cuarta internacional (LIT o LITci) a partir de su incapacidad para comprender o interpretar los cambiantes y complejos hechos que en los últimos años han sucedido en el planeta, así como para luego definir una política adecuada. ¿En qué hubo incomprensión? ¿Qué teoría falló? Los compañeros no lo desarrollan. Y esto es importante que no se soslaye. Por eso, entrar en la polémica, sin establecer en que consiste la crisis teórica que ha tenido la LIT para definir si hay etapa reaccionaria o continúa el ascenso revolucionario en la situación mundial nos mantiene en un esquema simétrico con descripciones de hechos para demostrar una u otra caracterización avanzando muy poco en el debate.

 

LOS ANTECEDENTES TEÓRICOS

             "La hora del trotskismo", que fue planteada entonces como una etapa abierta por la caída del estalinismo en Europa del Este, partía no solo de una total incomprensión de los hechos que se sucedieron a partir del año 89 sino que también a una falsa caracterización respecto al triunfo y consolidación del estalinismo y sus repercusiones después de 1923 en la URSS y en el conjunto del movimiento obrero del mundo. Pero " La hora del trotskismo" era la deducción lógica de una elaboración anterior de nuestra teoría, aquella que se planteó en la Actualización del Programa de Transición de N. Moreno. En ese documento Moreno plantea como tesis VIII el título en forma de pregunta de ¿Se abre la etapa del trotskismo? Señalándola como cuarta etapa del ascenso revolucionario mundial a partir de l974, Moreno la definía así: "Esta cuarta etapa es la de la crisis generalizada del imperialismo y de los estados obreros burocratizados, de la terminación del boom económico, del comienzo de la revolución socialista europea con Portugal y de la revolución política generalizada en los estados obreros, de la crisis aparentemente definitiva del stalinismo". Desarrollados estos puntos Moreno concluye: "Si estas tendencias se confirman, fundamentalmente la crisis crónica y acelerada de los estados obreros burocratizados y del stalinismo, junto con una intensificación del ascenso revolucionario, se habría abierto la época del trostkismo, de la superación de la crisis de dirección del proletariado, por nuestra transformación en partidos con influencia de masas".

 

            Ya antes en las llamadas "Tesis Rojas" habíamos acuñado el término del "mundo teñido de rojo" surgido en la posguerra como resultado del fabuloso ascenso revolucionario a partir de 1943 que no solo derrotó al nazismo en la URSS y en Europa sino que consiguió expropiar a la burguesía en una tercera parte del planeta.

 

            Si bien es cierto, señalábamos en nuestras elaboraciones que el mencionado ascenso revolucionario de posguerra había fortalecido a los aparatos contrarrevolucionarios y que tales expropiaciones eran el resultado de concesiones del imperialismo y la burocracia "...para mejor derrotar y congelar la movilización permanente". (Tesis VII, epígrafe 8, de Actualización del Programa de Transición). Pero no se sacaban las conclusiones a fondo pues se apostaba a que las masas en su continuidad de lucha harían saltar por los aires a los aparatos y al dominio imperialista. Lo más importante era que a pesar del ascenso, se evidenciaba con mayor orfandad la crisis de dirección pues era el frente contrarrevolucionario quien salía fortalecido en la posguerra.

 

            ¿Era que a pesar de la gran derrota del movimiento obrero revolucionario que significó el ascenso y consolidación del estalinismo, se reconocía una doble naturaleza del estalinismo que nunca tuvo?  ¿Se partía de la naturaleza contrarrevolucionaria del estalinismo, lo que imponía la tarea de la Revolución Política en los "estados obreros burocráticos o degenerados" y la necesidad de construir partidos independientes del estalinismo y contra este aparato contrarrevolucionario, pero se le reconocía una naturaleza progresiva al constituir esos estados obreros? ¿En nuestra corriente se tendía a asociar que habría una mayor conciencia política de las masas trabajadoras en esos estados que aseguraba la posibilidad de desarrollar las tareas de la Revolución Política?

