La LSR contra el golpismo en Nicaragua

La Liga Socialista Revolucionaria de Argentina se pronuncia categóricamente en contra del golpismo en marcha en Nicaragua, impulsado por el imperialismo norteamericano que de las formas que sea, y a través de sus varios agentes políticos, clericales, sociales o sindicales, ha decidido voltear al gobierno de Daniel Ortega para asegurarse la primacía en el dominio territorial, comercial y político de ese país.

Denunciamos que al frente de los nuevos “guarimberos”, “estudiantes combativos” y, seguramente, sectores empobrecidos del pueblo que arremeten en pos de la caída del régimen, se encuentra la dirección indiscutida del empresariado, la millonaria burguesía terrateniente, la Iglesia Católica y sus cuadros políticos más representativos, con el ya declarado apoyo del capital norteamericano, que es el verdadero mentor del golpismo en marcha y que ha ordenado el pronunciamiento de toda la derecha gobernante en la región, con Macri y Temer a la cabeza.

 

La historia de coloniaje, genocidios, golpes de estado, bloqueo e invasiones sobre Latinoamérica tiene hoy en Nicaragua un nuevo capítulo que los trabajadores debemos derrotar en las calles. Es imperioso construir todos los lazos de solidaridad activa y unitaria, dentro y fuera de Nicaragua, para asestar duros golpes a la intentona golpista y que pueda ser el inicio de un proceso de movilizaciones antimperialistas en toda la región, que en la etapa actual se encuentra cada vez más en la mira y en disputa de los distintos gigantes capitalistas.

Nicaragua es otro más de esos terrenos en disputa entre Estados Unidos y las potencias capitalistas en ascenso, como China, con quien viene sosteniendo una guerra comercial, tecnológica y política que adquiere dimensiones planetarias. Nicaragua es el país donde el presidente Ortega impulsa acuerdos monumentales con empresas chinas para la construcción de un canal interoceánico similar al de Panamá que, al igual que el de su vecino, resultaría estratégico económica y políticamente para quien lo detente. Por esa vía se convertiría, además, en una descomunal usina de negocios capitalistas para la explotación local del comercio, el turismo, las finanzas, el negocio inmobiliario, urbanístico, y del tráfico, legal e ilegal, de “derivados” capitalistas que el Gobierno aspira a usufructuar como socio capitalista menor; a costa de la destrucción a su paso de las comunidades indígenas y el medioambiente.

Este contexto global es determinante para comprender el aprovechamiento por sectores de la burguesía de la reacción de la población al ajuste en el sistema previsional, por más que los pulpos de la comunicación imperialistas como CNN, y sus aliados como La Prensa de Nicaragua o Clarín de la Argentina, intenten ocultarlo tras su hipócrita defensa de los derechos humanos. Además, Nicaragua sostiene aún cierto esquema de incentivos para la producción y el consumo en su economía doméstica con ayuda financiera del ALBA, proyecto que Estados Unidos boicotea.

En definitiva, ambas políticas son consecuencia de la injerencia imperial en el mundo y la región, que también incluye intentar “el abrazo del oso” a un ex-ex-ex guerrillero nacionalista como Ortega, y que derivaron en la conformación de bloques regionales, resistencias de masas, golpes de estado (duros y blandos), desestabilización de gobiernos constitucionales, etc.

No compartimos el enfoque que parte de juzgar las políticas de Daniel Ortega desde una supuesta traición a los ideales de la revolución de 1979. Hace décadas que el capitalismo –en su fase imperialista– absorbió y neutralizó cualquier atisbo de ruptura con el sistema desde el nacionalismo. Ocurre que la crisis económica, estructural del sistema a nivel internacional, está llevando a una lucha cada vez más violenta por los recursos en cada rincón del mundo, con posibilidades de nuevas guerras. En ese cuadro, repeler cualquier acción que lleve la firma y sello del imperialismo es de vida o muerte para los explotados del mundo. Ninguna perspectiva realista de progreso para la región es posible mientras el imperialismo pise con su bota ensangrentada nuestro continente. Esta es la pasada y reciente experiencia histórica, desde Haití, Panamá y México hasta Honduras, Venezuela o Nicaragua hoy.

Basta observar los sectores de poder que apoyan las revueltas, la acción mercenaria y la catarata de pronunciamientos mundiales contra el gobierno de Ortega, para llamar a movilizarse en defensa de las libertades que aún quedan y por la expulsión revolucionaria de los agentes imperialistas. Al calor de ese proceso es necesario que los explotados de Nicaragua construyan organismos de poder popular, independientes del gobierno y del estado, para rebelarse, sacarse de encima y ajustar cuentas, también, con sus verdugos internos.

 

¡Abajo el golpismo en Nicaragua!

¡Fuera el imperialismo de Nicaragua y de América Latina!

Revolución socialista internacional o más barbarie capitalista