“Tenemos que ser más responsables; tenemos que reconocer la necesidad de trabajar juntos”

Entrevistó: John Lister de Socialiste Resistance

Alexis Benos es profesor de Sanidad Pública en la Universidad Aristóteles de Salónica; en las pasadas elecciones fue candidato de Syriza en esa ciudad. Es miembro del Comité Local de coordinación y del Comité Central de Syriza.

John Lister: ¿Cómo va Syriza?

Alexis Benos: Como indica su mismo nombre, Syriza es una coalición de la izquierda radical que se creó justo tras las elecciones del 2004; desde entonces hemos avanzado mucho.

Lo que resulta interesante es que en su seno se encuentran todas las tendencias posibles de la izquierda histórica en Grecia y a nivel internacional: desde trotskistas hasta estalinistas, pasando por maoístas, eurocomunistas, sectores que provienen de la izquierda socialdemócrata y también ecosocialistas. Un amplio espectro de la izquierda.

Es cierto que hay un sector importante de la izquierda que está fuera de ella: el Partido Comunista (KKE), un partido “pro-soviético” que continúa utilizando la misma retórica y las mismas actitudes que antes. Tampoco está en Syriza un sector de la izquierda extraparlamentaria formada fundamentalmente por fracciones salidas del Partido Comunista. Colaboran con nosotros y conozco gente de entre ellos que reconoce que han de integrarse en Syriza y trabajar con nosotros.

La crisis es cada vez más grave y Syriza continúa creciendo. Esto nos sitúa ante responsabilidades más grandes y la necesidad de trabajar por la unidad. La unión de la izquierda es una posibilidad real y tenemos que lograrla.

¿Cómo valoras las tensiones entre las diferentes corrientes que convergen en Syriza? ¿Se están agudizando o la gente ve ante todo la necesidad de trabajar conjuntamente?

Sin duda hubo problemas: en los últimos tres años hemos estado muy cerca de la explosión. Una parte de la organización (resultó interesante ver que los trotskistas de Syriza junto a los maoístas -Organización Comunista)- intentaron forrmar un frente opuesto al de la mayoría sin salirse de Syriza. Nosotros llamamos a eso oportunismo.

Hace dos años, una facción socialdemócrata minoritaria de Synaspismos (el partido más grande de la coalición) abandonó el partido y la coalición para fundar un nuevo partido que se llama Izquierda Democrática. Actualmente forma parte, junto a la conservadora Nueva Democracia y al partido socialista PASOK, de la neoliberal coalición gubernamental.

Durante todo este tiempo, Syriza ha estado sometida a multitud de fricciones porque muchas organizaciones querían imponer sus propios proyectos, pero la crisis de los dos últimos años ha hecho que todo el mundo se ponga las pilas.

Actualmente existe un consenso unánime para, a partir de setiembre, iniciar una transición en la que a través de las asambleas locales en todo el país se elijan los delegados para el Congreso del nuevo partido. Porque vamos a convertirnos en un partido, aunque en su interior se reconozcan las tendencias.

Hoy en día todo el mundo está de acuerdo en esto. Lo que es positivo, porque la realidad nos fuerza a renovar las viejas formas de trabajo, la tensiones y las divisiones de la izquierda tradicional. Tenemos que ser más responsables; tenemos que reconocer la necesidad de trabajar juntos.

Eres funcionario y activista en la sanidad pública. Una de tus preocupaciones es hacer frente a los problemas que acarrean las políticas de austeridad en el servicio público de salud. Cuéntanos como abordáis en Syriza la discusión sobre lo que se debería hacer en caso de ganar las próximas elecciones y llegar al gobierno.

Como sabes, en las últimas elecciones hemos estado a un 2% de ganarlas. Muy cerca. Realmente, estuvimos cerca de llegar a gobernar, así que la discusión fue muy seria. Si lográramos una mayoría parlamentaria, tenemos claro que para emprender cambios radicales dicha mayoría tendría que apoyarse en un potente movimiento social en la calle.

