propuesta Socialista
por la Revolución Socialista Mundial
Importancia de las elecciones en Venezuela, dentro del ámbito mundial
Por la Federación Revolucionaria y Socialista de Venezuela, Cuba, Bolivia y Ecuador
Escribió: Amalia Vargas

El pasado domingo 14 de abril se efectuaron en Venezuela, las elecciones para elegir al sucesor de Chávez. Por un estrechísimo margen ganó Nicolás Maduro con una diferencia de 1,59%, 235.000 votos de ventaja a Enrique Capriles Radonski quien encarna un perfil diáfano de capitalista, imperialista, fascista, xenofóbico, ultra religioso, que se cree mesiánico, salvador del mundo y que llamó a sus hordas por medio de cacerolazos, a la mejor usanza de la reacción chilena y argentina, a quemar los locales del partido PSUV, los centros médicos, concretar asesinatos, amedrentamientos, provocaciones ante los medios de comunicación simpatizantes del régimen.

Para el  imperialismo yanqui ese proceso electoral cobró gran significado porque dentro de su estrategia de la guerra, Venezuela es un espacio geopolítico que hay que recuperar y no lo decimos por los yacimientos de petróleo ¡No! Lo afirmamos porque aunque la revolución bolivariana no es socialista, sí ha  potenciado,   la lucha de clases entre dos clases antagónicas: las y los trabajadores y el pueblo frente a la burguesía imperialista y nacionalista además, el pueblo venezolano ha sido un referente permanente para el movimiento de masas mundial por su avanzado estado de conciencia antiimperialista y esto es un serio peligro para el capitalismo en su fase de agotamiento irreversible.

Por eso no fue casual el golpe de estado que se fraguó contra Chavéz y posteriormente, en Ecuador en donde se demostró que Estados Unidos se metió de cabeza. La burguesía utiliza todos sus medios a su alcance, por  ejemplo, la vía electoral, como acaba de suceder  en Venezuela, para derrotar la revolución bolivariana y así generar una relación de fuerzas que le sea más favorable.

  Con base en todo lo anterior, no resulta nada extraña la posición del gobierno de Obama de no reconocer las elecciones en Venezuela, pues el imperialismo ha venido concienzudamente  trabajando, para liquidar el gobierno bolivariano. Su política guerrerista no se detiene.

¡Huele otra vez a golpe de estado si no se profundiza la revolución socialista!  Esta posición  desestabilizadora deja más claramente, la imperiosa necesidad que tiene el imperialismo y sus aliados de ganar terreno en América Latina. Recordemos los últimos dos golpes de estado en Honduras y en Paraguay y puede estar en ciernes… otro golpe de estado en Venezuela. Los tentáculos imperialistas son insaciables  y Venezuela es decisiva porque al detener una verdadera revolución socialista (si es que entienden esto los gobernantes venezolanos) sería un certero golpe contra el desarrollo revolucionario de los pueblos latinoamericanos y del mundo. La posición del gobierno estadounidense de no reconocer las elecciones y de solicitar (vil pretexto) el conteo de los votos ha sido acompañada, a medias tintas,  por su servil José María Insulza, Secretario General de la OEA y la caótica Unión Europea.

El imperialismo mueve todas sus piezas: tiene al Papa de su lado, saca a la Bachelet de la ONU y la coloca de candidata en Chile, Obama nos visita, intenta desestabilizar a Venezuela, rinde honores a la Margaret Thatcher, el plan de paz en Colombia va caminando para su beneficio, pero como siempre lo hemos dicho: la humanidad no está dispuesta a suicidarse y he ahí la gran tarea de todos los socialistas internacionalistas…profundizar en Venezuela el socialismo.

En Venezuela: o se profundiza el socialismo o se va a una derrota del movimiento de masas

El Partido Obrero Socialista, en las diferentes contiendas electorales, acontecidas en Venezuela, le ha dado el apoyo crítico a Chávez y ahora a Nicolás Maduro, porque reconocemos que si bien es cierto, la revolución bolivariana no es socialista, un golpe imperialista al pueblo venezolano es un golpe a la lucha de otros pueblos latinoamericanos y eso significa más sobreexplotación y barbarie. Es por ello que en nuestros volantes y comunicados de prensa hemos expresado nuestro apoyo incondicional a la revolución bolivariana sobre todo, cuando se tejen planes desestabilizadores.

