EE UU: Imagen y realidad en las elecciones de 2012

Èscribió: Lance Selfa en Sin Permiso

 

Ningún presidente desde la Segunda Guerra Mundial ha sido reelegido con la tasa de desempleo en el nivel que probablemente se encuentre el día de las elecciones. El ingreso medio de la mayoría de los estadounidenses ha disminuido todos los años durante el período de Barack Obama.

Añada la desmoralización de los votantes demócratas decepcionados porque Obama no ha satisfecho casi ninguna de las grandes expectativas que despertó su presidencia y una base republicana movilizada por un odio sin precedentes hacia el primer presidente negro. Y parecía que los republicanos perderían las elecciones de 2012.

Y por el momento parece que el Partido Republicano va a hacer exactamente eso: perder.

En septiembre, aas encuestas de opinión mostraban una sólida ventaja de Obama sobre Mitt Romney, tanto a nivel nacional como en los estados indecisos "cruciales" como Ohio y Florida, que determinarán quién gana en el antidemocrático Colegio Electoral. Una vez iniciada la campaña y contrariamente a las especulaciones, los demócratas tienen una buena oportunidad de mantener su mayoría en el Senado de los EE.UU., y unos pocos optimistas llegan incluso a predecir que los republicanos perderán el control de la Cámara de Representantes.

Todavía es demasiado pronto para decir que Obama y los demócratas ganaran las elecciones. Los Comités de Acción Política (PACs) pro-Republicanos se preparan para inyectar un torrente de dinero para promover a Romney. La crisis económica europea podría estallar de nuevo, arrastrando a la economía de EE.UU. y a Obama en su caída. Algunas de las crisis latentes en todo el mundo podrían situar a la Casa Blanca a la defensiva.

Pero la gran pregunta a algo más de un mes de las elecciones es porque la campaña va en contra de Romney y los republicanos.

Numerosos expertos y políticos conservadores han estado mascullando sobre la ineptitud de la campaña de Romney ; y a nivel de la política de pasillos e información privilegiada en Washington tienen su punto. La convención republicana del mes pasado produjo más temas para los comediantes nocturnos que votos para Romney. El extraño espectáculo de un aturdido Clint Eastwood hablando con una silla vacía se convirtió en la anécdota de la convención, no lo que el candidato presidencial dijo o hizo.

Pero qué se podía esperar de una convención y de una campaña que no es capaz de decidir si atacar a Obama por ser un "socialista" nacido en el extranjero o pedir el voto de los desencantados con la presidencia de Obama.

II

Estas dudas nos llevan a las razones más generales para el ascenso de los demócratas y el desinfle de los republicanos.

El Partido Republicano aparentemente creyó que podría volver a repetir la campaña de 2010 del Congreso, cuando los republicanos apoyados por el Tea Party barrieron en las cámaras de los distintos estados y en el Congreso. Sin embargo, los datos demográficos de los electores que por lo general votan en las elecciones a mitad de legislatura son diferentes de los de las elecciones presidenciales.

En 2010, el electorado más pequeño de mitad de legislatura - más blanco, más rico, más viejo y más conservadora que la población en su conjunto – dio la ventaja a los republicanos. Este año, el espectáculo de frikis conservadores de las primarias republicanas, que sigue dominando la campaña de Romney, está alienando el electorado más grande y más amplio de una elección presidencial.

En ese sentido, el problema no es Romney como candidato individual, sino el partido al que representa. Como el comentarista liberal Michael Tomasky, ha  escrito en el Daily Beast:  "[El declive de Romney] tienen sus raíces en un partido y un movimiento que están fuera de control y fuera de contacto con la realidad. Ningún candidato republicano podría hacerlo mejor, con la posible excepción de Jeb Bush, pero es probable que sea demasiado pronto para otro Bush. Aceptarlo, republicanos: [Romney] era y es vuestro mejor candidato, y está retrocediendo más gracias a vosotros que a causa de él".

En el lado demócrata, el desafío de Obama era convertir la campaña en una "elección" en vez de un "referéndum".

Al igual que George W. Bush, que se postuló para la reelección en 2004, a la sombra de una guerra en Irak cada vez más impopular,  Obama se presenta a la reelección con millones de personas que sufren los estragos de la crisis económica de 2008. Si Obama se enfrentase a un referéndum "Si o No" sobre su mandato, lo más probable es que perdiese.

Por lo tanto, el objetivo de la campaña demócrata ha sido apartar el foco lo más lejos posible de la gestión de Obama en el cargo e iluminar a Mitt Romney y las políticas de derechas de los republicanos.

Hace un año, después de que surgiera el movimiento Occupy y plantease las cuestiones de la desigualdad de ingresos y el poder político en el debate público, Obama se redefinió como el "guerrero de la clase media". Cuanto más se acerca el día de la elección, más amplifican Obama y los demócratas su retórica populista.

Se podría preguntar, por supuesto, porqué los demócratas están tan interesados ​​ahora en aumentar los impuestos a los ricos y aprobar un programa de empleo – y no cuando controlaban la Casa Blanca y ambas cámaras del Congreso en 2009 y 2010. Pero la retórica populista parece estar funcionando.