Pero también discutimos de una forma mucho más precisa, técnica, porque tendremos que resolver los problemas reales que se nos presenten. Uno de esos temas centrales es el que se refiere a la poderosa industria farmacéutica. En los últimos dos años, las políticas de austeridad impuestas por el gobierno han hecho que aumente la cantidad de pacientes que tienen que pagar de su bolsillo el coste de las terapias y los medicamentos.

Desde nuestro punto de vista, la salud, al igual que el acceso a los servicios o a los medicamentos, es un derecho a preservar. Ahora bien, también sabemos que el sistema actual alimenta el sobreconsumo de medicamentos y una una gran corrupción a través del marketing de las grandes compañías farmacéuticas.

Por lo tanto, si llegamos al gobierno tendremos un gran problema por resolver. Queremos mitigar las dificultades de la gente para obtener los medicamentos que le permitan seguir viviendo cada día: la gente diabética, la portadora del VHS…; pero, por otra parte, tenemos que hacer frente a una industria que obtiene enormes beneficios a costa de nuestro sistema de salud; tenemos que controlar el mercado farmacéutico. Este es nuestro proyecto a largo plazo y nuestra obligación.

Tendremos que abordar soluciones que se puedan aplicar de forma inmediata, pero al mismo tiempo estar seguros de que esas soluciones son compatibles con una visión más a largo plazo del sistema de salud que queremos poner en pie para beneficio de la población, no de la industria. Por lo tanto, no se trata de pagar la factura farmacéutica sino de reformar el sistema.

En toda Europa, y también en el Reino Unido, tenemos ejemplos muy negativos de los partidos socialdemócratas en el gobierno porque no abordan el problema de la salud desde un punto de vista social sino que actúan al servicio de la industria farmacéutica. Existen partidos (socialdemócratas) nacionales vinculados a las clases dirigentes, pero también existe una falta de estrategia o visión alternativa para hacer frente a las grandes corporaciones o movilizar a las masas para hacerles frente. Es por eso que han sucumbido fácilmente al punto de vista neoliberal.

Para ti siempre ha estado claro que la alternativa no podía circunscribirse a Grecia, sino que había que trabajar con una perspectiva más amplia.

Esta es una cuestión muy importante. Toda la propagada neoliberal en Europa y Grecia habla de que nuestra crisis es típicamente griega; hablan de lo perezosa que es la gente griega, pero no es ese el problema. La cuestión es que en Europa estamos asistiendo a un ataque de enorme envergadura del gran capital contra la clase obrera.

Por ello, la solución no puede ceñirse a Grecia, ni a tal o cual país sino que ha de darse a nivel internacional. Incluso si llegamos al gobierno y desarrollamos políticas mejores de las que jamás hayamos podado soñar, no es claro que lo hagamos con éxito. El gran capital va a declararnos la guerra; es obvio. Va a utilizar el mercado financiero para devaluar la moneda y agravar aún más la crisis que conocemos actualmente. Y luego, su estrategia será argumentar que esta crisis ha sido provocada por los izquierdistas y presionarán a favor de un gobierno de extrema derecha para enderezar el país.

Para hacer frente a esta situación necesitamos movilizarnos a nivel internacional, no sólo en Grecia. Antes de las elecciones estuvimos preparando el terreno para, en caso de una previsible victoria, lanzar inmediatamente un llamamiento internacional, especialmente dirigido a los movimientos europeos pero no exclusivamente a ellos, con el fin de organizar la solidaridad internacional, la llegada de brigadas solidarias a Grecia, para ayudarnos a enderezar la economía frente a los intentos desestabilizadores del capital.

Será muy importante para Grecia contar con un movimiento de solidaridad; no sólo eso: también necesitamos que la gente tome conciencia de la necesidad de luchar en sus propios países contra sus gobiernos, oponiéndose a cualquier iniciativa para desestabilizar Grecia con el objetivo de incrementar la austeridad.

Necesitamos que la gente luche contra sus gobiernos porque si no, los gobiernos van a luchar contra ellos. Si la gente se une contra sus gobiernos, los gobiernos de Europa se unirán contra la gente.

