Combatir las dos caras de la reacción

Escribió: Wafa Guiga en npa2009

En la sociedad tunecina crece la cólera contra el gobierno retrógrado de Ennahdha. Nepotismo, paro, torturas, violencia contra las mujeres... la revuelta se organiza, a pesar de la pusilanimidad de algunos dirigentes de la oposición política y sindical.

El hartazgo se generaliza contra Ennahdha, en el poder desde hace un año. Las manifestaciones casi cotidianas organizadas por la UDC (Unión de los Diplomados en Paro), por las uniones locales de la UGTT, son cada vez más nutridas, para denunciar a los “nuevos Trabelsi”. En efecto, está aplicándose la misma política de desprecio hacia las capas populares y las regiones pobres. El nepotismo y la corrupción también continúan. En la cuenca minera se suceden las huelgas, las concentraciones y las manifestaciones contra los resultados cada vez más discutidos de las oposiciones para entrar a trabajar en la Compañía de Fosfatos y el grupo químico.

Desde hace un año, la tasa de paro ha aumentado y la pobreza también. Las condiciones de vida y de trabajo se degradan, y las autoridades solo tienen una gestión policial de la crisis, alimentando aún más la cólera popular. Los últimos acontecimientos se refieren a la detención y la tortura de militantes sindicales y políticos en El Omrane, pueblo situado en la región de Sidi Bouzid. Algunos se quedarán con secuelas irreversibles de su estancia en comisaría. Se han abierto procesos contra ellos, así como contra militantes en otras ciudades de la cuenca minera.

Esta gestión policial sistemática de las luchas sociales es equivalente a la que realizaba Ben Alí. Hay que añadir un ataque cada vez más frecuente y explícito a los derechos de las mujeres, como testimonia el caso de la joven violada por dos policías y que acabó siendo acusada por sus violadores, con la complicidad de los ministros de Interior y de Justicia y de diferentes electos de Ennahdha. Se añade a ello la tentativa de imponer la religión a la sociedad, puesta en marcha por los salafistas con total impunidad. Frente a los medios “occidentales”, los representantes de Ennahdha están obligados a adaptar su discurso. De puertas adentro, mantienen su política retrógrada y la reivindican, como muestra la actitud de Gannuchi, que asume los videos que circulan atribuyéndole una connivencia clara con los salafistas.

El hermano enemigo de Ennahdha, Nidaa Tounes que no plantea otro programa que “el modernismo” y concentra aún más ex-RCD que el partido islamista, se aprovecha de estas últimas revelaciones y del rechazo creciente del gobierno islamista a fin de alimentar su campaña de cara a las elecciones de 2013, con el apoyo de las grandes potencias imperialistas. Algunos de sus miembros no dudan en hacer llamamientos al ejército para “estabilizar al país”.

Rechazando esta bipolarización, diferentes organizaciones de izquierda se han agrupado en el seno del “Frente Popular”, que se define como un frente de lucha a la vez que se da como objetivo la llegada al poder en las próximas elecciones. Se apoya en la cólera popular y las diferentes movilizaciones sociales para fijar en el 23 de octubre (fecha del aniversario de la llegada de los islamistas al poder y en la que se han comprometido a abandonarlo) el fin de la legitimidad del gobierno, prometiendo la ampliación de las luchas y de las movilizaciones. Sus primeras demostraciones de fuerza (mitin y manifestaciones) han resultado un éxito.

La dirección nacional de la UGTT, por su parte, se sitúa como mediador para “ayudar a superar las divergencias actuales”, y esto a pesar de la oposición de los militantes de las direcciones locales. Éstos, en caso de generalización y de masificación de las luchas, podrían, como en enero de 2011, desbordarla e imponer una línea de ruptura con el régimen, dando cuerpo a un nuevo eslogan: “Ni Sebssi ni Gannuchi, nuestra revolución es la revolución de los humildes”.