Fractura global con bipolaridad regional: EEUU – Gran Bretaña vs. Rusia – China

Alfredo Jalife-Rahme

Los fallidos misiles de Trump contra Siria asentaron la fractura bipolar regional del mundo desde el punto de vista geoestratégico: la dupla anglosajona de EEUU y Gran Bretaña, a la que se sumó Francia y sorprendentemente no se adhirió Alemania, frente a Rusia y China, que profundizan su asociación estratégica.

Los fallidos 'misiles coreográficos' de Trump exhibieron la fractura bipolar regional de los 5 miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU con derecho a veto.

No se gestó el G-2 de EEUU y China que procuró Brzezinski contra Rusia.Tampoco se generó el G-2 de EEUU y Rusia contra China que deseaban Kissinger y el influyente 'think tank' CFR (Consejo de Relaciones Exteriores).

El anhelado orden tripolar, un G-3 de EEUU, Rusia y China, más racional a la hora de repartir el planeta con sus respectivas esferas de influencia, se desvanece debido a los intereses bélicos del complejo militar industrial del Deep State de EEUU, que tiene en jaque a Trump, quien ha pasado de su deseado acercamiento con Rusia a una franca hostilidad contra el zar Vladímir Putin.

La fractura global, con su corolario de la bipolaridad regional de bloques, se había iniciado con la colisión geoeconómica de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) frente al G-7 (EEUU, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Canadá, Italia y Japón).

El derrumbe del pernicioso modelo financierista de la dupla anglosajona de EEUU y Gran Bretaña —que epitomizó la quiebra de Lehman Brothers en 2008— ha puesto a la defensiva al G-7 ante el irresistible ascenso geoeconómico de China.

El alicaído G-7 se debilitó todavía más con el advenimiento de los 'nacionalismos económicos' del Brexit y el trumpismo.

Hoy el G-7 ha entrado en una nueva dicotomía disruptiva entre globalistas y nacionalistas, como lo define el anterior ideólogo del trumpismo Steve Bannon, defenestrado de la Casa Blanca por el Deep State.

Los BRICS se han debilitado debido a la inestabilidad política interna de Brasil y Sudáfrica y a la todavía indefinición geoestratégica de la India.

El mundo actual se explica mejor por los operativos militares globales y por la geopolítica, que han dejado atrás las viejas dicotomías de izquierda/derecha, y de G-7 contra BRICS.

Suena contradictoria la incrustación de Francia —gobernada por el juvenil mandatario Emmanuel Macron, anterior funcionario del globalista banco Rothschild— en los bombardeos contra Siria junto a las dos expresiones del nacionalismo económico del trumpismo y el Brexit, lo cual abona la hipótesis de la bipolaridad regional geoestratégica.

A los megahalcones del complejo militar industrial de EEUU —que tampoco desean una Tercera Guerra Mundial nuclear que pueden perder—, les complace más una nueva Guerra Fría que les permita obtener suculentos dividendos por la venta de armas, así como ganar tiempo para que Rusia se extinga lentamente con el fin de explotar sus supuestas vulnerabilidades económicas y demográficas, como propugnan los estrategas de la dupla anglosajona, y que pueden llevar a un 'cambio de régimen' favorable a los intereses de EEUU y Gran Bretaña.

De forma inmediata al fracaso de los misiles de EEUU, Francia y Gran Bretaña, la amazona embajadora 'trumpiana' en el Consejo de Seguridad de la ONU, Nicky Halley, profirió nuevas sanciones económicas contra Rusia, que luego fueron desmentidas por la Casa Blanca en forma humillante.

Uno de los escenarios que maneja cierto tipo de estrategas de EEUU —del corte de los neoconservadores 'straussianos'— versa en que, para aniquilar a China, habría que derrotar antes a Rusia. Así pretenden que la batalla geoeconómica sea más sencilla de ganar contra China, sin Rusia de por medio.

Ahora estamos en la fase más peligrosa: la militar, la cual, por lo menos, evitó cobrarse vidas de rusos e iraníes en Siria.

Al final del segundo mandato de Obama, el mundo se encontraba ante tres opciones —un 'trilema'—:

El Deep State de EEUU parece preferir una nueva Guerra Fría que exhibe la fractura bipolar regional de bloques en un momento en el que la postura de China ha sido muy severa al criticar el aventurerismo de 'EEUU y sus aliados', que corren el riesgo de sufrir las represalias de Rusia.

Un editorial del rotativo chino Global Times, muy cercano al poder, destacó que el "golpe militar no fue autorizado por la ONU y los golpes tuvieron como objetivo a un Gobierno legal miembro de la ONU" cuando "no se ha confirmado si los ataques de armas químicas sucedieron o si fueron lanzados por las fuerzas del Gobierno o de la oposición".

El rotativo chino recordó que "EEUU posee un récord de lanzar reglas con base en engaños" como "sucedió con el Gobierno de Bush, que afirmó que el régimen de Sadam Husein poseía armas químicas antes de que la coalición de los ejércitos de EEUU y Gran Bretaña invadiera Irak en 2003". Lo peor de la falsa coartada fue que "tanto Washington como Londres admitieron posteriormente que sus servicios de inteligencia se habían equivocado".

Global Times aduce que "el ataque de Washington contra Siria, donde está estacionado el Ejército ruso, constituye un grave desprecio a las capacidades militares de Rusia y a su dignidad política" y reprocha, con justa razón, que "Trump, como si estuviera regañando a un alumno", exigió que Moscú, una de las principales superpotencias nucleares, abandone su 'oscuro camino'.

No solamente ha sido Trump quien trata así a Rusia, es la tónica de varios presidentes de EEUU —Reagan, Daddy Bush, Baby Bush y Clinton—, quienes se mofaron de Gorbachov y Yeltsin. Hoy es más difícil que EEUU repita sus burlas y engaños con el zar Vladímir Putin.

Global Times refiere que es "perturbador que Washington se haya vuelto adicto a escarnecer a Rusia de esta manera" cuando "Rusia es capaz de lanzar un ataque destructivo de represalias a Occidente".

El rotativo chino arguye que la "débil economía de Rusia está plagada de sanciones occidentales y es asfixiada en su espacio estratégico", por lo que la "provocación de Occidente a Rusia de esa forma es irresponsable para la paz mundial" cuando "es incierta la duración de la acción militar y no se sabe si Rusia reaccionará como ha proclamado".

El editorial chino concluye que "los países occidentales persisten en el 'bullying' a Rusia y parecen no temer su posible contraataque" en un contexto en el que "su arrogancia alimenta el riesgo y el peligro".

Pues más vale que la belicosidad occidental de EEUU, Francia y Gran Bretaña diluya su vino, ya que hasta ahora Rusia se ha manejado con suma prudencia en vísperas del Mundial de fútbol.

Ha trascendido que el jefe del Pentágono, el general James Mattis, chocó con el megahalcón John Bolton, flamante asesor de Seguridad Nacional de Trump, sobre los alcances del bombardeo a Siria.

Más vale que los pugnaces 'civiles' que gobiernan EEUU, y que en su vida han disparado siquiera una pistola de agua, se tomen en serio la reciente afirmación del general John Hyten, jefe del Comando Estratégico de EEUU (STRATCOM), en referencia a los asertos del zar Vladímir Putin, el 1 de marzo, sobre el mísil hipersónico 'invencible'(Kinzhal), capaz de horadar cualquier defensa en cualquier parte del mundo.


LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK