Hacer
callar las armas
Escribió: Peter Linebaugh en sinpermiso.info
Un día
11, del mes 11, a las 11 horas, tras cuatro años de la guerra más sangrienta de
la historia, las grandes potencias mundiales firmaron un armisticio y
depusieron las armas. Era 1918.
Hoy
rememoramos aquel día como el de los Veteranos de Guerra. Lo que causó el
armisticio fue que los soldados se negaron a pelear. Se negaron a seguir
saliendo de las trincheras. En Rusia, en Francia, en Inglaterra y en Italia. Se
negaron a seguir participando en la masacre iniciada en 1914.
El Día
del Armisticio nos ha enseñado algo: que los soldados son la primera línea del
movimiento pacifista.
Marineros
y soldados se amotinaron contra la guerra. Dejaron de apuntar a sus supuestos
“enemigos”, soldados hermanos de todo el mundo, y se volvieron contra los
oficiales que pretendían arrojarlos a la carnicería de las trincheras o a morir
congelados en una batalla en medio del mar.
A
finales de octubre de 1918, en Kiel y en Wilhelmshaven,
bases de la flota alemana, los marineros se negaron a obedecer a sus
superiores. Para rendirlos, se movilizó la soldadesca. Pero éstos abrazaron su
causa, Frieden und Brot, es decir, Paz y Pan.
Uno de
aquellos marineros era un antiguo fogonero llamado Karl Artelt.
Había comenzado alimentando con carbón las máquinas a vapor que movían los
barcos de batalla. En un viaje al lejano Oriente había sido testigo de la
revolución republicana de Sun Yat-sen, en China. Más
tarde, tal vez cuando los motores de la escuadra naval alemana pasaron de
alimentarse con carbón a funcionar con petróleo, se convirtió en un diestro
trabajador del metal en la sala de máquinas. En otras palabras: su experiencia
bajo cubierta lo situó en el centro de los grandes temas de su época –el
imperialismo y la irrupción de petróleo como combustible- y él la utilizó
contra los señores de la guerra. Fue esta clase de hombres la que acabó con la
I Guerra Mundial.
Juntos,
soldados y marineros formaron consejos de democracia directa. El 9 de
noviembre, se proclamó en Berlín una república socialista. Los generales
alemanes Hindenburg y Ludendorf
se vieron forzados a aceptar el armisticio.
Honremos,
pues, al soldado que emplea la acción directa a favor de la paz. Honremos al
soldado que piensa. Honremos al soldado que pone fin al Imperio.
¡Recordemos
el día 11, del mes 11, a las 11 horas! ¡Que las tropas regresen a casa!
Peter Linebaugh
enseña historia en la Universidad de Toledo. Es autor de The
London Hanged y ha escrito, junto a Marcus Rediker, The Many-Headed
Hydra: the Hidden History of the Revolutionary Atlantic (hay trad. en castellano: La hidra de la
revolución. Marineros, esclavos, campesinos en la historia oculta del
Atlántico, Crítica, Barcelona, 2005). Su último libro es Magna Carta Manifesto.
Traducción para www.sinpermiso.info: Gerardo Pisarello