La creciente militarización

Escribió: Arquímedes Aten de Liga Socialista Revolucionaria (LSR) de Argentina

Hoy, en todos los países del planeta se constata que los estados se están militarizando. La pregunta inquietante es: ¿por qué?

Aunque tenga variadas aristas y factores, hay una razón básica: el sistema capitalista-imperialista no puede superar su crisis global. La militarización de los estados es la solución que buscan los capitalistas para respaldar sus disputas económicas internacionales y ante las consecuencias de las medidas que toman para aumentar sus ganancias, previendo y preparándose para las reacciones de los explotados y oprimidos.

La represión a los trabajadores es la razón última de la existencia de todo estado-nación, es el monopolio de la violencia que detenta la clase capitalista de cada país. En situaciones “normales” la represión la asumen todo tipo de instituciones policiales, mientras las guerras las asumen las fuerzas armadas.

 Veamos distintos factores que determinan la actual militarización de las sociedades.

El reparto y el dominio de los mercados

Tanto en el siglo XX como hoy, los capitalismos en su fase imperialista se disputan el reparto de los mercados, comerciales e industriales, luchan entre sí para apoderarse de las materias primas, dominando a las sociedades y los mercados. Ya desde fines del siglo XIX el poder de los capitalistas se concentra en el capital bancario. Este proceso de reparto es continuo y tiene un objetivo preciso: obtener ganancias. Para ello, los capitalismos se concentran en monopolios, crean empresas multinacionales, desarrollando el antagonismo entre sí. La Primera y la Segunda Guerra Mundial demuestran este proceso de monopolización del reparto y dominio sobre los mercados, que se centra en el capital financiero, donde se producen crisis permanentes, cíclicas, siendo la más importante la de 1929 que constituye un reordenamiento entre las dos guerras. Es decir, es la misma guerra mundial con 20 años de “paz intermedia”, ya que el capitalismo tuvo que “suspender” la Primera en 1918 ante el triunfo de la Revolución Bolchevique y tuvo que acelerar el final de la Segunda ante el triunfo de la Unión Soviética sobre Alemania en 1944.

Después de 1945 el reparto del dominio de los mercados se desarrolla con la Guerra Fría, es el mundo de la bipolaridad entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Este proceso de polarización mundial con todas sus consecuencias finaliza entre 1989 y 1991 con la caída del Muro de Berlín y el derrumbe de la URSS. La era de la globalización Con el Plan Nixon (1972) de poner fin a la paridad del dólar con el oro, los monopolios multinacionales y en especial los bancos monopólicos del capital financiero adquieren el dominio total de las economías. Expresión de esa hegemonía son el Foro Económico de Davos, la OMC, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. En 1991, con el Consenso de Washington se inaugura la llamada “era de la globalización”, el dominio del sistema capitalista-imperialista se expande en forma hegemónica por todo el globo. Así como en décadas anteriores se desarrollaron los préstamos a través de los organismos internacionales y sus deudas externas, hoy en Estados Unidos, Europa y Japón, grandes centros imperiales, los estados son garantes de la especulación financiera de sus bancos transnacionales. Sin su paridad con el oro, tanto el dólar como el euro y el yen se transforman en monedas sin “convertibilidad”, sin respaldo. A un préstamo le sigue otro préstamo, a cada interés le sigue otro interés, y así en forma indefinida.

A partir del 2002, con la formación del BRIC (Brasil, Rusia, India, China), comenzó a tomar forma la multilateralidad dentro de la globalización, se firmaron también Tratados de Libre Comercio en distintas áreas del planeta. Y al igual que en 1929 se derrumbó Wall Street, la misma bolsa se derrumbó en 2008, con la diferencia de que el gobierno de Bush sostuvo con las arcas del estado norteamericano la quiebra de Lehman Brothers y las deudas de los préstamos incobrables de toda la banca financiera.

Unilateralidad contra multilateralidad

Con el quiebre del 2008 comenzó la crisis de la denominada “globalización”. Desde el punto de vista económico, las multinacionales comenzaron a aplicar diversas medidas para superar los obstáculos y lograr restaurar sus ganancias. Por ejemplo, abaratar las tasas de interés del dólar, el euro y el yen. La Reserva Federal de Estados Unidos rebajó la tasa al 0,5% y aumentó la de los préstamos bancarios al 7%, así le otorgó a los bancos el dólar a US$0,5 para que éstos les dieran créditos a sus clientes y ganaran US$6,5 por cada dólar prestado. Al mismo tiempo, las multinacionales y el gobierno de Obama hicieron bajar los precios de las materias primas, entre ellas la principal que es el petróleo, derrumbándolo de US$100 a menos de 30. En todas las áreas económicas se aplicó el mismo proceso que se sintetiza en que para aumentar la tasa de ganancia es necesario bajar el costo laboral, flexibilizando y precarizando el trabajo, aplicar nuevas tecnologías como la robotización, etc.

A su vez aumentan el gasto militar para respaldar con la fuerza un nuevo reparto del mercado-mundo. Pero en 2016 con el Brexit y en 2017 con la asunción de Trump vuelve la política del proteccionismo en dos de los grandes imperialismos.

En Inglaterra gana la política de salir de la Unión Europea y Estados Unidos rompe los Tratados de Libre Comercio, imponiendo nuevas condiciones de forma unilateral. Así, desde 2016 emerge la unilateralidad dentro de la “globalización” mientras Rusia y China, como imperialismos emergentes, sostienen la multilateralidad.

La segunda Guerra Fría

La crisis del 2008 no encuentra salida, se profundizan las contradicciones y los antagonismos dentro del sistema capitalista-imperialista. Aumentan todos los tipos de guerras: mediáticas, sicológicas, de baja/alta intensidad, las químicas, biológicas, los golpes de estado blandos, el caos creativo, las “primaveras” de todos los colores… Desde el punto de vista político y geoestratégico hay tres puntos centrales de guerras candentes y localizadas: Siria, Ucrania y Corea del Norte. Las situaciones políticas y sociales en los distintos países son la expresión cabal de la crisis sistémica del capital en su fase imperialista y de las resistencias de los explotados. Por ello la clase capitalista se centra hoy en militarizar a las sociedades, al no encontrar salida a su crisis sus únicas posibilidades de supervivencia radican en disputarse los negocios y atacar a los trabajadores. A.Aten