25 de octubre del 2018. Declaración de la LSRar

La gran derecha capitalista o el pueblo trabajador de Brasil

A Bolsonaro hay que derrotarlo en las calles

 

Bolsonaro será la bota militar en la cabeza del pueblo brasilero, y la cabeza del “fascismo” y el militarismo regional. ¿Dónde más que en la calle, en las fábricas, en los campos, con los métodos de la clase obrera, puede ser derrotado el régimen dictatorial que se avecina con el posible triunfo de la gran derecha en Brasil?

Bolsonaro ha declarado una guerra contra “los rojos”, poniendo al Partido de los Trabajadores y a Lula contra las cuerdas, y anunciando que no dejará piedra sobre piedra de ninguno de ellos: el exilio o la cárcel es lo que les espera.

Pero las elecciones del 28 de octubre serán solo la “vidriera democrática” de una gran fosa social y política que se abrió en Brasil y que se resolverá necesariamente en las calles de ese inmenso territorio de América del Sur.

Los poderosos intereses de las derechas capitalistas y sus expresiones religiosas del catolicismo y los evangelistas vienen tocando a degüello desde Estados Unidos hacia el “patio trasero” y ganando terreno contra las expresiones capitalistas del arco progresista latinoamericano, pegando un salto en el país más importante de la región, donde seguramente el domingo se hagan de la conducción del Estado con el triunfo del ex capitán del ejército Jair Bolsonaro.

Las poderosas sectas evangélicas, la derecha católica y sectores de las fuerzas armadas han cerrado filas detrás de una salida fascistizante, ultraderechista y de guerra contra los explotados y arrastrarán nuevamente el voto de millones de fieles contra el candidato del PT. Las consecuencias de la crisis económica mundial desatada en 2008 y las carencias materiales insatisfechas de grandes sectores de la población, fueron carcomiendo la institucionalidad democrática evaporando las ilusiones en las mismas. En este contexto gana espacio el atraso oscurantista y la barbarie capitalista y pierden terreno las conquistas sociales en lo laboral, los derechos democráticos, de género, raciales, en el terreno de la cultura, la ciencia, etc.

Las masas empobrecidas por la explotación y la superexplotación, los millones de seres humanos hacinados en las populosas favelas, los campesinos esclavizados en inmensas extensiones de tierras privadas, son el producto del funcionamiento normal del sistema capitalista, que junto a ello condena a la marginación y la violencia social y estatal.

La “adaptación” con la que amenaza Bolsonaro en su discurso para todos los simpatizantes del PT es la invitación a la servidumbre y la disciplina total del movimiento obrero y de masas ante los poderosos capitalistas del Brasil, los monopolios extranjeros y los terratenientes. Bolsonaro propone, lisa y llanamente, la rendición del proletariado entero o el castigo militar-policial y la bota sobre la cabeza de los explotados. Y es la “punta de lanza” en la colaboración con los planes regionales de Estados Unidos contra otros países ricos en recursos naturales como Bolivia y en el objetivo de derrotar al chavismo en Venezuela.

El pueblo brasilero debe reaccionar rápido, hacer todo lo que no hizo hasta ahora por orientación del PT, salir a las calles y enfrentar organizado al huevo de la serpiente militar-fascistizante que acecha. La política del PT ya dio todo lo que podía dar. Jugó todas sus fichas en su terreno, el de la institucionalidad de la democracia capitalista, y obtuvo los resultados esperables frente al imperialismo, los grandes capitalistas y su Estado, cuando estos decidieron despojar a sus instituciones del ropaje democrático.

Derrotar al movimiento de masas, sus resistencias y sus conquistas, es el objetivo número uno de este brusco giro social. Dependerá de su reacción, su conciencia y su decisión política frenar la violencia que le espera, y nos espera, si no derrotamos este avance fascistoide militarista en su terreno, el terreno de la calle.

Unidad de todos los explotados del campo y la ciudad y los sectores democráticos.

Organización social, política y de autodefensa para

aplastar al frente capitalista-militar-religioso que encabeza Bolsonaro.