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Como lo ofrecimos en el artículo
anterior, hoy plantearemos nuestra posición en relación con ciertas políticas
que desde la óptica burguesa, procuran disminuir la “brecha” entre hombres y
mujeres en relación con el salario y el papel de segunda categoría que juegan
las mujeres en esta sociedad.
Además, incursionaremos en
algunas propuestas socialistas, fruto de la reflexión colectiva, a la luz de
los artículos anteriores publicados en la revista.
1. El sistema capitalista con
rostro de mujer y de explotación de todos los trabajadores y trabajadoras
Reiteradamente, hemos afirmado
en los anteriores artículos que presenciamos la crisis del capitalismo más
barbarizante y explotadora como nunca se había vivido en todos los aspectos:
desempleo, guerras en todos los confines, miseria, depredación del ambiente,
alienación exacerbada ya que procuran hacer de cada ser humano un mequetrefe,
pero con boca tapada. Hombres y mujeres sufrimos el avasallamiento fruto de un
sistema que solo le interesa apropiarse y arrasar con todo lo que se le coloque
por delante para extraer ganancias y lograr la concentración de capitales en
forma privada, cada vez en manos de menos burgueses. El rol de la mujer cada
vez se hace más explosivo y asombroso en el proceso de acumulación capitalista,
como productora de valores de cambio (mercancías) y como objeto invisible en el
hogar (valor de uso). Sin lugar a dudas, el rasgo distintivo y significativo de
la sociedad dividida en clases está simbolizada por la opresión hacia la mujer
y el sistema capitalista es el único
responsable de la precariedad laboral y salarial, de la sobreexplotación,
desempleo y enajenación de nosotras (constituimos el 70% de los 1.500 millones
de personas que viven en la pobreza absoluta en todo el mundo), aspectos que
han sido desarrollados en anteriores revistas (Nº 38 y 39) por lo que no creo
conveniente retomarlo.
2. Las políticas burguesas
persiguen un fin: mayor explotación y enajenación de las mujeres
La burguesía, casi siempre en
unidad de acción con las feministas y mujeres burócratas de las ONG´s cautivan
a las mujeres trabajadoras con planes y programas que según ellas, las van a
beneficiar. Este panorama irrumpe en los escenarios políticos sobre todo cada
cuatro años, porque la conquista de votos, muchas veces la logran, mediante la
“venta” de placebos y engaños y así atraen a muchas mujeres que por su
condición de trabajadoras (formales e informales) y de sobreexplotadas necesitan
de una “ayuda” para que su vida no se torne tan oscura y arrebatadora de
derechos.
No debemos caer en las trampas
de la burguesía cuando emite leyes “a favor de las mujeres” porque son
legalistas, burdos reformismos, reduccionistas y fragmentados de la realidad
pues permiten que el sistema capitalista siga avasallando a las mujeres
haciéndolas cada día más alienadas de su papel histórico y político.
Brevemente mencionaré tres
propuestas que conllevan las características antes mencionadas.
Sello de equidad en empresas: El
Instituto Nacional de la Mujer (INAMU) promueve un reconocimiento especial para
las empresas públicas y privadas que respeten los derechos de las mujeres. Los
factores que se miden son: número de mujeres en la junta directiva y puestos administrativos;
facilidades que les brindan en los procesos de producción. El sello consiste en
poder presentar a la empresa como una entidad promotora de la equidad de género
y de la justicia social. ¿Podemos creer semejante patraña? Queda muy claro que
existe un irrespeto de los derechos de las mujeres porque si fuera lo
contrario, es decir, si existiese ese respeto no tendría por qué premiarse.
Otro eje de esta propuesta por supuesto tiene que ver con la productividad: se
debe lograr una mayor sobreexplotación de las mujeres pero teniéndolas
contentas: pueden permanecer más minutos en el baño, cada mes se escogerá la
“mejor empleada” sinónimo de la más explotada porque por ejemplo hará más
piezas en menos tiempo. ¿Cuál justicia social? Si el mismo gobierno ha dado
cuenta que en la mayoría de las empresas privadas no se paga el salario mínimo.
No nos conformemos con sellos de equidad, transformemos nuestra cotidianeidad
en una lucha por desenmascarar todos estos engaños.
Licencia remunerada por
paternidad: El expediente 17.611 presentado en la Asamblea Legislativa procura
que el padre tendría la obligación de gozar de una licencia remunerada por
paternidad, durante los 15 días naturales anteriores al parto de la madre de su
hijo y el primer mes posterior a él. Este confite fue archivado porque la Caja
Costarricense del Seguro Social adujo que la propuesta tendría un efecto
negativo en las arcas de la institución así como en el sistema productivo
nacional. Cuando una sociedad está organizada en función de las necesidades de
los patronos, de la burguesía, parches como el anterior jamás serán
respaldados. Llama la atención dos aspectos: 1. No se dio ninguna lucha al
respecto, a las burócratas feministas no les interesó este plan y su archivo
fue inmediato. 2. Se le sigue concediendo a la mujer única y exclusivamente la
responsabilidad del cuido de su hijo o hija y todo lo que esto significa
además, el recargo de las funciones hogareñas.
Red de cuido y desarrollo
infantil y red del adulto mayor: Hasta el cansancio, en la última campaña
electoral escuchamos las “bondades” que acompañaban a estas dos iniciativas.
