Trump contra Venezuela. ¿Cómo debería responder la Asamblea Constituyente?

Escribió: Shamus Cooke, sindicalista estadounidense. Escribe en la revista Workers Action

Las amenazas de Trump contra Venezuela han pasado de lo económico a lo militar. Perfectamente sincronizada con la oposición el presidente estadounidense primero
anunció sanciones económicas y, el día después de las elecciones para la Asamblea Constituyente amenazó con “opciones militares”

Mediante una continua acción violenta en las calles, la oposición tiene un objetivo: derrocar a Nicolás Maduro, un gobierno democráticamente elegido. La cresta de la ola de la violencia opositora se concentró precisamente en impedir las elecciones a la Asamblea Nacional Constituyente (ANC).

La ANC fue convocado por Maduro para resolver la actual crisis política económico y social y redactar una nueva Constitución. Con esta convocatoria el Presidente Maduro espera romper la obstrucción política permanente provocada por la oposición, desde que obtuvo el control del Parlamento.

La oposición prometió al gobierno de los Estados Unidos impedir las elecciones de la Asamblea Constituyente. Por su parte Trump prometió a la oposición aplicar sanciones económicas si lograban impedir la elección de la ANC. Otros “sospechosos habituales” se sumaron a la contra-revolución, condenando las elecciones: España, el Vaticano y la Organización de Estados Americanos (OEA) han respaldado públicamente a la oposición golpista.

Los medios de comunicación occidentales desaprobaron las elecciones de la Asamblea pero hicieron la vista gorda ante la violencia callejera de una oposición que utilizó sin ambages ataques a centros de votación, bloqueo de carretera, realizo sabotaje económico y promovió “huelgas generales” para evitar que las elecciones se llevaran a cabo.

Pero las elecciones se efectuaron y, una inesperada alta participación ha producido más de un ataque de nervios a unos opositores que no esperaba que la base tradicional del chavismo – los trabajadores y los pobres – participaran por millones apoyando con sus votos una amplia diversidad de candidatos de los movimientos chavistas.

Los medios de comunicación internacionales- que cubrieron las elecciones – decidieron no tomar nota del entusiasmo por votar en los barrios más pobres. Una delegación de los sindicatos estadounidenses que viajó a Venezuela para presenciar las elecciones quedó impresionado por la amplia participación y las largas colas en los centros de votación en las barriadas.

Estela Vásquez vicepresidenta ejecutiva de SEIU destacó la falta de objetividad de los medios occidentales: “Una cosa significativa es que no vi ningún medio de comunicación internacional. No había reporteros del New York Times, no había cámaras de la CNN, ni de la Fox, o de cualquier otro medio occidental… que cubriera los barrios obreros que son la columna vertebral del movimiento bolivariano”

Stalin Pérez Borges, un destacado crítico de izquierda del Presidente Maduro, ha reconocido el entusiasmo participativo en la elección de la Asamblea Constituyente: “El 30 de julio fue un tsunami en las filas del chavismo en el que incluso participaron aquellos que están descontentos con el gobierno. Hemos enviado un mensaje a la derecha nacional e internacional que no nos rendimos al imperialismo ni estamos dispuestos arrodillarnos ante los planes neoliberales que los políticos y economistas de la oposición han cocinado… Con la elección de la Asamblea Constituyente hemos recuperado la confianza, como fuerza social el chavismo, una vez más, ha demostrado que es capaz de constituirse en mayoría “.

Debido a que la oposición boicoteó las elecciones, la Asamblea Constituyente (ANC) se compone mayoritariamente por representantes de la izquierda, una izquierda donde conviven una diversidad de opiniones políticas revolucionarias. Una tercera parte de la ANC está reservado para representantes de sindicatos, consejos comunales, organizaciones indígenas, agricultores, estudiantes, jubilados; todos sectores sociales que se han radicalizado por su experiencia con Chávez y por las acciones violentas de la oposición.

