Entrevista a los investigadores de FLACSO, Pablo Manzanelli, Eduardo Basualdo y Mariano Barrera, autores del libro Endeudar y fugar.

“El capital financiero internacional hoy encabeza y conduce el Estado”

 

En diálogo con Cash, los investigadores del área de Economía de la Flacso y autores del libro Endeudar y fugar, Mariano Barrera, Pablo Manzanelli y Eduardo Basualdo, explicaron que la actual etapa se distingue no sólo por la magnitud del crecimiento de las deudas pública y privada, sino por sus rasgos clasistas, por los cambios en su dinámica y su composición, y por su impacto macroeconómico presente y futuro. Es una obra de lectura imprescindible para entender el recorrido de la deuda desde la dictadura militar de 1976, el proceso de desendeudamiento en el período político del kirchnerismo y el comienzo de un nuevo ciclo de endeudamiento excepcional con el gobierno de Mauricio Macri.

 

Entrevistó y escribió: Natalia Aruguete

El libro Endeudar y fugar (Siglo XXI) se constituye en un material de lectura -y de alerta- imprescindible. El trabajo recorre la trayectoria de la deuda externa pública y privada desde 1976 hasta la actualidad. Los investigadores del Área de Economía de la Flacso y autores de esa obra, Mariano Barrera, Pablo Manzanelli y Eduardo Basualdo, explicaron en diálogo con Cash que la actual etapa de endeudamiento y fuga se distingue no sólo por la magnitud del crecimiento de las deudas pública y privada, sino por sus rasgos clasistas, por los cambios en su dinámica y su composición y por su impacto macroeconómico actual y futuro.

¿Qué particularidades observan en la etapa de valorización financiera que se abre con el gobierno de Mauricio Macri?

Eduardo Basualdo: Se diferencia en varios aspectos del ciclo 1976–2001, entre otras cuestiones, porque actualmente el capital financiero internacional es directamente el que encabeza y conduce el Estado, mientras que antes lo hacían los grupos económicos.

Pablo Manzanelli: Otra diferencia es la magnitud y característica del endeudamiento. La deuda externa de 2016, que fue de 43.000 millones de dólares, es superior a la de todos los años del período 1976–2015, en dólares constantes; superó a la deuda externa de la guerra de Malvinas de 21.000 millones de dólares, que había sido record. 

¿Qué más?

Manzanelli: La composición de la deuda pública evidencia un retroceso con respecto al kirchnerismo, período en el cual no sólo se había iniciado un proceso de desendeudamiento externo al pesificar buena parte de esa deuda. Lo que vuelve insolvente el endeudamiento actual no es sólo su ritmo sino que la nueva deuda es con privados –principalmente externos– y en moneda  extranjera. 

¿Y el plazo de emisión?

Manzanelli: Sí, a lo anterior se agrega un pilar en la deuda que es emitida a corto plazo, en las letras del Tesoro, que genera problemas en la carga de intereses a pagar. Una cuestión para nada menor es que, a diferencia de los años noventa, el eje central no es la deuda externa privada sino el endeudamiento público, no sólo para sostener las altas tasas de interés de las Lebac sino además para financiar el déficit fiscal y la fuga de capitales. Estamos frente a una valorización financiera distinta a la del período 1976-2001, donde lo esencial era el diferencial positivo entre la tasa de interés local y la internacional. En la actualidad, en cambio, lo central es la combinación de altas tasas internas y la relativa estabilidad del mercado de dólar futuro. Por eso la dinámica de la deuda externa privada es distinta.

En este proceso de endeudamiento, ¿cuál es el impacto del pago a los fondos buitre en términos económico-financieros?

