3570-1. Declaración del POScr. 31 de marzo del 2020

COVID-19. Un análisis sistémico

El COVID-19 ha desatado una crisis mundial, algunos de sus efectos los vivimos cotidianamente y otros muchos están por verse. Creemos importante realizar un análisis sistémico. Es necesario que logremos tener una caracterización que supere la inmediatez, ocupamos entender los orígenes del virus y las condiciones de su propagación.

De esta comprensión debería desprenderse un plan de lucha contra el virus, un plan de lucha que se enfoque en resolver el problema concreto como prioridad, pero que no pierda de vista que existirá un mundo luego del virus, y que ese mundo también se está poniendo hoy en juego.

Lo primero que debemos esclarecer es el origen del virus. Claramente, los virus no son nuevos en el mundo, ni su propagación, pero tampoco son algo estrictamente biológico, como intentan presentarlo hoy la burguesía y sus medios. Lo presentan como algo que cayó del cielo, sobre lo que tenemos ningún control, ni responsabilidad. 

Los virus aparecen y se mueven en un contexto determinado, influenciado altamente por la relación que el ser humano tiene con la naturaleza, y consigo mismo, como especie. El ser humano trabaja, interactúa y modifica la naturaleza de ciertas formas. Es decir, es imposible hoy hacer un análisis biológico serio, sin tener en cuenta como el ser humano se relaciona con la naturaleza.

La forma en que hoy nos relacionamos con la naturaleza está determinada por el sistema capitalista, sistema que tiene un solo único principio, la reproducción del capital, la optimización de la ganancia. Esto, si se quiere, es una verdad conocida, que aporta poco, pero utilicemos algunos casos, que ayuden a explicar la importancia llevar esto a fondo.

Es un hecho conocido y probado científicamente que las granjas industriales han favorecido la propagación de los últimos virus que se han transferido al ser humano con efectos mortales. Algunos ejemplos son el SARS, la gripe ovina, la gripe porcina y el ébola. La concentración masiva de animales, en espacios ultra reducido, la modificación de sus ciclos de vida y la transformación de las relaciones que estos tienen con los seres humanos han causado que los virus se propaguen con más rapidez, incrementen su violencia y se aumente la probabilidad de su transferencia al ser humano (transferencia zoonótica, de una especie a otra).

En el campo de la agricultura tampoco existe ninguna duda de que las formas capitalistas, el monocultivo de inmensas extensiones, impulsado con agroquímicos, tiene efectos destructivos sobre la tierra, las cosechas mismas, los trabajadores involucrados y eventualmente en la salud de los consumidores de estos productos.

Incluso a un nivel más general tenemos la amenaza del calentamiento global, responsable de la extinción de especies y ecosistemas completos. Fenómeno que pone en juego la continuidad del planeta y nuestra supervivencia.

La forma de organización de los seres humanos no es muy distinta a la de las grandes granjas animales. Migraciones masivas, ciudades super concentradas, con habitantes hacinados. No es casualidad que las grandes metrópolis capitalistas, como Nueva York, sean las más afectadas por esta pandemia. Este tipo de ciudades hace imposible el combate efectivo del virus y explota a los deficientes sistemas de salud.

Los sistemas de salud están hechos a imagen y semejanza de este tipo de organización. La concentración, grandes hospitales, donde se centraliza la atención, convierten al lugar donde se atiende a los afectados en un foco de contagio, que ve rebasada muy rápidamente su capacidad de atención. 

Visto de esta forma el COVID-19, no es un hecho aislado, un hecho desafortunado, ni el resultado de una conspiración. Es la lógica consecuencia, de un sistema que niega a la naturaleza, que niega a los seres humanos, niega la ciencia y organiza todo en función de la concentración del capital.  El capitalismo es su padre, y es un caldo de cultivo no solo para esta, sino para muchas otras futuras pandemias y catástrofes.

Las observaciones científicas para evitar la aparición de nuevos virus y su transferencia a seres humanos fueron y siguen siendo ignoradas. No podemos esperar que sea distinto, con las recomendaciones de cómo frenar su propagación. No es un asunto moral, de convencimiento, o de empatía, está en la lógica interna del sistema. La burguesía sólo tiene oídos para la ciencia cuando esta se pone en función de maximizar su ganancia y concentrar su poder.

Existen numerosas publicaciones científicas que alertaban sobre la posibilidad de un nuevo COVID, más contagioso y mortífero. La burguesía no realizó ni una sola transformación de sus formas de producción, ni hizo absolutamente nada para abastecer a los sistemas de salud para su atención.

A la lógica inherente del sistema ya descrita, lógica que es más fuerte que cualquiera de sus representantes y sus subjetividades, tenemos que sumarle el momento que tiene el capitalismo, nosotros le llamamos capitalismo agotado. Desde la crisis del 2008 no ha logrado recuperar su tasa de ganancia, esta nueva crisis sería, pues, su continuación.

El agotamiento del sistema y la super concentración empuja hacia la confrontación. La historia nos da claras señales de cómo resuelve esto la burguesía. Las pasadas guerras mundiales se dieron en contextos similares. Crisis económica y potencias que se disputan la dirección hegemónica del sistema, hoy Estados Unidos y China.

