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La llamada Operación “Odisea al amanecer” de una coalición de
fuerzas militares lideradas por Estados Unidos, Francia y el Reino Unido, lleva
varios días aplicando la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU que
tiene como objetivo la pretendida protección de la población libia,
estableciendo una zona de exclusión aérea, tratando de imponer un cese al fuego
al Régimen de Khadafi y con el derecho de “hacer todo lo necesario” para
garantizar el objetivo planteado. Pero una vez iniciadas las acciones con
espectaculares bombardeos por aviones de tecnología militar avanzadas y de
lanzamiento de misiles desde buques de guerra, las disenciones han vuelto a
aparecer en el campo imperialista.
Ya habían tenido que circunscribir sus acciones a la
protección civil y planteando una coalición, excluyendo a la OTAN de escena,
para que China y Rusia no vetaran el acuerdo y solo habían obtenido no solo de
estas dos potencias sino de la misma Liga Arabe un apoyo crítico y condicionado
muy frágil, además de oposiciones directas como las de la misma Alemania.
El fantasma de la guerra de Irak y Afganistán y los
resultados desfavorables que han tenido ha hecho que el imperialismo en sus
distintas versiones actúe con mucha inseguridad y confusión.
No pueden no hacer nada ante la voluntad manifiesta del
Régimen dictatorial de Khadafi de asaltar casa por casa la ciudad rebelde de
Benghazi y las otras posiciones
controladas por la rebelión. Khadafi se refirió a la ofensiva que estaba en
curso cuando el Consejo de Seguridad de la ONU votó la resolución de
intervención en Libia, aludiendo a una categoría (quinta columna) utilizada por
Francisco Franco en el asalto a Madrid en la guerra civil española,
refiriéndose a la población de Benghazi, ciudad sobre la cual anunció una
entrada inminente de sus fuerzas y un bombardeo inmisericorde (EL UNIVERSAL,
jueves 17 de marzo de 2011 03:12 PM).
Sin duda la situación en Libia ha variado en relación a los
primeros días de la rebelión y el régimen de Khadafi pudo recomponer sus
fuerzas con una represión brutal en su principal reducto de Trípoli, la
capital. El plano militar de la confrontación entre las fuerzas de la rebelión
y el Ejército puso en una polarización
la situación que favorecía a Khadafi. A la recomposición del Ejército y
la puesta a raya de la rebelión en Trípoli, se agregaba las limitaciones de una
insurrección que tenía que conformar su fuerza militar para esta etapa
precipitada de confrontación y el aislamiento mundial sin recibir ayuda, armas
y pertrechos en general para esta nueva fase. Esto hizo que Khadafi se
reordenara y tomara la iniciativa para repeler el levantamiento armado.
La opción del imperialismo de intervenir en Libia ha tomado
fuerza entonces en razón de evitar una vergonzosa masacre del pueblo libio en
las ciudades tomadas por la rebelión que dejara a la comunidad democrática
imperialista en figurillas sin actuación alguna. Pero tampoco el apoyo militar
a la rebelión gozaba de consideración por parte del imperialismo pues un
triunfo de los rebeldes profundizaba la revolución en esa zona con un Gobierno
tumbado ya no por las movilizaciones en las plazas sino por las armas de la
insurrección popular.
Es por eso que el
imperialismo se ha negado a facilitar armas a la rebelión. El diario español El
país del 21 de marzo daba cuenta que los
rebeldes libios pidieron armas a España en una cita secreta con Trinidad Jiménez, ministra de Exteriores de
España el 12 de marzo en El Cairo Egipto donde se reunión con representantes de
la rebelión.
El imperialismo norteamericano ha sido muy reticente con
respecto a la rebelión en Libia no por el abastecimiento de petróleo o el
control de este, como insisten en ello la “izquierda” stalinista o
neoestalinista, sino porque la rebelión está radicalizada y armada y hay
influencia de sectores islamistas como Al Qaeda, argumento que Khadafi ha
utilizado centralmente para denigrar y descalificar la revolución popular libia
en curso.
El triunfo de esta revolución armada alentaría no solo las luchas de los pueblos
como el yemeni, marroquí, argelino, benharí, palestino,sirio etc, sino que
haría profundizar las revoluciones de Tunez y Egipto triunfantes y acorralaría
peligrosamente al enclave militar imperialista en la zona: El Estado sionista
de Israel.
Para salvar un poco la ropa de su impasibilidad ante la
masacre anunciada por Kadhafy y para no tener que apoyar militarmente a la
rebelión, el imperialismo ha decidido intervenir sin una clara o por lo menos
decidida unidad de criterio. Esto es,
que no se atreve a realizar una invasión con tropas estilo Irak y Afganistán
para acabar con Khadafi y tener control directo del nuevo gobierno impidiendo
la caída revolucionaria del mismo por las propias masas pero esperaría que con
sus acciones de bombardeo sistemático y “quirúrgico” pueda tener un retiro de
Khadafi y negociar un gobierno de recambio con el régimen y los sectores que
están representados en el mismo (como las tribus incorporadas al Gobierno)
donde la rebelión no tenga sino una representación pero no sea la principal
fuerza y sobre todo dejando las fuerzas armadas incólumes.
