POScr. Sobre el Proyecto de Resolución Política Mundial de la LIT para el VI Congreso Mundial extraordinario

1) El documento denominado PROYECTO DE RESOLUCION POLITICA MUNDIAL que presentó el Secretariado Internacional y que se aprobó por mayoría en el Comité Ejecutivo Internacional de la LIT, comienza, en la INTRODUC­CION, con un párrafo que, por la importancia que tiene, hemos de transcribir: "Cuando en el año 1989 caía el muro de Berlín y se venían abajo los regímenes stalinistas en el este de Europa, los gobiernos imperialis­tas... afirmaron....que, a partir de ese momento, entrábamos en un nuevo orden mundial. Esa ofensiva ideoló­gica era parte de una intensa contra­ofensiva económica, política y militar del imperialismo que tenía sus ejes en la Guerra del Golfo por un lado y en el impulso a la restauración capitalis­ta, princi­pal­mente en los países del Este, por el otro."

2) En el párrafo número 7 de esa INTRODUCCION, se afirma: "La caída de los regímenes stalinistas liberó a la clase obrera de un yugo que la mantuvo atada durante siete décadas y posibilitó la apertura de un proceso de reorganización política y sindical del movimiento obrero en el ámbito mundial, que hoy está en sus inicios".

3) De la lectura minuciosa de ambos párrafos se desprenden una serie de conclusiones que queremos señalar:

·         Los sucesos de 1989 dan lugar a dos fenómenos simultá­neos pero opuestos: 1): la intención de la burguesía imperialista de establecer un nuevo orden mundial y, 2): el proceso de reorgani­zación del movimiento obrero mundial;

·         La intención por establecer un nuevo orden mundial era parte de una contraofensiva imperialista…en consecuencia debemos colegir que los mencionados sucesos dieron lugar a un cambio fundamental: comenzó una contraofensiva que, por lo tanto, antes no existía.

            Aquí se impone alguna aclaración. Nosotros entendemos que la burguesía imperialista ha estado a la ofensiva contra el movimiento de masas a lo largo de toda su existencia; es más, no puede entenderse su papel histórico si no es aceptando que ello fue así y que ello es consubstancial a su condición de clase. Pero debemos diferenciar esa actitud de lo que es la relación de fuerzas en la lucha entre las clases. La LIT parece no hacer tal diferenciación; en consecuencia, no la entiende como una profundización de la política de reacción democrática que se venía aplicando desde el inicio de la década de los 80, en una nueva realidad política que no significa, necesariamente, un cambio en la relación de fuerza entre las clases.

·         Lo que la LIT llama el proceso de reorganización del movimiento obrero mundial, lo debemos entender (siguiendo las interpretaciones de la Internacional) como una acentuación de la anterior etapa que atravesaba el movimiento de masas y que se caracterizaba en los siguientes términos: "...la etapa del mayor ascenso revolucionario conocido... Pero, debido a que el stalinismo continúa siendo la dirección predominante,...los estados que surgen nacen burocratizados y el imperialismo se consigue recuperar en Europa.". En ese sentido, dicho proceso de reorganización se inscribe como una de las principales características de la cuarta etapa (tal cual lo definió la LIT en sus Congresos IV y V) en la "época imperialis­ta de guerra, crisis y revoluciones".

·         La afirmación de que "La caída de los regímenes...liberó a la clase obrera de un yugo que la mantuvo atada durante siete décadas y posibilitó la apertura de un proceso de reorganiza­ción..." son verdades a medias que merecen una mayor explicación para no caer en las clásicas confusiones que se dieron a lo largo de nuestra historia. La mencionada liberación no significa (como puede llegar a entenderse) que la clase obrera está en condiciones de resolver el problema de dirección en un tiempo más o menos inmediato. Debemos ser muy claros en que no pasó de una dirección stalinista a una socialista revolucionaria o, tan solo, de sectores que van en esa dirección; quedó en manos de los stalinistas reciclados, los socialdemócratas, los socialcristianos u otro tipo de dirigentes y burócratas sindicales proburgueses. Es decir, no avanzó ideológica u organizativamente respecto de su situación anterior.

·         en la medida que ello se entienda de esa manera, la posibilidad de un proceso de reorganización queda totalmente relativizada LO QUE NO DEBE ENTENDERSE como una posibilidad escasamente probable o como una tarea ina-bordable o, lo que sería mucho peor, de menor importancia. La cuestión central, entonces, pasa a ser un conjunto constituido por objetivos que involucran aspectos teóricos, ideológicos, programáticos, y organizativos que deben ser encarados con nuevos criterios.