 

            Una vez que las masas se sacudieron de la loza estalinista y que el imperialismo profundizaba su crisis el paso a desarrollar las tareas de la revolución política en los estados obreros era la perspectiva obligada, por tanto, ¿quién si no el trotskismo era el único preparado y con programa para liderar ese proceso? Con esta concepción perdíamos de vista totalmente que la conciencia de esas masas no era otra que la falsa conciencia estalinista (por tanto burguesa y reaccionaria) expresada precisamente en la institución política llamada Partidos Comunistas que controlaban estados enteros, la segunda potencia mundial, y con un fuerte peso en los países occidentales en el control de las organizaciones de los trabajadores y con fuertes organizaciones políticas en muchos de ellos.

 

             No reconocimos el terrible efecto del triunfo del estalinismo en el conjunto del movimiento obrero y del principal logro arrasando a la oposición trotskista. Por eso Stalin debía incrustar el pico destructor de la conciencia revolucionaria en la propia cabeza de su principal figura histórica. No era un problema de la amenaza cuantitativa de Trotsky y su incipiente IV Internacional fundada en el 38. Cerrado el círculo, el estalinismo propinaba una derrota histórica al movimiento obrero que no medimos con el parámetro decisivo que determina la época: el problema decisivo de la dirección, por tanto de la conciencia, por tanto del partido revolucionario. Por décadas el estalinismo destruyó el vínculo histórico con el pasado revolucionario del movimiento obrero. Por décadas el estalinismo castró al movimiento obrero y al desarrollo del marxismo revolucionario.

 

            Las posibilidades de revoluciones socialistas encabezadas por partidos como el bolchevique no tenían ninguna posibilidad en tanto no existía ese partido o tipo de partido, por tanto no existía tampoco ninguna conciencia avanzada socialista en las masas. Este pequeño, pero determinante error, tiene su sustento en la teoría espontaneista, movimientista que parte de que en las luchas las masas irán construyendo su propia dirección, reconociendo solo formalmente el rol determinante del partido y de su historia.

            Si hay diferencia con el espontaneísmo del que escribiera Moreno en la Actualización del Programa de Transición, que caracterizaba a la izquierda marxista revolucionaria de la II Internacional que se oponía al bolchevismo y que : "... creía que las masas con sus acciones revolucionarias iban a solucionar por su propia cuenta el problema de dirección revolucionaria" ( Tesis IV). Porque el espontaneísmo que nos caracterizó partía de que era suficiente presentar una alternativa, aprovechar las oportunidades de la lucha de clases y favorecidos por la crisis del estalinismo y del imperialismo se construirían los partidos trotskistas con influencia de masas.

 

            A pesar de que en nuestra teoría reconocíamos que la formación de un partido bolchevique y de la resolución de la crisis de dirección no era un asunto determinado por las ventajas objetivas: " Pero ni la fundación de la Tercera Internacional, ni el colosal ascenso del proletariado europeo, pudieron automáticamente crear verdaderos partidos bolcheviques nacionales; solo pudieron dar las bases. La experiencia histórica demostró una vez más, que construir un partido bolchevique jamás puede ser un producto automático de circunstancias objetivas, por más favorables que sean." (Tesis IV). Se apostó a que ya no era una pregunta aquello de si habría llegado la época del trotskismo, sino que al caer el muro de Berlín y desplomarse los regímenes estalinistas y sus partidos comunistas se abría definitiva y afirmativamente esa época.

