MASACRE DE TRELEW: 40 AÑOS PARA REFLEXIONAR

La Liga Socialista Revolucionaria de Argentina, rinde homenaje a los compañeros fusilados por la dictadura encabezada por Alejandro Agustín Lanusse, el 22 de agosto de 1972. Ellos integran la larga lista de los mártires de la clase obrera y, en consecuencia, son "nuestros" muertos, más allá de las organizaciones que cada uno integrara y/o de las discrepancias políticas que pudieran manifestarse en el complejo camino de luchar por el entierro de la sociedad de clases para dar paso a una sociedad fraterna y solidaria, libre de toda cadena.

Compañeros fusilados en Trelew:

Alfredo Elías Kohon (FAR)

Carlos Astudillo (FAR)

María Angélica Sabelli (Montoneros)

Mariano Pujadas (Montoneros)

Susana Graciela Lesgart (Montoneros)

Ana María Villarreal de Santucho (PRT-ERP)

Carlos Alberto del Rey (PRT-ERP)

Clarisa Lea Place (PRT-ERP)

Eduardo Capello (PRT-ERP)

Humberto Adrián Toschi (PRT-ERP)

Humberto Segundo Suárez (PRT-ERP)

Jorge Alejandro Ulloa (PRT-ERP)

José Ricardo Mena (PRT-ERP)

Mario Emilio Delfino (PRT-ERP)

Miguel Angel Polti (PRT-ERP)

Rubén Pedro Bonet (PRT-ERP)

Sobrevivientes:

Alberto Miguel Camps (FAR - Desaparecido luego en 1977)

María Antonia Berger (FAR - Desaparecida en 1979)

Ricardo René Haidar (Montoneros - Desaparecido en 1982)

A 40 años de la Masacre, aportamos algunas reflexiones para el necesario y fraterno debate militante:La Liga Socialista Revolucionaria rinde homenaje a los 16 militantes FUSILADOS por la Armada de la dictadura comandada por el Tte. Gral. Alejandro Agustín Lanusse.Tampoco olvidamos a los tres compañeros que lograron sobrevivir y pasaron luego a integrar la lista de los desaparecidos entre 1977 y 1982, lo que da cuenta de su sostenida militancia pese a la brutal represión vivida antes.

Así se forjaba la militancia.

Muchos factores confluyeron en esa forja de la moral militante de aquellos años. La herencia socialista y anarquista del movimiento obrero, por un lado, basado en la inmigración europea de principios del siglo XX, que fue luego enterrada por el peronismo. Y la heroica resistencia peronista posterior al golpe gorila de 1955, por el otro, se combinaron para dar lugar a una amplia vanguardia donde coexistieron corrientes de confuso origen burgués/popular, con otras provenientes del trotskismo internacional.

En ambos casos, muchas organizaciones (como FAR, Montoneros y PRT-ERP, entre otras) decidieron combatir al sistema con métodos revolucionarios (armas en mano), para llevar adelante una política que, desde nuestro punto de vista, era esencialmente reformista. Es decir, practicaban lo que llamamos “reformismo armado”.

Un reclamo democrático elemental, irrenunciable, recorría la Argentina de punta a punta y era compartido con todo orgullo por corrientes que incluso, como la nuestra, no compartíamos la ideología peronista de conciliación de clases: todos luchábamos contra la proscripción del peronismo y por el libre retorno de Perón al país.

Al mismo tiempo, diversas corrientes de las más disímiles ideologías, como las mencionadas, se juntaban en un punto: para un más supuesto que real “acercamiento a las masas”, acordaban –por acción u omisión– en someter el destino de los explotados a la conducción del General.

Por mucho que se proclamase la necesaria “revolución social” y el “poder popular”, por cuya militancia tantos pagaron con su vida, como los compañeros que hoy homenajeamos, en los hechos se dejaba libre el camino de las ilusiones en Perón. Mientras los grupos de vanguardia política discutían entre sí, apasionadamente, las distintas concepciones de la “revolución”, la abrumadora mayoría del movimiento obrero confiaba en que “vuelve el Macho, y lo arregla todo”, al mismo tiempo que respetaba a la militancia clasista y revolucionaria para llevar adelante las luchas reivindicativas y contra la burocracia sindical.

Montoneros secuestraba camiones de Swift y repartía salchichas en los barrios pobres (villas miseria, se llamaban en esa época) y el PRT-ERP secuestraba al empresario Oberdan Salustro y repartía en los colegios un cuaderno donde explicaba a los niños que ese cuaderno no era un regalo, sino que era apenas una parte de lo que las patronales se robaban de la fuerza de trabajo aportada por sus padres.

En este contexto, el intento de fuga masiva del penal de Rawson brinda una muestra cabal de la concepción militante de la época: en condiciones de prisión, la fuga –coordinada entre presos políticos de diversa identidad ideológica– era la principal tarea en el objetivo de continuar la militancia contra el orden social explotador existente.

Ese era el leit motiv de nuestras vidas; ésa era la alegría de nuestras vidas; ése era el motor creativo y amoroso que encendía nuestras pasiones, contra viento y marea. Por todo esto, tanto ayer como hoy, la LSR reivindica aquella actitud clasista combatiente de los compañeros fusilados en Trelew.

¡Qué diferencia abismal con la actual concepción de quienes recurren a la justicia burguesa para que sea ella quien nos desembarace de burócratas sindicales como Moyano o Martínez! ¡Qué diferencia abismal con quienes sólo conciben la “justicia” como una pelea que se lleva adelante en los pasillos de los tribunales del enemigo!