4) Coincidimos con la definición de época que da Moreno; coincidi­mos también con Moreno en la definición de etapa; con lo que no coincidimos es con la caracterización que se hace de la llamada tercera etapa; tampoco con los criterios que se emplean en la definición que se da de la llamada cuarta etapa. Esta disonancia tiene que ver con lo que entende­mos como una visión unilateral, por parte de la dirección de la LIT, acerca de lo que es la lucha de clases. Nos remitimos para ello a la definición de Lenín sobre lo que debe entenderse por lucha de clases -compuesta, de acuerdo con él, por: 1) lla lucha económica, 2) la lucha política y, 3) la lucha ideológica- y, como consecuencia, resaltamos la importancia que tiene la conciencia y su correlato más inmediato: la dirección política.

5) Si se deja por fuera la cuestión de la conciencia, entonces son ciertas las etapas que se mencionan en el documento. Pero, en nuestra opinión, ello da lugar a una política objeti­vista. Y ya tenemos suficiente experiencia con el objetivis­mo.

6) En nuestra opinión, la primera etapa reúne todos los requisi­tos que requiere la definición de lucha de clases y, en consecuencia, la correlación de fuerzas entre las clases está claramente desplazada en favor del movimiento de masas. En lo que concierne a la segunda también está muy claro. La confusión arranca a partir de la derrota del nacionalsocialismo y del Fascismo en 1945.

            En la Tesis II de Actualización del Programa de Transi­ción, Moreno dice: "Resumiendo, los dos elementos determinantes de todos los fenómenos contemporá­neos...son, el ascenso revolucionario de la clase obrera y de los pueblos atrasados, por un lado, y la crisis de dirección revolucionaria, por otro.".

            La pregunta que se debe responder es: ¿Por qué la LIT privile­gia el ascenso revolucionario respecto del problema de la dirección, si es éste el gran drama de la humanidad, lo que divide aguas entre Socialismo y Barbarie?

7) La etapa número 3, la LIT la define en total acuerdo con Moreno. Pero es necesario destacar que entre las etapas 1 y 3 hay una diferencia sustancial que el mismo Moreno subraya: el problema de la dirección. En tanto que la etapa 1 tuvo, además del fenómeno revolucionario, la existencia de los bolcheviques que dirigieron la revolución obrera y que posteriormente generó la tercer internacio­nal. ES DECIR, LA CUESTIÓN DE LA DIRECCIÓN LLEVADA A SU MÁXIMA EXPRESIÓN: DIRIGENTE DE UNA REVOLUCIÓN OBRERA, POR LO TANTO, SOCIALISTA, POR LO TANTO, INTERNACIONALISTA.

8) Creemos que es de la mayor importancia hacer la distinción entre revoluciones diferen­ciadas por su dirección, aunque las dos tengan en común la expropiación de la burguesía. Para hablar con propiedad debemos decir que la etapa N° 1 fue revolucionaria socialista.

            La etapa número 3, por su lado, es revolucionaria (por cuanto se dieron revoluciones - aunque de muy diferentes características - durante su vigencia) pero, desde el punto de vista de la conciencia­ no dio lugar a la formación, consolidación o desarrollo de una dirección socialista revolucionaria; por el contrario, lo que hubo fue un alto desarrollo del stalinismo (o grupos o partidos políticos similares) y muy pobres intentos de construirla, en manos de lo que hoy es la LIT, fundamentalmente. Recordemos que la IV Internacional se fundó en 1938, y se requirieron 44 años para llevar a cabo un intento serio de organización del trotskysmo (1982 fecha de fundación de la LIT).

9) Dicha etapa no puede tener un signo igual a la primera. Su condición de revolucionaria no garantizó el necesario salto a revolución socialista. Por el contrario, a medida que fue transcu­rriendo el tiempo, la "virulencia revolucionaria” de los primeros años se fue diluyendo. Hay una relación directa entre dicha pérdida de virulencia, la condición contrarrevolucionaria del stalinismo y la acentuación de la crisis crónica del capitalismo una vez que se hubo diluído el boom económico de posguerra. Podemos decir que la tal pérdida de virulencia es consecuencia de que el stalinismo acudió a defender al sistema capitalista una vez que el boom posterior a la segunda guerra mundial se esfumó y el capitalismo volvió a "la norma" descripta por Lenín antes de la primera guerra mundial. La capacidad de lucha demostrada y llevada adelante por parte del movimiento de masas no resultó suficiente para invertir los resultados políticos de la etapa.