Sin embargo este escenario no es muy claro porque la sola
intervención a nivel de focalización de objetivos militares y con solo las
acciones de la aviación de la coalición imperialista no es posible, como lo
muestran las últimas noticias, frenar la ofensiva de las fuerzas de Khadafi
sobre las posiciones rebeldes y sus ciudades.
El cálculo hecho por el imperialismo no pareciera, sin
embargo, estarse concretando. En una conversación con la cadena CBS, el jefe
del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, el almirante Mike Mullen, dijo el
domingo 20 de marzo que “ el resultado de la acción militar era "muy
incierto" y admitió que las fuerzas aliadas podrían quedar en un punto
muerto con Gadafi”. Los analistas políticos especializados señalan que “… si
bien nuestra aviación militar ha sido la herramienta ideal para el momento y la
situación, como ya señalamos no puede ir más adelante por sí sola. Ha llegado
de nuevo el momento de la diplomacia y de la política”. (Supremacía aérea: ¿y
ahora qué? El País Carlos Gómez Arruche
20/03/2011).
En el mismo sentido se expresan otros analistas como
Jean-Yves Moisseron, jefe de Redacción de la revista “Maghreb-Machrek" en
su edición del 23.03.11 quien señala la perspectiva de una negociación con el
retiro posible de Khadafi a la región de Syrte bajo protección de su clan, una
amnistía parcial y un gobierno concertado con los sectores afines a Khadafi y
descendientes del monarca Idriss El-Senoussi con el que acabó el levantamiento
de Khadafi en 1969 y que tendría apoyo de las monarquías árabes, en el marco de
la Liga Árabe como intermediario.
Sin embargo, las confrontaciones no han llegado a su punto
álgido o decisivo. Khadafi se juega a aplastar la rebelión, crear el pánico y
la retirada de la población para liquidar a los combatientes de la rebelión y
no tener que cargar con una masacre civil para un gobierno de continuidad. En
todo caso su ofensiva le permite en caso de tener que negociar hacerlo en una
correlación de fuerza más favorable.
El imperialismo, por su parte, no está por apoyar
militarmente las fuerzas insurgentes y se juega al retiro de Khadafi por
disuasión con la limitada intervención sin claridad sobre si tal cosa no es
posible deba “meter más sus pies en el
tarro” y hacer un idem Irak-Afganistán, con tropas de OTAN o de una
destartalada coalición al asalto de Trípoli o tener que abrir una negociación
luego de propinarle algún golpe o golpes contundentes a Khadafi.
Ninguna de estos escenarios favorece la revolución libia en
curso y solo el triunfo de la rebelión con el apoyo militar de los pueblos del
mundo puede avanzar una caída revolucionaria de la dictadura de Khadafi.
Por eso rechazamos la intervención imperialista en Libia, no
solo porque violenta el derecho de autodeterminación del pueblo libio y su soberanía,
lo que no es suficiente para tomar una posición revolucionaria ante los hechos,
sino porque en Libia no hay una guerra a secas sino una guerra entre el campo
de la revolución y el de la contrarrevolución y pasa por apoyar el campo
revolucionario para que triunfe que es el campo de la rebelión y no el del
régimen de Khadafi quien hace muchos años abandonó su posición de relativa independencia del imperialismo y se había
granjeado una posición alineada con éste.
Plantear un “No a la guerra” circunscribiéndola a la
intervención militar de la coalición
imperialista contra Khadafi es un descarado apoyo al dictador. Definir
una posición tajante contra la intervención imperialista pero apoyando a la
guerra de la rebelión contra Khadafi es estar en el campo de la revolución y de
la profundización de esta en la zona de Arabia y en el mundo. Plantearse contra
el bombardeo imperialista apoyando o invisibilizando el bombardeo y masacre de
Khadafi sobre el pueblo en rebeldía, es un acto de traición a la revolución.
No a la intervención imperialista en Libia. Alto a los
bombardeos de la Coalición.
Armas y apoyo militar para los rebeldes y por el
derrocamiento revolucionario de Khadafi y su régimen. Gobierno de la rebelión
sin monarcas, sin Khadafistas, que nacionalice todo el petróleo y toda la
producción y los servicios estratégicos en función de las necesidades del
pueblo. Asamblea Constituyente para que el pueblo libio decida qué país
quieren. Pero solo un gobierno socialista libio con el pueblo en armas y bajo
la perspectiva de una Federación de Repúblicas Socialistas Árabes se podrá
responder a las necesidades de los trabajadores y del pueblo libio y de su
desarrollo.
22 de
marzo 2011
Partido
Obrero Socialista de Costa Rica (POScr)
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