Donald Trump: Hacia un 'Gabinete de Guerra'

Escribió: Eva Golinger

Durante su campaña presidencial, muchas personas de todo el mundo malinterpretaron las declaraciones de Donald Trump sobre las guerras "innecesarias" y la política exterior intervencionista de Estados Unidos. Seguidores de Trump aplaudieron lo que consideraban como una postura egocéntrica, 'América primero' antes que los demás. Resolver los problemas y las necesidades de EE.UU. antes que gastar el dinero y los recursos estadounidenses en otros países, guerras lejanas o en esfuerzos para reconstruir o promover la democracia en el mundo. Esta postura se veía manifestada en todos los aspectos de la campaña de Trump.

Por ejemplo, el Acuerdo de París sobre el cambio climático era malo porque a EE.UU. le tocaba hacer más que otros países (así lo interpretaba Trump) para mitigar los efectos del calentamiento global. Entonces, mejor retirarse. Además, el mandatario norteamericano ni siquiera cree que el concepto del cambio climático es real —dio el ejemplo de que el territorio estadounidense sufrió un invierno muy frío y con mucha nieve— así que, obviamente, 'no hay calentamiento global si hace tanto frío aquí'. Punto. ¿Está claro?

"Donald Trump no es antiguerra ni antiintervencionista. De hecho, su concepto de 'América Primero' es hasta más intervencionista que una política globalista, porque busca imponer la visión y voluntad de 'su América' (EE.UU.) por todo el mundo". Eva Golinger, abogada, escritora e investigadora estadounidense-venezolana.

El político estadounidense también cuestionó el propósito de la guerra en Siria y prometió no involucrar más a su país, una promesa que violó desde su primer día en la Presidencia. Esa postura fue bien recibida por mucha gente que pensaba, erróneamente, que Trump era antibelicista. Criticó todos los acuerdos comerciales en los cuales estaba metido EE.UU. y prometió salir o renegociarlos en términos más favorables para su país: asegura que está en proceso, aunque sus socios dirían otra cosa.

Indicó que construiría un hermoso y enorme muro en la frontera con México para acabar con todos los males que han contagiado a su inocente país (drogas, crimen, violencia, actividades ilícitas... cosas que jamás se inventarían aquí) y pagarían los mexicanos. Bueno, ya sabemos como ha terminado esa historia: México nunca va a pagar ese muro y Trump casi ha suplicado al Congreso que lo financie. Lamentablemente para su ego, sus increíbles poderes de negociación se mostraron impotentes.

La política exterior de Trump

Sobre las guerras, Trump dijo que negociaría con Corea del Norte para lograr la paz. Eso no funcionó muy bien durante su primer año y casi nos llevó a una catástrofe nuclear. Sin embargo, aún no se pueden sacar conclusiones porque, según la Casa Blanca, el presidente de EE.UU. se comprometió a reunirse con Kim Jong-un en mayo. Sin embargo, esa no es ninguna garantía de paz y, si el encuentro no sale bien, podría resultar en incluso una guerra peor.

Donald Trump siempre se quejó del acuerdo que lograron Barack Obama y sus aliados occidentales para frenar el programa nuclear de Teherán. En alianza con el ala dura de Israel, el mandatario manifestó (y ha repetido) que no apoya ese acuerdo y negociaría algo mejor, aunque no está claro que podría ser, más allá de la destrucción de Irán como potencia regional a través de un cambio de regimen forzoso o una guerra con consecuencias impensables. No obstante, hasta ahora ha mantenido y vuelto a certificar ese pacto, aunque eso podría cambiar muy pronto.

Sobre Rusia, Trump ha mantenido desde el primer día de su polémica carrera política que quiere una relación mejor, más colaboradora y de beneficio mutuo. Aunque lo ha intentado, el 'establishment' de Washington lo ha hecho imposible. Primero, por las acusaciones de haber coludido con Moscú para llegar a la Presidencia y, segundo, por las diferencias en política exterior, que aún mantienen vigente una guerra fría 'de facto' entre Occidente y Rusia.

Hay unos avances que parecían cumplir con las promesas de Trump. El hasta ahora secretario de Estado norteamericano, Rex Tillerson, estaba casi disolviendo al Departamento de Estado y la diplomacia estadounidense, cosa que parecía en línea con la postura de Trump sobre la "no intervención". Incluso, en el presupuesto para el 2019 uno de los pilares fundamentales de la política intervencionista de Washington —la National Endowment for Democracy (NED), que se encarga de financiar campañas, partidos políticos y ONG para avanzar la agenda de Washington alrededor del mundo— quedó con menos de la mitad del dinero para sus actividades injerencistas. La misión de "promover la democracia" en el globo (o, mejor dicho, interferir, intervenir e imponer) como componente principal de la política exterior estadounidense parecía estar camino de la extinción con Trump, lo cual no sería mal recibido en el mundo.