La base de la Asamblea Constituyente – la clase trabajadora y los pobres – invita a la esperanza. La Asamblea puede promover iniciativas revolucionarias para resolver las cuestiones claves que han desmoralizado al chavismo y que han fortalecido a una oposición apoyada por los Estados Unidos.

Es cierto que la ANC no va a resolver todos los problemas. Es más que probable tampoco no sea el inició de una economía socialista, sin embargo si la Asamblea toma medidas de carácter radical puede precipitar una dinámica revolucionaria.

La izquierda en Venezuela es mucho más creativa y diversa que la caricatura estalinista publicitada los medios de comunicación occidentales. En última instancia, la propia convocatoria de la ANC significa que Maduro se ha movido hacia la izquierda; un giro a la izquierda que provocó el entusiasmo del chavismo histórico.

La convocatoria de la ANC sorprendió a todos, implicaba enormes riesgos políticos, sobre todo en medio de una subversión apoyada por el imperio. Si las masas no participaban en las elecciones el gobierno estaría gravemente expuesto a un golpe de estado, quedaría demostrado que carecía de una base social que lo respaldara. Una debilidad tal habría sido explotada al instante por la oposición financiada por Trump y el “Deep Estate”.

Sin embargo hay que reconocer que Maduro demostró que tiene por lo menos un poco del olfato político que caracterizó a Chávez , predijo correctamente que el pueblo consideraría la Asamblea Constituyente ANC como una herramienta revolucionaria para avanzar en los cambios.

Gran parte de la izquierda internacional no ha reconocido el giro de Maduro hacia la izquierda o no se dio cuenta de su importancia. El error es producto de una interpretación equivocada de la revolución Venezolana. El chavismo siempre ha sido un movimiento contradictorio. Aunque está fuertemente arraigado en los barrios pobres, tiene un aparato burocrático centrista en la cúpula dirigente. Chávez, a veces, logró controlar estas diferencias moviendo a su entorno político hacia la izquierda.

Un fenómeno como el chavismo, fluctuante y complicado es difícil de encasillar, requiere un análisis más matizado que el enfoque intelectualmente perezoso que ha contaminado a la izquierda de los EE.UU.

Es cierto que poderosos sectores de la burocracia “chavista” proyectan usar la ANC para maniobrar con la oposición oligárquica y mantener su poder. Ahora, sí llegarán a un acuerdo con la oposición y de paso traicionan a las clases pobres sería el final del chavismo y, por tanto la victoria total de la oposición.

El triunfo de las posiciones de la burocracia en la Asamblea Constituyente no es un desenlace inevitable. Se equivocan algunos “cínicos” de izquierda. Maduro no tiene la autoridad de Chávez, carece de carisma y a estado ausente de las iniciativas populares que quieren profundizar el proceso de cambio.

Las divisiones dentro de las capas superiores del chavismo abren una ventana de oportunidad para quienes quieren avanzar con el proyecto bolivariano, incluso contra la voluntad de los sectores conservadores del chavismo. La izquierda internacional debe entender la actual coyuntura, respaldar un programa de cambios revolucionarios y explicar – en sus países – que es imprescindible detener el intervencionismo de Trump.

Muchos analistas de izquierda han equivocado el camino. Han desperdiciado su energía criticando las obvias deficiencias de Maduro sin proponer nada sustancial para ganar la lucha en curso. Las filas del chavismo necesitan soluciones concretas no un sinfín de denuncias.

La cuestión central no es si uno es pro-Maduro o anti-Maduro, la pregunta fundamental es: ¿cómo las fuerzas revolucionarias resuelven la crisis actual? o dicho de otra manera ¿qué estrategia deben implementar revolucionarios?

Mientras un sector de la izquierda rechace – de entrada – discutir la importancia de la Asamblea Constituyente, no tendrá nada que decir acerca de estas preguntas básicas.
La clase trabajadora venezolana sabe que su futuro depende de quien gane la actual confrontación; los obreros y los pobres están luchando por sus vidas y esperan utilizar la Asamblea Constituyente como una herramienta para el cambio.

