El fundador, película de nuestro tiempo: el capitalismo como entretenimiento

Escribió: Tim Lott en Sin Permiso

Esta semana fui a ver El fundador [The Founder], una película nueva sobre el hombre que se encuentra en el origen del imperio McDonald’s de comida rápida. A Michael Keaton se le pronostica un Oscar por su retrato de Ray Kroc, que convirtió a los volteahamburguesas McDonald’s, con su único local de San Bernadino (California), en una historia de éxito global. El film tiene un 80% de aprobación en la página digital de reseñas agregadas, Rotten Tomatoes [célebre página nortamericana de crítica cinematográfica popular y periodística], un reparto de oro macizo y destacados valores como producción – y yo la he odiado más que cualquier otra película de la que tenga memoria.

Representaba algo que nunca había visto antes en pantalla (fuera de United Passions,[de Frédéric Auburtin, 2014], la ridícula hagiografía del entonces presidente de la FIFA, Sepp Blatter): la completa penetración de los valores empresariales en la cultura convencional. 

Para quienes no la hayan visto, El fundador nos cuenta cómo Kroc, vendedor de cachivaches fallidos y estafador, se encuentra con el restaurante original de McDonald’s, gestionado por dos hermanos adorables y rústicos, Rick y Maurice McDonald. Kroc comenzó a otorgar franquicias de la marca y acabó traicionando a los hermanos, que seguían insistiendo en virtudes a la antigua como la calidad.

Hasta ahí, nada que objetar. Lo que resulta extraordinario de El fundador es que nos pide que empaticemos con Kroc, una empatía que me resultó imposible, dado que Kroc es un oportunista amoral.

Tradicionalmente, en películas así se produciría algún tipo de revés, merced al cual aprendería Kroc que hay cosas más importantes que el éxito comercial. O si no, en películas en las que el personaje principal es un antihéroe – Michael Corleone en El padrino, [The Godfather], pongamos por caso – tiene lugar una obscura inversión fáustica, y el protagonista acaba por perder su alma.

Nada de esto sucede en El fundador. Hay que reconocer que no es un tiburón despiadado al inicio de la cinta – no es más que un perdedor egoísta con un matrimonio que se va a pique – pero el relato apenas sí le lleva de héroe a cero a la izquierda. Por el contrario, gracias a su persistencia, se queda con la empresa, se queda con el dinero, hasta con la chica, que le roba a su socio cuando se ve conquistado por la pasión evangélica de ella por los batidos químicos.

No hay ningún “punto intermedio de crisis”, ninguna revelación de que debe escoger entre mantener o perder su integridad. Se supone que tenemos sólo que observar su ascenso al poder…y aplaudir su determinación. 

Ciertamente, son posibles otras interpretaciones. No siempre se le pide al público empatía por el personaje principal de una película y las películas independientes con frecuencia invitan a tener una perspectiva más crítica. Pero todo en el modelo, configuración y estructura de El fundador te invita a identificarte con Kroc como héroe norteamericano.

¿Qué está pasando aquí? Ya hemos tenido antes abundantes historias sobre la creación de empresas de las que se ha hecho una película. Pero películas como La red social [The Social Network] y Steve Jobs adoptan una visión enormemente crítica hacia sus protagonistas. La red social muestra al creador de Facebook, Mark Zuckerberg, no como a un héroe sino como alguien que, para ganar el mundo, perdió a la chica que amaba.

El fundador es distinto. Quizás no sea más que un accidente de un mal trabajo cinematográfico. Pero puede que esté sucediendo algo más siniestro. En los últimos años, ha crecido el interés empresarial en la narración. Hace ya mucho tiempo que así es, por supuesto, principalmente en la publicidad. Pensemos en el famoso anuncio de Páginas Amarillas con J.R. Hartley, que cuenta la historia de un autor olvidado que va en busca de su libro.

Pero hoy en día, el “relato” está por todas partes. Al entender que la emoción, más que los hechos, es para los consumidores lo que cuenta, el juego tiene todo que ver con asociar productos a emociones positivas. La última campaña de Tesco [cadena de supermercados británica] tiene como titular  “Historias de amor con la comida”. The Co-Op [empresa minorista británica de alimentación] cuenta una historia de amor para vender su vino peleón. Burberry, Nike, Guinness, Google, Compare the Market, todas han contado recientemente mini historias en sus anuncios. 

Robert McKee, gurú de la escritura de guiones, dirige los cursos de “Storynomics” para desentrañar los secretos del relato para grandes empresas como Microsoft y Nike. ¿Es tal vez en cursos como estos donde se aprende el modo de presentar historias como las de Kroc al público cinematográfico?

Los peliculeros de Hollywood se olieron una fiebre del oro cuando descubrieron El héroe de las mil caras [Fondo de Cultura Económica, 2015], de Joseph Campbell [profesor norteamericano conocidos por sus estudios de mitología y religiones comparadas], un estudio antropológico que pretendía identificar una estructura de relato universal en todos los mitos del mundo. Según es bien conocido, ejerció su influencia sobre George Lucas. El fundador no cumple las reglas de escritura de guión de Campbell, puesto que, en el enfoque convencional, los protagonistas deben gozar de nuestra simpatía.

Entiendo que McDonald’s no contribuyó a financiar El fundador, pero me quedé preguntándome por qué. No sé lo que la película significa o significará para todos sus espectadores. Pero sé lo que ha significado para mí. Me ha aterrado. Porque si este es el futuro del relato, el desenlace será, desde luego, deprimente.

Tim Lott . (1956), periodista y escritor británico, estudió en la London School of Economics. Es conocido por sus novelas y su labor de cronista de viajes y columnista. Su último libro es Under the Same Stars.

Fuente: The Guardian, 24 de febrero de 2017

Traducción: Lucas Antón