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El primer ministro británico, David Cameron, aseguró hoy que
se reprimirá la violencia en las calles de Reino Unido y permitió el uso de
cañones de agua para frenar los disturbios. "Necesitábamos contraatacar y
el contraataque ha comenzado", aseguró el premier tras reunirse en
gabinete de crisis con el Comité de Emergencia.
El mandatario explicó que se está trabajando para que en 24
horas puedan emplearse cañones de agua para frenar los actos violentos que
ocurren en el el centro de Londres y en otras ciudades británicas desde hace
cuatro días.
Para el primer minsitro, los recientes brotes de violencia
están relacionados con un "gran problema con bandas" callejeras que
no respetan a la autoridad y no se creen responsables de sus acciones.
Anoche, a pesar de el incremento en la cantidad de policías
desplegados en la capital (a los 6.000 se le sumaron 10.000), Londres volvió a
convulsionarse por las protestas. Y no sólo fueron allí, sino que se sumeron
otras ciudades como Manchester, Liverpool,
Birmingham, Bristol y Wolverhampton.
El lunes la revuelta había afectado a puntos calientes del
norte, sur, este y oeste de la capital, como Hackney, East Ham, Peckham,
Clapham, Enfield, Woolwich, Lewisham o Croydon, donde ayer murió un joven de 26
años.
En zonas poco habituadas a conflictos como Ealing o Notting
Hill hubo asaltos y destrozos. También se registraron incidentes en áreas
turísticas como Chalk Farm o Camden , donde se encuentra uno de los mercados
callejeros más variados y particulares de Londres.
La escalada de violencia callejera comenzó el sábado en el
humilde barrio de Tottenham, al norte de Londres, cuando una pequeña marcha
pacífica de protesta por la muerte de un joven a disparos de la policía derivó
en graves disturbios, que se propagaron después a otros barrios de la capital.
La gravedad de los disturbios que ya obligaron a anular el
amistoso de hoy entre Inglaterra y Holanda, inquieta a los responsables del
deporte inglés, preocupados porque esto pueda perjudicar la organización de los
Juegos Olímpicos. El Comité Olímpico Internacional (COI) y los organizadores de
Londres 2012 buscan calmar los ánimos, pero la sensación de que las fuerzas de
seguridad no tuvieron bajo control la situación, alarmó a quienes deben
garantizar el desarrollo del evento.
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