El pueblo piensa que la oligarquía nunca debe volver al poder. El lema “No Volverán” sigue siendo una exigencia revolucionaria del chavismo, pero si no se toman medidas urgentes para hacer avanzar la revolución la victoria de la oposición será inevitable…tal pesadilla está golpeando la puerta de “los de abajo” en Venezuela.

Falsas soluciones desde la izquierda

La intensa lucha de clases en Venezuela no puede ignorarse, está basada en las condiciones materiales objetivas de la economía del país: por un lado están las necesidades insatisfechas de los trabajadores, por el otro esta una oposición dispuesta a tomar el aparato del Estado para privatizar los recursos naturales y los servicios públicos.

Estas dos partes no pueden “hacer la paz” con otra ronda de elecciones o negociaciones, sin embargo, esto es exactamente lo que muchos analistas partidarios de la revolución están promoviendo como “solución” a la crisis.

Este es uno de los errores en el análisis de Carlos Carcione de Marea Socialista, una agrupación que hasta hace poco era parte de la coalición gobernante. El análisis de Carcione contiene algunas críticas justas al gobierno de Maduro, pero comete un error clave. Su “solución” a la crisis es esta: “… la única vía democrática, que no puede ser utilizada por las dos élites que han instigado a la violencia (el gobierno y la oposición) es No cambiar la actual Constitución.”

Curiosa posición, la demanda de “impedir el cambio de la Constitución” es parte sustancial de la agenda de la oposición oligárquica. No cambiar la Constitución significaría disolver la Asamblea Constituyente votada por una mayor cantidad de votos que la actual carta fundamental. Peor aún, implica continuar sin cambio alguno, desconociendo un hecho fundamental, la crisis que se cierne sobre la nación requiere de una acción revolucionaria. Carcione cree que disolver la Asamblea Constituyente colocaría en “pausa” un conflicto de profundas raíces.

Como quedó demostrado la “demanda” de Carcione tuvo resonancia cero en el chavismo que fue a votar más que nunca por la Asamblea Constituyente. Los venezolanos han participado en elecciones democráticas más que cualquier otra nación del mundo. El voto para la ANC fue – en sí mismo – una muestra de convicción democrática que Carcione no reconoce como importante o legítimo.

La exigencia para “no cambiar la Constitución”, desconoce que la oposición utiliza con habilidad este recurso político con el objeto de debilitar al gobierno, exacerbar la crisis, derrocar a Maduro y volver a tomar el poder

Las elecciones a la Asamblea Nacional fueron el camino que utilizó la oligarquía para volver al poder, sin embargo un camino más directamente democrático ha surgido con estas últimas elecciones. La Asamblea Constituyente es un cuerpo infinitamente más representativo que la Asamblea Nacional, con capacidades reales para tomar decisiones. La actitud ante la crisis en Venezuela no puede estar limitado a las normativas legales añejas y fuera de los actuales tiempos políticos

Una no-solución similar a la crisis ha propuesto Eva Gollinger. La periodista chavista ha sido cada vez más crítica con Maduro. Las críticas de Gollinger a Nicolás Maduro a menudo dan en el clavo, pero sus soluciones caen en el reino de la fantasía.

Con cierta ingenuidad Eva Gollinger plantea; “Ambas partes deben aceptar que son culpables de excesos… Las voces de la moderación no deben tener miedo a ser considerados oportunistas o traidores. El liderazgo de la oposición y sus aliados internacionales deben condenar de inmediato toda violencia… La oposición debe aceptar la legitimidad del presidente Maduro y debe permitir que cumpla su mandato presidencial, que finaliza en 2019. A cambio, el Parlamento deberá asumir plenamente su mandato sin mayores obstáculos. Unas elecciones supervisadas por un consejo electoral independiente deben celebrarse dentro de los plazos estipulados por la ley , sin ser manipulados por los partidos políticos o la presión extranjera “.

