propuesta Socialista
por la Revolución Socialista Mundial

Editorial: Para verdades… Las Revoluciones.

Nota de tapa: Los somníferos del gobierno no alejan la pesadilla de la crisis en el pueblo.

Nota central: Ni Khadafi ni intervención imperialista. Por el triunfo de la revolución libia. Todo el apoyo militar a la rebelión armada libia para la caída de Khadafi.

Nota de contratapa: A 8 años de la agresión-invasión-ocupación de Irak.
 

Panorama nacional

1948-2010: 62 años de ocultamientos y mentiras. Contenido y alcances de la reforma social.

El stalinismo y el proceso revolucionario de los años 30s y 40s en Costa Rica.


Panorama internacional

Colaboración: El software libre en una sociedad capitalista.

Colaboración: Dialéctica capitalismo-movimientos ambientalistas.

Entrevista: "Las revoluciones en el mundo árabe trascienden y  superan las categorías tradicionales de la izquierda".

Opinión: Del estadio nacional al hospital San Juan de Dios.


Otros Panoramas

Página de la mujer: Discriminación "Tijerina" con visos fascistas y otras sandeces berlusconianas.

Página de la cultura: Fausto al teclado. Una crítica de la película "La Red Social".

Juventud construyendo vida
Escribió: Max Pérez

Escribimos este artículo el sábado 19 de marzo: el día que comienza la intervención imperialista en Libia, 8 años después de la que ocurrió con Irak.

A diferencia de aquella, por ahora es agresión e intervención; todavía no es ocupación. También hay otra diferencia: para aquella, Bush ignoró a todo el mundo. En la presente situación, hay un miserable acuerdo del Consejo de Seguridad de la ONU asentado, a su vez, en un mucho más miserable acuerdo de la Liga Árabe.

Cuando el presidente Bush hijo, decidió que era hora de intervenir en Irak, las mentiras más grandes que la diplomacia es capaz de decir, se echaron a rodar.

“Armas de destrucción masiva”, se dijo a diestra y siniestra. El ex general Colin Powel recorrió el mundo llevando alzado el portaestandarte diseñado por Bush y su camarilla. Hasta el Consejo de Seguridad tuvo que ver la sesión de documentos y gráficas, fotos y videos creados por la inteligencia militar yanqui para tratar de encontrar amigos de peso para esa aventura.

Perseguía dos objetivos políticos bien definidos. En primer lugar, tal cual lo prometiera (y no lo logró) el también ex presidente gringo Bush padre, lograr un nuevo orden mundial que sustituyera al antiguo que se derrumbó cuando el Muro de Berlín cayó bajo los mazazos de masas enfurecidas que creían que, al tirar abajo el muro, abrían las puertas del “paraíso” capitalista. En segundo lugar, poner en el vértice de ese piramidal nuevo orden a la superpotencia económica, científica, militar que demostraría su poderío y su omnipotencia, derrotando a los iraquíes y diciéndole al resto del movimiento de masas mundial que (en sus palabras y las de sus corifeos) que el mencionado nuevo orden es unipolar.

La burguesía (de todo pelaje) se creyó su propio cuento: que antes de la caída del muro había un mundo bipolar y que, luego, el capitalismo había demostrado su supremacía sobre “el socialismo” y que se había entrado en una nueva era de la historia en la que no existirían las ideologías.

Nada más lejos de la realidad; y la burguesía lo sabía muy bien. Si instinto de clase le decía algo muy distinto a lo que divulgaban, para consumo del vulgo, los intelectuales del capitalismo: se había dejado atrás un mundo aparentemente bipolar y se había entrado en uno que lo era verdaderamente: la burguesía frente al movimiento de masas.

La agresión-invasión-ocupación de Irak, llevada a cabo en una vertiginosa y tecnológica batalla (imaginaba Bush hijo) permitiría acabar la inconclusa tarea que su padre dejó en 1991 y reafirmar, desde el nuevo Olimpo, ahora en la antigua Babilonia, que el sistema capitalista no iba a renunciar a su destino (como debe ocurrir con cualquiera que tenga conciencia de clase) y que los aires independentistas de los palestinos y las revueltas antineoliberalismo de América del Sur, deberían ser tomados como episodios desesperados de una causa perdida. Pero, para que se tomara conciencia de ello, manu militari, se le enseñaría a las masas del mundo, que la burguesía es la llamada a dirigir, gobernar y tomar decisiones. Se imponía, para construir el nuevo orden, derrotar a las masas en tal forma y de tal suerte que no habrían de quedar deseos de nuevas revueltas.

Si la URSS cayó porque se había agotado el tiempo del estado social de derecho, no podía permitir la burguesía que un heterogéneo movimiento de masas, que renacía de sus cenizas para re-construir pacientemente una historia que ha-bía sido castrada  por 50 años de contra-revolución stalinista, rompiera la unipolaridad. Lo que pasó en el 2003, fue un acontecimiento político que quiso ocultar lo que se vendría,  y que se refleja, en parte, en lo que estamos viviendo en África y Medio Oriente.

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