 

            Si ya no había fortalecimiento de los aparatos contrarrevolucionarios sino más bien su crisis definitiva, pues el problema de espacio para construir partidos trotskistas con influencia de masas estaba dado. No se comprendió que el problema no era solamente que el estalinismo tuviese 60 años de fortalecimiento de sus aparatos sino del problema de la conciencia. Que cayendo el stalinismo no emergía espontáneamente la conciencia socialista revolucionaria en las masas.  Que cayendo el Muro no saldrían las masas, aunque existieran trotskistas planteándolo, a hacer la Revolución Política. Que no bastaba con aprovechar oportunidades e intervenir en la lucha de clases y tendríamos posibilidad de salir con partidos trotskistas de masas. El desastre creado por esa concepción en la LIT no llevó a sacar las conclusiones pertinentes y ante la imposibilidad de romper el esquema teórico que destruiría parte del andamiaje histórico de nuestra corriente, el sector crítico saca la conclusión de que lo ocurrido en la Europa del Este y en otros hechos del planeta corresponden a una severa derrota o a un cambio de etapa de revolucionaria a reaccionaria que alejan la posibilidad de la revolución socialista. En este campo ha habido muchos matices que se han expresado en fraccionamientos permanentes en la LIT.  Pero en esencia, unos y otros no se salieron del movimientismo, del espontaneísmo.

 

             No se entiende que el movimiento de flujos y reflujos del movimiento de masas hace parte de la lucha de clases. Que en este sistema las masas no han decidido entregarse, resignarse y siguen luchando. Es decir que luchas siempre van a haber en distintas magnitudes e intensidades pero que mientras no haya partido que acompañe el proceso necesario, después de la caída del estalinismo, que no de su desaparición como aparato contrarrevolucionario en el movimiento obrero, no habrá posibilidad de resolver la contradicción de socialismo o barbarie. Que pasa por una necesaria tarea de reorganización política del movimiento obrero,  por un proceso de acumulación, de acompañamiento de las experiencias del movimiento obrero, de construcción de una conciencia socialista que no es otra cosa que la construcción del partido obrero revolucionario, elaborando un programa revolucionario, desarrollando en los términos leninistas la concepción del partido de cuadros que interviene en la lucha ideológica, en la lucha sindical o económica y en la lucha política a nivel mundial y en su expresión nacional.

 

VAMOS AL GRANO

            Los compañeros del POSm mexicano pasan en su documento a gravitar en esa falsa polémica de si las masas o el imperialismo están a la ofensiva. Es así como polemiza con respecto a la caracterización de la etapa actual con la posición del MASarg de calificar de etapa reaccionaria mundial y en América Lantina un profundo periodo reaccionario, a partir de derrotas, sangrientas o democráticas que se dieron en los procesos donde la clase obrera jugaba un papel más o menos importante así como el "desmonte del ascenso revolucionario en el cono sur" y con transformaciones en la clase trabajadora que se ha vuelto más " heterogénea, compleja y fragmentada" , por tanto un cambio en las relaciones de fuerza que favorece a la burguesía. ¿Es que había alguna posibilidad de que sin una dirección alternativa las masas nicaragüenses sobrepasaran a la dirección sandinista y colocaran en rumbo socialista a la revolución del 79? ¿Es que se podía construir en 10 años una dirección alternativa socialista en Nicaragua? ¿La Brigada Simón Bolívar no tuvo ese objetivo de ser ala izquierda del sandinismo que con su intervención, apoyándose en las masas, podría cambiarle el rumbo reaccionario a la dirección de la Revolución Nicaragüense?

Nos hemos equivocado no solo con el estalinismo sino también con sus hijos "rebeldes": las diversas organizaciones guerrilleras.

             

            Entonces el eje de la polémica es falso. No se trata de desconocer situaciones o momentos de la lucha de clases en relación a la iniciativa o ascenso de las luchas de las masas o en la intensificación de la ofensiva del imperialismo, pero eso es propio de la lucha de clases. El asunto está en que haya o no haya una gran ofensiva de las masas si no se avanza en la construcción del partido, de la dirección, al capitalismo no se le va a destruir. Entonces debemos plantearnos si en los ascensos que se señala hubo, fuimos capaces de aprovecharlos para desarrollar al partido, construirlo, acumular cuadros, acumular influencia, insertarlo mejor, avanzar teórica, política e ideológicamente porque de esto depende que en futuros ascensos podamos incidir, ganar influencia en el movimiento de masas

           

