Un viaje por las minas de carbón de León y Asturias

Escribió: Rosalía R. Méndez en Sin Permiso

[Las columnas mineras de todo las zonas carboníferas del Reino de España continúan su marcha hacia Madrid, después de la huelga general del sector el pasado 18 de junio, donde esperan llegar el próximo 11 de julio para obligar al Gobierno Rajoy a cumplir sus compromisos pactados para mantener las subvenciones al carbón hasta el 2018 y negociar una reestructuración de las comarcas mineras que no suponga su ruina y el paro masivo. Los mineros españoles han tenido una solidaridad entrañable de sus compañeros británicos –que aun recuerdan la que recibieron ellos en su huelga en 1983 contra la primera ministra Thatcher- y de sus compañeros chilenos. El cerco informativo de la prensa, que solo ha recogido los enfrentamientos con la policía, ha sido roto por algunos programas de TV (http://www.rtve.es/alacarta/videos/informe-semanal/informe-semanal-negro-futuro-del-carbon/1451428/) ]

Las minas de carbón españolas están paralizadas. Los recortes de las ayudas al sector anunciadas por el Gobierno central han prendido la llama de una nueva revolución en las comarcas mineras de Asturias, León, Palencia, Teruel y Ciudad Real, donde los mineros están en pie de guerra junto con sus familias, amigos y vecinos, en defensa de su trabajo y de su dignidad. Este reportaje retrata la lucha de los mineros y la vida bajo tierra de los que llevan un mes encerrados en la mina, y explica el conflicto del carbón y los objetivos de las protestas.

Un mes bajo tierra

Un largo túnel de tres mil metros, apenas sin luz y lleno de polvo de carbón, separa a los siete mineiros encerrados de sus familiares y compañeros en el pozo Santa Cruz, en el Bierzo. En la bocamina hacen guardia sus mujeres y los niños, corrillos de compañeros de los encerrados y los ya jubilados; apoyando mañana, tarde y noche desde el exterior.

Hace ya 31 días que ocho mineros decidieron encerrarse para impedir el fin del carbón y pedir que el Gobierno central cumpla con lo prometido. Uno de ellos tuvo que abandonar el encierro por motivos de salud. Bajo tierra, en un habitáculo de apenas 40 metros cuadrados, las horas pasan lentas y lo que más se echa de menos es la luz del sol y la familia. Los dibujos de sus hijos y los enviados por un colegio municipal llenan las paredes con mensajes de apoyo, mientras un canario llamado intencionadamente 'Engaño' les hace compañía.

Allí dentro hay mucha humedad y corrientes de aire, poca ventilación y poco o nada que hacer. Juegan a las cartas y leen la prensa para matar el tiempo. El silencio de las máquinas paradas, poco habitual en la mina, les resulta extraño. El único contacto exterior es a través de sus compañeros, que les llevan la comida y periódicos cada día. Además, tienen un teléfono con el que se comunican “con los de fuera”, a través del que hablan a diario con sus mujeres e hijos, esperando impacientes que llegue ese momento del día para comunicarse con los seres queridos.

Fuera, los compañeros y mineros jubilados hablan de la dureza de la mina, un trabajo en el que se dejan la salud y, a pesar de los peligros que entraña la mina y de que creen que “no hay dinero que lo pague”, es una manera de vida para varias generaciones y su cierre supone el fin de todo lo que conocen. El estado de ánimo es positivo en general; no van a dejar de luchar y seguirán hasta que el Gobierno rectifique.

Los mineiros saben que su profesión es una de las más peligrosas del mundo y aun así, muchos de ellos dicen que no harían otra cosa. Si tienen que nombrar una profesión parecida en condiciones laborales, hablan de la pesca en alta mar, y muestran su admiración por los pescadores, que trabajan a miles de kilómetros de distancia, en medio del océano, con humedad, trabajo duro y peligros constantes.

Pozo Santa Cruz

En el Pozo Santa Cruz trabajan unas 200 personas. Mientras sus compañeros permanecen bajo tierra, los mineros y sus familias organizan las protestas en el exterior. Prácticamente todos los días se suceden las movilizaciones, marchas y cortes de carreteras como forma de protesta, además de los piquetes informativos durante todo el día de la huelga general —el lunes 18 de junio—, a pesar de que el paro fue prácticamente total.

El pozo Santa Cruz se encuentra en el municipio de Páramo del Sil, a orillas de este río. No es la única mina de la zona. En esta comarca minera, la del Bierzo Alto, con su capital en Bembibre, unas 30.000 personas dependen de esta industria. El cierre de las minas supone dejar sin trabajo a la práctica totalidad de la población activa, ya que la minería del carbón representa, directa o indirectamente, el sustento de esta zona, donde apenas existe otra industria que no dependa del carbón.