Sin embargo, caracterizamos que Nicolás Maduro, candidato impuesto por Chávez y que se dedicó, en la breve campaña política, a vanagloriar a su caudillo y  en ser un pobre imitador  de Chávez, no se le escuchó un buen nivel propositivo, al contrario, era llamativo que tanto Capriles como Maduro miraban hacia el cielo: el primero como fanático religioso con sendos rosarios colgados y el segundo, promoviendo la idolatría de alguien que acaba de morir. Maduro proyectó debilidad porque parecía un ventrículo de Chávez, pero sin suceso ni éxito.

La votación tan ajustada, débil y agónica nos hace meditar en la polarización que existe en Venezuela y que la lucha de clases está presente en todos los poros humanos de una manera exacerbada. Observamos cómo en Venezuela así como en Estados Unidos y en México, las sociedades están fracturadas a la mitad.

El PSUV después de la muerte de su caudillo, perdió una buena cantidad de votos por ejemplo, en esta última elección 700.000 personas no votaron por Maduro y sí lo hicieron por Chávez y el fascista de Capriles obtuvo un millón de votos más comparándolo con la elección de octubre contra Chávez. Ante esta situación, se asoma un franco deterioro de la revolución bolivariana que se sostenía por su líder indiscutible. Hay que revertir con políticas aguerridas para profundizar el socialismo. La lucha de clases no admite llamados de paz en abstracto.

No podemos desconocer, porque sería un gravísimo error histórico ignorar que la revolución bolivariana camina, peligrosamente, hacia la conciliación de clases y una posible concertación, exponiéndose así,  a la pérdida de todas las conquistas alcanzadas en favor del pueblo. Esa misma revolución ha permitido el desarrollo de un grupo burgués que ha crecido a la par de ese proyecto burgués nacionalista llamado la boliburguesía. También debemos hacer notar la existencia de varios problemas de índole económico y que profundizan la crisis: la altísima inflación (30%), la devaluación sostenida de la moneda (36%), déficit fiscal de un 12% del PIB, la deuda pública de un 55%, escasez e importación de alimentos. Su deuda es de $200 billones, algo inaudito con su riqueza petrolera. Existe una gran codependencia del petróleo, situación que puede provocar una mayor crisis porque al no asumirse, integralmente, dentro de una planificación socialista se puede revertir provocando un retroceso y más miseria para el pueblo venezolano. Chávez permitió que los ricos venezolanos sacaron sus dólares para Estados Unidos y ni Chávez y menos Maduro,  han propuesto nacionalizar la banca y expropiar los capitales para recuperarlos y con ellos construir hospitales, instituciones educativas, viviendas para el pueblo y la clase trabajadora. La inseguridad es otra problemática grave que padece la sociedad venezolana.

Ante este panorama de desgaste y de crisis, la burguesía ha sabido aprovechar el escenario y gracias a los múltiples sabotajes y discursos mesiánicos de Capriles y sus aliados, ha ganado y sostenido no solo a los burgueses que no han podido ensanchar sus riquezas con Chávez, sino lo más grave, ha ganado a su proyecto político capitalista y fascista, a una gran masa de trabajadores obreros y de clase media que resienten las medidas económicas y sociales del gobierno bolivariano.

No obstante,  el gobierno nacionalista burgués  y con fuertes rasgos populistas en sus expresiones políticas de Chávez, logró una mejor redistribución de la riqueza obtenida por la industria del petróleo. Además, bajó, sustancialmente, los índices de pobreza (del 49.4% en 1999 al 27.8% en 1911) la mortalidad infantil, la desnutrición y  el analfabetismo; y en el último periodo, impulsó la construcción de viviendas. En el ámbito educativo hubo grandes logros como por ejemplo elevó la matrícula en  la secundaria de un 47% a un 73% y en la universitaria, la triplicó.

Nuestra propuesta socialista va  más allá de un cohetazo por la “paz” o del pajarito místico. ¡Es avanzar hacia el socialismo!

Como lo explicamos en el segundo apartado de este artículo, nosotros siempre nos hemos pronunciado por darle un apoyo crítico al gobierno bolivariano, considerando la situación mundial y la tenebrosa estrategia del imperialismo y sus aliados de estar gestando y provocando una guerra a escala mundial.

