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Es un lugar común, en nuestra vida cotidiana, el empleo de
refranes para salir al cruce de alguna situación. Uno de ellos, de clara connotación campesina
es el que dice: para verdades, el tiempo. Nosotros hemos resuelto adaptarlo a
la coyuntura que vive el movimiento de masas y lo modificamos tal cual dice el
título de este editorial.
La adaptación vine a cuento porque, al comenzar los hechos
políticos del norte africano en Túnez, una red mundial de simpatía los
acompañó. Si bien es cierto que nos agarró "fuera de base", los
únicos discordantes y que manifestaron preocupación fueron algunos dirigentes
imperialistas y -por lógica- los gobernantes y la prensa israelíes.
Cuando la marea se extendió
a Egipto, Mubarak se resistió a más no poder y la simpatía mundial
estuvo del lado de los insurrectos. Se hablaba, en la llamada izquierda
marxista, de la necesidad del triunfo de la revolución (no se tuvo empacho en
definirla en ese sentido al igual que ocurrió con Túnez). Los dirigentes imperialistas fueron
más cautelosos y llegaron a soltarle la mano al que hasta entonces fue su mejor
aliado, cuando pudieron asegurar la continuidad del sistema con un cierto
tratado facial al régimen. En este caso tampoco escucharon las quejas y los
lamentos de su gran enclave: el estado sionista.
Al llegar la misma situación a las desérticas tierras de
Libia, hubo un cambio sustancial. En primer lugar, por parte de un sector de
esa izquierda, empezaron a manifestarse
reparos a definir los hechos como una revolución. El hecho -cierto- de la
existencia de petróleo en Libia, hizo cambiar el enfoque. Aunque no lo dijeron
abiertamente, explícitamente, caracterizaron los alzamientos como el resultado
de una doble manipulación: 1) de las masas tunecinas y egipcias sobre las masas
libias y, 2) de la CIA sobre los burgueses proimperialistas que se sumaron a la
rebelión para hacerse del poder y realizar la "división de los
petróleos" entre los diferentes amos.
Llegó a tal grado la ofensa proferida a las masas libias y
del mundo que, una vez tomada la resolución de la ONU de declarar el cierre del
espacio aéreo libio y comenzado los bombardeos, gritaron que Yemen y Bahrein no
eran sujeto de la resolución de la ONU, porque no tenían petróleo.
Aquí, llegados a esta situación, es donde se aplica el
refrán mencionado con su modificación.
Para esos sectores de la izquierda (son más que Castro y Chávez,
aclaramos) la presencia de petróleo en el subsuelo es la divisoria de aguas. Si
no existe, es una revolución; si existe,
es una conspiración de la CIA y sus congéneres.
A todo esto, ninguno de ellos ha sido capaz de decir en qué
elementos hay que apoyarse para diferenciar una revolución de una burda
manipulación burguesa aunque en ambas haya movilizaciones mayúsculas.
Y es tan grave la cosa que hay grupos políticos que dicen
estar a favor de la caída revolucionaria de Khadafi pero que están en contra de
la intervención imperialista que persigue , solamente, el petróleo. Es decir, resuelven la lucha política de las
masas (por lo tanto por el poder) según sea el recurso natural que posea el
país en el que se da tal lucha política. Confunden la lucha política (parte de
la lucha de clases) con la lucha economicista por los recursos (que también
forma parte de la lucha de clases pero que, cualitativamente hablando, es de
mucha menor calidad).
Es decir, si no estuviera en juego el petróleo, ¿no habría
intervención imperialista?
Nosotros opinamos que quienes así razonan, no se animan a
echar mano del argumento de los Castro, los Chávez, Los Evo, los Ortega. No se
animan pero son, conceptualmente hablando, concubinos de todos ellos. Y
trataremos de demostrarlo.
Punto primero: ¿en qué se diferencian Túnez, Yemen, Bahrein,
Marruecos, Argelia, Siria, Jordania, Irak y Egipto de Libia? Lo planteamos en
términos de la movilización de las masas.
Punto dos: las agresiones imperialistas, ¿sólo se entienden
como necesidad propia de recursos naturales -petróleo, gas, minerales, agua,
biodiversidad- otras materias primas y, llegado el caso, recursos humanos?
Punto tres: el imperialismo se entiende según Lenin o según
los que opinan que la suya es una causa por los recursos.
Punto cuatro: Nosotros opinamos que a los rebeldes libios
hay que darles armas y recursos económicos. Que todo aquel que quiere meterse
con sus recursos militares debe hacerlo bajo la dirección político-militar de
la dirección política rebelde. Lo que ocurre en Libia, ¿no recuerda lo que
ocurrió en la revolución española?
Punto cinco: Supongamos que están en lo cierto los que
plantean que el petróleo está detrás de toda esta intervención militar
imperialista que se suma a la rebelión popular.
En ese caso, la política correcta, la única con perspectiva
revolucionaria, ¿no debería ser frente único de Khadafi y los rebeldes contra
la voracidad imperialista para defender los recursos nacionales? Mao Tse-tung
lo hizo contra los japoneses al llamar al frente único al fascista Chiang
Kai-shek.
Punto seis: Es llamativo que todos los que se esconden
detrás del petróleo no mencionan nunca que el movimiento de masas está a la
ofensiva y que lo que hay son revoluciones democrático-burguesas que deben
triunfar. ¿No le tienen miedo a la revolución?
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