10) Volvamos a la primera etapa. Tuvo lugar la Revolución Rusa; la dirección de la misma, reconocidamente socialista y revolucionaria, se eleva a carácter internacional. Garantizó todo ello el curso posterior de los hechos políticos? La historia es clara: muy pocos años después del triunfo de la Revolución Rusa, comienza la etapa 2, abiertamente contrarrevolucionaria. Reiteramos lo que Moreno dice: "Resumiendo, los dos elementos determinantes de todos los fenómenos contemporá­neos...son, el ascenso revolucionario de la clase obrera y de los pueblos atrasados, por un lado, y la crisis de dirección revolucio­naria, por otro.". ¿Cómo debe ser entendida esa afirmación? En nuestra opinión, hay una sola forma de entenderla: si no hay correspondencia entre la capacidad de lucha y la predisposición a la misma, el temple y el coraje del movimien­to de masas, la existencia de una dirección socialista revoluciona­ria, es insuficiente. La situación inversa, da lugar a los mismos resultados. La diferencia radica en que, en el primer caso, lo más probable es que la dirección sea derrotada y se entra en un período o etapa más o menos largo de contrarrevolución. En el segundo caso, en la medida en que no tiene lugar la construcción de la dirección, se puede entrar en una etapa revolucionaria de incierta resolución en la que las fuerzas en pugna se identifican por el dilema enunciado por Trotsky: Socialismo o Barbarie. Esta se impondrá si el movimiento de masas decae en sus esfuerzos; pero la persistencia de tal esfuerzo puede dar lugar a una etapa de resistencia crónica.

11) La tercera etapa, en la medida en que no dio lugar a la resolución de la cuestión de la dirección, hizo estéril la actitud revolucionaria del movimiento de masas: no se dieron revoluciones socialistas. Ello es así en virtud de que su dirección, de carácter contrarre­volucionario, la educó sistemá­ticamente (por la propaganda o por el terror) en la utópica visión de un mundo burgués humanista y racional. Los límites que tal concepción impone a las masas impiden a éstas hacer la experiencia con la burguesía, dificulta que en su seno se generen sectores de vanguardia y pone cuesta arriba la creación del partido revolucionario a partir del creci­miento del o los núcleos revolucionarios.

12) Como, al mismo tiempo, esa dirección contrarrevolucionaria, a medida que se hacía más grave la crisis del capitalismo, corría más y más en su ayuda, el idilio inicial entre las masas y la dirección que reconocían como tal, se fue enfriando. Ello fue así dado que los caminos eran divergentes. Pero, para nada, el socialismo estaba en la mira de las masas; tampoco hubo una vanguardia y en los núcleos revolucionarios, la confusión teórica, programática y política era la norma. La caída de los regímenes stalinistas, en consecuencia, era previsible; la restauración capitalista, también.

13) Sin embargo, la diferencia entre las etapas 3 y 4 radica, según la LIT, en la destrucción del aparato central del stalinismo. En este caso, debemos sacar la siguiente conclusión: la combinación entre el ascenso que viene desde 1945 con los sucesos de 1989, dieron lugar a la aparición de la cuarta etapa. Si asumimos que ello es así, cabe entonces otra pregun­ta: ¿qué tipo de revolución ocurrió en los países del Este?, ¿democrática (de febrero), social (de octubre), políti­ca...?

14) Creemos que la confusión radica en el mal manejo de algunas situaciones y, de todas las posibles, en entender por lucha de clases, un aspecto parcial que, no casualmente, es el más visible y el más común por cuanto tiene que ver con lo que es -como siempre ha sido y lo seguirá siendo- algo innato, instin­tivo en el movimiento de masas: dar pelea (excepto la situación de derrota física aplastante pero, aún en ese caso, la recupe­ra­ción de tal capacidad es mucho más rápida que la formación de la conciencia por cuanto esta está ligada a la aparición y al desarrollo del partido socialista revolucionario y ello es un fenómeno que se instala desde fuera del movimiento obrero).

