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El artículo que
publicamos como nota central, tal cual consta en el epígrafe-título, pertenece
al intelectual argentino Atilio Borón y fue publicado en la web www.alainet.org
Lo publicamos por
cuanto describe con un buen manejo de información -esa que no aparece en los
medios de comunicación tradicionales-
tres aspectos: 1. Qué es el estado, cuál es su carácter de clase. Por lo
tanto que es, cuando menos, ingenuo pedirles peras al olmo; 2. Cómo es el
proceso de concentración del capital, proceso objetivo que responde a la
verdadera naturaleza del capitalismo y como, por lo tanto, está más allá de la
buena o mala voluntad de los personajes que deben tomar las decisiones
independientemente de si son hombres o mujeres, blancos, amarillos o negros,
cristianos, judíos o musulmanes, homosexuales o heterosexuales; lo importante
es que sean burgueses o, en su defecto, representantes de la burguesía; 3. El
carácter, el papel que juegan en la economía, las empresas que fueron
auxiliadas. Es de primera importancia constatar que el grueso de tal auxilio
fue para empresas dedicadas al… negocio financiero, cosa que no debe llamarnos
la atención dado que la forma más acabada, más desarrollada de reproducir el
capital, en esta época de la burguesía imperialista, es el circuito Dinero-Dinero prima, al decir
de Marx. Tengamos presente que, para el 2006, el 67% del PIB de EEUU estuvo
constituido por el rubro servicios (con marcada presencia de servicios
financieros) en tanto que la producción industrial no llegó al 20% y la
producción agropecuaria fue inferior al 1%. Es decir, la reproducción del
capital no se asienta, no es paralela a la producción de bienes que, sabemos
desde Adam Smith, es la riqueza de las naciones.
Los cantos de sirena
en relación a crear empleo y aumentar la producción tiene esa limitante. Si se
crea empleo lo será en sectores económicos parasitarios y, si aumenta la
producción -medida en términos del PIB- no será para generar riqueza, verdadera
riqueza. Tan sólo generará capital.
Ese es el drama de la
burguesía y, por extensión, de la humanidad en tanto es la clase gobernante, la
que detenta el poder, la que puede transformar el planeta en un desierto con solo
apretar un botón.
En próximos números de
nuestra revista, analizaremos este tema con mayor precisión. Por ahora, leamos
lo que escribió Borón.
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La atención de la opinión pública internacional está
centrada en el acuerdo pírrico firmado entre Barack Obama y el Congreso
mediante el cual el presidente se compromete a aplicar un duro programa de
ajuste fiscal, centrado en el recorte de gastos sociales (salud, educación,
alimentación) e infraestructura por 2.5 billones de dólares (2.500.000 millones
de dólares) pero preservando, como lo exige el Tea Party, el nivel actual del
gasto militar y su eventual expansión. A cambio de esto, la Casa Blanca recibió
la autorización para elevar el endeudamiento de Estados Unidos hasta 16.4
billones de dólares (es decir, 16.400.000 millones de dólares), cifra superior
en unos dos billones al PIB de ese país. Con esto se espera –confiando en la
“magia de los mercados”- superar la crisis de la deuda pública y reactivar la
languideciente economía norteamericana. Esta receta ya fue implementada a
sangre y fuego en América Latina y no funcionó; y tampoco lo hizo en la
convulsionada Europa de estos días. Con este acuerdo lo único seguro será el
agravamiento de la crisis y, de su mano, la acentuación de la belicosidad norteamericana
en el escenario mundial.
“Socialismo” para los ricos, mercado para los pobres
El debate sobre el posible default de EEUU eclipsó por
completo un escándalo financiero de inéditas proporciones: El 21 de Julio
pasado se conoció el resultado de la auditoría integral realizada por la
Oficina Gubernamental de Rendición de Cuentas (Government Accountability
Office, GAO por su sigla en inglés) en la Reserva Federal (Fed), el banco
central de los Estados Unidos, la primera que se practica a dicha institución
desde que fuera creada en 1913.(1) Los resultados son pasmosos: en un plazo de
poco más de dos años y medio, entre el 1º de Diciembre del 2007 y el 21 de
Julio de 2010, la Fed otorgó préstamos secretos a grandes corporaciones y
empresas del sector financiero por valor de 16 billones de dólares, una cifra
mayor que el PIB de los Estados Unidos que en el año 2010 fue de 14.5 billones
de dólares y más elevada que la suma de los presupuestos del gobierno federal
durante los últimos cuatro años. No sólo esto: la auditoría reveló también que
659 millones de dólares fueron abonados a algunas de las instituciones
financieras beneficiadas arbitrariamente por este programa para que
administrasen el multimillonario salvataje de bancos y corporaciones dispuesto
como mecanismo de “salida” de la nueva crisis general del capitalismo. De ese
gigantesco total unos 3 billones fueron destinados a socorrer a grandes
empresas y entidades financieras en Europa y Asia. El resto fue orientado al
rescate de corporaciones estadounidenses, encabezadas por el Citibank, el
Morgan Stanley, Merrill Lynch y el Bank of America, entre las más importantes.