Mariano Barrera: De los 43 mil millones de dólares de deuda que tomó este gobierno en 2016, alrededor de 16 mil son nueva deuda para pagar a los fondos buitre. Significa un peso cada vez mayor de los intereses en el presupuesto nacional. El ajuste del gasto público –a partir del recorte de los subsidios en transporte, en energía– fue compensado por el aumento de los intereses de la deuda. En 2015, subsidios más intereses de la deuda representaban un 15 por ciento del gasto público. En 2016, no cambia el monto pero sí la composición: los intereses de la deuda representan el 9 por ciento del gasto frente al 4 por ciento de 2015. Eso muestra una clara intención de reestructurar la distribución del ingreso. 

Frente a la similitud en el nivel de gasto público, ¿dónde reside la diferencia con el gobierno anterior?

Barrera: Durante el último gobierno kirchnerista, la restricción externa se asoció a un proceso estructural de la economía vinculado a la fuga de capitales, al proceso industrial cuya locomotora fue el crecimiento de la tecnología en Tierra del Fuego –polo ensamblador– y el sector automotriz –con baja integración local– y al sector energético, que entre 2006 y 2014 comenzó a tener un déficit de alrededor de 12 millones de dólares anuales. En lugar de resolver esos problemas estructurales de la economía, el actual gobierno sortea la restricción externa con endeudamiento externo. 

Blanqueo

Desde la lógica actual de la valorización financiera, ¿qué características tiene el blanqueo de capitales de 2016?

Basualdo: Este blanqueo de capitales no tiene antecedentes. Primero por el monto, segundo porque la fuga persiste como un fenómeno de gran importancia en Argentina. Además, implica una reivindicación clasista de notable trascendencia.

¿Por qué?

Basualdo: Porque, en un caso extremo, se llega a cobrar el 10 por ciento de lo que se blanquea cuando la mayor alícuota en impuestos a las ganancias de cada año es del 35 por ciento. Por otro lado, esos fondos no están obligados a ser repatriados e invertidos en la Argentina. La deuda no es sólo un problema a futuro, sino que lo es también en la coyuntura actual por su importancia en el gasto del sector público.

Barrera: El contenido clasista del blanqueo también se observa en el hecho de que implica una reestructuración del impuesto a los bienes personales. Se reduce la alícuota de ese impuesto y se modifica la base imponible, lo que redunda en una disminución del 80 por ciento en el monto que ingresa por ese impuesto. De hecho, los 7500 millones de dólares que ingresaron al país con el blanqueo de 120.000 millones de dólares ya salieron en estos meses. 

¿Cómo analizan el hecho de que un gobierno que instala un discurso muy consolidado de equilibrio fiscal, sin embargo haya aumentado el déficit fiscal en 2016? 

Manzanelli: Apenas asume el gobierno de Macri, hay una importante quita de retenciones –eliminación en varios casos y reducción en el caso de la soja–, lo cual implica una caída de recaudación que se profundiza en este marco recesivo. Por el lado del gasto, un pilar de la retórica del gobierno para corregir los desequilibrios fiscales tiene que ver con los subsidios. La reducción de esos subsidios –por efecto del incremento en las tarifas– se ve más que compensado por el aumento de intereses. Al caer tres puntos el peso de los subsidios en el gasto y, paralelamente, aumentar cuatro puntos el monto por pago de intereses, la ecuación no se resuelve por la vía que plantea el gobierno. En 2016, hubo un aumento del déficit fiscal de medio punto del PIB, que habría sido muy superior de no mediar el blanqueo, concretamente habría aumentado casi 2 puntos el déficit fiscal.

¿Qué efectos tuvo el blanqueo en términos fiscales?

Manzanelli: El blanqueo tiene varias implicancias. Hasta fines de 2016, sirve para sanear, en parte, los desequilibrios existentes que se profundizan durante la primera etapa del macrismo. Pero además, sirve para mitigar el impacto de la fuga de capitales, porque los 7500 millones de dólares que ingresan por el blanqueo significan una repatriación de capitales relevante en el marco de una fuga que está en crecimiento. La fuga de capitales en 2016 fue de 11.700 millones de dólares, un monto equivalente al promedio de la fuga de capitales en las gestiones kirchneristas, donde hubo años de incremento muy significativo –por ejemplo, las corridas en 2008 y 2011– pero en promedio fue de 11.600 millones por año.