Cambios en su gabinete

En realidad, Donald Trump no es antiguerra ni antiintervencionista. De hecho, su concepto de 'América Primero' es hasta más intervencionista que una política globalista, porque busca imponer la visión y voluntad de 'su América' (EE.UU.) por todo el mundo y, a quien no le guste, no podrá hacer negocios con los 'Estados Unidos de Trump'. Las guerras son buenas para Trump cuando avanzan su agenda y se pueden ganar; son malas solo si se pierden. Y eso es realmente lo que dijo durante su campaña: que no se involucraría en una guerra que "no se puede ganar", pero no que no promovería o se metería en una guerra "ganable": un concepto absurdo, disociado e irracional.

"La misión principal de John Bolton es restablecer el imperio estadounidense e imponer su poder en el mundo a través de la fuerza, cuando sea necesario". Eva Golinger, abogada, escritora e investigadora estadounidense-venezolana.

Por eso, antes de celebrar el retiro de las garras imperiales y el fin de las guerras injustificadas, hay que tomar nota de que Donald Trump se ha lanzado por la vía rápida y dura. Sacó a Tillerson (vía Twitter) —considerado suave en comparición con los tradicionales halcones de Washington— y lo cambió por Mike Pompeo, el hasta ahora director de la CIA y un halcón de carrera, que fue congresista por el ala más ultraderechista y belicista del Partido Republicano durante tres mandatos, aboga por comenzar una guerra contra Irán y defiende políticas mucho más agresivas hacia Corea del Norte, Rusia, China, Cuba y Venezuela, entre otros países. Su lugar en la CIA lo ocupará la torturadora de oficio Gina Haspel, una veterana de la agencia con más de 30 años de servicio clandestino en la división antiterrorista, donde desarrolló su especialidad en las "tácticas de interrogatorio extremas", una bonita expresión para evitar el término 'tortura'.

Si no fuera suficiente, el 'Gabinete de Guerra' de Trump estará coronado nada más y nada menos que por John Bolton, el más belicista de los belicistas, que formó parte de los entornos más poderosos de los gobiernos de Ronald Reagan y Bush padre e hijo. Cuando era embajador de EE.UU. ante la ONU (sin haber sido confirmado por el Senado), se hizo famoso por declarar que podrían eliminar 10 pisos de la sede de ese organismo y no pasaría nada. Está totalmente en contra de la cooperación internacional y a favor de la acción unilateral, fue proponente y arquitecto de las guerras en Irak durante los dos Bush y mintió descaradamente sobre la presencia de armas de destrucción masiva para justificar la destrucción total de ese país de Oriente Medio y la masacre de sus ciudadanos.

Además, es miembro fundador del nefasto Proyecto para un Nuevo Siglo Americano (PNAC, por sus siglas en inglés), un plan imperialista y neoconservador que pretende acabar con todos los enemigos y adversarios de EE.UU. para controlar los recursos estratégicos del mundo. De hecho, ha promovido abiertamente la guerra contra Irán —escribió un famoso artículo de opinión titulado 'Para acabar con la bomba en Irán hay que bombardear a Irán'— y un ataque nuclear a Corea del Norte. En definitiva, es de la línea más dura.

La misión principal de John Bolton es restablecer el imperio estadounidense e imponer su poder en el mundo a través de la fuerza, cuando sea necesario. Estuvo en contra del restablecimiento de relaciones con Cuba que logró Obama y ha indicado que tomaría una línea aún más dura que Trump contra esa isla. También ha tenido fuertes palabras sobre Venezuela y todo indica que Caracas estará más en la mira de la Casa Blanca.

Como asesor de Seguridad Nacional, será quien más accederá a solas a Donald Trump y, probablemente, el presidente de EE.UU. le escuchará, porque comparte mucho de su visión machista e imperialista, es fuertemente antimusulmán y se trata de un ideólogo ultraderechista respetado en Washington. Pensar que Bolton controlará todo el sistema de seguridad estadounidense debería poner al mundo en alerta máxima.

Ese Trump antiintervencionista que algunos creían que existía (no me incluyo) ha sido enterrado. Ha surgido del infierno dorado de 'Trumplandia' el Gabinete del Terror. Otra decisión desastrosa anunciada por Twitter que podría tener consecuencias catastróficas para la humanidad.

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