Todo esto mientras la crisis profundizaba hasta niveles desconocidos la
desigualdad económica dentro de la población estadounidense a la vez que hundía
a crecientes sectores sociales en la pobreza y la vulnerabilidad social. Por
supuesto, esta información apenas si mereció un espacio completamente marginal
en la prensa financiera, tanto la internacional como la norteamericana, o en
los grandes medios de comunicación de Estados Unidos. Son noticias que, como
recuerda Noam Chomsky, no tienen por qué ser conocidas por el gran
público.
Las asombrosas revelaciones de este informe deberían
habilitar una discusión, sobre varios temas de gran importancia. Uno, la
extremadamente desigual distribución de los esfuerzos requeridos para enfrentar
la crisis. Hasta ahora aquellos han sido aportados por los trabajadores,
mientras que las grandes fortunas personales o corporativas así como los
fenomenales ingresos de los más ricos, se han beneficiado con las rebajas de
impuestos y rescates multimillonarios dispuestos por George W. Bush y
ratificados por Barack Obama en el reciente acuerdo. Dos, sobre los
inexistentes -o sumamente débiles e ineficaces- mecanismos de auditoría y
control democrático sobre las políticas y decisiones de una institución crucial
para la economía norteamericana y el bienestar de su población como la Fed.
Tres, sobre la dudosa compatibilidad existente entre un orden que se autoproclama
democrático y el estatuto jurídico e institucional de la Fed como entidad
autónoma que no tiene la obligación de rendir cuentas ante ninguna instancia de
control democrático. En relación a esto último la Fed manifestó su
predisposición a “considerar muy seriamente” las recomendaciones de la GAO,
pero al no ser una institución gubernamental no puede ser forzada a aceptarlas.
Pese a su carácter privado el Presidente (Chairman) de la Fed y los siete
miembros de su directorio son designados por el Presidente de los Estados
Unidos y sujetos a su posterior confirmación por el Senado. Pero contrariamente
a lo que piensa la abrumadora mayoría de la población norteamericana la Fed no
es una agencia del gobierno federal sino una corporación privada. En términos
políticos es el partido del capital financiero. Su autonomía es tan grande que
no se saldría un milímetro de la legalidad si sus autoridades decidieran desoír
las recomendaciones de la GAO o rebelarse abiertamente contra ellas. No existe,
para la Fed, la rendición democrática de cuentas ante la comunidad y por ser
una entidad de derecho privado no tiene por qué acatar ni siquiera lo dispuesto
en la Ley de Libertad de Información, cuya jurisdicción se extiende tan sólo a
las instituciones públicas. Situación aberrante si las hay: una cifra
equivalente al total de la deuda pública estadounidense que puso a EEUU al
borde del default fue desembolsada en rescates fraudulentos, secretos y muy
beneficiosos para los prestatarios y lesivos para el contribuyente, con cuyo
dinero un banco central “independiente” como la Fed financió toda esta
operación. Cabe preguntarse: ¿independiente de quién?
¿Conspiración de silencio?
El escándalo revelado por la auditoría tuvo casi ninguna
repercusión en Estados Unidos. El “Chairman” de la Fed, Ben Bernanke, se hizo
el desentendido y expresó que en momentos en que se temía un default de ese
país lo importante era resguardar la credibilidad de la Fed y del sistema
monetario estadounidense. Pese a que el GAO es un organismo de apoyo a las
labores del Congreso las reacciones de representantes y senadores ante la
divulgación del informe fueron del más absoluto e inmoral silencio. Hasta donde
hemos podido indagar una de las poquísimas voces disonantes fue la del senador
Bernie Sanders, del estado de Vermont. Sanders es una rara avis no sólo en el
Congreso sino en la política estadounidense: es un político que se declara como
socialista y que fue electo como candidato independiente en alianza con el
partido demócrata, única manera de superar el asfixiante bipartidismo imperante
en Estados Unidos. Elegido como senador en el 2007 con un 65 % de los votos, un
aluvión electoral muy poco frecuente en la política de ese país, fue apoyado
por diversos movimientos sociales y pequeñas organizaciones políticas de
Vermont. Sanders reaccionó duramente cuando se conoció el informe.(2)
Transcribimos a continuación algunos de los párrafos más destacados de la
declaración emitida por su oficina de prensa, que prácticamente no fue
levantada por ningún medio de los Estados Unidos, y que dice lo siguiente:
21 de Julio, 2011.