“Con la mina nadie se hace de oro”

Los mineros saben que el mes que viene no cobrarán por estar en huelga. Hace pocos días que recibieron el sueldo correspondiente al mes pasado y deben resistir con ese salario hasta que se ponga fin a un conflicto que se prevé largo. En muchas familias, el de la mina es el único sueldo que entra en las casas, el resto de miembros están en paro; en otras no saben como harán frente al pago de las hipotecas y alquileres, pero en ningún caso piensan ceder y abandonar la huelga hasta que el conflicto se solucione.

A pesar de lo que se suele decir, los mineiros aseguran que “con la mina nadie se hace de oro”. Los sueldos varían, con turnos muchas veces de 10 horas de lunes a viernes. Unos sueldos que rondan los 1.500 euros mensuales y que se vieron menguados en los últimos años por culpa de los planes de reconversión que, según los propios mineros, no funcionaron ya que no existe más industria en la zona que la del carbón y las auxiliares cómo las de los sectores del transporte o servicios.

Santa Cruz no es la única mina en la que los trabajadores se han encerrado. En Asturias, donde hay otras dos cuencas mineras de carbón, hay dos pozos en los que un grupo de otros siete mineros permanecen encerrados: Pozo Santiago y Pozo Candín, cerca del municipio de Miéres.

Evitar el cierre de las minas es su objetivo: “Si una mina se cierra, es para siempre”, dice un minero como una de las razones para impedir el fin del carbón. El hecho es que se inundarían las galerías de la mina, inutilizando el yacimiento y, en caso de que en un futuro se pretenda reactivar el sector, habría que empezar de nuevo desde cero porque los pozos ya cerrados, por mucho carbón que haya dentro, serían inútiles.

El conflicto del carbón

El fin de la minería del carbón en España ha llevado a una huelga en las cuencas mineras que se mantiene desde hace 31 días. Esto supone que cientos de familias y comarcas enteras han dejado de trabajar y, por tanto, de cobrar, para defender un acuerdo firmado por el que en el año 2018 se produciría la reconversión del sector de la minería del carbón en el Estado.

El Gobierno central propone ahora un recorte del 63% en las subvenciones, lo que supondrá el cierre de todas las explotaciones este mismo año, sean rentables y eficientes o no. El problema radica en que ese recorte, cuya aplicación estaba prevista para los próximos cinco años, se ejecutará en los próximos meses de golpe, provocando el cierre de las explotaciones de carbón y el final de las industrias auxiliares a lo largo de este año, de las que viven comarcas enteras.

Miles de familias dependen del carbón en las comunidades de Castilla y León, Asturias y Aragón. Son 47 las explotaciones mineras en activo, 7.900 los mineros en España, y muchos los millones de euros invertidos en una reconversión que aún está en curso, de modo que no existe aún una industria capaz de absorber al número de parados que dejará el carbón y sus industrias auxiliares como el transporte o los servicios.

Las denuncias de esta situación no parten tan sólo de los mineros y los sindicatos. Algunos cargos políticos de la zona también se han encerrado y han protagonizado movilizaciones durante este mes de huelga. Incluso los alcaldes del partido del Gobierno, no importa el color político en este conflicto. Para el alcalde de Igüeña (PSOE) y minero en activo, Antonio A. Presa, “en una época de crisis como ésta, con cinco millones de parados en el país, si ya tienes empleo, haces por mantenerlo, manteniendo las comarcas activas, pero no destruyes el que hay dejando en la ruina a todos y empeorando la situación general”.

Razones para cerrar o mantener las minas

Entre las razones argumentadas por el Gobierno para este recorte del 63%, es que se trata de una energía cara de producir, que contamina y que el carbón español no es de calidad. Estos argumentos distan totalmente de los esgrimidos por quienes trabajan en las minas, que tienen una versión muy diferente y exigen a los políticos que digan la verdad sobre el carbón.

Desde los sindicatos llaman a la movilización, denunciando que no se está diciendo la verdad; señalan que se están utilizando las minas ya cerradas o las que están siendo poco rentables como si ése fuese el estado general de todas las minas. De hecho, uno de los ejemplos que contradicen ese discurso es la mina de Santa Cruz, con reservas probadas de carbón para 200 años. "Como esta mina hay muchos ejemplos más; el carbón es rentable y fundamental en nuestra política energética”, argumentan desde los sindicatos.

