A propósito de un artículo del señor Fernando Araya

 

En el día de hoy, el señor Fernando Araya, publica en el diario La Nación de Costa Rica, un escrito titulado Cinco reflexiones apasionadas. En una parte del mismo, se queja porque no existe movilización ciudadana para discutir con los que deciden sobre el déficit fiscal costarricense.

Pues bien, intento participar tratando de romper esa ausencia de movilización.

Comienzo aclarando que no conozco al señor Araya; en el diario aparece como escritor. Tampoco lo conozco tal cual excepto algunos artículos que poco me llamaron la atención –según me parece- aparecidos en el mismo diario.

Pero siento, entiendo, comprendo que en esas cinco reflexiones hay una ausencia más que notable. Y su condición de tal es más notable porque ilumina todo el escrito sin sombra alguna.

Me refiero a que, preocupado como estamos todos por lo que significa el mencionado déficit, trata de encontrar una respuesta que lo lleva a un callejón sin salida. No aparece la luz en el fondo del túnel en el que se mete.

¡Y no me refiero a inexactitudes que contiene! Aunque hay una que debo mencionar para, luego, entrar al fondo del tema. Menciona a Manuel Mora Valverde, a Luis Ferreto, a Humberto Vargas Carbonell, como representantes, exponentes de lo que llama marxismo-leninismo. Cuando, en el mejor de los casos, son representantes “nacionales” de lo que fue el stalinismo, una monstruosa deformación nacionalista de una concepción internacionalista y verdaderamente liberal como es el materialismo dialéctico mal llamado marxismo y, mucho peor, denominado marxismo-leninismo. En el mismo tenor, demuestra mal manejo conceptual cuando habla de los comunistas, anarquistas y trotsquistas a los que acusa de estar al margen de lo que la historia enseñó en relación a las mal llamadas experiencias socialistas del siglo pasado. Que es una forma de decir: dejemos los conceptos de lado; vayamos al pan y al vino, sin confusiones. Es decir, agrego, aclaro, seamos prácticos; en la teoría económica clásica están todas las respuestas. Busquemos el punto nodal, teórico para más señas, que nos permita construir una verdadera respuesta ya que todos, costarricenses por nacimiento o por adopción –cuando no por circunstancias- estamos en el mismo barco.

Pero, la mayor preocupación se encuentra en lo que di en llamar “la reflexión que brilla por su ausencia”. Me refiero a la madre de todas las preguntas que hay detrás de la preocupación y que puedo llamar Un enfoque racional, no ideológico, sin prejuicios, respecto del déficit fiscal. Podría poner, como subtítulo lo siguiente: pongamos en el centro del debate al hombre, al ser humano; dejemos de lado la teoría que explica todo a partir de los hechos consumados por la práctica histórica.

Veamos lo que podemos llamar los títulos “genéricos” de los diferentes artículos para orientar la discusión. El déficit fiscal es la resultante de la alcahuetería de los distintos gobiernos ante la presión y el chantaje de los dirigentes sindicales de los empleados públicos -sin distinción- y plagados de privilegios. El modelo debe ser el de los empleados del sector privado donde no hay, por cierto, sindicatos y sí hay, Asociaciones Solidaristas. Según ellos, la Patria está en ese sector.

Cuando analizamos la resolución del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) en la que se fijan los salarios, encontramos la madre de todas las respuestas. Ahí (aunque muy ladinamente no lo dicen, los hipócritas) se encuentra, sin privilegios, gollerías, canonjías y pluses.

Es decir, aunque el autor del artículo trata de meterse en la historia post 1975 (casualmente cuando se acaban –en el mundo- los 30 años gloriosos que dieron origen al Estado de Bienestar Social) reniega de lo que la burguesía tica, muy inteligentemente por cierto, construyó para hacer posible un país, pequeño, pequeñísimo, que puede alardear de su aceitado sistema democrático-burgués y de la consiguiente paz social que, no casualmente se viene deteriorando desde ese 1975, más o menos.

Ese tobogán en el que se encuentra el país, no es consecuencia de obsecuentes políticos en el ejercicio del poder a los que se deben sumar habilísimos dirigentes sindicales al servicio de la glotonería del trabajador público,” vago por naturaleza y definición”.

Pero nadie se pregunta cuál debe ser el salario de inicio de un trabajador de  18 años que debe mantenerse adecuadamente desde el punto de vista de trabajo, pan, salud, educación, transporte, vivienda, recreación y ocio. Porque, ¿debe haber desocupados en un país?; la desocupación juvenil, ¿debe ser el doble de la desocupación general?; ¿cómo se garantiza a ese muchacho de 18 años que construya su futuro adulto con compañera, hijos y las obligaciones correspondientes?; ¿cómo debe ser la educación para que el niño que ingresa a la guardería pueda ser dueño de su existencia en su etapa pre-adulta, adulta y mayor?; ¿cómo debe ser el servicio de atención de las cosas atinentes a la salud si, para un TAC –que por ser indicación médica es urgente por definición- debe esperar, con suerte, un año?; a la clase dirigente, la que es dueña del aparato del estado desde siempre, ¿le importa el bienestar de la mayoría de la población?; podemos hablar de igualdad si el primer quintil de la población es dueña del 10% de la riqueza en tanto el  quinto quintil es dueña del 50%?

El señor Araya debería reflexionar sobre esas preguntas y aclarar si a él le interesa la mal llamada “ciencia económica” o la calidad de vida de sus semejantes. ¡Y que quede bien demostrada cuál es esa calidad de vida!

Si nos ponemos de acuerdo en eso, podemos abordar todos los otros temas involucrados. Por ejemplo: ¿qué parte del presupuesto de la República se destina para pagar los intereses (no hablamos del capital) de las deudas interna y externa?; ¿aprueba que se hayan contraído esas deudas?; en que se manifiesta –de manera tangible- la conveniencia de haberse embarcado en las mismas?

Son algunas de las preguntas (reflexiones) que, honradamente, desprejuiciadamente, podemos asumir conjuntamente. Pero, siempre poniendo por delante al ser humano.

¡O, ¿no es ese el objetivo de la vida?!

Martín Pos (del POScr).

San José, 29 de junio del 2018.