“La primera auditoría integral de la Reserva Federal
descubrió nuevos asombrosos detalles acerca de cómo los Estados Unidos
suministraron la friolera de 16 billones de dólares (16.000.000 de millones) en
préstamos secretos para rescatar bancos y empresas estadounidenses y
extranjeras durante la peor crisis económica desde la Gran Depresión. Una
enmienda propuesta por el Senador Bernie Sanders a la ley de reforma de Wall
Street -aprobada hace exactamente un año atrás esta semana- había ordenado a la
Oficina Gubernamental de Rendición de Cuentas (Government Accountability
Office) llevar a cabo ese examen. “Como resultado de esta auditoría ahora
sabemos que la Reserva Federal suministró más de 16 billones de dólares en
asistencia financiera total a algunas de las más grandes corporaciones e
instituciones financieras en los Estados Unidos y el resto del mundo”, dijo
Sanders. “Esto es un clarísimo caso de socialismo para los ricos y descarnado
individualismo tipo ‘sálvate como puedas’ para los demás.”
Aclaración: la Government Accountability Office (GAO) es una
agencia independiente y no partidaria que trabaja para el Congreso de los
Estados Unidos. La misión de la GAO es investigar la forma en que el gobierno
federal dispone de los dólares de los contribuyentes. El jefe de la GAO es el
Contralor General de los Estados Unidos, y es designado por un período de 15
años por el Presidente a partir de una lista de candidatos elaborada por el
Congreso. El jefe actual de la GAO es Gene L. Dodaro, quien había sido nominado
por el Presidente Barack Obama en Septiembre de 2010 y confirmado en su cargo
en Diciembre de ese mismo año al ser confirmado en su puesto por el Senado.
(Nota de A. Boron)
Entre otras cosas la auditoría estableció que la Reserva
Federal “carece de un sistema suficientemente exhaustivo para tratar casos de
conflictos de interés, a pesar de que existen serios riesgos de abusos en este
sentido. De hecho, según esta auditoría la Reserva Federal emitió dispensas de
conflicto de interés a favor de empleados y contratistas privados a fin de que
pudieran mantener sus inversiones en las mismas corporaciones e instituciones
financieras que recibían préstamos de emergencia.”
“Por ejemplo, el CEO de JP Morgan Chase cumplía funciones en
el Directorio de la Reserva Federal de Nueva York mientras su banco recibía más
de 390.000 millones de dólares en ayuda financiera por parte de la Reserva
Federal. Además, JP Morgan Chase actuaba como uno de los bancos de compensación
para los programas de préstamos de emergencia de la Fed.”
“Otro hallazgo perturbador de la GAO es el que refiere que
el 19 de Septiembre del 2008 el señor William Dudley, presidente de la Reserva
Federal de Nueva York, recibió una dispensa para permitirle conservar sus
inversiones en AIG (American International Group, un líder mundial en el campo
de los seguros) y GE (General Electric) mientras estas compañías recibían
fondos de rescate.. Una razón por la cual la FED no obligó a Dudley a vender
sus acciones, según la auditoría, fue porque tal acción podría haber creado la
apariencia de un conflicto de intereses.”
“La investigación también reveló que la Fed tercerizaba a
contratistas privados como JP Morgan Chase, Morgan Stanley y Wells Fargo la
mayoría de sus programas de préstamos de emergencia. Estas mismas firmas
también recibían billones de dólares de la Fed por préstamos concedidos a tasas
de interés cercanas al cero.”
Los principales
beneficiarios de estos préstamos (concedidos entre el 1º de Diciembre de 2007 y
el 21 de Julio de 2010) son los siguientes, en Billones
de dólares:
Citigroup 2.50,
Morgan Stanley 2.04, Merrill Lynch 1.95, Bank of America 1.34, Barclays PLC (Reino Unido) 0.87, Bear Sterns 0.85, Goldman Sachs 0.81,
Royal Bank of Scotland (RU) 0.54, JP
Morgan Chase 0.39, Deutsche
Bank (Alemania) 0.35, UBS (Suiza) 0.29, Credit Suisse (Suiza) 0.26, Lehman Brothers 0.18,
Bank of Scotland (R. Unido) 0.18, BNP
Paribas (Francia) 0.17, Wells
Fargo and Co. 0.16, Dexia SA (Bélgica) 0.16, Wachovia Corp. 0.14, Dresdner Bank AG (Alemania) 0.14,
S. Generale SA (Francia) 0.12,
Todos los demás, 2.60,
Total 16.12 billones de dólares
Notas:
(1) La versión completa del informe de la GAO puede
consultarse en : http://www.gao.gov/new.items/d11696.pdf
(2) Ver sus declaraciones en:
http://sanders.senate.gov/newsroom/news/?id=9e2a4ea8-6e73-4be2-a753-62060dcbb3c3
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