¿Crisis fiscal en Costa Rica?

Escribió: Luis Paulino Vargas Solís en argenpress.info)

 

Medios de prensa conservadores han coincidido con las autoridades de la administración Chinchilla -incluida la Presidenta- en el sentido de que Costa Rica pasa por una difícil y amenazante situación fiscal. Al parecer, esta conclusión se deduce de dos datos: el nivel relativamente alto del déficit fiscal y el crecimiento que la deuda pública, particularmente la interna, registra desde 2009. Entiendo que esta misma preocupación es compartida por dirigentes del PAC, en razón de lo cual llegaron al ya conocido acuerdo con el gobierno conducente a la eventual aprobación de una reforma tributaria (la cual, justo es señalarlo, sería de implicaciones progresivas, caso de mantenerse los contenidos que se han hecho públicos).

 

El déficit del Gobierno Central alcanzó el año 2010 un monto equivalente a 5,2% respecto del Producto Interno Bruto (PIB). El respectivo porcentaje para 2011 podría ser muy similar si no se aprobaran nuevos impuestos. Esto representa el más elevado porcentaje déficit/PIB que se registra desde 1994, aunque se empequeñece al compararlo con los déficits en Estados Unidos y en muchos países europeos.

 

Por su parte, la deuda pública ha venido creciendo como resultado de las necesidades de financiamiento de ese déficit fiscal, pero su nivel actual (alrededor del 45% como proporción del PIB) no solo es muy razonable sino que aún está por debajo de las cifras de hace apenas pocos años (2006-2007).

 

¿Bastan estos números para justificar una declaratoria de emergencia fiscal? El gobierno considera que sí y al respecto no puedo olvidar a la Ministra de Planificación advirtiendo -en tono exaltado- que “nunca se sabe cuándo los inversores vayan a reaccionar”. O sea, parece que en los despachos y salas de reunión de las altas autoridades gubernamentales circula un fantasma llamado “inversores” que amenaza con catástrofes en caso de que no se reduzca el déficit.

 

Supercherías aparte, convendría ubicar la discusión en el contexto que le corresponde. No basta con que el déficit sea relativamente alto para decir que hay entre manos un problema fiscal importante. Es que, además, esa situación deficitaria debería tener impactos en otros ámbitos importantes para entonces poder decir con propiedad que existe un problema. Típicamente tal cosa debería ponerse de manifiesto principalmente en dos variables: la inflación y las tasas de interés. Si ambas estuviesen disparadas, la cosa daría para preocuparse en serio. Y, sin embargo, ese no es, ni de lejos, el caso de Costa Rica.

 

(También se manifestaría en las cuentas de la Balanza de Pagos. Pero esa es una historia que tiene sus peculiaridades, las cuales, por razones de espacio, no abordo aquí).

 

Vea usted que cosa curiosa: desde 2009 -este año incluido- el déficit fiscal viene en aumento. En el mismo período la inflación cayó a los niveles más bajos en décadas (4-5% anual). Vamos ya por el tercer año de “elevados” déficits fiscales y, sin embargo, el apaciguamiento inflacionario se mantiene vigente.

 

Y si usted revisa las tasas de interés el panorama es solo parcialmente diferente. Cierto que estas cayeron a niveles extraordinariamente bajos hacia 2007, pero eso hay que entenderlo en el contexto del auge especulativo que por entonces se vivía, el cual estaba alimentado por una abundancia extraordinaria de capitales. El impacto de la crisis mundial hizo que estos escasearan, con lo que en los primeros meses de 2009 las tasas subieron. Sin embargo, y hacia finales de 2009, y conforme la situación mundial se medio estabilizaba y los capitales retornaban, las tasas volvieron a bajar un tanto. En los años de “altos” déficits fiscales (2010-2011) los tipos de interés se han estabilizado en un nivel relativamente bajo.