Lo que nos preocupa es que nosotros aparezcamos al frente de ello. No estamos orgullosos de estar metidos en la más grave de las crisis y en la mejor de la situaciones para la izquierda. Somos conscientes de actualmente Syriza es la expresión más avanzada de la izquierda en todo Europa y la más cercana a llegar al poder. Más que orgullosos estamos preocupados porque en el resto de Europa no existe nada parecido. En Europa hay buenos partidos y buenos militantes pero la movilización unitaria y la conciencia de la necesidad de desarrollar iniciativas importantes no está tan avanzado en otros países.

Algunos movimientos, como el movimiento en España, nos dan cierta esperanza. Pero la cuestión está en saber si esto movimientos de activistas tiene capacidad de expresarse a nivel político. Las movilizaciones continúan con altibajos pero no existe una organización amplia capaz de ganar las elecciones y movilizar amplias masas.

Es importante tomar conciencia de la experiencia positiva que hemos desarrollado nosotros. Durante todos estos años hemos trabajado como activistas, apoyando movimiento como el movimiento Occupy y todo otro tipo de movimientos como los ecologistas, etc. Cuando ellos impulsaban alguna iniciativa, nosotros estábamos con ellos, apoyándoles. Desde una perspectiva europea es importante reflexionar sobre lo que nosotros comprendimos desde el primer momento: que nuestro objetivo no podía ser el de controlar esos movimientos, tratarles como si fueran "nuestros".

Lo que ocurre, y resulta bastante asombroso, es que el gobierno, sus ministros y todos los medios de comunicación que lo apoyan, acusan a Syriza de ser la responsable de todo lo que está ocurriendo en Grecia. Nos culpabilizan de ser responsables de las movilizaciones e incluso del movimiento "no pagamos", que es muy importante en la lucha contra la austeridad porque rechazan pagar el incremento de los impuestos y otras tasas. Incluso cuando no hemos tomado parte en las iniciativas, los medios de comunicación nos ayudan mucho dando a entender que somos muchos más y mucho más potentes de lo que realmente somos.

Pero como no queremos acaparar los movimientos, hemos desarrollado una relación respetuosa con ellos. Los movimientos apoyan Syriza pero no forman parte de la coalición, lo que permite desarrollar una dinámica interesante, porque necesitamos construir movimientos de masas mucho más fuertes.

¿Qué relación tiene Syriza con los sindicatos?

Esta cuestión es importante porque se trata de una cuestión de ámbito europeo; no nos afecta sólo a nosotros. Más o menos, la mayoría de los sindicatos europeos se han burocratizado y se han corrompido, lo que les ha llevado a avalar las políticas neoliberales de la socialdemocracia.

Al principio del movimiento Occupy en Grecia incluso tuvimos algunos enfrentamientos cuando algunos sindicatos fueron a apoyar al movimiento Occupy. La gente del movimiento les rechazaba diciendo que no querían relacionarse con burócratas. Lo que en parte era bueno pero también malo.

Ahora mismo el reto está en politizar a los sindicalistas y a los sindicatos. No despreciarlos ni descartarlos, sino trabajar para que desempeñen un papel constructivo.

Pero estamos lejos de haberlo conseguido. La dirección de los sindicatos aún sigue anclada en las políticas neoliberales, aunque existan evoluciones positivas. Están emergiendo movimiento de base en los sindicatos, las bases de un nuevo movimiento sindical.

Pero, en cualquier caso, el mayor problema ahora no son los sindicatos, es el paro. Hemos alcanzado el 25% y entre la gente menor de 25 años el 50%.

¿Quién constituye, entonces, la base de social de Syriza en este momento?

Tenemos el apoyo del 35-40% de la gente menor de 45 años, pero en lo que respecta a la gente mayor de 50 años, la situación es mala. Ahora bien, la situación es interesante porque históricamente la izquierda no ha tenido nunca un apoyo tan amplio entre la gente joven.

Pero lo realmente interesante es que, por primera vez, el voto que consiguió Syriza fue claramente un voto de clase. Las clases populares y las clases medias votaron por Syriza y el resto votó por el resto de partidos del sistema, entre ellos los socialdemócratas.

Entre los estudiantes se da otro fenómeno. El movimiento está despertando en este sector. Los estudiantes están sobrecogidos por la perspectiva del desempleo y a medida que llegan al final de sus carreras, la ansiedad por saber qué van a hacer aumenta. Al mismo tiempo, se encuentran al margen de cualquier movimiento.