Otro de los argumentos que justificarían acabar con la minería son las emisiones de CO2. Aunque es cierto que la combustión de carbón produce gases que contaminan, estas emisiones se producen en las centrales térmicas, no en las propias minas, por lo que la minería en sí no es contaminante.

No todo el carbón que utilizan las térmicas españolas es de producción estatal. La mayor parte procede de otros países, por lo que la cantidad de CO2 emitida no depende de la producción española, sino de la total (nacional y extranjera), y hay centrales que sólo trabajan con carbón importado, como la de As Pontes, en la provincia de A Coruña.

Para solucionar el problema de las emisiones de gases contaminantes se ha investigación y desarrollo en los últimos años, con el objetivo de reducirlas. Un buen ejemplo de ello es el proyecto de la Ciudad de la Energía en Ponferrada, CIUDEN, actualmente paralizado por motivos económicos. Con este proyecto se pretende capturar el CO2 emitido, reduciendo, de este modo, de forma notable, los efectos medioambientales negativos que puede producir esta industria. “Se acabaría con la contaminación y no habría excusa para el carbón”, piensa uno de los concelleiros de un municipio da zona do Bierzo.

Carbón competitivo y de calidad

Los mineros argumentan que no están pidiendo más gasto público, sino que exigen que el Gobierno cumpla con el pactado hasta 2018. Aunque es cierto que existen subvenciones para la producción de carbón, sindicatos y expertos argumentan que el gasto para producir el resto de las energías es notablemente superior. Mientras que el carbón español recibe poco más de un euro por kilovatio, denuncian que otras energías son más caras y no está probada su eficiencia. Citan como ejemplo la energía solar, que recibe subvenciones mucho mayores y no tiene una rentabilidad tan alta, o el caso de la energía hidroeléctrica, con alto impacto ambiental.

El carbón producido en España es de calidad, a pesar de lo que, según denuncian los mineros, se publica en los medios de comunicación y repiten algunos políticos. Según los expertos, hay cuatro tipos de carbón, entre los que destaca la antracita, por ser de mejor calidad, y es justo ésta la que se extrae en las comarcas mineras españolas, “por tanto, el carbón español es competitivo y de buena calidad”, comenta un ingeniero de una de las minas.

Las subvenciones del Estado pretenden sostener la producción de energía procedente del carbón y mantener los precios bajos. “El carbón se paga cómo hace 20 años”, comenta un minero ya retirado que añade que las prejubilaciones son por motivos de salud y no son tan altas como se dice. “Buscad entre los mineros jubilados a alguien que no esté enfermo y no lo encontraréis; nuestra esperanza de vida es muy baja”, dicen.

Parte de las ayudas que recibe la minería se han invertido en mejorar las condiciones de trabajo y en mecanizar los procesos productivos, lo que implica una mayor calidad de vida de los mineros y que desciendan las tasas de mortalidad. Otras ayudas fueron destinadas a la reconversión del sector, para la creación de una industria no minera que pudiera absorber a los trabajadores una vez cerradas las minas. En caso de que este cierre se produzca en 2012, la reconversión quedaría a medias y por el momento, por lo menos en el Bierzo, no hay otra industria capaz de dar trabajo a tantas personas.

Mientras en otros países piensan volver a producir carbón —como por ejemplo en el Reino Unido— y otros ampliarán las cuotas de energía procedente de este mineral —como Alemania—, en España se plantea el fin de una industria de la que viven miles de personas. Esta energía supone el 17% de nuestro mix energético, del cual una parte procede de las importaciones de carbón del exterior, aun existiendo recursos suficientes en España para garantizar menor dependencia energética de otros países.

Las protestas

Desde que comenzó la huelga en la minería del carbón se han sucedido las movilizaciones y piquetes de los mineros en diferentes zonas. Ha habido encierros, manifestaciones, cortes de carreteras, protestas en Madrid y una huelga general en las comarcas mineras el pasado lunes 18 de junio. Los sindicatos también han convocado una marcha minera negra hacia Madrid que salió el viernes 22 de junio desde cuatro puntos: Bembibre y Villablino (León), Miéres (Asturias) y Andorra (Teruel).

No es la primera vez que este sector convoca una huelga de larga duración. Los mineros están organizados y no quieren quedarse quietos ante el fin de su modo de vida y el principal sustento de sus comarcas. A pesar de que el recorte parece que se aplicará (la semana pasada fue votado en el Senado), no bajarán la guardia y seguirán hasta que haya una solución que pasa por rectificar el Gobierno y cumplir con lo pactado.

