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Editorial
Contrabandistas
Cuando en Costa Rica se discutía
ardorosamente sobre el significado del TLC con EEUU, afirmábamos que se trataba
de un acuerdo político antes que un acuerdo comercial. Por lo tanto, se debía
discutir políticamente; la respuesta
también debía tener esa característica.
Consecuentes con esa opinión,
afirmábamos que, ante la propuesta política de los TLCístas, se debía levantar
una propuesta alternativa. El TLCísmo presentó un programa de cambio al estado
social de derecho; en consecuencia, lo que correspondía era un programa que
presentara un nuevo estado social de derecho.
Para tal fin, hicimos pública
nuestra propuesta alternativa. La presentamos en el movimiento estudiantil, en
el magisterio, en los Comités Patrióticos. No cuajó.
En oportunidad de las recientes
luchas por el Fondo Especial de la Educación Superior (FEES), hicimos un
planteo similar; afirmamos que no era una lucha financiera, que era una lucha
política por cuanto lo que ofrecía el gobierno era el reflejo del TLC en la educación universitaria. Ganó el
gobierno y los rectores, agrupados en el Consejo Nacional de Rectores (CONARE),
terminaron aceptando. El movimiento estudiantil, que en todo momento entregó la
dirección de la lucha al mencionado CONARE, no tuvo otra salida que patalear.
Hace muy poco, para las
elecciones en la Federación de Estudiantes de la Universidad de Coata Rica
(FEUCR), aquellos sectores políticos, llamados de izquierda [Frente Amplio
(FA), Partido Acción Ciudadana (PAC), Alianza Patriótica (AP) y Partido Vanguardia
Popular (PVP)], todos antiTLCístas que no entendieron la verdadera naturaleza
del TLC, constituyeron un partido llamado PROGRE pero nunca denunciaron el
acuerdo gobierno-rectores como una derrota
y nunca se pronunciaron respecto del papel jugado por los rectores. Es
decir, se constituyeron como representantes del gobierno y del CONARE. ¡A pesar
de su condición de izquierda!
Ahora nos encontramos con el
conflicto fronterizo entre Costa Rica y Nicaragua. ¿Cómo actuaron los antiguos
enemigos del TLC? Apoyaron, sin cortapisas, la política del gobierno.
El problema fronterizo debe ser analizado desde dos
ángulos. El democrático formal que, según es práctica común en todo conflicto
de esta naturaleza, es llamar a la
discusión entre las partes involucradas en una mesa de diálogo, en el mejor
escenario posible y con la asistencia de mediadores, de ser necesario.
Nada de esto hizo el gobierno
costarricense. Más bien, presentó la situación ante la opinión pública de tal
suerte que se estableció un cuadro político en el que brotaron el
patrioterismo, la xenofobia, los llamados a reconstituir el ejército o, en su defecto, que se aplicara el Tratado
Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) o que el Consejo de Seguridad de
la ONU enviara sus clásicos cascos azules.
El otro ángulo, que llamaremos
político de la época actual, tiene que ver con dos elementos. Y en ambos aparece, en letras de piedra, el
mismo argumento que llevó a la burguesía imperialista yanqui a plantear el TLC
y a la burguesía TLCecísta costarricense (socia minoritaria de aquella) su
total acuerdo: en el actual período de la fase imperialista del capitalismo
–capitalismo agotado– lo único que pueden hacer esas burguesías es: 1.
concentrar el capital, 2. restringir las libertades democráticas y los derechos
y, 3. como consecuencia necesaria, prepararse para la guerra.
Nunca lo dijeron con esos
términos. Pero eso es lo que persiguen, objetivamente, los TLC, porque esa es
la dinámica del capital.
Si alguien se proclama de
izquierda (aunque en algún momento dijimos que eso no significa mucho) debe
tener presente que la esencia de la política imperialista es crear las
condiciones que hagan posible y aceptable, a escala mundial, la generalización
de las guerras focalizadas y larvadas que existen. Veamos si no lo que sucede
en el Cercano Oriente, en Asia Central, el golpe en Honduras, el intento
golpista en Ecuador, la precisa definición de quienes constituyen “el eje del
mal”, y otros.
En consecuencia, la consigna de
No a la Guerra Imperialista, debe instalarse como primer punto de cualquier
programa que se diga anticapitalista, antimperialista, democrático. Es la
primer gran tarea que debe llevar adelante el movimiento de masas si quiere
defender la vida. En ese caso, es la primera obligación de quien se reivindica
“de izquierda”.
Si esto es así, acudir
presurosos a apoyar la política del gobierno es apoyar la política reinante en el mundo, en la
mayoría de los gobiernos, en casi todos los medios de prensa y que se
manifiesta en la llamada política antiterrorista, contra el narcotráfico, por
la seguridad nacional.
¡Política antiterrorista! ¿Y que
pasa con Kissinger, Posadas Carriles o los dictadores sudamericanos? ¡Combate al narcotráfico! ¿Cuántos peces
gordos narcotraficantes ha capturado EEUU, con toda su fuerza militar, sus
aparatos de inteligencia y su tecnología de punta? ¡Seguridad nacional! ¿El mismo argumento que usaron Videla,
Pinochet, Álvarez, Bánzer, Castello Branco, Stroessner, Somoza, Franco,
Mussolini?
Estos izquierdistas son contrabandistas.
Contrabandean política de derecha en nombre de la izquierda o, lo que es peor,
del socialismo.
Igual que aquellos otros que
también son de izquierda y que pertenecen a otras organizaciones: Movimiento al
Socialismo (MAS), Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), Partido
Socialista de los Trabajadores (PST), Liga por la Revolución Socialista (LRS),
Partido Socialista CentroAmericano (PSOCA),
que se callan la boca o entienden el problema como una pelea entre dos
burguesías que, tal cual la describen, parecen burguesías aisladas en un mundo
capitalista globalizado, mundializado, o como lo quieran llamar.
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