15) Desde 1943 hasta nuestros días lo que hubo fue (y sigue siendo) la existencia de una etapa revolucionaria no socialista que puede dividirse en dos subetapas. La primera está caracterizada por la existencia de una dirección contrarrevolu­cionaria que educó a las masas en la política de colabora­ción de clases y puso en práctica políticas represoras para el movimiento de masas, de abierta entrega de todo tipo de lucha y de sistemática traición de los intereses del movimiento obrero para poder salvar sus privilegios y prebendas propias (como lo fue) de los agentes de la burguesía.­

16) Durante esa primera subetapa, ocurrieron fenómenos que le dieron caracte­rís­ticas especiales, altamente contradictorias. Se dio una gran expansión de la economía capitalis­ta (el llamado boom de posguerra) que llegó hasta finales de los sesenta; países coloniales y semicoloniales conquistaron su independencia política; ocurrieron revoluciones que fueron dirigidas por el estalinismo o sectores a él ligados, por la burguesía naciona­lis­ta, o por sectores pequeño-burgueses militares y/o civiles. La virulencia de las revolucio­nes (medida en términos de expropiación de la burgue­sía) decayó conforme nos fuimos acercando a nuestros días; la época de conquistas obreras y/o concesiones patronales se enrareció como consecuencia del debilita­miento del boom ya mencionado, del retorno del capitalismo a "la norma" (crisis crónica abierta) y del reconocimiento que hizo la burocra­cia estalinista de su carácter pro-burgués.

17) Esta sub-etapa, tuvo características revoluciona­rias en el sentido de que hubo una enorme alza en la actividad del movimiento de masas, actividad que llegó, en ciertos casos y en los primeros momentos de la misma, a las expro­pia­ciones de la burgue­sía. Pero si se sigue al pie de la letra la caracterización de que el stalinismo fue una dirección contrar­revolucionaria del movimien­to de masas, debemos colegir que una etapa (o sub-etapa) en la que la dirección dominante en la misma es contrarrevolucionaria y que – por añadidura - se desarrolla durante su transcurso, tendrá por resultado un proceso que irá en dirección de los intereses de la burguesía porque toda dirección que posee esa caracterís­tica perse­guirá por objetivo funda­mental sus intereses y, de entre ellos, la revolución socialis­ta no es -precisamente- lo que le interesa. En conse­cuencia, las revolu­ciones que existie­ron en esta sub-etapa -aunque hayan llegado a la expropiación de la burguesía, como ocurrió en China o en Cuba- tienen por destino más probable el retorno al capitalismo.

18) ¿Qué probabilidades hay de no retornar al capitalismo? Las respuestas probables son dos: a) por que el movimiento de masas se resiste con todas sus fuerzas a retornar al pasado capitalista; b) por que se ha generado un partido socialista revolucionario que impide el retorno al pasado y, a la vez, catapulta al movimien­to de masas hacia adelante, hacia el proceso de construcción del socialismo.

19) Veamos el caso de la resistencia del movimiento de masas a retroceder en el tiempo. ¿Cuánto tiempo puede durar dicha resisten­cia? En el mejor de los casos -lo que es altamente improbable- puede llegar a ser crónica. Si, en cambio, pasa a la ofensiva, puede llegar a la revolución pero, en las actuales condiciones, la vida de la misma será efímera.

            Distinto sería si es capaz de parir al partido socialista revolucionario. ¿Será ello posible luego de 70 años de haber sido educado en la conciliación de clases, en la utopía del socia­lismo en un solo país, en la coexistencia pacífica, en llamar socialistas a las sociedades de los países gobernados por la burocracia stalinista, en definir como camino al socialismo pactos como el de Yalta, represiones como la llevada a cabo contra la revolución húngara, …etc.?

20) La respuesta debemos encontrarla en la teoría, el programa, la política, la organización y las cuestiones metodológi­cas y morales que definen a un partido socialista revolucionario en la fase imperialista (de decadencia) del capitalismo, luego del desenmasca­ramiento del stalinismo y con un movimiento de masas ideológicamen­te burgués, sin vanguardias políticas y con agrupa­mientos revolu­cionarios partidarios del socialismo, sin tácticas ni objetivos claros.

21) La segunda sub-etapa comienza en 1989 con los episodios que se dieron en los países del llamado "socialismo real" como conse­cuencia de revoluciones democrático-burguesas que, tal cual hemos visto en párrafos anteriores, facilitan la restaura­ción del capitalismo.

22) ¿Por qué las llamamos revoluciones democrático-burguesas?

            En el trotskysmo, durante mucho tiempo, vivimos con la idea de que en los países en los que se había dado la expropiación de la burguesía (aunque ella hubiera ocurrido con una dirección burocrá­tica desde el inicio) la perspectiva más probable era la Revolución Política; esta afirmación era mucho más probable en la URSS porque ahí se había dado la Revolución Rusa. 