Esto no da un elemento que complejiza aún más el análisis de lo que pasa en el mundo. Ya no solo tenemos una crisis sanitaria, tenemos, nosotros diríamos una guerra en curso. Las burguesías del mundo lo entienden y actúan coherentemente. La crisis creada por el virus es una oportunidad político militar para concentrar más poder, avanzar en la definición de bandos o bloques internacionales, y también para derrotar al movimiento de masas, sus procesos de resistencia, sus conquistas democráticas y laborales.

Si la vida humana nunca ha sido una prioridad para la burguesía, menos lo es en un momento de guerra. Su incoherencia se demuestra en la forma hipócrita en que aplica las medidas, mientras pide o impone aislamiento para un sector de la población, obliga a otro continuar con la reproducción de su capital.

Las recomendaciones de cuarentena para frenar la propagación del virus se pueden seguir, si y solo si, no se afectan las ganancias de las empresas, ni debilitan en perspectiva del enfrentamiento de guerra. A pesar del llamado a cuarentena, millones de trabajadores en el mundo tiene que seguir asistiendo a sus trabajos, en condiciones de hacinamiento, con transporte público que no garantiza las distancias mínimas y sin ningún tipo de implemento que al menos reduzca el riesgo de contagio.

Las familias trabajadoras se ven forzadas a jugar lotería con sus miembros, no solo con los que se ven forzados a salir, sino con los que se quedan en casa y pueden ser contagiados por los que no tienen otra que regresar a su hogar, sin importar que exista o no población de riesgo.

El sector que sí puede hacer cuarentena es objeto de medidas represivas que violan los derechos democráticos más elementales. Unos con estado de sitio cuasi-militar y otros, en apariencia más permisivos, con la utilización de tecnología imponen la vigilancia y el control hasta en los espacios más íntimos de la vida. Ambos en función de concentrar poder y limitar libertades.

En el campo de las medidas económicas la burguesía empuja a incrementar la precariedad laboral (lo que ellos llaman flexibilización), aumentar la informalidad (como ya hoy está un 60% de la población trabajadora mundial), hacer grandes transferencias de fondos públicos a privados (como lo hicieron en el 2008). 

Los socialistas proponemos un camino muy distinto para enfrentar la crisis. Decimos que la naturaleza, y el ser humano como parte de ella, están antes que la reproducción de ganancia para la burguesía.

En lo inmediato proponemos un asueto temporal para toda la población que no sea esencial para la sobrevivencia, garantizando el 100% salario y un salario mínimo suficiente para cubrir las necesidades a todos los que se encuentran en la informalidad y que no tenían salarios reportados. La cuarentena se debe garantizar para todos, de forma colectiva, organizada, no con represión.

Garantías de las condiciones máximas posibles de seguridad para los trabajadores que no pueden parar su actividad, debido a estar un sector identificado como necesario para la supervivencia. Todos los implementos, mascarillas que sirvan (no cualquiera), guantes, cofias, guardapolvos, calzado adecuado. Horarios reducidos, jornada de 6 horas, con 4 turnos para evitar las concentraciones y hacer posible la distancia mínima recomendada. Transporte público gratuito y coordinado para evitar las aglomeraciones y el hacinamiento.  

Creación de comités distritales que se encarguen de asegurar las condiciones para esta cuarentena y especialmente de la atención de la población de riesgo. Creación de mecanismo de coordinación entre estos comités distritales y el gobierno central para garantizar las condiciones de la cuarentena y de los trabajadores que no pueden para su actividad.

Que estos comités distritales se encarguen de la distribución de implementos de los implementos de prevención necesarios para las actividades que la comunidad defina como necesaria y sirvan para coordinar actividades como la repartición de alimentos, privilegiando a los pequeños productores locales. 

Estatización inmediata y permanente de todos los hospitales, clínicas, laboratorios y consultorios privados, que pasaran al control de CCSS. Prohibición del ejercicio de la medicina privada. Salud pública y gratuita para todos, centralizada y dirigida por la CCSS.

Fortalecimiento y creación de EBAIS para poder atender la crisis de forma distribuida a lo largo del país. Coordinación permanente entre los EBAIS, comités distritales y CCSS para atender las necesidades del pueblo.  

Impuestos solidarios para las grandes empresas y las zonas francas. Estatización y control obrero de las empresas que se nieguen a acatar estas medidas, o despidan a sus trabajadores.

Moratoria inmediata de la deuda interna y externa por dos años para tener los recursos para financiar las medidas anteriormente expuestas. Evaluación al término de este periodo sobre la necesidad o no de extender el plazo de la moratoria. Llegó el momento de decidir, qué está primero, honrar la deuda a los especuladores financieros, o defender la vida. 

Estas medidas nos permitirían enfrentar la crisis en lo inmediato de forma real y no demagógica, sin embargo, y siendo coherentes con lo planteado a lo largo del artículo, solo una nueva forma de relacionarnos con la naturaleza y con nosotros mismos nos puede salvar de la barbarie de guerras y catástrofes a la que nos empuja la burguesía en su afán de sostener un sistema ya agotado.

Para nosotros, es la lucha por una nueva sociedad, una sociedad Socialista. Socialismo, o creciente barbarización capitalista