La semana previa a las elecciones sufrimos un ataque muy violento en los medios. Incluso David Cameron se posicionó contra nosotros. Todos los líderes europeos declararon que Grecia se encontraría al borde de la destrucción si votaba a favor de Syriza.

Esa campaña aterrorizó a la gente y alimentó un sentimiento anticomunista en el movimiento. Esto puso sobre el tapete un tema importante: ¿cómo llegar a esas capas amplias de la población que se ven afectadas por esas campañas y desisten de votar por Syriza, aunque deberían estar con nosotros?

Tenéis entre manos una importante campaña en torno a las transnacionales que tratan de poner en pie una explotación de oro que amenaza con destruir una de la áreas turísticas más importantes de Grecia. Esto muestra el servilismo del gobierno griego y las continuas exigencias y políticas miopes del neoliberalismo. ¿Qué nos puedes decir sobre esto?

Efectivamente, un consorcio liderado por una gran multinacional canadiense, pero en la que también participan capital griego (uno de los propietarios de la cadena de TV más importante, que también se dedica al negocio de la construcción), han elegido este momento de crisis y desempleo masivo para argumentar que quieren realizar grandes inversiones en minas de oro en Grecia que, además, generarán miles de puestos de trabajo

Quieren perforar una gran montaña en Halkidiki, donde sabemos que la concentración de oro es justo 0,1 gr por tonelada de roca. Esto significa que para obtener un gramo de oro hay que perforar 1.000 Tm. de roca y para obtener 1 kg hay que remover una montaña. Realmente, la amenaza de destrucción medioambiental es enorme.

Aquí, en Halkidiki, existe una industria turística muy desarrollada (desde mi punto de vista, demasiado), que garantiza trabajo a montón de gente y el paisaje es hermoso. La minería destruiría no sólo esta hermosa parte del planeta sino una buena fuente de beneficios, por lo que incluso desde un punto de vista capitalista este proyecto no tiene ningún sentido. Desde un punto de vista medioambiental hay que reconocer también que el bosque de sus laderas es un recurso forestal importante que nunca ha sido destruido por el fuego u otras actividades.

Los productos químicos, entre los que se encuentra el cianuro, que se utilizan para la extracción del oro son altamente peligros. Existen multitud de experiencia en todo el mundo (Estados Unidos, Rumania…) en los que la utilización de estos productos ha provocado destrucciones masivas. Pero, por encima de todo, están las enormes cantidades de polvo que se arrojan al aire. Y a pesar de que se afirme que se guardarán con cuidado los productos químicos tóxicos, esta es una zona de terremotos y nadie puede garantizar que la seguridad está garantizada.

Se dan todas las condiciones para crear un gran desastre y es por eso que se ha generado un gran movimiento contra este proyecto. Cuando lo iniciamos, muchos de los pueblos de la zona habían aceptado el argumento de que el proyecto podría favorecerles con la creación de empleo, pero ahora han comprendido las implicaciones que tiene el mismo y hemos logrado construir una importante resistencia. Pero, por supuesto, ahora quienes dirigen el proyecto están tratando de dividir a la gente. Contrataron a 150 jóvenes de los pueblos de alrededor y les dieron 200€ mensuales para trabajar como agentes de seguridad. Esta gente terminó con conflictos con sus propias familias.

Sólo hace tres días tuvimos un grave enfrentamiento. Hubo una gran concentración en las montañas, en los bosques, con multitud de antidisturbios enfrente. El lanzamiento de gases lacrimógenos por parte de la policía provocó un incendio en el bosque. La gente detuvo la manifestación y se dedicó a apagar el fuego.

La movilización es fuerte, pero el acuerdo ha sido firmado. Sin embargo, no es demasiado tarde para detener el proyecto. Aún no se ha realizado ninguna destrucción ambiental seria.

