Kissinger es el lado oscuro de Trump en Siria

 

Escribió: Nafiz Ahmed en Middle East Eye

 

 

“Creo realmente que deberíamos haber liquidado sus aeródromos y que lo tenemos que hacer, e impedirle que pueda usarlos para bombardear a gente inocente y lanzarles gas sarín”. Estas eran las palabras que Hillary Clinton pronunció pocas horas antes de que su enemigo, el presidente Donald Trump, ordenara ataques aéreos y el lanzamiento de 59 misiles de crucero Tomahawk contra el aeródromo de Shayrat en el sureste de Homs, Siria.

Escalada

El gobierno de Trump ha descrito los ataques como “únicos” y ha insistido en que no hay planes de escalada. Pero la escalada está en marcha. Rusia, a pesar de que fue advertida por parte estadounidense con anterioridad al bombardeo, ha suspendido el acuerdo alcanzado con Estados Unidos para evitar colisiones aéreas en el espacio aéreo sirio.

Los objetivos del gobierno de Estados Unidos al atacar Siria pueden deducirse del historial de uno de los diplomáticos más poderosos de la historia de Estados Unidos: Henry Kissinger. El ex secretario de Estado, acusado por el difunto Christopher Hitchens de complicidad en los “crímenes de guerra” de Estados Unidos en América Latina y el sudeste asiático, ha sido el asesor clave de Trump en la negociación de las relaciones de Estados Unidos con Rusia y China.

Kissinger fue consultor secreto de seguridad nacional del presidente George W. Bush, y bajo la Administración de Obama estuvo directamente involucrado en la cadena de mando del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos. También asesoró frecuentemente a Hillary Clinton durante su mandato como secretaria de Estado.

Su influencia en el gobierno de Trump es asimismo visible a través de su ex-asistente, KT McFarland, en la actualidad asesor de seguridad nacional de Trump y que en la década de 1970 sirvió, al mando de Kissinger, en su Consejo de Seguridad Nacional.

¿El caos como estrategia?

Los repentinos ataques aéreos contra Siria encajan en la filosofía de la “imprevisibilidad”, o la teoría del loco que Kissinger ha defendido desde hace tiempo como sello distintivo de los más grandes estadistas. El planteamiento de Kissinger es que las administraciones estadounidenses eviten la prudencia recomendada por los expertos y opten por “la redefinición constante de los objetivos” y por “la fuerza para plantear el caos”.

Comportándose de manera errática e incluso aparentemente “irracional”, los dirigentes estadounidenses pueden aventajar a sus oponentes y rivales, y situarles permanentemente en la defensiva por temor a la peligrosa volatilidad del poder de Estados Unidos.

Es por ello que el secretario de Estado de Trump, Rex Tillerson, ha pasado de declarar que “se están dando pasos” para eliminar a Bashar al Assad del poder, a insistir ahora en que Estados Unidos no planea ejercer acciones adicionales. “En ningún caso intentaría extrapolar eso a que se haya producido un cambio en nuestra política o en nuestra posición relacionado con nuestras actividades militares de hoy en Siria”, ha declarado.

La conclusión parece ser que ha sido un único ataque diseñado para enviar un nítido mensaje a los rivales de Estados Unidos en el sentido de que Estados Unidos es capaz y está dispuesto a desplegar el poder militar sin miedo a las consecuencias. Y que los compromisos pasados con Assad ya no son una garantía.

Abrasar la región de Oriente Próximo

El objetivo más amplio es despejar el terreno para que la Administración Trump prosiga con sus ambiciones estratégicas en Siria. Tales ambiciones pueden deducirse de los propósitos de sus más destacados asesores. Antes de que dimitiera por las acusaciones de deshonestidad por haber mantenido contactos con el embajador ruso, el asesor de seguridad nacional de Trump, Michael Flynn, había co-escrito el libro The Field of Fight [El campo de combate] junto al consultor de defensa neoconservador Michael Ledeen.

Ello es relevante porque Ledeen estuvo directamente involucrado en las falsificaciones del Yellowcake [óxido de uranio concentrado] con las que se intentó fabricar una amenaza de armas de destrucción masiva para justificar la Guerra de Iraq de 2003; lleva tiempo promoviendo campañas para intervenir militarmente en Siria, Irán y en otros lugares, y ha articulado una visión de política exterior que influyó de manera importante en el gobierno de George W. Bush.

La visión de Ledeen para la región se puede resumir en su apoyo a “abrasar” Oriente Próximo tal y como escribió en 2002 al respaldar la invasión de Iraq: “Sólo podemos esperar convertir la región en un hervidero, y rápido, por favor. Si alguna vez ha habido una región que merezca ser abrasada, es el Oriente Próximo de hoy en día”.