Encierros, protestas, manifestaciones y marchas

Los encierros se han sucedido en las últimas semanas. Desde el mismo día que comenzó la huelga, los mineros encerrados en el Pozo Santa Cruz, Pozo Candín y Pozo Santiago no han vuelto ya a sus casas ni a ver a sus familias. Pretenden con este gesto presionar al Gobierno para que dé marcha atrás y mostrar su determinación de luchar contra el cierre de las minas. Otro grupo de mineros se encerraba también en el edificio de la Diputación de León mientras alcaldes y concejales hacían lo mismo en cuatro ayuntamientos de la comarca del Bierzo.

La semana pasada, “las mujeres del carbón” viajaban a Madrid, a las puertas del Senado, para presionar en la votación del Decreto que pondrá fin a la minería del carbón. Entre ellas viajaban las mujeres y familiares de los encerrados en las minas y en las diputaciones.

El sábado pasado llegaba una marcha a pie procedente de las poblaciones de los alrededores de la mina de Santa Cruz. En la marcha había familias enteras y, al lado de los mineros, vecinos de la zona mostrando su malestar con las políticas del Gobierno y su apoyo total a los siete trabajadores encerrados. El momento más emotivo fue cuando las personas allí concentradas cantaron el 'Santa Bárbara Bendita', himno de los mineros, a los que permanecen dentro de la mina. “Los encerrados son todo un ejemplo y nos dan fuerza; debemos seguir luchando aquí fuera por nosotros y por ellos”, expresan los vecinos.

Los mineros no están solos. A las manifestaciones acuden miles de personas para apoyarlos, conscientes de que el problema de la minería les afecta directa o indirectamente a todos. 50.000 personas se reunieron el pasado lunes en Langreo, Asturias, en una manifestación que paralizó toda la comarca y cuya principal industria y fuente de trabajo es la minería. 12.000 personas apoyaron en León ese mismo día a los mineros, en una movilización que recorrió la capital durante las horas del mediodía.

La huelga general del pasado lunes tuvo un seguimiento del 100% en las comarcas mineras. Las calles estaban vacías, los negocios cerrados, incluidos los bares y panaderías, con lo que no hubo pan ese día, e incluso algunos ayuntamientos cerraron por decreto. En las cuencas mineras son conscientes de que el cierre de la minería supone el fin de las poblaciones de estas comarcas tal y como las conocen, por eso secundaron la huelga. Ese día los municipios parecían pueblos fantasmas, como si de una premonición se tratara en caso de que se cierren las minas de carbón, como ya sucedió en otros lugares, como Cistierna en León. En las puertas de los establecimientos y en los balcones de las casas se podían leer mensajes de apoyo a los mineros.

Sin miedo

Los cortes de carreteras son otra de las formas de protestas de los mineros. “Por desgracia es lo único que sale en los medios de comunicación y a través de eso se sabe que estamos en huelga. Es una forma de llamar la atención de todos al problema real”, lamentan los mineros. Periódicos y televisiones publicaron durante las últimas semanas los duros enfrentamientos entre mineros y Policía o Guardia Civil en las cuencas mineras. Al circular por las carreteras de estas zonas, se encuentran los restos de las barricadas y en todos los cruces, pueblos y carreteras hay patrullas con agentes vigilando para que no se produzcan más cortes. Incluso los camiones son escoltados por la Guardia Civil, en grupos de unos 40 vehículos, cuando circulan por las zonas mineras.

Nadie sabe cuándo se va a producir el próximo corte de carretera ni dónde, ni siquiera los propios mineros. Cuando se reúnen lo deciden y lo llevan a cabo. La Policía y la Guardia Civil acuden de inmediato y se producen los enfrentamientos. Las cargas se han saldado no sólo con agentes heridos, sino también con mineros con costillas rotas y múltiples contusiones en diferentes partes del cuerpo. Los mineros juegan al despiste con la Policía, y la Policía con ellos. Cuando se produce el corte de una carretera muchas veces “hay que echarse al monte, correr y esperar a veces durante horas a que todo se calme”, nos explican.

Los mineros dicen no tener miedo y que van a seguir luchando. “El miedo es a perder tu puesto de trabajo, tu manera de vida y a ver cómo tu pueblo se hunde en la miseria”, comentan. Para los mineros, los enfrentamientos con la Policía son parte inevitable del conflicto: “Nadie quiere la violencia, ellos también golpean, van armados y hay que defenderse; no podemos quedarnos quietos”, argumentan.

En juego está el futuro de miles de personas en un país, España, ya muy castigado por el paro y por la pobreza en la que se están hundiendo miles de familias. La lucha se presume larga y dura.—23 de junio de 2012

Rosalía R. Méndez es corresponsal de Galicia Confidencial