Valorización

¿Y en comparación con la fuga de capitales de la década del ‘90?

Manzanelli: Fue menor a la del ‘90, que alcanzó un promedio anual de casi 14.000 millones medidos en dólares constantes. Pero lo fue por efecto del blanqueo de capitales y por la lógica de valorización financiera que mencionábamos antes: las altas tasas de interés de las Lebac le restaron presión a la fuga.

Basualdo: Es una barrera de contención a la fuga de capitales porque se está valorizando internamente y, de ese modo, asegurando la próxima salida con el dólar a futuro. Mientras siguen recibiendo tasas de intereses muy elevadas en pesos y así asegurar su próxima salida en dólares, baja el efecto inmediato de una fuga en el año, la posterga. En general, este gobierno se caracteriza por hacer cosas contrapuestas a lo que dice. Efectivamente, una política que ha declamado es bajar el déficit, sin embargo lo aumenta.

En el libro, asocian el bonapartismo con lo que visualizan como una autonomía relativa del Estado en el momento actual. ¿En qué consiste esta relación?

Basualdo: Un elemento importante del actual retorno de la valorización financiera, que la diferencia de etapas anteriores de valorización como la de la década del ‘90, es que no hay mediación política. El gobierno de los CEO significa el acceso directo de funcionarios de la banca internacional a las funciones de gobierno. Más aún, han subordinado a uno de los partidos tradicionales como el radicalismo en este juego. Esto es de notable importancia porque marca la acción directa de la banca financiera internacional, asociada a sectores internos de una gestión de gobierno.

Disputas

¿En qué consisten las diferencias que marca respecto de otras etapas de valorización financiera?

Basualdo: En la post dictadura fueron los partidos tradicionales los que hicieron políticas de ajuste y recrearon la valorización financiera, pero los funcionarios no eran representantes directos de la banca en la estructura de gobierno. En este sentido, el Estado tiene autonomía respecto de la estructura de clases. El 2001 marcó el punto de quiebre al interior del bloque de poder, entre los grupos económicos y el capital financiero –con iniciativas contrapuestas como la dolarización y la devaluación–, en la situación actual esa ruptura no se da. Desde la competencia política en Argentina, vemos que así como el capital financiero tiene su expresión en este gobierno, los grupos económicos se expresan a través del frente Renovador y allí hay una pugna interna que debemos tomar en cuenta, porque tiene expresiones en esta etapa y las tendrá más claramente en el futuro.

¿En qué situaciones se concretan esas expresiones?

Basualdo: En el conflicto del grupo Techint, en el conflicto con los laboratorios por las importaciones de medicamentos, en el replanteo del sistema aeroportuario con las líneas low cost y en la cuestión de la tierra. Durante la etapa de sustitución de importaciones, incluso durante la etapa de valorización financiera, la conducción de los terratenientes de la oligarquía agropecuaria pampeana fue ejercida por los grandes grupos económicos que son, además, grandes propietarios de tierra.

¿Qué cambió en la actualidad?

Basualdo: Que el capital financiero le está disputando a los grupos económicos locales la conducción del agro pampeano. Si logra ganar esa disputa, implicaría un cambio de notable importancia, pero hoy esa disputa está en pleno desarrollo.

¿Qué tipo de consecuencias traería ese cambio?

Basualdo: Una consolidación de la hegemonía del capital financiero que hoy está en cuestión; se trata de una expresión clara del voto al PRO en las elecciones de 2017. Esta disputa por la tierra, que se origina en la región pampeana, tiene un agregado: la soja, como nuevo paradigma productivo del sector agro pampeano, ha roto las fronteras tradicionales de La Pampa Húmeda llegando a un nivel nacional. Es decir que la conducción de esa fracción del capital se vuelve una problemática significativa en términos políticos, en particular, del ejercicio de la hegemonía en Argentina.