3320-1. Volante de la JOScr. 03 de julio del 2019

¿Hacia dónde van las movilizaciones en Costa Rica?

Las recientes movilizaciones han abierto el debate entre las organizaciones y movimientos de “izquierda”. ¿Se deben apoyar a priori cualquier movilización popular, independientemente de su dirección? ¿Cómo colocarnos ante sectores populares que reivindican ideologías y programas políticos de ultraderecha como salida a una crisis objetiva innegable?

Unos las apoyan, impresionados por que sectores sindicales, populares y estudiantiles se hayan sumado; la retórica radical que mantienen no hace más que deslumbrarlos aún más, fantasean con los llamados a la caída del gobierno, sin pensar por un segundo quienes se quedarían con el gobierno que se emocionan por hacer caer, sin importarles que los sectores más conservadores, antidemocráticos y anti-obreros son los que dirigen estas movilizaciones.

Otros, las descalifican inmediatamente, sin molestarse por adentrarse en la objetividad cada vez más desesperante que vive el pueblo y la clase trabajadora. Objetividad que lo obliga a buscar por ensayo y error algo que al menos les permita tener alguna esperanza de que esa realidad que sufren pueda ser alterada para bien. Esta búsqueda del movimiento de masas no es exclusivamente consciente, esperar que lo sea, sería un idealismo ingenuo que solo serviría para hacer más soportable la incapacidad que como sectores revolucionarios hemos tenido.

Donde colocarnos entonces, solo describir esto, podría parecer como un eclecticismo para quedar bien parado en ambos costados. No es lo que pretendemos, la política, sobre todo la revolucionaria, exige tomar postura.

El marxismo, nos da herramientas, para superar esta aparente dicotomía, entre teoría (crítica por fuera de la realidad) y práctica (movimientismo, empirismo). El marxismo plantea como superación dialéctica, la praxis: Unidad de la teoría y la práctica en función de transformar el mundo. Practicidad de la teoría y racionalidad de la práctica.

Lenin, uno de los personajes que más se ha acercado en la historia de la humanidad a hacer que el concepto de praxis cobre vida, decía, sobre lo necesidad de que la práctica incorpore la teoría:

“Sin teoría revolucionaria, no hay movimiento revolucionario posible

Al mismo tiempo, reconocía que era imposible hacer teoría sin práctica, que la práctica no solo tiene una función en la confirmación, sino también en la construcción misma de cualquier teoría:

“Una acertada teoría revolucionaria … sólo se forma de manera definitiva en estrecha conexión con la experiencia práctica de un movimiento verdaderamente de masas y verdaderamente revolucionario”

“A tomar el cielo por asalto”

Si rompemos con la concepción burguesa, que separa la teoría y la práctica como dos cosas aisladas, y hacemos nuestra la concepción marxista y el posterior enriquecimiento que aporta Lenin y el partido bolchevique, diríamos:

Si no puede existir movimiento revolucionario, sin teoría revolucionaria. Este, evidentemente, no es un movimiento que podamos clasificar como revolucionario, pero, si además reconocemos que su dirección son los ultra conservadores cristianos, junto con los sectores más a la derecha del PLN, si sabemos que su teoría, es una que está en contra de los derechos democráticos, en contra de los trabajadores, anticomunista, del lado del imperialismo frente a los países que como Venezuela y Cuba defienden su derecho a autodeterminarse, tendríamos que calificar estas movilizaciones, sin mayor esfuerzo teórico, como reaccionarias, y por lo tanto oponernos, rechazarlas y estar por su derrota.

¿Qué papel tiene nuestra teoría revolucionaria el momento que vivimos, nos oponemos a estas movilizaciones y luego qué? Que la gente se esté movilizando sólo se explica en una objetividad que cada vez más deja necesidades insatisfechas. Desempleo, despidos masivos, precios impagables, destrucción de la salud y la educación pública. Que hoy sean los ultras conservadores la dirección de estas movilizaciones es una desgracia y al mismo tiempo indica nuestra principal tarea.

Los socialistas revolucionarios tenemos que tomar como tarea número construir una propuesta, y una organización que en la práctica se gane el derecho a ser la dirección del movimiento de masas, no solo de los que hoy se movilizan con la derecha, sino de los miles que viven las mismas o peores condiciones y aún no han decidido lanzarse a la movilización.

Ninguna organización sola en Costa Rica tiene la fuerza, ni el reconocimiento para lograrlo. Tenemos que construir un gran Frente del pueblo y la clase trabajadora, con independencia de clase, sin fundamentalistas, dirigido desde abajo. Este Frente tendría que dar la lucha en todos los campos de lucha necesarios, propagandísticos, huelguísticos e incluso electorales.

Por la construcción de un Frente del pueblo y la clase trabajadora que defienda el trabajo como derecho humano innegable, que detenga los despidos, que logre desempleo cero, que rebaje la jornada laboral para que todas y todos tengamos derecho al trabajo, que defienda, mejore y amplíe la salud y la educación pública, que haga un auditoraje sobre los beneficios y privilegios que han hecho que los grandes capitalistas internacionales, y sus socios menores locales sean cada vez más ricos, mientras lo único que cambia en nuestras vidas es que estas sean cada día más barbáricas y miserables.