George Bush ganó la reelección en 2004 al convencer a un número suficiente de votantes que su oponente demócrata, John Kerry, era un "veleta" en el que no se podía confiar para liderar los EE.UU.  y "defenderlos" del terrorismo. En 2012, el objetivo de Obama es convencer a los votantes vacilantes que la máxima prioridad de Romney es la redistribución de la riqueza a favor de los super-ricos.

Romney ha facilitado la tarea de Obama. En un momento en que la mayoría de los estadounidenses creen que el juego político y económico está amañado para favorecer el "1% ", los republicanos no podían haber nombrado un candidato más representativo de ese 1% que Romney. El lanzamiento del video de campaña de Romney en un evento para recaudar fondos en la mansión de un multimillonario ha reforzado su imagen como miembro de una élite arrogante y despiadada.

Romney ayudó a Obama de otra manera: la selección de Paul Ryan como compañero de fórmula cimentó la campaña como una "elección". El ideólogo de extrema derecha Ryan puede movilizar a los conservadores, pero para cualquiera que hubiera oído hablar de él antes, es ante todo el autor del plan fiscal de los republicanos que transformaría Medicare de un sistema de salud en un programa de vales, privatizando la Sanidad pública. Y ahora, casi todo el mundo sabe que Romney y Ryan defienden la voladura de lo que queda de la red de seguridad social.

Así que Obama no sólo concurre como el "luchador de la clase media", sino como el defensor de Medicare y la Seguridad Social, los dos programas gubernamentales más populares. Cuando los delegados a la convención de la Asociación Nacional Americana de Personas Jubiladas abuchearon a Ryan, los republicanos deberían haberse preocupado. Habían planeado obtener una mayoría de votos de la tercera edad atacando a Obama por recortar más de 700 mil millones de dólares del presupuesto de Medicare, al tiempo que ocultaban el hecho que pensaban hacer lo mismo si ganaban.

La apuesta de Romney y Ryan era que la insatisfacción popular con Obama sería suficiente para permitirles llevar a cabo la vieja fantasía republicana de romper el New Deal. Por el momento parece ser una mala apuesta. 

III

Pero lo más irónico es que mientras Obama acusa a su vez a Romney y Ryan de planear recortar la Seguridad Social y Medicare, él y su gobierno han estado buscando maneras de hacer exactamente eso.

Un reciente informe del periodista Ryan Lizza en el New Yorker explica detenidamente cómo los principales planes de Obama para un segundo mandato giran en torno a como alcanzar el "gran acuerdo" esbozado en la comisión de reducción del déficit, presidida por el republicano Alan Simpson y el demócrata Erskine Bowles,  a los que Obama nombró en 2010.

Aunque sus miembros, entre ellos Paul Ryan, no fueron capaces de satisfacer los criterios necesarios para que fueran votados por el Congreso, las recomendaciones de la comisión son consideradas un modelo para la política de austeridad en los próximos años. Según el plan de la comisión, el déficit del gobierno de los EE.UU. se reduciría unos 4 billones de dólares durante la próxima década, cerca de tres cuartas partes de los "ahorros" gracias a la reestructuración (traducción: recortes) de Medicare y la Seguridad Social.

Así que el "gran acuerdo " equivale a eso: a cambio de que los ricos paguen un poco más de impuestos, Obama llevará a cabo los recortes en los principales programas de gasto social del gobierno que los republicanos han estado soñando durante años.

Aunque la campaña de reelección de Obama se lleva a término con habilidad y eficacia, es, en el fondo, profundamente cínica.

Después de decepcionar completamente a su base social cuando tenían todas las llaves de Washington, los demócratas han lanzado unos cuantos huesos a los progresistas una vez iniciada la campaña. La plataforma del Partido Demócrata apoya ahora la igualdad de todos los tipos de matrimonio, y el gobierno Obama ha permitido que los jóvenes sin papeles puedan solicitar su legalización limitada y temporal.

Frente a un partido volcado hacia la derecha extrema cristiana y cuyo candidato pide la "auto-deportación" de los indocumentados, estos gestos hacen parecer, sin duda, a los demócratas más atractivos. Pero si Obama y los demócratas no actuaron de manera más decisiva en relación a estos mismos temas cuando tenían el poder de hacerlo hace unos años, ¿por qué debería alguien creer que van a cumplir esta vez sus promesas electorales?

La maniobra más cínica de todas es el debate en torno a  la "reforma de las prestaciones". Si Obama derrota a Romney, en gran parte será gracias a su defensa de Medicare y la Seguridad Social frente a los planes de los republicanos de recortarlos y aumentar el copago. Sin embargo, Obama está más comprometido que nunca con recortar billones de dólares en el presupuesto.

Debería bastar para recordar a todos que el telón de fondo de estas elecciónes sigue siendo el compromiso bipartidista con la austeridad . Y que el "mal menor" sigue siendo un mal.

Lanza Selfa, autor de The Democrats: A Critical History (Haymarket Books, 2012) y redactor de la revista Socialist Worker de EE UU.