A 100 años de El Imperialismo Fase Superior del Capitalismo

Escribió: John Saxe-Fernández*

 

Julio Gambina mencionó y elaboró sobre el antiimperialismo. Otros colegas han elaborado sobre la persistencia y relevancia conceptual del imperialismo. Para mí hay que enfatizar, además, que se trata nada menos que del contexto de poder, profundamente leonino, en que se da la internacionalización de los flujos de capital, de mercancías y de tecnología.

De este tema tuve el privilegio como veinteañero de tener un profesor severísimo y magnífico: el derrocado presidente dominicano Juan Bosch, expulsado de su país por la tropa de ocupación. Fue él quien nos inició en esa lectura. Natural, tenía una gran aversión al imperialismo, que nos transmitió con fuerza analítica y gran indignación, a los estudiantes costarricenses que asistimos a sus cursos. Yo nací en Costa Rica. Y me tocó vivir en México, en el país del que soy ciudadano, nación de grandeza histórica, “tan cerca de los Estados Unidos” (EUA). Mi antiimperialismo fue y es mayor, por el grado de devastación y de despojo que la conjunción de clase “oligárquico- imperial”, infringe a la población y su patrimonio en el proceso de explotación brutal e irracional de los inmensos recursos naturales del país. Esos recursos, junto al destrozo de la nacionalización bancaria, los ferrocarriles, la industria y mil 200 empresas públicas que hoy están en manos de una veintena de mega-millonarios, son parte y parcela de la imperialización de México. Es una experiencia imperialista en la que los componentes centrales planteados por Lenin mantienen su vigencia. No es un “neo” imperialismo. Es imperialismo de estos días, como diría Harry Magdoff. Lo que me lleva a la conclusión de que hay que usar distintas variantes lingüísticas sobre el término imperialismo, porque México es un país devastado e “imperializado”, que no “globalizado”.

Y la imperialización, cuyo eje de clase es “oligárquico-imperial”, se profundiza y Washington quiere, como antaño, proyectar el “modelo” a “las Américas”, de polo a polo. Creo que tiene que ver con la existencia de un sistema económico, financiero especulativo, productivo mediocre, en crisis de acumulación (bajo creciente financiarización y militarización), que va a la explotación hasta la extinción de los recursos naturales y a la extinción de las especies, incluidas las poblaciones que estorban al fluido curso de los negocios del imperio y sus lumpenburguesías. Esta era es de armamento nuclear y balístico una amenaza existencial real, más cuando el eje capitalista desde la OTAN promueve una nueva “guerra fría” cuyo epicentro se trasladó desde Berlín a Ucrania, desde el golpe de estado de febrero de 2014 perpetrado por la diplomacia de fuerza de EUA. Esta también es era de calentamiento global, de un colapso climático antropogénico en curso en que los poderes vinculados a la industria del carbón, petróleo y gas, firmas cuyos cabildos neutralizan, desde hace al menos tres décadas, todo intento por regular los gases con efecto invernadero, por lo que, por decir lo menos, el escenario mundial es complejo y riesgoso y al mismo tiempo repleto de condiciones para la construcción social alternativa al capitalismo.

En el caso de México, quiero recordar que cuando el tratado norteamericano de libre comercio se estaba discutiendo, se transforma en una piedra angular para el ejercicio de la imperialización, que incluye intervención y ocupación por la vía del Comando Norte de EUA, establecido por Bush hijo en 2002; del accionar del Departamento de Homeland Security (Seguridad del Suelo Patrio de EUA) con México y Canadá “dentro” de su “perímetro de seguridad” y de la llamada “guerra al narcotráfico y el crimen organizado” a través de la “Iniciativa Mérida”, un diseño que incluye más de tres mil millones de dólares en equipo y adiestramiento, esencialmente derivado, a decir de los voceros del Comando Norte, “de la experiencia de contrainsurgencia” obtenida por EUA en Afganistán e Irak. La Iniciativa Mérida, émulo del Plan Colombia, tiene al terrorismo de Estado como un ingrediente central, junto a una creciente militarización del país.