Poco tiempo bastó para que este proyecto se desenmascarara: apela al
voluntariado, a la reducción de programas en vivienda y en cultura para
pellizcar el dinero y a la privatización de los servicios de cuido. Es notoria
la improvisación y la necesidad que tiene la burguesía del trabajo barato de
las mujeres.
3. Por una propuesta socialista
en relación con el trabajo de las mujeres
Reconocemos que la mujer lleva
un gran peso de explotación, discriminación, humillación en todos los aspectos
que permiten su inserción: el trabajo: (triple jornada) las condiciones
salariales, las relaciones de afecto, la familia y la comunidad para mencionar
algunas. Sin embargo, consideramos que nuestras batallas y nuestras propuestas
no las podemos dar ni solas ni aisladas de la lucha por el poder político
porque estamos claras que solo hombro con hombro, mujeres y hombres, con un
programa socialista y con un gobierno de trabajadoras y de trabajadores y sus
aliados naturales, podemos iniciar el proceso de liberación de la especie
humana y eso significa recuperar la dignidad y la verdadera libertad que nos
merecemos aquellos y aquellas que sí creemos que un mundo socialista y revolucionario
sí es posible.
La historia de la humanidad es
la historia de la lucha de clases con estructuras jerárquicas que imponen el
poder burgués, en este momento. Por lo tanto, nuestra gran lucha es por la
liberación de la especie humana porque la opresión de la mujer y su consecuente
liberación no es un problema de género o de moral sino es un asunto de clase,
del poder, de las subjetividades y de las inter subjetividades, es en suma, un
problema político. Para lograr la dignificación humana de nuestro trabajo y del
salario tenemos que perseverar en la lucha política derrotando a la burguesía e
imponiendo una sociedad socialista en donde los hombres y las mujeres en
forma democrática, creativa y
revolucionariamente, organizaremos esa sociedad, construyendo las bases
materiales para satisfacer las necesidades en función de nuestra humanización,
sin represiones individuales y colectivas y no en función de la ganancia y el
enriquecimiento de unos pocos.
¡Todas y todos debemos luchar
por la conquista de la emancipación del género humano, nuestra especie! Es por
ello que la incorporación de las mujeres y de los hombres al partido
revolucionario es imperativa.
Una política del estado
socialista es el respeto a los derechos de las mujeres. Con una estructuración
diferente de la sociedad se revertirá la explotación y la desocupación. Se procurará el pleno empleo,
el trabajo estable y categorías como el trabajo informal o el subempleo, no
serán parte de la cotidianeidad socialista. Tampoco se permitirán mecanismos de
explotación como la flexibilización laboral, la terciarización o la
precarización. Las jornadas serán de ocho horas y las mujeres tendrán el tiempo
suficiente para disfrutar de la convivencia comunitaria y para el desarrollo
creativo de la sociedad, sin los apuros de hoy en día en que tienen que ir a
cumplir con otra jornada laboral en su casa.
Las relaciones sociales también se transformarán y el cuido
no estará supeditado a la mujer y menos aún, como una responsabilidad
individual que solo a nosotras nos debe incumbir. Por lo tanto, el cuido
poseerá un carácter social y no tendrá únicamente, rostro de mujer.
Las mujeres tendremos libertad
para trabajar, para vivir y para amar. No se nos pondrán trabas ni burocráticas
ni de clase, para escoger el espacio de trabajo. La remuneración que el
conjunto de la sociedad decida por cada labor no llevará implícita la
desigualdad entre hombres y mujeres. A igual trabajo, igual remuneración.
Obviamente, la sociedad socialista aportará
los medios necesarios para que todo ser humano se apropie del
conocimiento en forma científica, democrática y gratuita por lo tanto, las
mujeres gozarán y disfrutarán, al igual que los hombres de una educación
pública y liberadora, lo que implicará la no diferenciación de los trabajos. En
la agricultura, en la pesca, en la industria, en la construcción, centros
educativos, oficinas públicas, en cualquier espacio que se despliegue trabajo
no habrá diferencias entre hombres y mujeres.
Las mujeres tendrán derecho a
una licencia por maternidad 2 meses antes del parto y dos años después del
mismo para acompañar y nutrir a su hijo o hija en su desarrollo infantil, con
la totalidad del salario, pero el padre también disfrutará de este beneficio
pues será la pareja la que decida quién se incorporará al trabajo después del
año de nacido del hijo o de la hija.
Como la satisfacción de las
necesidades humanas tendrá respuestas colectivas, tanto las mujeres como los
hombres disfrutarán del trabajo, la recreación y el ocio creativo
beneficiándose de almacenes, lavanderías comunales, comedores populares en sus centros de trabajo
y en sus comunidades y mientras realizan su trabajo u otra actividad
revolucionaria, sus infantes estarán compartiendo el proceso de aprendizaje con
mediadores del conocimiento y la cultura en general en centros educativos
públicos y gratuitos. El uso de la tecnología estará al servicio del
aprovechamiento del tiempo y del espacio hogareño y comunal. Reforzaremos la
producción de objetos para el consumo interno. Ninguna mujer permanecerá
aislada dentro de su núcleo familiar. Todas aportarán su conocimiento,
habilidades y experiencias al servicio de la sociedad. El trabajo del hogar no
será una carga para la mujer pues será asumido colectivamente por todos y cada
uno de los miembros.
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