Europa programa su resurrección

Bruselas presentará a los socios en la próxima cumbre una propuesta para inyectar 200.000 millones en infraestructuras, energía y tecnología

 

Escribió: CLAUDI PÉREZ desde Bruselas en El País, España el 29 ABR 2012

 

Bruselas prepara una suerte de Plan Marshall, una inquietante referencia histórica que en los últimos meses aparece incluso en documentos oficiales de la Unión, y que da idea del estado de salud de la economía del continente. La UE ultima un proyecto destinado a estimular el crecimiento en los países más castigados. Pero con una condición muy propia de los tiempos que corren: sin que eso cueste dinero, o al menos no demasiado dinero. Bruselas ha diseñado un gran plan de inversión en infraestructuras, energía verde y tecnologías avanzadas, con participación del sector privado, según explican fuentes europeas a EL PAÍS, para conseguir algo parecido a esa cuadratura del círculo que son las políticas de crecimiento sin aumentar la deuda de los socios del euro.

 

La rebelión contra la austeridad alemana ya tiene nombre, Pacto por el Crecimiento, o incluso Agenda por el Crecimiento, como la llamó ayer la canciller Angela Merkel, que abraza ahora una de las ideas del candidato socialista a las presidenciales francesas, François Hollande: usar el Banco Europeo de Inversiones (BEI) como palanca para acometer inversiones, crear empleo, crecer. En la próxima cumbre, tras las elecciones francesas, la Comisión presentará un menú de opciones que pasa por capitalizar el BEI o recurrir a la ingeniería financiera para acometer proyectos por importe de unos 200.000 millones a través de avales, eurobonos para financiar inversiones o todo tipo de vehículos financieros sofisticados, o incluso con la creación de una agencia europea de infraestructuras.

 

La Unión baraja dos opciones. La más inmediata es pedir dinero a los países para inyectar 10.000 millones en el BEI. Esa institución, creada hace más de medio siglo para financiar proyectos europeos, corre el peligro de perder la máxima nota de las agencias de calificación y está plegando velas a pesar de la preocupante recaída en la recesión: reduce sus préstamos y los otorga en duras condiciones para no perder la Triple A. En otras palabras, no ayuda cuando más se le necesita. Esa inyección de capital volvería a darle el colchón necesario, el aire suficiente para elevar su capacidad de préstamo hasta 60.000 millones este año (sin ese dinero fresco, tenía previsto una rebaja drástica de los préstamos que concede). Eso permitiría poner en marcha inversiones europeas por importe de 180.000 millones.

 

Esa no es la opción más factible por la actual asfixia presupuestaria. Hay que buscar alternativas: la Comisión ultima una jugada que debe estar lista para la cumbre informal convocada para después de las elecciones francesas, y para darle toda la fanfarria que exigen estas cosas a la próxima reunión oficial de jefes de Estado y de Gobierno, a finales de junio, en la que ya se conoce en los pasillos de Bruselas como la Cumbre del Crecimiento, con todas las mayúsculas y todo el lenguaje tremendo-colorista de las citas que quieren ser decisivas. “Si los mercados no dan margen, hay que recurrir a la imaginación para volver a las políticas de crecimiento. Los inversores institucionales están deseando que se les presenten opciones atractivas, y con el sello de la Unión todo ese dinero se canalizaría hacia proyectos europeos”, describe una fuente comunitaria. Bruselas persigue utilizar los casi 12.000 millones de euros de la parte no usada del fondo de rescate financiado con el Presupuesto comunitario (los 60.000 millones del llamado EFSM: el resto está ya comprometido en las ayudas a Grecia, Irlanda y Portugal). Utilizar ese dinero como palanca para atraer unos 200.000 millones en inversiones con el sector privado.

 

Hay varias opciones sobre la mesa para usar esos casi 12.000 millones, más o menos ambiciosas en función de las elecciones francesas. Y dependiendo de que se confirme —o no— la conversión de Merkel a los nuevos aires de la política europea. En resumen, se trata de hacer ingeniería financiera: usar ese dinero como capital híbrido del BEI, como garantía para activar proyectos de infraestructuras público-privados, a través de instrumentos financieros sofisticados y con project bonds (obligaciones de proyecto avaladas por la UE para que las compren los fondos de pensiones y otros inversores, que se están cocinando desde el pasado otoño).

 

Bruselas ya ha hecho circular esas opciones, incluso se las ha hecho llegar al equipo de Hollande, que en campaña ha hablado abiertamente de utilizar el BEI en su estrategia de crecimiento. Merkel se sumó ayer a esa idea: ahora ella misma habla un idioma parecido al de Hollande con respecto al BEI e incluso al uso más intensivo y ágil de los fondos europeos, una bolsa de más de 30.000 millones. Con los apoyos —verbales— en el bolsillo, la Unión espera, en una calma tensa, al mayo francés. Y se guarda incluso una carta por si gana Hollande y Francia quiere un golpe de efecto: trocear la cartera de créditos del BEI, titulizar los préstamos ya concedidos y con eso, más el aval de los Presupuestos europeos, liberar capital para volver a prestar: una ambiciosa argucia financiera a la manera de las subprime, siempre que Alemania apoye esa vía.

