|
Los editoriales de las últimas ediciones de nuestra revista,
tuvieron un mismo tema: la situación de ingobernabilidad (históricamente
peculiar, por cierto) que impera en Costa Rica.
Comencemos por aclarar que dicha situación -según nuestra
caracterización- no es una novedad y no debe atribuirse al actual gobierno, en
consecuencia.
Tiene un enorme y ya viejo antecedente: la finalización, en
el planeta, tanto en el mundo capitalista como en el "socialismo
real" -allá por 1975- de los llamados treinta gloriosos años de la segunda
posguerra. Y, por añadidura está emparentada con las resquebrajaduras que
sufrió el sistema democrático burgués tico en particular desde la gran huelga de
los educadores en el año 1995.
Todos los gobiernos que sucedieron a esa huelga, tuvieron
grandes dificultades para avanzar en la aplicación de sus políticas. Dos casos
son notables explicaciones que corroboran lo que decimos: las huelgas y
movilizaciones contra lo que se dio en llamar Combo-ICE y, más recientemente,
las luchas contra el TLC.
La primera fue una derrota del gobierno que se vio obligado,
literalmente, a tirar al cesto de los papeles que debía firmar el presidente
Rodríguez para privatizar los servicios de electricidad y telefonía. Es el
único caso, en el mundo, en que las movilizaciones lograr semejante victoria en
ese tema.
Lo del TLC fue más complejo. El país entero, durante cinco
años, se vio envuelto en una difícil discusión (difícil para la burguesía, que
quede claro) por cuanto la oposición popular fue sencillamente endemoniada.
Para salir del intríngulis, la burguesía requirió de dos jugadas al mejor
estilo burgués es decir, tramposas:
reformar la Constitución Política para que Oscar Arias pudiera ser
candidato presidencial y, luego, una vez que ganó las elecciones llamar al
referéndum sobre el TLC que lo ganó dejando los pelos en los alambres después
de haber hecho más de una matráfula.
Los hechos relatados y resumidos, dibujaron el devenir del país
que no es otra cosa que el presente y el futuro más inmediato. ¡Y todo ello sin
que haya estallado la gran crisis que sufre el sistema capitalista! Con ella,
la situación pasó a ser más conflictiva.
El TLC no resolvió las cosas de acuerdo a lo que prometieron
todos los TLCístas de todos los colores. Y no puede achacarse el fracaso al
crack generalizado que se vive desde el 2008. Fracasó porque era (y es) un
engendro económico sacado de la galera de los economistas y políticos
burgueses; nunca pudo ser la expresión de la resolución de la crisis
proveniente desde la década de 1970. Y no pudo serlo por cuanto esa crisis
tiene todos los componentes de un cambio irreversible: el paso de una economía en la que la valorización
del capital era producto de la actividad productiva a la de una economía en la
que ello se da en la especulación, por un lado,
y el desarrollo del capital
financiero, por otro.
De manera entonces que la burguesía costarricense se
encuentra en medio de un torrentoso río y con perspectivas de que aparezca una
cabeza de agua.
¿Qué decidir y cómo?
Dos problemas capitales debe resolver la burguesía y al
decir esto, nos referimos tanto a la que está en el Poder Ejecutivo como la que
se encuentra en el Poder Legislativo. Esos problemas son: el presupuesto para
el 2012 y el plan fiscal.
Las coincidencias (acuerdos negociados en medio de grandes
tiras y aflojes) que se pueden lograr, no pueden tener una vida feliz; estarán
tironeados por los diferentes sectores por cuanto no existe un acuerdo principista
sobre ambos temas. En lo que se está de acuerdo es en que se debe recortar el
presupuesto para no incrementar el déficit y que el plan fiscal debe hurgar con
más insistencia en el bolsillo de quienes sí pagan la renta, contribuyen al
sistema previsional y generan riqueza.
De manera entonces que se está pendiente de un acuerdo en
temas sustanciales y ello obliga a realizar ingentes y tortuosas maniobras para
lograrlo.
Cuatro son las condiciones necesarias: la ruptura del PLN,
la exclusión de Otto Guevara en la conducción del Movimiento Libertario, la
separación de los sentenciados judicialmente del PUSC y la readecuación de los
llamados principios del PAC para que pueda ser digerible una ensalada de ese
tipo. La quinta condición, la aceptación del Frente amplio en tal conglomerado,
no es necesaria en tanto no haga renuncia pública y explícita de su
identificación programática con el Bolivarianismo.
Las cartas están echadas pero no hay ninguna garantía de que
el intento logre cuajar. Son muchos y muy particulares los intereses en juego.
La ingobernabilidad, entonces, seguirá teniendo presencia soberana. Además, no
aparece un estadista que pueda aglutinar. Todo es muy débil.
¿Y la izquierda marxista que dice? Al igual que en el resto
del mundo, no sabe estructurar políticas en función de las coyunturas que
ofrece la lucha de clases. Cuando no tiene actitudes autoproclamatorias, cae en
el economicismo y en la lucha por conquistar aparatos. Se olvida que es
necesario construir una respuesta político-organizativa socialista como única
alternativa a la barbarie capitalista. Es hora de ir pensando en un Frente
Socialista, con un programa socialista, que debe ser lo que debe empezar a ver
y sentir el movimiento de masas.
|