Túnez, Egipto. La deuda hipoteca a la revolución

 

Escribió: Pierre Pouchot en mediapart.fr

La asociación altermundialista ATTAC reunió el pasado 6 de abril a varios especialistas de la deuda en una reunión pública sobre las relaciones Norte-Sur y las consecuencias económicas del endeudamiento sobre las revoluciones árabes. Entre ellos, Fathi Chamkhi, enseñante e investigador en geografía en la Facultad de La Manuba, en Túnez. Portavoz de ATTAC Túnez, es además vicepresidente de la sección de Túnez de la Liga Tunecina de Defensa de los Derechos Humanos. También presente en París ese viernes, Noha El Shoky es egipcia y cofundadora de la sección egipcia de la campaña internacional “Dropt the debt” (Abandonemos la deuda). Ambos denuncian la política de endeudamiento de los gobiernos egipcio y tunecino que, en su opinión, mina el proceso democrático en la medida que hipoteca el futuro de los dos Estados.

 

¿En qué influyen hoy las deudas de Egipto y Túnez en los procesos democráticos en curso en esos dos países clave de las revoluciones de 2011?

 

Fathi Chamkhi. La deuda pública exterior, es hoy el 47% del PIB tunecino. Además de la carga de devolución, la deuda es una herramienta de dominación política, económica y social. Se ve muy bien hoy con las dificultades del gobierno para romper con las antiguas políticas del dictador Ben Alí. Así es como debería ocurrir: un gobierno revolucionario debe orientar su prioridad hacia la construcción social del país, para permitir a las regiones salir de su subdesarrollo. Para hacerlo, debería poder dirigirse al Banco Mundial para obtener los créditos necesarios. Lo que ocurre, es que el Banco le rechaza, y restringe sus ejes de intervención a la reestructuración del sector financiero y a la construcción de las grandes infraestructuras como las autopistas, porque es rentable… Para todo el resto, empleos, vivienda, etc., en definitiva todo por lo que los tunecinos han hecho su revolución, el gobierno no tiene más remedio que ir a otra parte. Es pues la lógica del Banco Mundial la que se impone al gobierno.

 

Hay igualmente que recordar que hoy, la deuda es la dinamo de todo nuestro sistema. El giro liberal de 1986 articula nuestra economía alrededor del financiamiento externo, alrededor de las divisas y no del dinar, y por tanto del empréstito. Las empresas y el estado tienen necesidad de divisas para equilibrar la balanza de pagos, y el gobierno debe recurrir a pedir prestado para financiar su economía y devolver su deuda pasada. No siendo convertible el dinar, se debe devolver la deuda con divisas extranjeras, así pues, endeudarse para adquirir nuevas! En eso consiste el “genio” de las instituciones financieras internacionales: hacer a los estados dependientes para poder intervenir en sus decisiones económicas.

 

Ocurre lo mismo con las Inversiones Directas Extranjeras (IDE), de las que este sistema de deuda nos hace dependientes. Es luego todo el fenómeno de la desfiscalización de las empresas internacionales y de las facilidades que les son concedidas para que se implanten en Túnez. Ahí también, se alimenta el servicio de la deuda: cuando una gran empresa de cemento instalada en Túnez fabrica el cemento aquí, a fin de año se dirige al Banco Central tunecino para convertir sus ingresos en divisas. Si el BCT no lo hace, ninguna empresa internacional vendrá más a Túnez, pues no podrán repatriar sus ganancias. Es preciso pues que el Banco Central tenga con qué hacer frente a esto. Y para ello, también va a pedir prestado.

 

Noha El Shoky. Hoy, en Egipto, es la deuda interior la que plantea problemas, puesto que asciende al 85% del PIB. Esto significa que las dos quintas partes del presupuesto anual de Egipto van para el servicio de la deuda. Desde el pasado mes de febrero, el gobierno egipcio ha contratado nuevos créditos exteriores, de un montante de 11 millardos de dólares. En tiempos de Mubarak, el montante anual del endeudamiento no superaba el millardo de dólares… Sin embargo, el gobierno, apoyado por el Consejo Superior de las Fuerzas Armadas (CSFA) no ha invertido este dinero para mejorar la situación social, el empleo y los servicios públicos. La revolución egipcia, sin embargo, tuvo lugar por dos razones: la violación por el régimen de los derechos económicos y sociales de los ciudadanos, y los de los derechos humanos en general. Hoy, la situación es crítica, el país está ahogado por la deuda, y puede ocurrir que conozcamos muy rápidamente una situación similar a la de Grecia.

 

Es en este contexto en el que el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha acudido el mes pasado a El Cairo para proponer un nuevo préstamo de 3,2 millardos de dólares. Por el momento, el gobierno duda, explica que puede utilizar este dinero para colmar el déficit presupuestario. No tiene fin… El gobierno endeuda al país, sin ayudar a su economía a despegar favoreciendo la creación de empleo o desarrollando los servicios públicos, o incluso instaurando una tasación progresiva, como tenéis en Francia, según el montante de las rentas. El gobierno desea, además, aumentar el alquiler de las tierras agrícolas, lo que es desastroso y anuncia una crisis en un sector que ya no va bien. Quiere, en fin, aumentar las tasas sobre las ventas [el equivalente al IVA], lo que generará ciertamente más ingresos, pero pesará indiferentemente sobre el más pobre o el más rico. La constatación está por tanto ahí: no solo hipotecamos el futuro endeudándonos, sino que además, los ciudadanos egipcios no ven ese dinero por ninguna parte. La verdad es que el gobierno no tiene ninguna visión económica y que las demandas de los ciudadanos que han hecho la revolución no son satisfechas.

