Rachel Corrie: la culpa es de la víctima

Escribió: Hussein Abu Hussein en Sin Permiso ·

 El abogado Hussein Abu Hussein, que representó a la familia de Rachel Corrie en su demanda contra Israel, afirma haber sido consciente desde un principio de que se trataría de una ardua batalla en busca de la verdad y la justicia en un tribunal israelí.

 El martes [28 de agosto] el juez Oded Gershon, del juzgado de la audiencia de Haifa, desestimó la demanda civil contra el Estado de Israel presentada por mí en nombre de la familia de Rachel Corrie por el homicidio de su hija, una activista norteamericana por la paz, defensora de los derechos humanos, que entró de forma legal en Gaza para convivir con familias palestinas de Rafah cuyas viviendas estaban amenazadas de demolición.  

Si bien no resulta sorprendente, la sentencia es otro ejemplo más en el que prevalece la impunidad por encima de la justicia y la responsabilidad de rendir cuentas frente al principio del Derecho Internacional humanitario: que en tiempo de guerra las fuerzas militares están obligadas a adoptar toda clase de medidas para evitar daños tanto a la población civil como a sus bienes.

 No es la primera vez que los tribunales niegan a las víctimas de acciones militares israelíes el derecho a una reparación efectiva. No hay más que preguntar a los muchos palestinos que han tenido que enfrentarse a multitud de obstáculos legales y han luchado durante décadas simplemente para conseguir llegar un día hasta los tribunales. Siguen denegándose miles de legítimas reclamaciones basándose en la controvertida teoría legal – adoptada por el juez Gershon – de que debe absolverse a los soldados de responsabilidades civiles, debido a que se encuentran comprometidos en actividades militares operativas en una zona de guerra.  

 El caso de Rachel es único, dado que se trata de la primera ciudadana extranjera muerta mientras protestaba contra la ocupación israelí, aunque ni mucho menos la última. Tom Hurndall, un activista por la paz británico, recibió un tiro en la cabeza del francotirador israelí que le mató menos de tres semanas después de que Rachel fuera asesinada. Y menos de un mes más tarde, James Miller, un cámara británico resultó muerto por un disparo de la Fuerza de Defensa Israelí en Rafah.

Al llegar a esta decisión en el caso de Rachel, el juez Gershon aceptó prácticamente todos los argumentos legales del gobierno, ignorando o distorsionando datos cruciales a la hora de dictar sentencia. Llegó a la conclusión, por ejemplo, de que Rafah constituía una zona militar cerrada, de acuerdo con la declaración del mando militar israelí del sur (sin que importase que dicha orden no llegara a presentarse jamás ante el tribunal ni que el comandante de la unidad sobre el terreno testificara que no era consciente de la designación del área como zona cerrada). Y esa conclusión tenía sus implicaciones.

Cuando testificó el coronel Pinhas (Pinky) Zuaretz, antiguo comandante de la Brigada Sur de la División de Gaza, que se encontraba al mando en 2003, confirmó que el protocolo de combate en la época en la que Rachel resultó muerta consistía en “disparar a matar a cualquier adulto en la ruta [de Philadelphi]”. Tal como lo expresó otro coronel israelí que también prestó declaración: “En una zona de guerra no hay civiles”. Al aceptar este testimonio de Zuaretz y otros, el juez Gershon aceptaba esencialmente que era admisible la orden de “tirar a matar”, lo que viola principios fundamentales del Derecho Internacional humanitario, que estipula que se ha de distinguir entre combatientes y civiles.  

Sabíamos desde el principio que sería una batalla cuesta arriba llegar a la verdad y la justicia, pero estamos convencidos de que este veredicto no sólo distorsiona las pruebas contundentes presentadas ante el tribunal sino que también contradice principios fundamentales del Derecho Internacional relativos a la protección de los defensores de los derechos humanos. Al denegar justicia en el caso de la muerte de Rachel Corrie, este veredicto se suma al fracaso sistemático a la hora de exigir cuentas al ejército israelí por sus continuadas violaciones de derechos humanos básicos. Como ha dicho el ex-presidente norteamericano Jimmy Carter: “La decisión del tribunal confirma un clima de impunidad, lo que facilita las violaciones de derechos de civiles palestinos en los Territorios Ocupados”. 

 La familia Corrie ha recalcado siempre que la finalidad de esta demanda iba más allá de la compensación por su pérdida. Para ellos se trataba de comprender qué le sucedió exactamente a Rachel y denunciar las injusticias a las que se resistieron su hija y sus amigos del Movimiento Internacional de Solidaridad (MIS). Presentaron una demanda siguiendo el consejo de Lawrence Wilkerson, antiguo jefe de gabinete del Secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, que, en nombre del Departamento de Estado, comunicó a la familia que los Estados Unidos no consideraban que la investigación sobre la muerte de Rachel fuera “concienzuda, creíble y transparente”.

 El gobierno norteamericano ha repetido reiteradamente su postura respecto a la fallida investigación y, después de casi siete años de presentar cada vez más evidencias, ha quedado aún más claro que los militares llevaron a cabo su investigación con el fin no de descubrir la verdad de lo que sucedió sino, antes bien, de exonerarse de toda culpa.

 En su decisión, el juez Gershon concluía que debido a que Rachel se puso a sí misma en peligro, debía recaer sobre ella la culpa de su propia muerte. Esa conclusión pone en grave riesgo la vida de los defensores de los derechos humanos y crea otro peligroso precedente más por lo que respecta a la protección de los civiles en guerra. No es de sorprender que el tribunal evitara cualquier análisis de las obligaciones jurídicas internacionales.

El veredicto garantiza que continúe la cultura israelí de impunidad. Rachel Corrie perdió la vida resistiendo sin violencia junto a quienes se han visto sometidos a la sistemática política de Israel de destrucción y demonización. Como los Freedom Riders, que en los Estados Unidos de la época del movimiento de derechos civiles se unieron a las comunidades negras oprimidas en su lucha por la igualdad, Rachel y sus amigos del MIS presentaban un nuevo desafío y un modelo novedoso de activismo no violento, solidaridad y resistencia a las más larga ocupación de la historia moderna.

 En un país en el que el sistema judicial ha permitido la ocupación durante casi 50 años, supongo que no resulta sorprendente que el sistema judicial culpe de su propia muerte a la víctima. 

Hussein Abu Hussein, abogado de Derechos Humanos y cofundador de la Arab Association for Human Rights, asociación al servicio de la  minoría árabe palestina en Israel (www.arabhra.org), representó a la familia de Rachel Corrie en sus acciones legales contra el gobierno israelí y el Ministerio de Defensa israelí.