CIAO , AMIGO.

Lucio Magri se fue.

Escribió: Miguel Riera en El Viejo Topo

 

Había tomado esa decisión hace ya tiempo: cuando nos visitó para discutir la edición de su libro El sastre de Ulm, acompañado de quien se había convertido en su inestimable apoyo, Aldo Garzia, nos contó a Manolo Monereo y a mí que había pagado ya la clínica suiza en la que pensaba quitarse la vida. Esperaría, nos dijo, a que se publicara en castellano su legado en forma de libro, ese El sastre de Ulm que es un lúcido análisis de las vicisitudes que atravesó la izquierda comunista, italiana y europea, en el siglo XX.

 

Para Magri, su  vida carecía ya de sentido. La muerte, tras una agonía larga y dolorosa, de su esposa, lo había dejado desamparado emocionalmente. A eso había que agregar el desvanecimiento de la izquierda en la que él siempre había creído.

 

Él había sido siempre un luchador.  No contaré su larga trayectoria aquí, algunos periódicos ya dieron noticia de ella al comentar su fallecimiento el 28 de noviembre pasado. Pero sí subrayaré que todo lo que hizo fue en defensa de sus ideas: su adscripción al PCI, su salida de éste para crear el PdUP, su retorno al PCI, su paso por Rifondazione comunista, y sobre todo su labor desde il manifesto y la rivista del manifesto muestra a las claras una voluntad indeclinable a favor de la transformación social y la emancipación de los de abajo.

 

Lo que nos contó Magri puso a El Viejo Topo en una difícil posición.  Manolo y yo lo conversamos en varias ocasiones: ¿debíamos retrasar la edición, con la esperanza de que Magri reconsiderara su decisión? O, por el contrario, ¿debíamos acelerarla para así dar satisfacción a  los deseos del viejo luchador?

 

Pero Magri no admitía dilaciones. Nos urgía telefónicamente para que el libro saliera de una vez. Insistía dando sus razones, y desoía cualquier consejo en sentido contrario. Finalmente decidió esperar  a que apareciera la edición inglesa de su libro. Cuando esta llegó a las librerías, viajó inmediatamente a Suiza. Cuento todo esto para que el lector pueda apreciar la importancia que Magri daba a su testamento político,  condensado en El sastre de Ulm. Estaba dispuesto a soportar la vida, una vida que le parecía que carecía ya de significado, para estar seguro de que su libro viera la luz en varias lenguas.

 

Quien haya leído El sastre de Ulm convendrá conmigo en que se trata, sin duda, de un libro excepcional. Proporciona los elementos para entender el ascenso, frenazo y desvanecimiento del comunismo, a nivel italiano, claro está, pero también en clave europea.  Sus análisis no deberían caer en saco roto.

 

Antes he empleado la palabra desamparo. Creo que así se sentía Magri: desamparado en su vida privada (a pesar de la cantidad de amigos que se interesaban por él), desamparado políticamente. Náufrago de todos los naufragios. Ciertamente, nos ha abandonado uno de los intelectuales más lúcidos que Italia ha dado al mundo. Un resistente. 

 

Descanse en paz.