Más allá de los errores que llevaron a que el plan de fuga planeado originalmente para un centenar de presos terminara reducido a una veintena y, posteriormente, nuevos errores posibilitaran la fuga de un puñado de dirigentes a Chile mientras otros 19 quedaban varados en el aeropuerto, el hecho sobresaliente es que la Masacre de Trelew conmovió al país y a todo el continente.

En la Argentina, la atrocidad de estos fusilamientos a sangre fría dejó herida de muerte a la dictadura de Lanusse, que tuvo que redireccionar su estrategia hacia la salida política electoral, por vía del acuerdo con Perón mediado por La Hora del Pueblo liderada por la golpista UCR de Ricardo Balbín.

A comienzos de 1973, se entró de lleno en el proceso electoral, sobre la base de un compromiso previo de todos los partidos, de amnistiar a los cientos de presos políticos, ganase quien ganase.

El grueso de las organizaciones se sumaron a “la causa popular” y aportaron su voto a la candidatura de Cámpora (“el Tío en el Gobierno, Perón en el poder” era la consigna más repetida en esos días). Desde el “vote a Perón por la izquierda”, hasta el “ni votos ni botas, fusiles y pelotas” o “ni golpe ni elección, revolución”, todos los caminos llevaban a una claudicación política ante Perón, siendo que no sólo no había revolución a la vista, sino que la abrumadora mayoría del movimiento obrero confiaba en el General, al tiempo que las alas izquierdas que lo increpaban alentaban la fantasía de que bajo su mando podríamos tener “el hospital de niños en el Sheraton hotel”, y/o justificaban sus atropellos con la excusa falaz de que “el general está rodeado”.

La LSR reivindica, como raíz de su historia, que sólo el PST tuvo la osadía de presentar una candidatura propia, independiente del peronismo, frente a la clase obrera: la fórmula Coral-Ciapponi, con el eslogan “No vote patrones ni generales, vote candidatos obreros”, luego de que fracasara la propuesta de que Agustín Tosco encabezara una lista en común de las organizaciones clasistas combativas por el socialismo. Y, en septiembre, la lista encabezada por Coral-Páez ante la fórmula Perón-Perón que nos dejó a “Isabelita” como herencia.

No vamos a detenernos ahora en el análisis de lo ocurrido en aquellos años, signados por la muerte de Perón el 1º de julio de 1974, y la embestida patronal que organizó el golpe del 24 de marzo de 1976. Veamos apenas algunas de sus consecuencias.

Los siete años de dictadura arrasaron con el grueso de las vanguardias, del activismo y las conquistas obreras, y de la organización obrera misma.

No obstante, tras la derrota en Malvinas en 1982, el retorno a la constitucionalidad estuvo signado por innumerables luchas obreras, en resistencia a las transformaciones sociales que exigía la nueva realidad del capitalismo mundial.

Recién en la década de 1990, bajo el “reinado” de Carlos Menem, se consumó la tarea iniciada por las Tres A armadas por Perón y continuada por la dictadura militar. El menemismo y la convertibilidad no dejaron piedra sobre piedra en el terreno de las conquistas sindicales y laborales.

Pero, más importante aún, es que si hubo un genocidio físico en los setenta, más profundo fue el “genocidio ideológico” operado en los noventa, cuyas consecuencias seguimos pagando hoy.

Los sucesos de diciembre de 2001 y su gran conquista –la experiencia asamblearia– no llegaron a madurar su desarrollo. Y en el marco de la crisis económica capitalista internacional, nos encontramos hoy en una suerte de “triunfo” de la teoría de la “multitud” elaborada por Toni Negri y los posmodernos de los noventa, lo cual parece materializarse en las movilizaciones de los “indignados” europeos y afines a las que, por otra parte, le dan un protagonismo desmesurado las grandes cadenas des-informativas, en desmedro de luchas como la de los mineros de Asturias, la de los estudiantes chilenos y muchas otras.

En la Argentina, por lo contrario, vienen proliferando las luchas obreras –en particular por cuestiones salariales– y en ellas se expresan algunas debilidades subjetivas que tenemos que superar hoy: desde la atomización de los reclamos, hasta el legalismo mal entendido. Todo ello evidenciando una carencia mayor, muy de fondo, que es la inexistencia lisa y llana de referencias políticas por el entierro revolucionario de la sociedad de clases, y, peor aún, de la inexistencia de la menor voluntad política de avanzar hacia su construcción.

Desde el punto de vista de la dominación burguesa, si antes masacraban a la militancia clasista, combativa, revolucionaria y socialista, hoy el capitalismo decadente se ha dotado de otros medios para prevenir el descontento social de los jóvenes. Drogas artificialmente creadas, como el paco o las sintéticas, están destinadas a destruir el cerebro de los pibes que en otros tiempos hubieran empuñado un fusil o una idea. Si antes se los fusilaba por su militancia antisistema, ahora se los liquida antes de que piensen, o se los obliga a ser esclavos de la policía, o se los mata en cualquier esquina de barrio.

Esta sociedad cruenta, cada vez más enferma, es la que queremos desterrar de la faz de la tierra, tanto ayer como mucho más hoy.

En esa lucha seguimos comprometidos.

En los jóvenes de hoy, como siempre, está depositada la esperanza.

Y en ese camino, necesariamente, rendimos homenaje a nuestros mártires.

¡VIVA LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA INTERNACIONAL!