            Polemizando con el CEI de la LIT, el POSm plantea que las posiciones de estos no son correctas. Le atribuye al CEI una posición sindicalista a partir del documento "Elementos Programáticos para enfrentar la Reestructuración Productiva" pues no considera tareas ni consignas ofensivas políticas. Ataca la caracterización del CEI de la "existencia de una contraofensiva político militar del imperialismo". El POSm rebate esas caracterizaciones con listas de hechos donde busca demostrar que "Los hechos en los que avanza el imperialismo no son los que dominan el panorama internacional ni inclinan la balanza a favor de la contrarrevolución o la "reacción", parafraseando a Moreno, son muy débiles porque el imperialismo está muy mal. Es que avanzando consignas ofensivas políticas se supera el sindicalismo. Pues no es cuestión de adelantar consignas ofensivas en el programa para enfrentar la reestructuración y el movimiento de masas en ascenso las adoptará.

 

            ¿Con cuál programa y con qué carácter debemos plantearnos ante la situación mundial? Si el POSm se refiere a que los compañeros del CEI de la LIT no incluyen en el programa partidario consignas ofensivas, es un grave error. Nuestros partidos, con el método del programa de transición debemos definir un cuerpo de consignas que van de lo defensivo a lo ofensivo y que ciertamente las características de crisis crónica del capitalismo hacen cada vez más comprensibles las respuestas socialistas, por tanto ofensivas. Pero hay que ubicarse. Una cosa es nuestro programa y nuestra actividad de explicarlo, concretarlo en los distintos procesos de las luchas y otra es que las masas estén por tomar esas consignas para la acción inmediata aunque estén en ascenso y aunque estén más que podridas las condiciones objetivas para plantearlas. Hay conciencias e ideologías falsas que predominan en las masas, aparatos ideológicos y políticos que las alimentan, que dominan a las masas y contra las que hay que pelear, polemizar, para ir ganando la identificación de las masas con nuestras propuestas programáticas. Pero no habrá adopción de estas consignas ofensivas si no está el partido que las levante y las pelee. Entonces el sindicalismo no solo se caracteriza por obviar las consignas ofensivas sino también por creer que planteándolas las masas las van a tomar sin que existan las mediaciones que son la conciencia y las direcciones que tiene el movimiento de masas.

           

            En la segunda parte el POSm, en la negativa a tomar el rábano por la raíz y no por las hojas, busca en la estructura económica con dinámica hacia la barbarie, los elementos que favorecerán al fortalecimiento del sujeto social de la revolución. Los compañeros se dedican a presentar como muy favorables los procesos de mundialización que "fortalecen el sujeto social de la revolución, al proletariado y  a sus aliados" ( clase obrera más homogenizada, menos estratificada, mayor proletarización de la sociedad, etc). Que la descomposición del capitalismo no solo destruye las fuerzas productivas materiales sino que también descompone al sujeto social, es un hecho. La reestructuración económica de la llamada "globalización" ha golpeado a la clase obrera pero no puede existir capitalismo, aún en franca crisis crónica, sin la clase trabajadora. Pero nada de progresivo tiene la decadente crisis del capitalismo. El fortalecimiento del sujeto social de la revolución no pasa por la implementación de las nuevas formas de organización de la explotación sino que dependerá de su conciencia, por tanto de la existencia e influencia del partido de la Revolución.

 

