Declaración del Partido Obrero Socialista de Costa Rica (POScr). 12 de mayo del 2017

Sólo una política pro-socialista salva a Venezuela

Panamá. 10 de mayo del 2017. En la universidad de Panamá se organizó una actividad política para discutir la situación venezolana. Los “guarimberos panameños” llamaron a boicotear la actividad e, incluso, en sus tweets decían que había que matar a los infiltrados chavistas. Los estudiantes que querían asistir a la actividad los sacaron corriendo a tomatazos y huevazos.

Costa Rica. 11 de mayo del 2017. En la universidad de Costa Rica, la facultad de sociología organizó una actividad para discutir sobre la misma situación en Venezuela. Los “guarimberos ticos” no pudieron acercarse al aula en la que esperaban increpar al embajador venezolano porque las autoridades y los guardias lo impidieron. Cuando los estudiantes y público en general quisieron entrar, pudieron hacerlo sin echar mano de los tomates y los huevos.

España. 12 de mayo del 2017. En la edición de ese día del portal rebelión.com, se denuncia, por parte de la embajada de Venezuela en España que un grupo que hacía el saludo falangista tiene asediada a la misma, mientras el gobierno español mira para otro lado.

Todo lo anterior nos define, desde fuera del territorio venezolano, la polarización que se da dentro. Pero –y esto no es menor para arrimar a una buena caracterización- nos dice que la cuestión venezolana no queda circunscripta al espacio que hay dentro de su fronteras; nos dice que la lucha de clases de Venezuela, se está jugando a nivel mundial. Porque, y esto es definitivo, decisorio, lo que ocurre en Venezuela hace al escenario que requiere la burguesía imperialista (cualquiera sea su color) en su estrategia de guerra mundial. Un triunfo de la burguesía venezolana proimperialista, jugada a Trump como antes a Obama, cambiaría, radicalmente, el cuadro mundial. En ese sentido tiene las mismas importancias de lo que ocurre en Oriente Medio y aledaños (Siria, Palestina, Yemen, el pueblo kurdo, independientemente de cuales sean sus direcciones políticas).

No olvidemos que estuvimos contra el golpe de estado que dieron en Venezuela en el 2002; que estuvimos contra los “golpes blandos” contra Zelaya en Honduras, Lugo en Paraguay, Dilma Roussef en Brasil; contra los intentos golpistas en Argentina y en Ecuador; contra la táctica secesionista en Bolivia. Hoy no podemos sino estar por la defensa del gobierno de Maduro contra el intento golpista (que tiene varias caras) en Venezuela; hoy debemos defender la Revolución Bolivariana que inició Cháves porque ella ayudó a definir, en el plano internacional, una mayor resistencia por parte del movimiento de masas del mundo ante la barbaridad imperialista. La primavera sudamericana de los llamados gobiernos progresistas, no hubiera sido posible sin el triunfo chavista. Los triunfos de los palestinos, el desarrollo de Hezbolá, el renacer kurdo, la derrota del ISIS, la humillación yanqui en el Medio Oriente, reconocen, en el planteo chavista, un muy fuerte impulso. La disyuntiva es de hierro: o con las masas o con el imperialismo. No hay tercera posición posible… ni “principista”.

Los diarios “más importantes del mundo” nos informan, a cada rato, de las “barbaridades” de las autoridades venezolanas para enfrentar a las multitudes y “editorialmente” se pronuncian por la intervención “institucionalizada”, desde organismos internacionales (OEA, gobiernos de diferentes países, organismos varios de derechos humanos) por la destitución del gobierno de Maduro y la necesidad de que, mediante elecciones generales, “se cierre la brecha existente en la sociedad venezolana”.

Todavía no hay noticias de ataque con armas desde esas movilizaciones antichavistas. Tampoco se sabe de la existencia de contrabando de armas (disimulado o no) desde Colombia, Brasil, EEUU.

Pero no puede negarse –creemos, opinamos, caracterizamos- que hay “ambiente de guerra civil”.

El gobierno se limitó a dos iniciativas. Llamar a una constituyente “sui generis” (no, según los criterios de la democracia burguesa) y poner a la policía a contener las movilizaciones. Hay muertos; no se sabe cuánto atribuir a cada uno de los dos bandos.

