Crecen construcciones verticales en "favelas" de Río

Escribió: Pau Ramírez; notició: XINHUA

La ciudad brasileña de Río de Janeiro enfrenta un problema con el crecimiento vertical de viviendas en las favelas (barrios pobres), pese a los programas sociales emprendidos por el gobierno que incluyen acciones de reubicación para evitar que se construyan nuevos pisos sobre viejas viviendas.

El Instituto Pereira Passos (IPP) de Brasil informó que de 2008 al primer cuatrimestre de 2012 disminuyeron 2 por ciento las áreas ocupadas por comunidades con un total de 930.119 metros cuadrados, equivalentes a 113 campos de fútbol, lo cual compensó el crecimiento de 2,2 por ciento de 2004 a 2008, sin embargo no fue suficiente.

Una de las beneficiadas por los programas del gobierno para revertir esta situación fue la manicurista Vanessa Alves Santana, quien se avergonzaba al decir que vivió en un "zulo" o en una "bat caverna" (cueva de murciélagos) en la comunidad Mandela de Pedra, en Manguinhos, en la zona norte de la ciudad de Río de Janeiro.

Esa vergüenza se convertía en preocupación cuando el suelo de la choza se encharcaba durante los días de lluvia, hasta que su familia fue una de las 17.400 apartadas del área de riesgo o de protección ambiental por la Secretaría de Vivienda de Río de Janeiro en casi cuatro años.

Sin emabrgo, en la zona sur del municipio la orden de embargo y la notificación de la Secretaría Municipal de Urbanismo entraron por un oído y salieron por el otro para el comprador de un piso en la popular Rocinha, la mayor favela de Brasil.

Este comprador concluyó la obra de un quinto piso y prosiguió con la construcción de un sexto pavimento, al ignorar la legislación que prohíbe cualquier edificación nueva en favelas desde abril de 2011, con excepción de aquellas que sean públicas.

Ambas situaciones retratan la realidad de las favelas de Río de Janeiro.

Cifras de los censos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) mostraron un aumento poblacional de 27,5 por ciento en los denominados aglomerados subnormales, los cuales pasaron de un millón 92.476 a un millón 393.314 habitantes de 2000 al 2010, contra un crecimiento de 7,.4 por ciento en todo el municipio carioca.

En la actualidad Rio de Janeiro cuenta con 763 favelas, 48 por ciento más que en 2000 (514).

En esas regiones surgieron 118.343 habitaciones, lo cual representa un crecimiento de 38,6 por ciento en los últimos 10 años.

La insistencia de especuladores inmobiliarios y de vecinos en que se respeten las reglas queda patente en varias de las comunidades más pobladas de Río de Janeiro, en las que desde los puntos más altos de ellas o en varios cerros próximos se puede constatar la cantidad de edificios que van sumando una planta más.

Permanecen aún despejadas cinco favelas de la turística zona sur, ocupadas todas ellas por la policía y que disfrutan de vistas deslumbrantes, Vidigal, Rocinha, Cantagalo, Babilnia y Tabajaras.

Con excepción de Vidigal, las demás favelas son asistidas por la Secretaría de Urbanismo a través del programa Punto de Orientación Urbanística y Social (Pouso).

En cuanto a área, la favela Rocinha disminuyó 2,5 por ciento, al perder casi 22.000 metros cuadrados por áreas de riesgo, no obstante continía en plena ebullición.

Desde diciembre de 2011, tras la ocupación de Rocinha por fuerzas policiales, hasta finales de marzo de 2012, la Secretaría de Urbanismo embargó 206 nuevas construcciones, un promedio de 1,7 por día).

En total se han registrado 30 denuncias de construcciones irregulares en ese período. A pesar de ello, ninguna ha sido derrumbada hasta el momento y en algunos casos las personas insisten en continuar con las obras para construir estudios y alquilarlos.

Demoler las construcciones, sin embargo, no es tarea fácil, debido a los peligros que conlleva para la misma estructura y para los vecinos, a lo cual se suma la pesada burocracia brasileña.

La demolición de las construcciones irregulares conlleva un proceso.

En caso de no interrumpir la construcción, la responsabilidad por el riesgo que éstas representan recae sobre ellos mismos, afirmó el secretario de Urbanismo, Sérgio Dias.

La dificultad de hacer entender a las familias la importancia de cumplir la legislación también se da en Babilonia, en el mítico barrio de Copacabana.

Los vecinos prosiguen las obras, como es el caso de la ama de casa, Dalila Soares.

"El ayuntamiento dice que no podemos seguir construyendo más aquí. Paralizaron mi obra, pero decidí seguir", dijo.

No muy lejos, el carpintero Jorge Ricardo Oliveira aprovecha la losa para construir un cuarto piso en su edificio de Babilonia, para su hija embarazada.

"No tenemos opciones de vivienda. Heredamos esto de nuestros abuelos. No es justo que nos echen de aquí", explicó.

De esta forma, la posibilidad de controlar el crecimiento en más de 700 favelas es tarea casi imposible para el ayuntamiento carioca.

Algunas, especialmente en la zona norte, no han parado de crecer, al duplicar su población en la última década.

A pesar de las dificultades de cada año, el IPP, con base en el levantamiento "aerofotogramétrico" (fotos tomadas desde un avión) informó que algunas favelas están siendo barridas del mapa.

Según el Instituto algunas áreas ya se convirtieron en barrios.

La Secretaría de Vivienda señaló que de las 17.400 personas desalojadas de la zona de riesgo o protección, 6.800 fueron reubicadas a través del programa "Mi Casa, Mi Vida".

 

Las demás fueron indemnizadas o beneficiadas por alquileres sociales. El objetivo del ayuntamiento es cerrar cada año el equivalente a 3,5 por ciento de las favelas.

Hasta 2016, el año de los Juegos Olímpicos, la meta es reducir 5 por ciento el área ocupada por comunidades, sin embargo aún falta mucho por hacer.