Librerías alemanas contra los fascistas

La tienda de libros Tucholsky ofrece un espacio para quienes buscan oponer resistencia a las tendencias nacionalistas en el país.  

 

Escribió: Sally McGrane

BERLÍN — Cuando extremistas de derecha marcharon por primera vez por el viejo barrio judío de Berlín en otoño de 2016, Jörg Braunsdorf y muchos de los clientes en la Librería Tucholsky, su tienda de libros independiente, quedaron conmocionados e impactados.

Cuando marcharon de nuevo la primavera pasada, Braunsdorf decidió que era el momento de actuar.

Primero, envió correos electrónicos a toda la gente en su lista de distribución de la librería. Luego, colocó sillas plegables entre los estantes de novelas contemporáneas, libros infantiles y una extensa colección de los escritos del autor alemán-judío Kurt Tucholsky de su tienda. Cuarenta personas asistieron a una reunión tras la hora de cierre. Junto con media docena de estos asistentes, Braunsdorf cofundó la Iniciativa de Residentes para la Valentía Civil.

Para el verano pasado, cuando se anunció una tercera marcha por el barrio en el centro de Berlín, el grupo estaba listo: se habían asociado con “Berlín Contra los Nazis”, un grupo financiado por la ciudad que se enfoca en racismo y antisemitismo.

Un amigo de Braunsdorf diseñó pósters y volantes, y juntos establecieron tres estaciones de protesta a lo largo de la ruta de los manifestantes. Entre 200 y 300 vecinos hicieron acto de presencia con cucharas soperas, para golpear cacerolas y sartenes como protesta contra la marcha.

“Queríamos recuperar el espacio público”, dijo Braunsdorf. “En cierto momento, simplemente tienes que hacer algo”.

En Alemania, los esfuerzos de Braunsdorf son parte de una larga tradición en la que las librerías juegan un papel activo en la sociedad civil, dijo Johanna Hahn, directora de la Asociación Alemana de Vendedores de Libros en Berlín y Brandemburgo.

En los círculos de las librerías alemanas el tema del nacionalismo y el fascismo es particularmente prominente en este momento, añadió Hahn. Esto llega tras el ascenso de grupos como Patriotas Europeos Contra la Islamización de Occidente y Alternativa para Alemania, o AfD, que ganó el 12,6 por ciento del voto nacional en septiembre, para convertirse en el primer partido de extrema derecha que ocupa escaños en el Parlamento en 60 años.

“En todos los libros, hay una perspectiva nueva, así que las librerías en automático caen del lado de la apertura y la diversidad”, dijo Hahn.

Braunsdorf, de 58 años, quien ha organizado eventos de lectura árabe-alemanes en su tienda para niños refugiados y moderado debates sobre aburguesamiento, economía y política, dijo que le resulta “imposible imaginar que se opere una librería como sólo un punto de venta”.

Un proyecto político similar operado por una librería generó titulares este año, cuando el auto de Heinz Ostermann, quien es dueño de la librería Leporello en el vecindario de clase trabajadora de Neukölln, en Berlín, fue incendiado por segunda ocasión. En 2016, había formado un grupo local dedicado a combatir la extrema derecha.

“Hay mucha solidaridad”, dijo Ostermann, quien añadió que los ataques, que se sospecha fueron realizados por extremistas locales de derecha, no lo han disuadido. “Creo que la gente en el vecindario está feliz de que yo esté aquí”.

En marzo, mientras crecía la multitud de manifestantes, Ralf Teepe expresó su aprecio por la librería de Braunsdorf, la cual dijo que visitaba una vez a la semana, en lugar de la iglesia, en busca de enriquecimiento espiritual.

Teepe, un servidor público con el servicio exterior quien hace poco regresó a Berlín tras años en África y otras partes, se había unido a Braunsdorf a unas cuantas cuadras de la librería. Él también quería protestar contra los neonazis que se dirigían al barrio.

“Nací en 1958 y mis padres fueron marcados por el periodo nazi”, dijo Teepe. “Entre más viejo me hago, más entiendo lo traumatizado que estaba mi padre, en particular. Hoy, 70 años después, uno por primera vez tiene la sensación de que la historia podría repetirse. Que no es algo imposible”.

Después de que la fila de derechistas ataviados de negro había pasado por detrás de una línea de oficiales de policía —recibidos con consignas de “¡nazis fuera!”— las multitudes se dispersaron.

Elnura Yivazada, quien trabaja en administración cultural y se enteró de la protesta a través de la librería, se tomó un momento para reflexionar antes de ir a casa a entrar en calor.

“Es importante mostrar nuestros rostros”, dijo.

“Para decir que la gente aquí no aceptará esto así nada más”.