             En el mismo sentido los compañeros plantean la fragilidad de la economía en las finanzas cuyas crisis favorecen a la lucha de clases y que la miseria que la mundialización profundiza debe ser analizada de forma marxista como un acicate para su acción transformadora. Pareciera que los compañeros adoptan de la teoría guevarista aquello de que a mayor miseria y represión, mayor conciencia. Para los mexicanos la burguesía es mucho más débil estructuralmente porque ha perdido uno de los principales mecanismos de dominación y control sobre el proletariado: las concesiones materiales. Por tanto como solo puede ofrecer garrote hay más condiciones revolucionarias. Es así como de una forma totalmente equivocada analizan el triunfo del imperialismo norteamericano sobre el imperialismo alemán, inglés y francés en la segunda guerra mundial presentándolo más bien como el triunfo de las masas sobre el ala derecha de la contrarrevolución, con "pueblos, proletariados y un Ejército Rojo victoriosos, en movilización, dispuestos a continuar luchando y a extender y profundizar cambios revolucionarios ..." A estas alturas del partido los compañeros afirman que había un proletariado y un Ejército estalinista ganado para luchar, extender y profundizar cambios revolucionarios (?). Qué incomprensión más patética del estalinismo prevalece en nuestra LIT compañeros. Los compañeros continúan planteando que la burguesía implementó una política de contener la marea revolucionaria con concesiones económicas y sociales a las masas con transformaciones en el Estado con el Estado de bienestar. Compañeros, la marea revolucionaria por la movilización y lucha contra el nazismo fue contenida por la burocracia estalinista en los acuerdos de Yalta y Postdam en primer lugar y las concesiones del Estado de bienestar obedecía a una forma de reorganizar la explotación capitalista, integrando más consumidores al mercado y concentrando la propiedad ante la destrucción de fuerzas productivas de la II guerra de rapiña mundial. Que por supuesto partía también de implementar políticas de colaboración de clase con concesiones económicas que permitía el boom de posguerra.

 

            Para el POS el capitalismo está más débil y vulnerable que en pasado y se enfrenta a una clase obrera más fuerte estructuralmente y que viene de triunfar contra el stalinismo en la URSS. Por lo que el problema para el desarrollo de la revolución es que se desarrollen factores subjetivos, autoorganización obrera y popular, conciencia socialista y partidos revolucionarios del proletariado que en la concepción espontaneísta necesariamente surgirán  de esos procesos que permite la reestructuración del imperialismo económico y de las luchas de las masas.

    

            En la tercera parte, el POSm se dedica a hacer una reflexión teórica sobre la característica de las revoluciones clásicas tipo febrero rusa y sus características semejantes a las actuales:

l. revoluciones populares 2.  Falta de conciencia y revolución jefeadas por retrogradas direcciones. 3. Gobiernos con planes contrarrevolucionarios 4. Política de reacción democrática 5. Un desarrollo relativo de la conciencia donde los trabajadores comprenden que no se puede seguir como está y que debe continuar movilizándose.

           

             Las diferencias para los compañeros tienen que ver con que en Rusia estuvo precedido el febrero por décadas de movilización y en el caso presente se viene de una postración. De que tenían un partido bolchevique, que las ideas socialistas estaban en prestigio. Esta pequeña pero determinante diferencia es precisamente la esencia del problema.

           

            Las tareas de nuestros partidos, terminan diciéndonos los compañeros del POSm, es acumular fuerzas dentro del mov obrero. El programa que debe responder a las distintas situaciones de la lucha de clases mundial.

 

 

            El POSm hace una caracterización equivocada de la etapa del 45 al 88. No caracteriza que el triunfo de posguerra es de un sector del imperialismo sobre la repartición del mercado mundial, el cual establece un acuerdo con el stalinismo abriendo una situación de expansión capitalista coyuntural sobre la base de la peor destrucción y barbarie de las fuerzas productivas, el desarrollo de las fuerzas destructivas (armamentismo).La necesidad de incorporar al mercado a un gran sector de la población mundial. Que si bien es cierto hay un triunfo de las masas sobre el nazismo y estas colocan una serie de demandas más avanzadas y desarrollan organizaciones sociales, en la política se ajustan al proceso del nuevo orden internacional de colaboración de clases con las direcciones estalinistas o próximas al estalinismo y el imperialismo.