            En ningún momento nos pusimos a pensar que una Revolución de ese tipo, necesariamente requiere de un partido socialista revolucionario como dirección de la misma. Tampoco pensamos que toda la historia de la URSS desde el triunfo del stalinismo significó la liquidación (incluso física) de todo intento de construcción de esa dirección. Por lo tanto, en el momento en que se dieron los episodios de 1989, tampoco pensamos que era posible el retorno del capitalismo.

            Primero gritamos a los cuatro vientos que se trataba de la Revolución Política; consecuentemente comenzamos a ver revoluciones inminentes; posteriormente (como el mejor stalinista) al ver que la Revolución Política estaba muy lejos y que lo más probable era el triunfo del capitalismo, hablamos del "retroceso en la conciencia" sin detenernos a pensar que el desplome del stalinis­mo permitió (por desaparición del elemento represor) la espontánea manifesta­ción de la conciencia de las masas de esos países por cuanto en la ideología burguesa habían sido educadas.

            Hoy estamos discutiendo en los mismos términos. Hay un signo igual entre "el estallido inminente de revoluciones generaliza­das" y la "reconstrucción sindical y política del movimiento obrero". Lo mismo podemos decir de la posición de los compañeros mejicanos cuando, al escudarse en el hecho cierto de que el movimiento de masas no se detiene a pensar (ni tiene que, ni debe hacerlo) si están dadas las condiciones para una revolución socialista y - recién entonces - tomar la decisión de efectuarla, sacan la conclusión de que ello da a la etapa que estamos viviendo el carácter de revolución de febrero.

            Comencemos por aclarar que al decir revoluciones democrático-burguesas, para nada nos referimos a las que se dieron en la etapa de consolidación de la burguesía; son, por lo tanto, revoluciones democrático-burguesas porque tiran abajo a gobiernos totalitarios y sus direcciones son burguesas o proburguesas. El tipo de gobierno que se instaura, en consecuencia, es burgués y su programa no puede ser distinto al programa general de la burguesía de nuestros días es decir, del sistema capitalista en su etapa de decadencia.

23) Para nosotros lo distintivo en esta sub-etapa, lo que le da carácter propio (y que se suma a la vez que se supedita – por eso es una sub-etapa - a la ausencia de una dirección socialista revolucionaria y a las dificultades que existen para su construcción) es lo que podemos llamar el “vacío de una dirección ilusoria”. Ello es lo determinante.

            Comencemos por decir que la desaparición del stalinismo en su carácter de dirección del movimiento de masas, es lo que hace posible la existencia de tal sub-etapa; es el acontecimiento histórico que permite saltar entre ambas sub-etapas. Por lo tanto, tiñe (y habrá de teñir) la misma a lo largo de toda su existencia.

            En términos simples podemos decir que hay un vacío de dirección revolucionaria (como lo hubo desde 1924) con un ingre­diente nuevo: las masas que creían que el stalinismo era esa dirección, se quedaron huérfanas. A esta altura podemos afirmar que no siempre se consigue un padre sustituto.

            Pero, si bien coincidimos en el carácter revolucionario no socialista de esta sub-etapa, debemos decir que ello nos permite colegir que es posible que se den revoluciones (de hecho algo parecido ocurrió en Ecuador y en Paraguay) pero su vigencia será corta, flamígera, debido a que lo que se establece es la dinámica del perro que se quiere morder la cola. Lo que no hace posible la resolución de tal situación es, una vez más, la inexistencia del partido.

24) Queda para el final, la construcción del partido, tarea que si no se lleva a cabo abre las puertas a la barbarie y a una más o menos prolongada existencia de la misma.

            Es importante decir aquí que, al igual que en 1913, la situación objetiva está más que madura; que el programa no puede ser otro que un programa socialista que deje bien establecido el carácter de dictadura revolucionaria del proletariado que deberá tener el gobierno, que se expresará en la expropiación de la burguesía como forma de la resolución de la crisis económica y que la desapari­ción del ejército del estado burgués y su reemplazo por las milicias obreras armadas es el comienzo de la construcción de la sociedad socialista, comienzo que deberá ser reforzado por la toma del poder en otros países y el establecimiento de federaciones de estados socialistas como parte de la revolución mundial.

 

POScr-VI Congreso LITCI.Sobre resolución política mundial; creación: 22/05/1999