El multimillonario y candidato presidencial independiente Ross Perot, que competía con Albert Gore en 1994, se oponía al TLCAN. Desde la CNN (¿Colonial News Network?) se transmitió parte del debate de las primarias. En ese debate el vicepresidente de EUA, que era candidato a la presidencia, le reclamaba a Ross Perot sobre ¿cómo se atrevía a oponerse al tratado de libre comercio, “si es tan importante para nosotros como la compra de Luisiana y la compra de Alaska?, haciendo referencia a dos grandes procesos de expansión territorial, la compra de Luisiana de 1803 y la compra de Alaska en 1867. Aquello fue una referencia y vinculación directa del TLCAN con la tradición expansionista-imperialista de EUA y un mensaje claro sobre la centralidad del territorio y los recursos naturales renovables y no-renovables. Posteriormente se iría visibilizando esa “territorialización” de la inversión extranjera directa en el programa de ajuste estructural promovido desde el FMI, Banco Mundial y Banco Interamericano de Desarrollo, en materia ferrocarrilera, petrolera y de gas. En México se compagina un programa policial-militar que desde la declaratoria de “guerra al narco y al crimen” de Calderón 2007 a nuestros días ha gestado una tragedia humanitaria de grandes proporciones: se estima cerca de 200 mil muertos, más de 28 mil desapariciones forzadas y, según denuncias de la ONU, opacidad, impunidad y tortura generalizada. En paralelo, enormes complejos económico-territoriales presentes en las actividades cotidianas de Pemex y de la Comisión Federal de Electricidad, están siendo subastados a alta velocidad. Con ello está en juego la integridad de la Federación mexicana. Eso es la vinculación con el expansionismo territorial de EEUU y una de las peores prácticas de despojo territorial a las comunidades indígenas, una de las peores prácticas de genocidio de esas poblaciones. Aniquiladas y con creciente vulnerabilidad por cambios en las leyes que favorecen las actividades de las grandes empresas (extranjeras y nacionales) dedicadas a la explotación de combustibles fósiles convencionales y no-convencionales, así como las de las mineras. Es un proceso expansionista que tiene que ser revisado con atención por nosotros. Como lo hizo Ramiro Guerra, un gran historiador cubano, en su libro La expansión territorial de los Estados Unidos, publicado en los años 30 en La Habana, con varias reimpresiones durante el gobierno revolucionario. Tenemos que revisarlo, porque el elemento genocida no deja de estar en ese proceso de ocupación-expansión y las principales víctimas son las poblaciones indígenas, campesinas y los pequeños y medianos agricultores. Hoy tenemos la mirada de las grandes corporaciones en esas poblaciones indígenas y en esos grupos campesinos que están ocupando los territorios donde las transnacionales quieren ampliar sus actividades de explotación no convencional de combustibles fósiles, una actividad de alto consumo de energía, agua y espacio territorial, y otras transnacionales van por más minería a cielo abierto. Ambas actividades, son de alto riesgo para la población, la fauna, la flora, el medio ambiente y de consecuencias atmosféricas, por las altas fugas de metano que ya se han registrado incluso en EUA, que ya lleva poco más de una década bajo explotación del fracking.

Les estorba esa población. En el proceso de expansión de 1840, en ese decenio el lema era “a los mexicanos como a los apaches” y ese es un lenguaje central en la gran pelea que se está dando ahora, de despojo y de aniquilación de población que les sobra. Es indispensable revisar los trabajos de James Cockroft sobre el exterminio decimonónico de la población originaria, de las naciones indígenas, en los vastos territorios que hoy están bajo la jurisdicción de EUA. Ese es un tema necesario al verbo “imperializar” que implica tanto para los expansionistas de entonces y las grandes corporaciones de hoy, elaborar leyes a modo orientadas a legalizar el despojo y a criminalizar a la población cuyo patrimonio territorial es objeto de codicia. Ya prepararon las bases legales. La contrarreforma energética en México es el despojo más brutal que ha recibido la nación sólo después de la pérdida de más de la mitad del territorio. Es algo equivalente por tratarse de uno de los principales ejes de acumulación del país: el sector petroeléctrico, seguido, como ocurrió en los años 90 en la región latinoamericana, de enorme despido de trabajadores. Y el contexto en el que se da el gran despojo, es un contexto de terrorismo de Estado, derivado de la utilización de las fuerzas armadas en funciones de Ministerio Público, que no les corresponde. Terror dirigido a sectores sociales específicos. Usan un modelo o un esquema dramatúrgico para entender el Estado de terror, con un auditorio, una víctima y un ataque. Es interesante verlo desde esa perspectiva, ese proceso de selección, de asesinato selectivo de la población. Ayuda a verlo desde el punto de vista del “aterrorizamiento” de distintas categorías sociales. Se trata de un tema que me llega a lo hondo, desde muchacho y como hombre mayor de edad me llega profundamente, por el mundo en el que vivimos y porque no tienen derecho a robarle futuro a los que todavía no han nacido o están naciendo. 

* El autor agradece el apoyo de DGAPA/UNAN que permitió participar de este evento.