propuesta Socialista
por la Revolución Socialista Mundial

Editorial: Contrabandistas.

Nota de tapa: Por una propuesta socialista y liberadora para la mujer.

Nota central: ¡Guerra NO! Salida bilateral y pacífica para el conflicto bajo el control de los mismos pueblos.

Nota de contratapa: A 100 años de la Revolución Mexicana.

Panorama internacional

Noticia. Los neofascistas de UNO-América reunidos en “congreso” en Bogotá.

Opinión. La desigualdad llevó al “crash”.

Opinión. El imperio no descansa.

Colaboración. El Mar Amarillo está violeta.

Otros panoramas

Ciencia. Diálogo con el astrofísico francés Jean Pierre Luminet.

Con humor. La Gomera declara la guerra a la OTAN.

Cristianos por el socialismo. La Revolución Cubana se mueve críticamente sobre sí misma.

Página de la cultura. Crisis del “arte”.

Comentarios a “Una propuesta de los socialistas para la actual crisis”

Nº 1: Distribución del trabajo entre todos para que todos tengamos el derecho a trabajar
Escribió: Salomón Matarrita

En los dos anteriores números de propuesta Socialista, hemos publicado, en dos partes, el artículo titulado “Una propuesta de los socialistas para la actual crisis”.

El primer punto fue, precisamente, Distribución del trabajo entre todos para que todos tengamos el derecho a trabajar.

En el presente número queremos hacer un comentario para que se entienda que lo que estamos proponiendo es mucho más que una consigna economicista.

1. En el sistema capitalista, el trabajo es un castigo.

“Ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Con estas palabras, según la expresión popular, dios expulsó a Adán del paraíso; por arrastre, a Eva, también expulsada, le correspondió su parte. Parte que consistía, dado que el condenado a trabajar fue Adán, en quitarle los sudores.

En otras palabras, de no haber desobedecido, la pareja (y sus descendientes) hubiera vivido en la mayor holgura. De manera que, para no tener que trabajar (y sudar) hay que ser obediente.

Trasladándonos desde los tiempos “genésicos” a nuestros días, comprobamos varias cosas, dos en particular: efectivamente, el trabajo es un castigo y a la mujer, además de limpiar sudores, le tocó sobrecargar su existencia con el trabajo en tanto que castigo; dos tazas de caldo, obviamente, por haber sido la provocadora.

En estos tiempos vemos también que, si el tener que trabajar es consecuencia de una desobediencia, se castigó a quien (quienes) osaron ser libres de tutorías e independientes de todo tipo de vasallaje al señor.

Lo cierto es que el capitalismo se encargó de poner las cosas en su lugar: el castigo es triple, primero porque hay que trabajar, segundo porque hay que aguantar la super-explotación y, tercero, porque se puede quedar sin trabajo pero sin volver al paraíso.

Moraleja: el burgués es la encarnación del dios castigador y es más papista que el papa.

En este rol de dios aterrizado, el burgués logró varias cosas, a saber: 1. no sólo ganarás el pan con el sudor de tu frente sino que una nada despreciable porción de ese pan (con el nombre de plusvalía),  será mío, 2. dado que se debería duplicar el pan, se duplica la plusvalía con el trabajo femenino (a veces, con bastante frecuencia, se triplica con el trabajo infantil), 3. por aquello de que la letra con sangre entra (viejísimo axioma de los maestros de muy antaño) el castigado se re-castiga con el trabajo informal, el desempleo, pagándole un salario inferior al mínimo de ley y, si se pone malcriado (defecto genético, como puede colegirse), se lo pone en la cárcel para que aprenda de una buena vez, 4. no por mucho trabajar, se lava el pecado. En consecuencia, se eleva la edad para jubilarse, se aumentan las cuotas previsionales, se le da educación de mala calidad, se presta un mal servicio de salud y se los amontona en casuchas en barrios pletóricos de basura y de calles henchidas de huecos y sin aceras o a la orilla de los ríos para que las tormentas tropicales, deslaves mediante, ejerzan su acción purificadora.