Gollinger sin duda tiene buenas intenciones, pero sus “soluciones” son fantasías que ignoran los intereses materiales que han radicalizados las posiciones en ambos lados. Las filas del chavismo necesitan soluciones radicales a la crisis y la oposición apoyada por los Estados Unidos sigue complotando para recuperar el poder Estos son los hechos reales. Entre estos dos extremos no hay un “término medio razonable”.

En las revoluciones verdaderas la moderación puede ser una verdadera trampa. El propio Chávez fue acusado de ser extremista cada vez que tomó medidas contra la oligarquía, sin embargo estas medidas le valieron el amor y el respeto de su pueblo e inspiraron a movimientos revolucionarios en todo el hemisferio.

La moderación de Maduro es precisamente lo que ha desmoralizado a su base militante y ha envalentonado a una oposición apoyada sin reservas por Estados Unidos. Los trabajadores venezolanos no tienen exigencias moderadas, requieren acciones revolucionarias contra sus enemigos de clase. Los trabajadores saben que si la oligarquía recupera el poder destruirá todas las conquistas del chavismo. También tienen claro la moderación no terminara con la dramática desigualdad que todavía se mantiene en la Venezuela de estos días.

No cambiar la Constitución es un retorno a un callejón sin salida. Una de las limitaciones del chavismo fue su excesiva dependencia de la “democracia representativa”, en contraposición a una democracia participativa y directa. La energía de la revolución se canalizó en una campaña electoral constante, y como ha quedado demostrado el sistema representativo definitivamente NO es lo suficientemente representativo. Lo que hizo este sistema fue abrir las puertas para hacer carrera política, mientras que un lento sistema legislativo logró desmoralizar al pueblo.

La Asamblea Constituyente es una herramienta legítima de la revolución que se puede utilizar o se puede desperdiciar. Regresar a las condiciones que precipitaron la crisis no es una solución. La oposición decidió boicotear las elecciones del ANC porque esperaba un golpe de estado. Si el chavismo actúa con valentía y coherencia el error de cálculo de los golpistas deberían ser su perdición.

¿Qué acciones debería tomar la Asamblea Constituyente?

La izquierda debe defender soluciones revolucionarias: “una revolución dentro de la revolución” que reste poder a la oligarquía y a los burócratas del chavismo parece desesperadamente necesario.

En tiempo de flujo revolucionario las demandas del pueblo chavista pueden mover montañas. Soluciones económicas que incorporen políticas más sociales que enfrenten a un sector privado controlada por la oligarquía son cruciales para el avance de la revolución. Para nadie en Venezuela es un misterio que los capitalistas han utilizado su propiedad sobre importantes sectores económicos – como la producción de alimentos – para sabotear la economía.

La Asamblea Constituyente debería poner en marcha un programa que mantenga encendida la llama de los cambios revolucionarios, que movilice a trabajadores y movimientos sociales. La ideas de un programa de este tipo ya se han discutido en los diferentes sectores del chavismo.

1. Nacionalizar los sectores de la economía que se han utilizado en el sabotaje económico, especialmente en la producción de alimentos, la banca y el comercio internacional.

2. Dejar de pagar una deuda exterior que están arruinando al país. El dinero debe ser utilizado para suplir las necesidades básicas y reconstruir la economía. El pago de la deuda – a un alto interés – por el Estado Venezolano – ha dejado en los bolsillos de los inversores extranjeros más de mil millones de dólares anuales.

3. Financiar y ampliar las medidas claves del chavismo: educación, salud, pensiones y vivienda. Al mismo tiempo aumentar el poder democrático comunal en la administración estos programas. Además se debería asegurar que los salarios suban por encima de la inflación. Para financiar estas medidas habrá que elevar los impuestos a las ganancias de capital, la propiedad, la herencia y otras medidas contra los grandes capitales.