Esta visión tiene su correlato con la preferencia de la Administración Trump por el caos, el retroceso y el cambio constante de prioridades. Sin duda, buena parte de ello también se puede atribuir a la confusión real y a una abrumadora incompetencia. Nadie debe subestimar eso. Pero simultáneamente estamos viendo una administración que toma decisiones sobre la base de ideologías que compiten entre sí, una de las cuales considera ingenuamente que la escalada del caos en países como Siria es una oportunidad estratégica.

A Assad no se le va a eliminar

No parece, sin embargo, que el propósito estratégico de los ataques sea, en última instancia, eliminar a Assad. Los rebeldes sirios –los que han luchado junto a al Qaeda, los que se oponen vehementemente a ISIS y al Qaeda, y muchos de los cuales quieren reemplazar al régimen de Assad con su propio tipo de Estado islámico– han acogido con agrado los ataques. Pero también señalan con razón que poco se consigue atacando únicamente una base aérea teniendo en cuenta que Assad lanza ataques aéreos domésticos desde al menos 26 bases aéreas.

Una pista de lo que realmente está en juego la brinda las conversaciones que han tenido lugar entre el gobierno de Netanyahu y Trump durante las últimas semanas antes de los ataques. Para Israel, la verdadera “línea roja” en Siria no son las armas químicas sino la potencial invasión de Irán y Hezbolá a través del régimen de Assad, en la frontera sirio-israelí de los Altos del Golán o en la frontera sirio-jordana.

Fuentes próximas a las conversaciones declararon a Ha'aretz que Netanyahu quiere que se establezcan “zonas tapón o de amortiguación” en el lado sirio de la frontera. El plan también implicaría que los Altos del Golán sirios se separasen de facto de Siria a favor de Israel.

Sucede que la filial israelí de una compañía de energía estadounidense, Genie Oil & Gas, está actualmente perforando petróleo en los Altos del Golán con licencia del gobierno de Netanyahu. Entre los miembros de la junta directiva de Genie aparece Rupert Murdoch, que tiene lazos asombrosamente íntimos con la familia, el imperio comercial y la Administración Trump.

Jugando con fuego

Esta visión no contempla como respuesta la eliminación de Assad sino simplemente limitar su poder territorial a un pequeño enclave concentrado en Damasco, y romper además el alcance del apoyo ruso e iraní a su régimen. Simultáneamente, el régimen de Trump quiere utilizar los ataques contra Siria como primer paso de una estrategia para imponer una cuña entre Rusia e Irán.

Al regalar a Rusia Crimea en un escenario, el gobierno de Trump quiere convencer a Rusia, en otro, de que recule en su alianza con Irán en Siria y permita a Estados Unidos un terreno de juego más amplio para imponer un acuerdo diplomático que se adapte a sus dudosas metas geopolíticas para la región.

El resultado final, sin embargo, es mantener un estado de inestabilidad permanente en Siria donde no gane ninguna facción particular: Estados Unidos tolera a Assad al mismo tiempo que amenaza con el cambio de régimen, apunta selectivamente a su régimen pero sin llevar a cabo acciones que realmente lo eliminen; permite a los aliados del Golfo que sigan apoyando a los rebeldes sirios que ellos consideren, desde grupos seculares hasta militantes islamistas, algunos con conexiones con ISIS y al Qaeda, y lleva a cabo ataques aéreos contra ISIS.

Las acciones de Estados Unidos hasta la fecha no derrotarán ni a ISIS ni a Assad. En lugar de eso prolongarán la guerra pretendiendo contenerla: una perspectiva destinada a derrotarse a sí misma.

El problema es que la táctica de Kissinger de “jugar con fuego” para conseguir lo que se quiere no funciona. Al contrario, tiende a que los acontecimientos entren en una espiral sin control.

 

Nafeez Ahmed es periodista e investigador de Doctorado, experto en seguridad internacional y autor que realiza un seguimiento de lo que él denomina la “crisis de la civilización”. Ha sido galardonado con el Project Censored Award for Outstanding Investigative Journalism por su reportaje en The Guardian sobre la intersección de las crisis ecológicas, energéticas y económicas globales con la geopolítica regional y los conflictos. También ha escrito para The Independent, The Sydney Morning Herald, The Age, The Scotsman, Foreign Police, The Atlantic, Quartz, Prospect, New Statesman, Le Monde diplomatique y New Internationalist. Su trabajo sobre las causas fundamentales y las operaciones encubiertas relacionadas con el terrorismo internacional contribuyó oficialmente a la Comisión del 11-S y a la investigación del 7/7 Coroner [atentados de Londres de 2005].

Fuente: http://www.middleeasteye.net/columns/trumps-syria-strike-inspired-dangerous-vision-cauldronising-middle-east-2138445408

 Traducción para Rebelión de Loles Oliván Hijós.