"El presente está abierto a varios futuros".

Entrevista a Carlos Altamirano. Publicó: sinpermiso.info

 

El historiador Martín Bergel dialogó con Carlos Altamirano sobre la relación entre el peronismo y kirchnerismo y la cultura de izquierda.

 

La reedición de Peronismo y cultura de izquierda de Carlos Altamirano supone un hecho de relieve dentro del mapa del mundo intelectual local. En un momento en que se multiplica la aparición de libros, mejores y peores, que se preguntan por la naturaleza del kirchnerismo, este volumen ofrece una clave que ayuda como pocas a entender las raíces del singular maridaje entre peronismo y progresismo que subyace al “fenómeno K”, a partir de una mirada centrada en la historia, en general, y en la historia intelectual y de las culturas políticas, en particular.

 

No es temerario afirmar, en efecto, que, junto a Nuestros años sesentas de Oscar Terán, el libro de Altamirano es el que mejor ayuda a entender el ascenso y aún la hegemonía del imaginario nacional-popular en Argentina. Además de ofrecer una explicación histórica, el libro invita a la renovada discusión acerca de las relaciones entre los polos del peronismo y de la cultura de izquierdas que el kirchnerismo ha vuelto a poner en contacto.

 

–“La pequeña burguesía, una clase en el purgatorio”, uno de los artículos del volumen, es un texto modelo, un ensayo ya clásico dentro de la historia intelectual nacional. A casi dos décadas de haberlo escrito, ¿qué peso efectivo cree que tuvo la figura de la culpa de clase media que usted detecta en una larga saga de textos ensayísticos y aún de ficción de los años 60 entre las razones del giro populista, primero, y guerrillero luego, de amplios contingentes provenientes de esos mismos sectores medios?

 

–El sentimiento de una culpa o deuda con el pueblo es frecuente en los movimientos intelectuales de tipo populista. No singulariza a la corriente que buscó de diversas maneras el encuentro con el “pueblo peronista”. Ese sentimiento ha operado sobre el fondo de una representación del pueblo como agente de redención colectiva, sobre todo del pueblo trabajador, el proletariado. De manera que la “culpa” era indisociable de esta visión redentorista del pueblo-obrero y del imaginario de la revolución que se hallaba entretejida con ella. En cuanto al guerrillerismo, hay que añadir otra referencia para su implantación en la cultura de izquierda: la Revolución Cubana y su influjo en toda América Latina.

 

–En el prólogo se señala que en el vínculo entre kirchnerismo y setentismo no hay un lugar demasiado importante para la figura de Perón. ¿No cree que incluso en este momento de efervescencia hay también un cierto rescate de su figura? ¿Cómo queda recolocado Perón frente a la canonización de Néstor Kirchner?

 

–Al hablar del discurso kirchnerista me refería a la palabra de Néstor y Cristina Kirchner. Es en ellos, en quienes son saludados y reconocidos como los líderes, donde detecto las reticencias, los circunloquios respecto de Perón. Un ejemplo: cuando en el breve discurso que pronunció en la Plaza de Mayo, después de ser reelecta, la Presidenta dijo que la plaza había sido recuperada por los jóvenes y destacó que era un momento superador de otros en ese mismo sitio. ¿No aludía al 1° de mayo de 1974 y replicaba a Perón? Entre los que se identifican con el kirchnerismo me parece que hay un debate respecto de la relación con el legado de Perón, que tiene puntos conflictivos para el relato setentista. Sólo el tiempo dirá cuál será el lugar simbólico de Perón y Kirchner en la iconografía nacional-popular.

 

–¿Cree usted que el caso del sociólogo Juan Carlos Portantiero ilustra cómo la adopción de lo nacional-popular puede convivir con una sensibilidad de izquierda, o por el contrario esa adopción implica barrer con algunas de sus premisas fundantes?

 

–Comencé el trabajo sobre Portantiero para un coloquio que iba a realizarse en México sobre la cultura italiana y la izquierda en la Argentina. El coloquio no se hizo y el artículo quedó archivado. Cuando la editorial me propuso reeditar el libro, lo retomé y le di mayor desarrollo para añadirlo al volumen. Me propuse un desafío: cómo hablar de alguien a quien me había unido una amistad haciendo un esfuerzo de objetivación, o sea, tratando de entender una parte de su trayectoria y sus elecciones sin recurrir al género hagiográfico ni hacer liquidaciones sumarias. No quise ilustrar con un caso particular tendencias generales, pero lo que había de general en ese itinerario individual no podía sino aparecer. En el caso de Portantiero, la idea de una izquierda nacional-popular convivía con algo que era más fuerte que lo que en este tiempo evocamos como “sensibilidad de izquierda”. Habría que hablar de una ideología y una formación teórica marxista muy consistentes.

 

–Dentro del par peronismo/cultura de izquierda, ¿a qué deberíamos llamar hoy cultura de izquierda?

 

–Si tuviera que describir hoy el mapa de las culturas de izquierda en la Argentina, diría que un sector pertenece al filón nacional-popular y que tiene su referencia política predominante, pero no única, en el peronismo. No toda la cultura de izquierda, sin embargo, se halla contenida en ese marco.

 

–En varias de las entrevistas que le han hecho se destaca que usted haya suprimido el epílogo de la edición del libro de 2001 en el que, luego del menemismo, veía clausurada la asociación entre peronismo y transformaciones sociales progresistas. Algunos de quienes hacen esa lectura celebran el aparente triunfo definitivo del peronismo sobre la cultura de izquierda. Pero podría objetarse a esas posiciones que también están tomando la foto actual como la definitiva, en el marco de una relación que se ha mostrado dinámica y cambiante.

 

–En realidad, no me limité a suprimir ese epílogo. En un nuevo prólogo me refiero a la eliminación del texto final y a las razones que me llevaron a eliminarlo. ¿No es lo que se espera del trabajo intelectual, que esté abierto a la revisión si aparecen nuevos datos que obligan a la reformulación o al abandono de un juicio? Los usos que en el campo del debate ideológico se haga de una pocas líneas de un prólogo brevísimo, no es algo que me interese controlar. Respecto a cómo serán las cosas definitivamente, ¿quién puede saberlo? Como siempre el presente está abierto a varios futuros y en el plano político cada uno hace su apuesta.

 

–A veces llama la atención cómo desde algunas figuras del kirchnerismo cultural hay como una saña, casi revanchista, con esa cultura de izquierda. En cambio, otros espacios afines al gobierno, como Carta Abierta, parecen más dispuestos a mantener vigente, en tensión, la relación entre el peronismo y la cultura de izquierda. ¿Cuál es su impresión al respecto?

 

–La pregunta describe bien lo que ocurre. No conozco a todos los miembros de Carta Abierta, pero los que conozco y son como yo, gente entrada en años, me parecen guiados todavía por la idea de unir a la izquierda (o al progresismo, como se dice ahora) con el peronismo, en su versión kirchnerista en este caso. No sabemos qué hará la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, a quien veo cada vez más situada en el papel bonapartista que era el de Perón.

 

Carlos Altamirano es profesor emérito de la Universidad Nacional de Quilmes, autor de Historia de los intelectuales en América Latina.