4. Exigir cárcel para los oligarcas que promueven la violencia en las calles y participan en el sabotaje económico. Esta es una antigua demanda de las bases del chavismo que han exigido desde siempre, una mano más firme contra una oposición que actúa con violencia y con total impunidad.

5. Terminar con el mercado negro del dólar mediante la nacionalización del comercio exterior.

6. No es posible una “reconciliación” con la oligarquía y su patrón, el imperialismo estadounidense. En las actuales condiciones cualquier “acuerdo” con la oposición tendría como objetivo detener el proceso revolucionario, otorgando concesiones económicas que afectaran directamente los intereses de los trabajadores y la población más pobres. La oposición ha demostrado que nunca van a aceptar un gobierno que no controle directamente. Con cada nuevo levantamiento la oposición pone a prueba la determinación del gobierno y su apoyo popular, y sí llega el momento que este apoyo se disipe, un golpe – militar o legislativo – será inevitable.

7. Utilizar la Asamblea Nacional Constituyente como instrumento de la revolución bolivariana. Mediante la puesta en práctica las medidas antes mencionadas y aprobando una legislación que permita el desarrollo de una democracia directa y participativa, por lo tanto, habrá que consagrar mayor poder constitucional a consejos comunales, sindicatos y otras entidades socio-políticas que puedan ejercer directamente los poderes del Estado.

Si la ANC no toma medidas enérgicas pronto, la nueva constitución no sobrevivirá a la votación en un referéndum. Y, si Asamblea Constituyente no abre el camino hacia una vida mejor y más estable el pueblo chavista se abstendrá; en esa situación la oposición apoyada por Estados Unidos tendrá un autopista sin obstáculos al poder.

Las próximas elecciones de gobernadores podrían ser fácilmente ganadas por la izquierda siempre y cuando la Asamblea Constituyente tome medidas radicales de inmediato. Con estas medidas se podrá evitar un hipotético repunte una oposición golpista que ha decidido participar en estas elecciones.

Conclusión

El tiempo es corto. El ANC se dio dos años para cumplir su misión, pero el entusiasmo generado por la elección se desvanecerá rápidamente si no se toman medidas de corte revolucionario. O, si las masas llegan a la conclusión que el nuevo cuerpo legislativo mantiene la actual relación de fuerzas, en lugar de cambiarla.

Las maniobras administrativas de los burócratas pro-Maduro han dejado de ser útiles. Una estrategia del cambio evitará una nueva desmoralización. Las complejas y diversas crisis que concurren en Venezuela requieren entregar más poder al pueblo: la Asamblea debe comprometerse con la organización de “los de abajo”; una actividad que floreció bajo Chávez pero que ha disminuido con el burocratismo de Maduro.

La violencia opositora en las calles ha matado a más de 100 personas. Con dos intentos de golpe ya han anunciado que no descansaran hasta echar a Maduro. Sobre todo ahora que Trump ha dado prioridad a “un cambio de régimen” en Venezuela.

Sucesivos presidentes de los Estados Unidos (desde 1999) han entendido que la revolución bolivariana es una “amenaza” para Estados Unidos. La actitud del Imperio demuestra que para derrotar a Trump, Venezuela deberían moverse paulatinamente hacia una solución socialista y los socialistas estadounidenses deberían apoyar activamente este movimiento.

Ahora, si la nueva constitución es un documento sin vida se facilitaría la llegada de la oposición al poder. Sin embargo, si el camino hacia una Nueva Constitución contiene medidas revolucionarias el pueblo responderá con entusiasmo, y el continente americano recuperará la energía que originalmente produjo la llamada “marea rosa”.

Sin embargo, la “marea rosa” que combatió al neoliberalismo ha tocado techo con sus límites ideológicos. Hoy el cambio exige incursiones socialistas contra el poder del capital. Una “marea roja” puede rejuvenecer a las fuerzas revolucionarias en todo el continente y sofocar las recientes victorias contrarrevolucionarias en América del Sur. Venezuela sigue siendo el punto focal de los avances de la revolución en esta área del mundo. Se gana o se pierde.