2. Según el marxismo, el trabajo es un atributo del ser humano, su característica distintiva.

Somos de la opinión de que el ser humano, el Homo sapiens, es el producto de la evolución de la materia que ha sido posible por haber desarrollado esa cualidad. Todas las otras cualidades son una derivación de ella.

En consecuencia, es imposible hablar de ser humano al margen de  su capacidad de realizar trabajo, es decir de transformar el material natural (materia prima) en producto o bien necesario para satisfacer una necesidad.

No existe otra especie que pueda hacerlo. Porque, el trabajo no es una cosa repetitiva; es el origen de todo tipo de modificaciones y cambios. En ese sentido las especies que se  le pueden acercar (hormigas, abejas, tan mencionadas por los etólogos) hacen siempre lo mismo, de tal suerte que lo suyo es invariable y escapa por completo al concepto de técnica o tecnología.

El hombre, trabajando, se desarrolla, transforma el entorno y se transforma.

Por medio del trabajo, construye su espiritualidad en tanto corrobora su identidad y, lo que es más importante, la modifica sistemáticamente cumpliendo, así, con la propiedad fundamental que tiene la materia (por lo tanto la define y explica) que es transformarse, evolucionar. Ser materialista, entonces no es un producto intelectual abstracto sino la consecuencia de reconocerse materia en su desarrollo, por lo tanto en el tiempo que, a su vez, lo es si la evolución tiene lugar. La conceptualización de esa evolución de la materia es la dialéctica.

Este reconocimiento de su ser el más elevado grado de desarrollo hasta nuestros días y ello ha sido posible por el trabajo a lo largo de su historia, construida, por otra parte por el trabajo.

Esa concepción está presente en cómo se comprende el trabajo, derecho y deber, actividad dignificante y creativa, capaz de generar una nueva naturaleza, enteramente compatible con la preexistente a él pero ubicada en el centro de la actividad humana.

3. El trabajo como derecho y como deber.

Como puede apreciarse (al menos es lo que esperamos) hay dos concepciones acerca del trabajo. Por nuestra definición, nos identificamos con la marxista.

Y es a partir de ahí que se elabora la propuesta socialista, como actividad política en tanto que el marxismo es una concepción del mundo y del universo producto del desarrollo de la humanidad en la era del capitalismo expresada como movimiento social.

Si la capacidad de realizar trabajo es un atributo del Homo sapiens, todos los seres humanos deben trabajar. El no hacerlo es la propia negación. El negarle a cualquier ser humano poner en práctica dicho atributo es humanicida, por definición. 

En el sistema capitalista, según lo dicho, humanicida, se debe luchar para conseguir trabajo aunque sea trabajo no creativo, negador de la realización de su espiritualidad.

Aunque parezca absurdo, en esas condiciones, el trabajo es un derecho negado por cuanto hay quienes no lo practican dado que, salario mediante, el trabajador vende su fuerza de trabajo como cualquier otra mercancía y, al igual que la mercancía, se sobre-produce para, competencia mercantil mediante, abaratar su costo y su incidencia en la determinación del precio final. Por eso existe el ejército proletario de reserva.

Es, entonces, imperativo, en el sistema capitalista, exigir plena ocupación y para que ello sea así, el reparto de las tareas y las horas laborales entre todos los que se ofrecen como fuerza de trabajo. Al mismo tiempo, exigir que el menor número de horas de trabajo no signifique disminución del salario, de por sí, siempre, escuálido.

Con consideraciones económicas (similares a las que niegan la recuperación del poder adquisitivo) se trata al trabajador como mercancía, una vez más, ahora como producto que debe ser destruido en la misma forma que sistemáticamente, por diferentes medios, se destruye fuerza productiva para salir de una crisis de sobreproducción como la que estamos viviendo.

Exigir trabajo para todos y adecuada remuneración es un derecho, por lo tanto no puede ser sujeto de coyunturas o decisiones políticas.

Rescatar el carácter humano del trabajo, su condición creadora, es la tarea que está más allá (y al mismo tiempo) que la reivindicación del derecho, no entendido según los abogados y las leyes.

Entendido como constitutivo, genético, innato. Es el rescate de la humanidad. Es socialismo. Es república de trabajadores.

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