 

En Túnez, en vuestra opinión, ¿qué continuidad hay entre la política económica del gobierno actual y la de los equipos precedentes?

 

Fathi Chamki. La primera manifestación de esta continuidad es la firma del acuerdo para la profundización del libre cambio, realizada en el marco, entonces, del Euro-Mediterráneo. Hoy, el libre cambio va a extenderse a la agricultura y a los servicios. El 14 de diciembre de 2011, el consejo de asuntos exteriores europeo ha dado un mandato a la comisión para que emprenda con Túnez, así como con Marruecos, Egipto y Jordania, lo que llaman una “profunda ampliación del libre cambio”. Esos países tienen en común un acuerdo, el de Agadir, que instaura entre ellos el libre cambio. La Unión Europea quiere beneficiarse de él. Es así como el 15 de marzo de 2012, una delegación de la Comisión Europea ha acudido a Túnez y ha obtenido el permiso del gobierno para la ampliación. Sin embargo, el gobierno ha hecho eso a escondidas, sin consultar con nadie, y sobre todo, sin consultar a la Asamblea.

 

Este acuerdo es sin embargo muy peligroso, pues contiene varias cláusulas para la protección de la inversión, que se oponen directamente a la soberanía del gobierno y de los representantes del pueblo.

 

El otro aspecto de la continuidad es el IDE: la Unión Europea se había puesto de acuerdo con Ben Alí para exonerar de impuestos a las empresas extranjeras basadas en Túnez. Pero este acuerdo estipulaba que esas empresas deberían pagar el 10% de impuesto sobre los beneficios a partir del 1 de enero de 2011. Jalloul Ayed, ministro del precedente gobierno de Béji Caid Essebsi, atrasó el plazo a 2013. Y el gobierno actual no ha echado atrás esta medida, ¡precisamente cuando Túnez tiene terriblemente necesidad de ingresos y de divisas! El gobierno de Ennahda defiende por encima de todo que la Unión Europea y los Estados Unidos estén satisfechos de él para poder permanecer de forma duradera, y esto prima sobre cualquier otra consideración. Un ejemplo: la ley de finanzas para 2012 trata en total sobre 23,5 millardos de dinares (alrededor de 12 millardos de euros-ndlr) de ellos 4 millardos solo para el servicio de la deuda. Demandamos por tanto la suspensión de esta devolución para dedicar esos fondos al desarrollo del país.

 

La semana pasada, los Estados Unidos han anunciado una ayuda de 100 millones de dólares a Túnez. ¿De qué se trata?

 

Fathi Chamkhi. Se trata de un abandono de una parte de la deuda de Túnez hacia los Estados Unidos, que es consecuencia de una iniciativa alemana del mismo tipo. Pero esos 100 millones de dólares han sido inmediatamente afectados al reembolso de los créditos debidos a las instituciones financieras internacionales, el Banco Mundial y el Banco Africano de Desarrollo. Ahí también, no se sale del círculo. Ahora se está a la espera de una iniciativa europea sobre la deuda. Pero hay que salir de esta lógica sin fin. Es lo que reclamaban por otra parte en septiembre pasado los 100 parlamentarios europeos (http://www.cadtm.org/Dette-tunisienne-100) que luchan por una anulación pura y simple de una deuda contratada bajo la dictadura y de la que los tunecinos nunca han visto los resultados. ¿Por qué deberían hoy pagarla?

 

Noha El Shoky. La problemática egipcia es parecida hoy a lo que pasaba en Túnez antes de la revolución. El régimen actual es peor que el que conocíamos bajo Mubarak: la tortura es practicada de forma corriente, más de 16.000 ciudadanos están actualmente en la cárcel y/o han sido llevados a los tribunales militares. El CSFA no es elegido, y por tanto no es legítimo. La deuda que contratamos puede por tanto ser calificada como odiosa. Y las instituciones que continúan prestando dinero a ese régimen deben saber que financian una dictadura.

 

Al mismo tiempo, vamos hacia una recesión. Pero esto no tiene nada que ver con la revolución, ni siquiera con la caída de los ingresos por turismo. El gobierno debe dedicar sus recursos a reconstruir la economía, y no aceptar más que dos quintas partes de su presupuesto vayan al servicio de la deuda y la reducción del déficit. Con el montante de los créditos que ha contratado este año el gobierno, ¿cómo vamos a financiar el pago de esta deuda? Al mismo tiempo, seguimos sin ver las donaciones votadas en el G8 el pasado verano en Deauville, que estaban por otra parte trufadas de nuevos préstamos, por tanto, de factores de endeudamiento. Vamos hacia una situación financiera insostenible, de la que no podremos salir sin provocar una grave crisis, como la que conoce Grecia.