La oposición llama a movilizaciones; en verdad, son grandes. Pero nos da la impresión de que valora que el chavismo tiene mayor capacidad de convocatoria; aunque esto no se manifiesta según criterios electorales burgueses. Espera la iniciativa internacional; espera, también, pero en segundo plano, la ruptura de las Fuerzas Armadas Bolivarianas sea por presión interna, sea por resoluciones políticas externas.

Es decir: el ambiente de guerra civil está en stand by, como dirían los gringos. Una invasión militar gringa o patrocinada por la OEA (Colombia, Brasil), exige como condición previa la venia de Rusia porque puede significar un gran paso hacia la guerra generalizada; por eso, la situación está en ese stand by que, día a día, se corre hacia un enfrentamiento de gran escala. El gobierno, por su lado, no renuncia a su condición burguesa. No toma, por lo tanto, las iniciativas que acabarían con la incertidumbre porque, para ello, debe alentar una salida hacia el socialismo.

¿Cuáles deben ser esas medidas?

Quede claro que lo que escribimos sale de las informaciones que nos llegan y de las concepciones políticas que tenemos. Corremos el riesgo de hacer caracterizaciones que no se corresponden con la realidad pero nos anima la necesidad de contribuir a que no perdamos la revolución bolivariana. Las propuestas persiguen la discusión para, entonces, tomar decisiones.

Partimos de lo que afirmamos en párrafos anteriores: hay “ambiente de guerra civil”. En ese caso, ¿cómo deben prepararse las masas chavistas? Obviamente, negamos la viabilidad de una salida burguesa, aunque sea lo que llamamos de gobiernos cuasi-nacionalistas, llamadas por otros como gobiernos progresistas.

La preparación debe ser para derrotar a los partidarios de la burguesía proimperialista. Derrotar significa que deben desaparecer las movilizaciones guarimberas. Y ese objetivo debe ser llevado adelante por las masas bolivarianas. Estas se movilizan pero no tienen otra idea que defender al gobierno. No pueden adoptar, en ese caso, la organización necesaria para llevar adelante actividades que se orienten hacia lo que se llama poder dual, es decir el poder real distribuido entre los antagonistas: burguesía proimperialista y masas chavistas. No será posible llegar a esa situación (paso ultranecesario para lograr la derrota de los guarimberos) si no se organizan las masas a partir de tres realidades: 1) organización comunal urbana y rural, 2) organización sindical y, 3) fuerzas armadas bolivarianas. Esas tres realidades deben confluir en los comités de autodefensa de la revolución bolivariana que, además de movilizarse, deben ser, ellos, los que derroten a la oposición. El primer resultado de la estructuración de esos comités, será poner en la cabeza de sus integrantes que, tal vez (y creemos que será lo más probable) aparezcan comités armados de la oposición o fracciones disidentes de las fuerzas armadas o fuerzas militares extranjeras que invaden o, mercenarios al estilo del DAESH en Siria. El segundo objetivo de esos comités será, por la fuerza, ocupar todos los espacios estratégicos (plazas, puentes, carreteras, ciudades importantes, empresas, bancos, entidades estatales de servicio) y hacerse cargo de la dirección, producción y logística de todas las empresas productoras de bienes y de servicios que boicotean la actividad económica fundamental del país sea con el desabastecimiento, sea con el alza de los precios, sea con enviar a los empleados a las filas de los desocupados. El tercer paso deberá ser la constitución de la Asamblea Nacional de Comités de Autodefensa que deberá definir temas tales como la producción de bienes y servicios para el mercado interno, el comercio interior y exterior, la utilización del crédito bancario, la moratoria del pago de las deudas interna y externa. Esta asamblea deberá ser la columna vertebral de la Asamblea Constituyente; deberá ser la cabeza del poder real: todo el poder a esa Asamblea Constituyente. Deberá organizar a todos los integrantes con vistas a lo que se definió como “pueblo en armas” porque, no podemos descartar que la situación pase a una fase de invasión-guerra al estilo de la que organizaron los gusanos en Bahía Cochinos, Cuba, en 1961.

Por último, dentro de esa perspectiva, se debe proponer a Ecuador, Bolivia, Cuba, constituir la Federación de Repúblicas Bolivarianas Socialistas, medida de naturaleza político-militar a tono – pero radicalmente opuesta- con lo que significan la OEA y su Junta Interamericana de Defensa.

Cuando en nuestra propaganda decimos que la revolución bolivariana e salva si avanza hacia el socialismo, estamos hablando de una cuestión general que es posible si, y sólo si, se ponen en ejecución las medidas sugeridas.