También es interesante verlo desde el punto de vista legal, porque hace dos meses el movimiento obtuvo un fallo de la Corte para detener la minería. Sólo que, justo tras conocerse, una visita a Grecia de la Troika (FMI, BCE y UE) terminó con una visita al Tribunal Supremo griego y acordaron que la sentencia sería anulada. La nueva sentencia dice que el nivel de desempleo en Grecia da prioridad a la creación de puestos de trabajo y que se modificaba la sentencia anterior para permitir que las inversiones continuaran. Ahora bien, resulta obvio que una vez que hayan obtenido los beneficios que quiere obtener, la compañía minera abandonará Grecia y dejará tras de sí un desierto y desastres medioambientales irreparables y cualquier reducción del desempleo a corto plazo quedará para el olvido.

Este es otro de los temas en los que necesitamos una acción común a nivel europeo: es claro que hay que extender la presión tanto como sea posible sobre el gobierno griego y la compañía minera para impedir que se dé el desastre.

Se están desarrollando iniciativas para poner en pie una alianza global contra la extracción minera porque es claro que tenemos el mismo problema allá por donde vayamos (América Latina, Asia, África…). En todas partes nos encontramos con la lógica del beneficio a costa de la gente y del medioambiente. Y en todas parte topamos con los mismos argumentos: en este contexto de crisis es muy importante crear puestos de trabajo, etc. Por eso, creo que desgraciadamente, ¡los capitalistas son mucho más internacionalistas y están mejor coordinados que nosotros!

Una cuestión que no hemos tratado es el ascenso de la extrema derecha en Grecia y cómo responde Syriza a este fenómeno.

La historia nos ha enseñado que un período de crisis económica y social constituye el caldo de cultivo para la extrema derecha y los fascistas. Es lo que estamos viendo ahora en Grecia. Incluso al inicio del movimiento Occupy pudimos observar rasgos peligrosos de nacionalismo (culpando a los malos alemanes, a Angela Merkel, etc.) Y creo que el haber estado allí en esos momentos, planteando cuestiones y confrontando esos puntos de vista y no dejando que el movimiento fuera capitalizado por la derecha, fue positivo.

Hemos hecho mucho para combatir la idea de que la crisis se trataba de un problema nacional y argumentar que se trata de un problema internacional y que las alianzas internacionales son vitales; pero, como lo han puesto de manifiesto las últimas elecciones, es claro que los fascistas ahora están fuertes con un 7% de los votos. Y son realmente fascistas. Los llamamos los perros del sistema.

También es importante reconocer que tienen cierta simpatía entre la gente joven y, como era de esperar, entre los sectores más desesperados de los jóvenes. Este es el aspecto más negativo de la situación.

Por supuesto, una característica de este período es que el ascenso de la extrema derecha se da como consecuencia de la destrucción del consenso anterior entre los dos grandes partidos, el de la derecha y la socialdemocracia.

Grecia cuenta con una historia de lucha contra los nazis y una memoria colectiva de lucha antifascista, pero también con una larga historia en la que los griegos emigraron a otros países europeos, a EE UU, a Australia y a otros países. Sobre todo, durante la generación de nuestros padres en la que muchos griegos emigraron a Alemania. Así si los fascistas emprenden una campaña contra la inmigración, respondemos señalando que los griegos también son inmigrantes en muchos países:¿es que quieren que sus amigos fascistas alemanes maten inmigrantes griegos de la misma forma que ellos atacan a los inmigrantes africanos o de otros países en Grecia?

Se está impulsando un amplio movimiento contra los fascistas, y Syriza, una vez más, forma parte del mismo. Todos los años tenemos un gran festival anti-racista: tres días de actividades con comida, teatro y música. Hay debates sobre racismo, sobre la implicación de las mujeres y muchos otros temas.

Consideramos que esto es muy importante para el fortalecimiento y la construcción del movimiento que nos hará falta en caso de llegar al gobierno.

La historia nos ha alertado en numerosas ocasiones; existen muchas coincidencias entre lo que le puede pasar a Syriza si llega al gobierno y lo que pasó en Chile en los años 70. Por eso debatimos y organizamos seminarios sobre diversos temas entre los que se encuentran la Comuna de Paris (1871), el golpe de Pinochet en Chile y las guerras civiles de Grecia y E

Trabajamos para comprender mejor la historia y lo que pasó. No porque pensemos que la historia se vaya a repetir de la misma manera, sino porque tenemos que tener en cuenta todas las experiencias para comprender y evitar los problemas en la actualidad.