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O lo que es lo mismo, de “la catedral del futbol” a la selección y
solución de las prioridades “prioritarias”.
Esperaba éste ciudadano que el tema fuese introducido quizá.
Tomándole la palabra a la Señora Ministra de Salud que lo mencionó,
aprovechamos la oportunidad para contrastar necesidades versus conveniencias
políticas.
Del costo en el mantenimiento de la obra, dicen que 100
millones de colones mensuales, a excepción de la contradicción entre la
recomendación de recortes presupuestarios en el sector público y ese costo que
administrarán, dicen que privadamente, no diré más. Sigamos siendo el pueblo
“más feliz del mundo”. Sin conciencia. Por eso feliz.
Considerando impacto, necesidad y prioridad, pero también
interés, lo cierto es que, las de los políticos que es inflar egos, tener
presencia y “trascendencia”, no suelen coincidir con las requeridas para
beneficio común de la población que debería guiar sus decisiones. Digo, sí esto
último fuese la “razón pura” por la que convencen para que les elijan.
No es así. Priva más el impacto en la imagen y la
perdurabilidad del “genio creador” en una placa visible, según lo aprecie la
masa.
De lo demás que se encargue la mercadotecnia. El
“inconsciente colectivo” pone lo suyo.
Los fanáticos que son parte del pueblo (pero no son el
pueblo) bien se merecen una catedral para apreciar el juego de bola. Pero sobre
todo para canalizar frustraciones. O más bien para trasladarlas a las efímeras
ligadas a los resultados por el mal juego de estrellas fabricadas, ídolos
encumbrados y malos administradores del deporte que ahora son brillantes
administradores.
Lo real de esta realidad esquizofrenizante” es que, el San
Juan de Dios con sus 165 años de existencia en el mismo edificio bello
arquitectónicamente, pero funcionalmente enfermo, como dice la señora ministra
requeriría ser nuevo como solución definitiva y correcta. En su decir,
deberíamos cambiar el auto –aunque fuese un clásico- por uno nuevo. Más caché.
Supongo.
Pero… (Siempre hay un “pero”) por la extensión del terreno
necesario y el costo o “gasto” como llaman a invertir en obra y servicios
públicos quienes se guían según los manuales de los organismos internacionales
que preconizan lo contrario: es irrealizable. Por inviable financieramente.
₡41
749 000 000. Ese es el monto de ésta –ahora sí- inversión, por la que habrán
visto a Shaquira y Messi quienes al menos ¿podían? pagar una entrada. Además la
oportunidad de ver entre esos “ídolos” a tantos perfumados en el palco de
honor. Luego, completar la faena democratizadora. Toda la ciudadanía les verá
ante las cámaras y las lentes que nos los transportan a los primeros planos. No
se puede negar. Todo un acontecimiento.
¿Cómo cuantos hospitales San Juan de Dios se hubiesen
construido con esa enorme suma?; en cuánto tiempo ya que del diagnóstico y
resolución de cuestiones “sustantivas” no pasamos en años.
Empeorando las condiciones de tránsito asfixiante en los
días que no lo han sido por haberlo construido en el mismo sitio, de acuerdo
(solo aritméticamente) que “35 mil 70 espectadores cómodamente sentados” de
cada vez en cuando, son más que 14000 mil que hacen fila para tratar su
agobiante situación de salud. O se han salido de la fila ¿a qué costo?
económico, humano y social.
Más si “el mundo no está patas para arriba”, el acto por el
que se rompió relaciones con otro país que también “daba almuerzos que no
suelen ser gratis” se ha constituido así en uno del más evidente proxenetismo.
Las preguntas finales serían: ¿será acaso preferible
mantener a la gente con los ánimos exaltados “viendo para el ciprés”, que
haberlo hecho por un acto menos relevante para mercadear imagen?
Pero trascendente. De mayor relevancia e impacto en la
calidad de vida de enfermos, familia y sociedad como un todo. Vital diríamos.
Garantizando atención humana, oportuna y necesaria. Así, llevar felicidad
auténtica por la salud recuperada o la muerte evitada de nuestros hermanos y
hermanas. O al menos, atender en condiciones más dignas para mitigar el dolor
de la enfermedad o la partida de nuestros seres queridos. ¿Lo esencial o lo
conveniente? ¿Quién elige? ¿En nombre de quiénes? ¿Por qué así? ¿Cuáles las
consecuencias? ¿En favor de quienes?
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