Con esas caracterizaciones, reconocemos y respetamos la voluntad popular que ha dicho: Maduro es el presidente legítimo de las y los venezolanos. No apoyamos, de ninguna forma, las acciones contrarrevolucionarias y fascistas (xenofóbicas, racistas) que Estados Unidos, la Unión Europea, algunos gobiernos latinoamericanos, sus esbirros y segundones con Capriles a la cabeza han estado provocando.

Pero tenemos que decirlo: es imperativo y disculpen la reiteración tediosa- o se articula el movimiento de masas en torno a propuestas socialistas, sin falsedades, ni demagogia, ni populismo y mucho menos reconciliaciones o la derrota de la revolución bolivariana será una realidad y eso significa también, un golpe avasallador contra el movimiento de masas no solo del latinoamericano sino mundial. Nuestra posición política es clara: solo la profundización del socialismo en Venezuela y la extensión de la revolución es la salida. Es necesario una recomposición de la revolución y esta solo puede darse bajo un programa de profundización de la misma al socialismo y apelando al movimiento de masas latinoamericano y mundial para impulsar las luchas y revoluciones en América Latina  y en el mundo.

No puede haber conciliación ni puede haber paz con dirigencias que no confrontan a sus enemigos. No se puede llegar a un diálogo con la oposición ni se puede “respetar” como dijo Maduro en su primer discurso, después de las elecciones, a personas como Capriles que encarnaran el capitalismo y la barbarie y que asumen a viva voz, las políticas del imperialismo. El pueblo venezolano debe escoger entre la conciliación burguesa que es soga para su propio pescuezo o la profundización de un programa socialista, no hay vuelta de hoja, porque la exacerbación de la lucha de clases así lo exige.

Más allá de discursos incendiarios y de poses simulados al peor estilo de Chávez, lo relevante son las medidas y propuestas socialistas que se construyan con el pueblo y la clase trabajadora. La burocracia bolivariana ya está enquistada y hay que despojarla. Si se quiere una patria socialista como pregona Maduro, debe propiciar  mecanismos democráticos y participativos como por ejemplo, la creación de comités obreros o consejos obreros y populares en todos los ámbitos de la producción y de las relaciones sociales como son las empresas, las comunidades y las Fuerzas Armadas Venezolanas. Es imperativo nacionalizar la banca, impedir la salida de capitales, hay que expropiarlos sin ningún miramiento,  no pagar  la deuda interna y externa; crear una zona de actividad económica y comercial en donde el dólar no sea la moneda reinante. Es necesario crear otra moneda que una las actividades de países más allá del ALBA e incorpore a Irán, el gobierno Palestino y otros.

Hay que conformar un partido verdaderamente socialista y no electorero que construya propuestas que beneficien al pueblo y a las y los trabajadores construyendo los soviets y comunas populares. Además, es urgente promover y profundizar los lazos latinoamericanos de la Revolución Bolivariana con el desarrollo de los procesos de Ecuador, Bolivia y potenciar la necesidad de crear una Federación Revolucionaria y Socialista de Venezuela con Bolivia, Cuba y Ecuador.

Las milicias bolivarianas deben activarse y no pernoctar como reservas, las mujeres, la juventud, la clase trabajadora, el pueblo valiente es el que debe construir esa sociedad socialista, liberarse de los caudillos  y  de la burocracia bolivariana porque lo que permanecerá es la construcción de una sociedad socialista libre de explotación, ricos y fascistas que promueva la revolución socialista internacional.

A esto se debe agregar que no se puede tener ni un ápice de confianza en las actuales Fuerzas Armadas que no son socialistas. En la actualidad, 11 de 23 gobernaciones están ocupadas por militares retirados y 1.500 oficiales retirados o en actividad ocupan puestos de dirección en instituciones estatales.

Solo el pueblo armado podrá defender las conquistas alcanzadas y la fundación de una patria socialista que aliente a otros pueblos a sumarse en esa construcción mundial. La revolución bolivariana si quiere ser socialista debe llamar a la solidaridad y al apoyo del movimiento de masas de América Latina y del mundo e impulsar a los movimientos de masas de Ecuador y Bolivia para avanzar sus revoluciones al socialismo y a los demás pueblos para que empiecen haciendo la revolución bolivariana y la enrumben también al socialismo.

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