 

Recapitulando: vamos por el tercer año de déficits públicos relativamente altos sin que ello se refleje ni en la inflación ni en las tasas de interés. Curiosa “crisis fiscal” la que nos manejamos.

 

El problema, en realidad, anda por otro lado pero, lamentablemente, no parece atraer la atención de doña Laura y su gente.

 

Veamos. La economía costarricense está ya completando un ciclo de cuatro años consecutivo con índices de crecimiento sumamente modestos: 2,7% en 2008; -1,3 en 2009 (la primera vez desde 1982 que la economía nacional decrece en términos absolutos); 4,2% en 2010 y probablemente un 3% en este 2011. Si bien el modelo económico neoliberal, vigente por ya casi 30 años, ha condenado a Costa Rica a un dinamismo económico modesto y muy inestable, el comportamiento registrado en estos cuatro años se sitúa muy por debajo de los patrones históricos vigentes bajo ese modelo, de forma que hoy la economía costarricense está aproximadamente un 8 a 10% por debajo de lo que debería estar, tan solo con que se hubiesen mantenidos las tendencias históricas características del citado modelo. Esa es una de las principales razones que explican que el “alto” déficit fiscal no tenga impactos apreciables sobre la inflación y las tasas de interés.

 

Pasemos al ámbito del empleo. Aunque los datos posteriores a 2009 no son directamente comparables con las cifras correspondientes a este último año, el caso es que tanto en 2009 como en 2010 el desempleo se ha situado arriba del 7%, con impactos mucho más negativos sobre las mujeres trabajadoras, las personas jóvenes y los sectores más pobres de la población. En lo que a 2011 se refiere, la generación de empleos anda realmente anémica. Según un reporte del Banco Central con base en datos de la Caja del Seguro Social, en el año que concluye en julio 2011, tan solo se crearon 24 mil empleos nuevos, una cifra harto insuficiente según los requerimientos propios del crecimiento normal de la fuerza de trabajo en Costa Rica (la cual crece en unas 60 mil personas cada año). No extrañe si los índices de desempleo se mantienen altos e, incluso, si siguen creciendo.

 

En resumen: la actual situación del empleo en Costa Rica es, con mucho, la más negativa que hemos conocido desde 1982. Y lo peor es que tiende a deteriorarse. A su vez, esto se manifiesta en un agravamiento de las situaciones de pobreza.

 

El asunto es mucho más preocupante si recordamos la gravedad extrema de la crisis económica mundial. El estancamiento de las economías de Estados Unidos y Europa en los primeros meses de este año, podría dar lugar a un nuevo ciclo recesivo que, posiblemente, ya ha empezado en el momento en que escribo esto. Pero, lo que es peor, es esperable que el panorama de incertidumbre, estancamiento económico y alto desempleo en esas economías ricas, se prolongue por un largo período.

 

La crisis en Costa Rica, aún cuando ha sido sumamente grave, no ha tenido, sin embargo, manifestaciones tan agudas como la de 1980-1982. Sin embargo, y a diferencia de lo que ocurrió en aquella ocasión, es muy probable que esta crisis sea mucho más prolongada, en virtud de que la situación en los países ricos con los cuales estamos estrechamente vinculados, tardará todavía mucho tiempo antes de alcanzar alguna solución más o menos satisfactoria.

 

En ese contexto ¿qué sentido tienen los cánticos alarmistas acerca de una presunta crisis fiscal? Los problemas relevantes son otros y tienen que ver con reactivación económica, generación de empleos y reducción efectiva de la pobreza.

 

Y, por favor, no se me malinterprete: no estoy diciendo que podamos desentendernos de la situación fiscal, pero si sugiero que este último problema debería ser abordado en una perspectiva de mediano y largo plazo -que incluya transformación del sistema tributario, reforma de la institucionalidad pública y reordenamiento del gasto y la inversión pública- dentro de una estrategia de política que debe estar orientada fundamentalmente en un sentido: la reformulación a profundidad del modelo de desarrollo de Costa Rica.