 

Merkel anuncia la preparación de una “agenda del crecimiento” para la UE

La canciller alemana sugiere reforzar "las posibilidades del Banco Europeo de Inversiones"

 

Escribió: JUAN GÓMEZ desde Berlín en El País, España, el 28 ABR 2012

 

La canciller alemana, Angela Merkel, ha anunciado una “agenda de crecimiento” para Europa solo un día después de declarar “innegociable” el Pacto Fiscal firmado por 25 líderes europeos en marzo. Merkel se mueve así hacia las posiciones del candidato socialista francés, François Hollande, a quien las encuestas dan como ganador de las presidenciales francesas el próximo día 6. La líder democristiana (CDU) tiende también la mano a los socialdemócratas alemanes del SPD, a los que tiene que hacer concesiones para poder sacar adelante el Pacto Fiscal y el fondo permanente de estabilidad ESM en el Parlamento (Bundestag). Le hace falta una mayoría parlamentaria de dos tercios. Merkel llevará sus nuevas propuestas de crecimiento a la cumbre europea de junio.

 

En una entrevista publicada el sábado por el diario sajón Leipziger Volkszeitung, la jefa del Gobierno alemán se dice abierta a potenciar el papel del Banco Europeo de Inversiones en la lucha contra la crisis. Es una de las medidas propuestas por el socialista Hollande si gana las elecciones francesas. Merkel también está de acuerdo con él en agilizar los trámites para que los fondos estructurales de la Unión Europea se empleen en impulsar el crecimiento. Tanto el SPD como el socialista Hollande piden la introducción de un impuesto a las transacciones financieras en Europa. La coalición de centro-derecha que preside Merkel aún no se ha puesto de acuerdo en los detalles, pero la canciller ha dado repetidas señales de que acepta la idea.

 

Merkel insiste, sin embargo, en que el texto del Pacto Fiscal no debe volver a negociarse, porque “ya ha sido ratificado por Grecia y Portugal y [el texto actual] está sujeto a un referendo convocado en Irlanda a finales de mayo”. La canciller esquiva las críticas asegurando que su política para superar la crisis “se asienta sobre dos columnas”: la consolidación y el crecimiento. Sus cada vez más numerosos críticos europeos le acusan de primar la austeridad y olvidarse del resto. Ella rechaza “nuevos programas públicos” para potenciar la economía, porque suponen un “crecimiento a crédito”. En otra entrevista reciente a la televisión pública NDR, Merkel sostiene que “el crecimiento no siempre tiene que costar dinero”.

 

La economía alemana está capeando bien la crisis de la deuda. La tasa de paro sigue alrededor del 7% y, por ahora, se ha evitado caer en la recesión. Los democristianos alemanes insisten en la necesidad de “aumentar la competitividad” en los países socios y recuerdan las “duras reformas” del pasado que, a su juicio, han permitido la actual bonanza económica alemana. Los socialdemócratas, en cambio, temen que la brecha cada vez más ancha entre el norte y el sur de Europa termine amenazando la unidad. La victoria de Hollande en la primera ronda de las presidenciales francesas ha traído un cambio de aires y ha abierto grietas en el monolito de recortes defendido por Merkel y por el actual presidente de Francia, Nicolas Sarkozy. La posibilidad de un cambio en Francia, sumada la caída del también conservador primer ministro de Países Bajos, Mark Rutte, ha hecho saltar las alarmas en los despachos políticos democristianos.

 

Una vez impuesto el Pacto fiscal y la disciplina presupuestaria, se trata ahora de evaluar los pasos futuros para estrechar los lazos fiscales en Europa, que se vio como la única solución posible a largo plazo para la crisis del euro. De momento, el Gobierno de Alemania no quiere oír hablar de los impopulares “eurobonos”, aunque no descarta la emisión de deuda conjunta europea cuando se haya calmado el maremoto del euro. Pero los embates de la crisis de la deuda y la austeridad impuesta a corto plazo por el pacto fiscal que Merkel impulsó a finales de año hacen difícil mantener la perspectiva. Mientras la derecha populista y ultra gana apoyos en Países Bajos y Francia, el miedo a la ruptura del euro y a perder el dinero hace flaquear el europeísmo en otros parajes. Los ataques a los fundamentos de la Unión Europea no provienen solo de eso que llaman “los mercados”, sino de una minoría cada vez más gritona de euroescépticos de todos los colores políticos.