 

            Que en el 89 los compañeros señalen que hay una victoria sobre los regímenes dictatoriales en la ex URSS hay que precisarla en qué sentido, dimensiones y aspectos. El rompimiento de la bipolaridad no es explicado a partir de la crisis del periodo de crecimiento de posguerra. No se caracteriza que el capitalismo, aunque tuviese la coyuntural situación de posguerra, tiene como característica la fase imperialista decadente y que las economías socializadas, en tanto no obedecían a un desarrollo de la revolución permanente se acoplaban bien a la situación de posguerra y no podían subsistir en la crisis posterior al periodo de expansión de posguerra.

           

            Que hay un proceso de movilización y revolución de las masas en esos países pero que tiene carácter democrático y que encuentran a las masas con la mayor debilidad:  la ausencia de una conciencia revolucionaria, la ausencia de los vínculos históricos, de la continuidad histórica de la ideología y conciencia revolucionaria  destruida por 6 décadas de estalinismo triunfante, aunque las masas hubieran derrotado al fascismo .

 

             Las características del imperialismo en lo económico y político demanda de la formulación de un programa hacia la revolución socialista único programa que puede dar respuestas claras. Que el proceso de recuperación de la conciencia, de la historia, y de su reflejo en un partido revolucionario pasa por un periodo de acumulación a partir de los núcleos revolucionarios que formulen un programa socialista.

 

            Buscar la ubicación con alguna referencia de tipos de revoluciones es un juego académico en tanto que olvida el elemento decisivo, determinante, invariable en las revoluciones de febrero y octubre: la existencia del partido bolchevique. Si quisiéramos hacer alguna comparación con las revoluciones rusas, tendríamos que ubicarnos más bien en la revolución de 1905 donde no había una dirección ni peso del partido Socialdemócrata de Lenin y la dirección de las masas obedecían al cura Gapón. Es decir que las revoluciones e insurrecciones que en esta debacle del imperialismo se tienden a dar serán más parecidas a la de 1905 por la ausencia de un polo de referencia revolucionario que sí hubo en los febreros del 17 en Rusia. El problema de la humanidad, aunque parece increíble, pero es un problema de dirección. La globalización, la mundialización y todos los hechos que se pueden mencionar de la lucha de clases son solo la confirmación de que en tanto no se haga la revolución socialista el capitalismo lleva al planeta a la barabarie aunque las masas no dejen de luchar, no tendrán capacidad por sí mismas de romper ese rumbo, por más muestras de incapacidad del sistema capitalista de resolver los más básicos problemas si no se construye la dirección revolucionaria el capitalismo solo no caerá.

 

            Construir la dirección debe partir ciertamente de la voluntad de las masas de luchar, de la incapacidad del sistema para recomponer su decadente caída, pero debe ubicar la fase histórica pues no en balde más de 60 años el movimiento obrero fue postrado, castrado por el estalinismo y el proceso de reorganización o recomposición no solo debe saldar esas 6 décadas sino saldar su propia historia, la del trotskismo, en relación a esos 60 años.

Debemos acabar con el prurito de andar buscando oleadas y expresiones trotskizantes para resolver el problema de la dirección con teorías objetivistas y atajos que solo nos llevan a más crisis autodestructivas con fraccionamientos sobre ejes errados. El proceso de reorganización política del movimiento obrero debemos definirlo y caracterizarlo. Pero no es a corto plazo. Apostar al insurreccionalismo aunque en la polarización de la situación mundial se den insurrecciones, no resolverá el problema de dirección. Intervenir en la lucha de clases para ganar cuadros, influencia política, referencia ideológica, presentar en concreto a las masas el programa socialista, entendiendo que la revolución socialista no está a la vuelta de la esquina y que no habrá tal revolución si no hay un partido y un partido es acumulación y acumulación es tiempo y experiencia, política y programa, teoría e intervención en las luchas de las masas.

 

            La LIT fue la única en recoger la tradición y la teoría y programa del movimiento obrero revolucionario, del bolchevismo, pero también  el peso del estalinismo nos hizo definir planteos y concepciones falsas que debemos superar.

 

Partido Obrero Socialista de Costa Rica (POScr). Mayo 8/l999.

E Costa RicaDEBATEPOS(m-cr).doc; creación: 21/01/2003