propuesta Socialista
por la Revolución Socialista Mundial
Nota de contratapa
Ante un Primero de Mayo más… pero distinto

En el último cuarto del siglo XIX, en EEUU, la mayoría de los obreros estaban afiliados a la Noble Orden de los Caballeros del Trabajo, pero tenía más preponderancia la American Federation of Labor (Federación Estadounidense del Trabajo), inicialmente socialista (algunas fuentes señalan el origen anarquista). En su cuarto congreso, realizado el 17 de octubre de 1884, ésta había resuelto que desde el 1 de mayo de 1886 la duración legal de la jornada de trabajo debería ser de ocho horas, yéndose a la huelga si no se obtenía esta reivindicación y recomendándose a todas las uniones sindicales que tratasen de hacer leyes en ese sentido en sus jurisdicciones. Esta resolución despertó el interés de las organizaciones, que veían la posibilidad de obtener mayor cantidad de puestos de trabajo con la jornada de ocho horas, reduciendo el paro.

El 1° de mayo de 1886, 200.000 trabajadores iniciaron la huelga mientras que otros 200.000 obtenían esa conquista con la simple amenaza de paro. En Chicago donde las condiciones de los trabajadores eran mucho peor que en otras ciudades del país las movilizaciones siguieron los días 2 y 3 de mayo.

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“...Qué mejores sospechosos que la plana mayor de los anarquistas. ¡A la horca los brutos asesinos, rufianes rojos comunistas, monstruos sanguinarios, fabricantes de bombas, gentuza que no son otra cosa que el rezago de Europa que buscó nuestras costas para abusar de nuestra hospitalidad y desafiar a la autoridad de nuestra nación, y que en todos estos años no han hecho otra cosa que proclamar doctrinas sediciosas y peligrosas!...”

Así se expresaba la prensa de aquellos días de mayo en relación con los obreros que se manifestaban. Esa era la consigna de la burguesía yanqui de esos días (nada distinto a lo que ocurre en nuestros tiempos). Por lo tanto, los dirigentes fueron condenados; algunos a prisión, otros a la horca en el país que defiende las libertades (dicen ellos).

José Martí, el patriota cubano, corresponsal del diario argentino La Nación, así escribe en su reporte:

...salen de sus celdas. Se dan la mano, sonríen. Les leen la sentencia, les sujetan las manos por la espalda con esposas, les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos. Abajo está la concurrencia, sentada en hilera de sillas delante del cadalso como en un teatro... Firmeza en el rostro de Fischer, plegaria en el de Spies, orgullo en el del Parsons, Engel hace un chiste a propósito de su capucha, Spies grita: "la voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora». Les bajan las capuchas, luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos caen y se balancean en una danza espantable…

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Hoy las condiciones laborales que sufrimos los trabajadores de todo el mundo, no son muy distintas; ¡qué le pregunten a los europeos, a los que les quitan el empleo!; con la bendición de Francisco, hay que agregar. También las cacareadas libertades democráticas están tan restringidas como entonces, sino peor.

Los trabajadores de todo el mundo, todos los que mal viven de sus empleos informales, el creciente universo de desocupados, los empleados públicos y privados, siempre despreciados, el mundo de los pequeños comerciantes, industriales, campesinos, no tienen una salida digna al desasosiego a que los condena el sistema capitalista. Si quieren emprender un camino que lleve al futuro, digno, humano, no tienen otra alternativa que luchar por la derrota del sistema capitalista y la conquista del sistema socialista.

Será esa decisión política, el mejor homenaje a aquellos valientes de 1886, verdaderos emprendedores, nuestros dignos y heroicos abuelos.

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