 

 

Merkel maniobra para responder a un giro político en Francia y Holanda

La canciller alemana defiende ahora la necesidad de “crecimiento con reformas”

 

Escribió: JUAN GÓMEZ desde Berlín en El País, España, el 26/04/2012

 

La canciller Angela Merkel seguramente lo ignora, pero siempre se ha atenido al refrán castellano “cuando las barbas del vecino veas pelar…”. En este caso, dos vecinos: Nicolas Sarkozy, que perdió el domingo la primera ronda de las presidenciales francesas, y el primer ministro de Países Bajos Mark Rutte, cuyo Gobierno ha encallado definitivamente en su programa de recortes. Ambos conservadores han sido aliados cruciales de la canciller democristiana (CDU) y valedores de sus recetas de austeridad. La preocupación en el Berlín político ha traslucido estos días en declaraciones de la propia Merkel y del Ministerio de Hacienda, donde el secretario de estado Thomas Steffen dice que su Gobierno no se compone de “talibanes de la consolidación”: “también nosotros vemos que Europa necesita más crecimiento”. Cuando Merkel admitió el miércoles la necesidad “de un crecimiento con reformas estructurales”, estaba poniendo a remojar las barbas democristianas. De momento, sólo en palabras.

 

El debate ya ha alcanzado de lleno los principales medios del país y copaba el jueves la influyente portada en la web de Der Spiegel. Destacaba el artículo, no obstante, que el “súbito acuerdo” retórico entre el presidente del Banco Central Europeo (BCE) Mario Draghi, el candidato socialista francés François Hollande y la canciller Merkel a favor del crecimiento “encierra el problema de que cada uno quiere decir algo distinto” con las mismas palabras. Los hechos son otra cosa y, de momento, sólo puede confirmarse el “sutil cambio de tono” que detecta en Berlín un analista de la agencia británica Reuters.

 

Pero no cabe duda de que los democristianos alemanes se preparan para la posibilidad de que el primer socio europeo tenga muy pronto un gobierno socialista. El candidato Hollande ya ha anunciado que su primer viaje sería “a Berlín, para confirmarle a Angela Merkel que los franceses han votado por una Europa distinta”. ¿Cómo lo recibirán?

 

Las propuestas de Hollande para un impuesto a las transacciones financieras en la Eurozona, el refuerzo del papel del Banco Europeo de Inversiones (BEI) y la agilización de los fondos estructurales no se ven con malos ojos en el Gobierno de Merkel. Toda vez que dicho impuesto a las transacciones es una de las condiciones de Partido Socialdemócrata (SPD) para dar su voto al Pacto Fiscal en el parlamento (Bundestag), el mes que viene. Los partidos de centro-derecha que conforman el Gobierno de Merkel (CDU/CSU y el liberal FDP) necesitan los votos del SPD para que el Pacto Fiscal salga adelante. Los socialdemócratas miran de reojo a Francia y se preguntan si no será hora de sacar pecho y presionar a Merkel con más condiciones. El presidente del partido Sigmar Gabriel está dando señales en esta dirección y asegura que Hollande “tiene toda la razón al pedir un pacto de crecimiento y empleo”.

 

Terreno más escabroso pisa Hollande cuando propone “bonos europeos” para financiar infraestructuras en la UE. Dijo que no se trata de “mutualizar la deuda”, sino costear proyectos industriales, pero los economistas que fijan el rumbo del Banco Central alemán (Bundesbank) y velan por la (a su juicio, ya violentada) ortodoxia financiera del BCE dan un respingo cada vez que alguien pronuncia la palabra “eurobono”. Aunque no sea exactamente eso, este cuarto punto de la propuesta de Hollande encontraría aquí una resistencia enconada. La coalición de Merkel sigue debilitada por el hundimiento del FDP en las elecciones regionales de los últimos años. Los eurobonos son muy impopulares entre los alemanes, que perciben los esfuerzos de la crisis como una carga, de momento aceptable, para sus bolsillos. Cabe dudar si el actual Gobierno sobreviviría la decisión de emitir deuda conjunta europea.

 

Pese a la preocupación, la CDU de Merkel confía en el rol didáctico de los mercados que, opinan, no permitirían a Hollande alejarse mucho del rumbo fijado por el actual presidente Sarkozy. Merkel sigue disfrutando del apoyo de la mayoría de los alemanes, apuntalado por la aceptable marcha económica a pesar de la crisis. Sin embargo, el crecimiento 0,7% que se espera para 2012 no es para echar cohetes y, si la crisis se agrava en el sur de Europa y contagia a Alemania mediante la caída de las exportaciones y el impago de deuda a sus bancos, la canciller tendrá que responder sola ante sus socios y ante sus votantes. La crisis está demostrando su capacidad para tumbar un gobierno europeo detrás de otro. Sería un argumento más para que la superviviente Merkel tienda nuevos puentes sobre el Rin, en busca de impulsos económicos más potentes para Europa.