Africanos rechazan transgénicos, pese al apoyo de los grandes hacendados

Los transgénicos todavía no están diseminados por el continente africano. Las empresas de biotecnología luchan para conquistar el territorio y cuentan con el apoyo de los grandes hacendados exportadores de África del Sur. Sin embargo precisan enfrentar el rechazo por parte de la población local.

Escribió: Natália Suzuki en Carta Maior

CURITIBA – Los efectos de los transgénicos en la sociedad africana todavía no se perciben de manera profundizada, con respecto a lo que está pasando en los países de América Latina, ya que la producción a gran escala sólo se produce en África del Sur. Por otro lado, existe mucha desinformación acerca de éstos entre la población del continente, pero al mismo tiempo, se ve una creciente recusación por parte de aquellos que toman conciencia de los OGMs y aceptación por parte de los grandes hacendados, especialmente los surafricanos.

“Cuando las personas aprenden qué son los OGMs, los consumidores los rechazan”, afirma Nnimo Bassey, de la ONG Amigos de la Tierra, de Nigeria. “El problema es que la mayoría en África no tiene idea de qué son y muchos quedan influenciados por las propagandas de las empresas y del gobierno”. Por esa razón, él sostiene la implementación de leyes y la identificación rigurosa de los OGMs con el fin de permitir a las personas saber qué están comiendo y puedan decidir si lo quieren o no.

En África, gran parte de la producción agrícola todavía se produce bajo el régimen de la agricultura familiar y está destinada a la subsistencia. La gran excepción está representada por África del Sur, que cultiva para fines de exportación, donde los transgénicos encontraron un espacio para la producción comercial, especialmente variedades de mijo y algodón. “Allá siempre hubo agricultura industrializada y se siembran OGMs, que resultaron útiles para los grandes hacendados que siguen manteniendo el mismo modelo”, explica Bassey. El país trabaja con transgénicos desde 1996.

Con todo, hace unos años se produjo un intento de destinar el algodón modificado a los pequeños agricultores de África del Sur, pero ese modelo fracasó. Según Bassey, ellos se endeudaron mucho para adquirir la nueva tecnología, lo que terminó haciéndolos aún más pobres. La tecnología de los transgénicos no es rentable para quien planta en pequeñas áreas, ya que la producción es escasa y no logra cubrir los altos gastos requeridos para la inversión en biotecnología.

Roger Mpande, de la ONG Community Technology Development Trust, de Zimbabwe, subraya que en su país, los pequeños productores rechazan totalmente los modelos de producción transgénica.

Además de ello, los transgénicos conllevan unos gravámenes medioambientales muy serios. La mayoría de ellos requiere el empleo de grandes cantidades de herbicidas y agentes químicos, porque las especies modificadas acabaron trayendo nuevas enfermedades, plagas y hierbas dañinas más resistentes a los pesticidas tradicionales. “Yo todavía no vi algún accidente medioambiental, no podría decir científicamente si hay efectos negativos. Lo que ocurre es que con la siembra de OGMs, pese a un aumento de la fertilización, están apareciendo nuevas especies de hierbas dañinas más resistentes”, relata Chief Mdutshane, gran productor sudafricano de mijo transgénico.

NUEVA COLONIZACION

Además de los problemas medioambientales que pueden traer los cultivos de transgénicos, otro gravamen real apuntado por los especialistas se da en el ámbito político. La alta tasa de dependencia entre países africanos con respecto a las empresas de biotecnología puede amenazar la soberanía de estos países.

“En todo el mundo sólo existen tres compañías que producen estas semillas [transgénicas]. Con ello nuestras comunidades se encontrarían amarradas por dichas compañías por dependencia de las semillas. Se perdería la independencia y los hacendados, la autoridad”, explica Roger Mpande.

“Eso es peor de una nueva colonización. Es una colonización cooperada”, afirma Nnimo Bassey. El explica que las empresas de biotecnología están presentes en África con el consenso del gobierno, ya que muchos presidentes están procurando inversiones extranjeras. “Ellos no quieren que se les escape de las manos la revolución tecnológica, ya que los países africanos perdieron las otras y no se pudieron beneficiar de ellas. Pues, los gobiernos quieren tener la certeza que no van a perder la revolución esta vez”, afirma.

Este es el peligro mayor para África. Las empresas de biotecnología no están paradas. Posiblemente África va a ser colonizada nuevamente por las empresas de biotecnología, con ciertos países detrás de ellas. Para someter un país no es necesario enviar un ejército, todo lo que se necesita es comida genéticamente modificada: en una forma como para ser usada como arma biotecnológica”, relata Nnimo Bassey. “Quien controla las semillas, controla la comida y controla el futuro”.

“Lo que está ocurriendo aquí [en la MOP3] es muy decepcionante. El Protocolo de Cartagena tendría que proteger el medioambiente y la salud del hombre. A nivel global, estamos perdiendo la batalla”, lamenta Mpande.