La derrota (transitoria) de la derecha venezolana.

Escribió: Guillermo Cieza el 12 de agosto del 2017

Quien está sometido a la enorme ofensiva mediática que todos los días y por distintos medios se abate sobre el gobierno bolivariano, puede llegar a creer que estamos asistiendo a una fase terminal de la experiencia chavista.

Esta mirada también es compartida por quienes desconociendo datos básicos del proceso bolivariano vienen augurando su derrota inminente desde hace 18 años. La mirada desde adentro es diferente, el que está en grandes problemas es la oposición de derecha y a los pesimistas conviene recordarles que este proceso parece tener el cuero más duro que la revolución Rusa, de la que no quedaban restos (por la supremacía del estalinismo), 13 años después de conquistado el poder.

La derrota de la derecha es transitoria (el triunfalismo es suicida), pero ya empezaba a vislumbrase a principios de junio. He comentado esa situación en diferentes artículos, “La derrota política de la derecha venezolana” (7 de junio 2017); “El pueblo volvió a derrotar en las urnas un intento de golpe de Estado” (21 de julio), “El pueblo ha salido a votar en defensa propia” (30 de julio, antes de conocerse los resultados electorales).

Los resultados del 30 de julio, con una participación del 41,53% del padrón electoral (por encima del 50% en una elección con una baja abstención) confirman esa derrotan, agudizando los problemas de la derecha.

Si el 7 de junio comentaba que en lo interno “El debilitamiento político de las manifestaciones de la oposición expresan también su desgaste al no haber poder cumplir ninguno de los objetivos: no lo tumbaron a Maduro, ni quebraron al chavismo, no pudieron extenderse a los barrios populares, no pudieron ganarse las simpatías de la mayoría de la población. ni pudieron generar las condiciones para una intervención externa”, en los últimos días todas las convocatorias a trancazos de la oposición han fracasado estruendosamente, dato que reconoce el propio Henrique Capriles “hay mecanismos de protesta a los que la gente no responde” (8 de agosto).

En el plano externo, lo comentado el 7 de junio: “En esa dirección hay que apuntar el nuevo fracaso en la reunión de cancilleres y delegaciones en la OEA el 31 de mayo de sacar una declaración contra el gobierno de Venezuela. Carece de los votos suficientes para sacar una declaración contra Venezuela”. “En el .ámbito de las Naciones Unidas, al imperio le va mucho peor. En el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas cualquier decisión adversa es vetada por China y Rusia”, se ha agravado. Después de la Constituyente, ya ni siquiera se animan a llevar el tema a la OEA y trataron de reemplazarla por una reunión de cancilleres de países convocada por el gobierno de Perú. Concurrieron 14 países de los 35 que forman la OEA, y faltó Estados Unidos.

La instalación de la Asamblea Constituyente ha originado que la derecha perdiera dos poderes del Estado con que contaba : La Asamblea Nacional y la Fiscaliza General del Estado.(Solo le quedan 3 gobernadores y algunos Alcaldes) .La Asamblea Nacional porque al activarse la Constituyente quedan suspendidas sus funciones ( esta previsto así por la Constitución) y porque en la primeras sesiones, la corrieron a la Fiscal Ortega , que había pasado de ser una jurista con criterio independiente, a trabajar en connivencia con la MUD .

Ante la posibilidad de quedarse también sin gobernadores, los partidos más importantes de la MUD se inscriben para disputar las elecciones Regionales, pero esto le significa reconocer a la Constituyente y someterse a la autoridad de la CNE, a la que habían acusado de fraude. Resulta así que los opositores de afuera no reconocen la Constituyente y denuncian fraude, y los de adentro legitiman lo actuado por el gobierno al inscribirse para las elecciones de diciembre. Un verdadero bochorno internacional, y hacia adentro una profunda crisis política, porque quienes protagonizaron las guarimbas acusan de traidores a los políticos de la MUD.

Desde el punto de vista de las opciones planteadas se ha impuesto las propuestas del Presidente Maduro que apostó a una salida a la crisis promoviendo mecanismos constitucionales, las elecciones y la paz. Es indiscutible que el pueblo tuvo oportunidad de expresarse electoralmente y que declinaron las guarimbas. Quienes promovían echar al Presidente por la fuerza, hoy tienen que inscribirse para votar por gobernadores.

Pero el dato más importante de esta derrota es que el pueblo chavista ha recuperado su autoestima, muy golpeada por la crisis económica y por la derrota electoral de diciembre de 2015. El 30 de julio se produjo otro 13 de abril de 2002, y si en aquella oportunidad derrotó un golpe de Estado, ahora derrotaron un formidable cerco protagonizado en lo interno por las guarimbas y en lo externo por el acoso mediático y diplomático.

El dato del rearme político del chavismo popular es para la derecha, pero también para las propias filas del chavismo más institucionalizado. Quienes subestimaron al pueblo, deben reconocer que cuando la institucionalidad chavista hacía agua, otra vez el pueblo salvó al pueblo.

Los tiempos que se vienen parecen signados por una derecha que apelara a shows mediáticos (como la reunión de cancilleres en Perú, o el ataque a la guardia del Fuerte Paramacay en Carabobo), tratando disimular que sus opciones fracasaron y momentáneamente se quedaron sin política. Pero las derrotas no son eternas y tratarán de rearmarse con la continuidad de la guerra económica, siguiendo en su prédica para promover una intervención externa, o apostando a ganar las presidenciales de 2018.

El peor error que puede cometer el chavismo es no sacar lecciones de esta victoria y desaprovechar los tiempos que se vienen, que son favorables para avanzar. Este espacio de tiempo, conquistado por acertadas decisiones políticas del Presidente y una movilización popular extraordinaria, no es eterno. Recordar que en Venezuela se dice que “quien duerme 8 horas, parece que se despertó después de cinco años de haber estado en coma